martes, 8 de marzo de 2011

Hugo Maccoll, capitán del Sevilla FC

Por Guardianes de la Memoria


121º aniversario del primer partido de football association en España, disputado por el Sevilla FC

La pista de The Field nos ha traído la confirmación de la identidad de uno de los principales personajes del remoto Sevilla Football Club novecentista.

Como le gusta decir a mi amigo Cornelio (y a los demás), una nueva pieza del puzle.

El detalle, el hilo del que tirar y tirar, ha sido esta vez la letra inicial que el cronista del periódico inglés tuvo a bien consignar delante de los apellidos al inventariar a los caballeros que saltaron a la hierba de Tablada para disputar la tradicional partida navideña de 1890.


En las alineaciones publicadas en prensa sobre éste y el resto de matchs disputados entre el Sevilla Football Club y el Huelva Recreation Club aparece repetidamente como capitán del once sevillano un tal Maccoll.





Antes del descubrimiento del Vice-Cónsul Edward Farquharson Johnston como Presidente de la entidad, sospechábamos algunos, entre los que me encuentro, que el capitán del equipo, precisamente ese Maccoll, podía ser también el presidente que nos faltaba, la pareja desconocida del Secretario Isaias White J.


No fue así, aunque no le faltaban galones para haber sido el máximo mandatario de los protosevillistas.

Porque efectivamente, nuestro Maccoll, Hugh Maccoll, era un personaje de postín.

Don Hugo (luego explicaremos por qué) había nacido en la muy querida y muy sevillista capital de Glasgow, en la lejana Escocia (cada día más cercana sentimentalmente a nosotros).

Fue en el año de gracia de 1.861.

Hugh (Hugo) MacColl, (1861-1915) started as an apprentice with Napiers, then worked for Cunard. He joined Howden (Glasgow) as chief draughtsman, then went to Spain for six years as the technical manager of Portilla White at Seville. When he returned from Spain with John Jameson as a partner he started the Wreath Quay Engineering Works, and after Jameson’s early death he formed a long term partnership with Gilbert Pollock, who took over the management after his death. The first electric cantilever crane in the north east, and probably the world, was installed at the works in 1905. The last engines by MacColl & Pollock were for five vessels in 1930 with a total of 4,900 ihp.

“The prolonged period of barren years, 1931-5, in marine engineering threatened to put in jeopardy the vital skills of its work force.”

Fuente: “Building Ships on the North East Coast” J.F. Clarke

Como vemos, tras los estudios básicos, Maccoll encontró acomodo como aprendiz en la empresa del gran maestro escocés de ingeniería naval Robert Napier.

Continuaría su formación con Samuel Cunard (socio de Napier y constructor de famosos trasatlánticos como el “Queen Mary” y el “Queen Elizabeth”) en Southampton.


Y con James Howden, en Glasgow, sería jefe de diseñadores.


Todo ello antes de embarcarse (nunca mejor usado el término) en una exótica aventura profesional por el Sur de España.

Seis años, seis, como Director Técnico de la fundición sevillana Portilla and White, diseñando calderas de vapor para los buques de la Armada española.


La Sevilla de entonces la han descrito otros con mayor acierto y belleza.

Estamos en plena resaca de los viajeros románticos y los primeros fotógrafos de viajes, que trasladan a la Gran Bretaña la imagen de una ciudad singular, puente de culturas, en la encrucijada geográfica entre Europa y África, de ahí el exotismo del que hablábamos antes.


Esa media docena de años sevillanos para Maccoll hicieron mella en un hombre que, rozando la treintena, se encontraba, sin duda, en el mejor momento de su vida.

Tanto que decidió, con todas las consecuencias, desterrar para siempre su impronunciable nombre de pila, Hugh (que, por cierto, significa “inteligente”), por el castellanizado Hugo, que conservaría hasta su muerte.

In Spain it was necessary, for linguistic reasons, to convert Mr. MacColl's baptismal name into Hugo, and he retained this name for the rest of his life.

Fuente: "Transactions of the Institution of Engineers and Shipbuilders in Scotland", Volumen 58.

De esta (aparentemente simple) anécdota extraemos un significado de gran simbolismo, que dice mucho de lo que representaron para él sus años en Sevilla.

El cambio de nombre en Maccoll evoca una especie de nuevo nacimiento, un nuevo bautismo, la conversión en un hombre nuevo, distinto al jovencito (quizás pelirrojo y pecoso) que había llegado desde Glasgow.

No es difícil comprender por qué era el capitán del Sevilla Football Club.

Estamos ante el principal ejecutivo técnico de la Portilla and White y el más veterano de los integrantes del equipo (un año mayor que Edwin Plews). Mandaba en la empresa (más que el hijo del dueño) y mandaba también en el campo.

Su presencia en el Sevilla Football Club primitivo encaja a la perfección con los relatos orales del onubense Daniel Young.

Y su protagonismo en los circuitos empresariales sevillanos viene confirmado por su cercanía (digámoslo así) con el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, cuna del más puro y original sevillismo intersecular.

A su vuelta a la Gran Bretaña fundaría la sociedad Maccoll and Pollock en Sunderland, ciudad inglesa a la que pertenecía (¿casualidad?) el mejor y más influyente club de fútbol de la época, camisetas de rayas rojas y blancas, como las encargadas a Wood en la asamblea sevillista de 1908 previa al partido de Messina.

La Maccoll and Pollock se dedicaba a la ingeniería marina, siendo muy apreciados sus motores de vapor para barcos.

Se casaría Don Hugo con la señorita Maude Maccarthy, a quien conoció en 1901 mientras estaba alojado como invitado en casa de su padre, el alcalde de Newcastle-on-Tyne y propietario de barcos, George Eugene Maccarthy.

Tuvieron dos hijos de singular nombradía, Hugh Geoffrey Maccoll, como físico, y James Eugene Maccoll, como político laboralista, lo que acredita el status que había alcanzado la familia.

Falleció súbitamente el 31 de agosto de 1915, a los 54 años de edad, en su Glasgow natal.

Atrás quedaba su etapa sevillana, y sus andanzas futbolísticas que, nos atrevemos a afirmar, serán probablemente desconocidas para sus propios descendientes.

Por poco tiempo.

Los Guardianes estamos acercando posturas con la familia, y esperamos que las gestiones en curso den pronto sus frutos, para gozo del sevillismo amante de su historia y su pasado.

¡¡Salve Hugo Maccoll, primer capitán sevillista!!

viernes, 25 de febrero de 2011

The Field (Al football en vapor)

Por Guardianes de la Memoria

El pasado 14 de septiembre, los Guardianes de la Memoria que tenemos blogs publicamos un artículo conjuntamente (La Palangana Mecánica, Voladizo de Gol Sur, Ayer y Hoy Sevillista, Sevillista Soy, Puerta15 y Algarivo), en el que mostrábamos el fantástico descubrimiento de Cornelio (significado Guardián) sobre lo que se podía leer en la prensa de Nueva Zelanda en 1891.

Hoy, 25 de febrero, se cumplen ciento veintiún años de aquella carta que marca la fundación del Sevilla Football Club.

Como no podía ser de otra forma, les traemos un regalo, por gentileza de Mr. White.

La noticia del The Otago Witness hablaba de “football in spain”, de fútbol en Sevilla más concretamente. El corresponsal aludía a un artículo publicado en “The Field, The Farm, The Garden, The Country Gentleman’s Newspaper”.

Supimos entonces que el Sevilla F.C. de 1890 había tenido un Presidente (el vicecónsul inglés Mr. Eduardo Johnston), un Secretario (Mr. Isaías White, sevillano, socio de la Portilla & White) y que el deporte del foot-ball se jugaba en Sevilla desde hacía años, “desde hace tiempo” pudimos leer .

Pero como buenos investigadores que somos, quisimos acudir a la fuente original porque las segundas versiones, generalmente, suelen perder contenido en el camino, deformarlo o, sencillamente, cambiarlo. Nosotros, como la mujer de César, no solo debemos parecer investigadores: tenemos que serlo.

Aquel artículo del The Otago nos pareció incompleto y sospechábamos que el primitivo debería contener más información. Es una deducción comprensible en prensa donde, como sabemos, la maquetación y la composición están sujetas a los espacios: las noticias deben procurar el mayor contenido posible ocupando la menor extensión.

Aparecido el 10 de enero de 1891 (ejemplar número 1985), se trata de un magazine londinense de John Crockford que salía los sábados entre, al menos, 1857 y 1933. Llegó a publicar cartas de Charles Darwin.

Dedicada a la vida al aire libre (de ahí su nombre: “El Campo, la granja, el jardín, periódico para los caballeros del país”), recogía todo lo que pudiera interesar a esos caballeros con tiempo para disfrutar de la naturaleza y ocupaba gran espacio en informar sobre los deportes. Abarcaba materias tales que caza, pesca, boxeo, rugby, remo, cricket, vela, arco, tiro, football…


Pues tras muchos meses de búsqueda incesante, hemos dado con el documento original (gracias Juan):



Traducido (y hemos puesto especial hincapié en lograr ser lo más exactos posibles), diría:

Fútbol en España

Un corresponsal nos envía lo siguiente:

“Se dice que allá donde se asientan ingleses, nunca se quedan contentos hasta que no han introducido sus costumbres y juegos nacionales; y los ingleses de Sevilla no son ninguna excepción. El fútbol ha formado parte durante años de las fiestas de Navidad en Sevilla, y el club está floreciendo bajo la presidencia del genial Vicecónsul Sr E. F. Johnston. El sábado 27 de Diciembre se celebró el partido con Huelva, convertido ya en un evento anual, en el hipódromo, donde se ha obtenido un excelente sitio gracias a la amabilidad de las autoridades. Casi todos los residentes ingleses estaban presentes junto a un buen número de españoles con muchas ganas de ser iniciados en los misterios del fútbol que, como describen los periódicos locales, se juega sin palos o cestas de protección. Los congregados no pueden quejarse del espectáculo ofrecido, pues asistieron a un partido rápido que terminó en empate, sin que ninguno de los bandos consiguiera marcar; por supuesto, las únicas críticas adversas fueron las de las damas españolas, haciendo referencia a las piernas y la actitud de los jugadores y no a su juego. Los zagueros de ambos equipos jugaron bien y sólo su excelente defensa permitió al equipo de Huelva escapar del desastre, mientras que los delanteros Welton y White para Sevilla y Birchall para Huelva estuvieron bastante discretos. Merece la pena mencionar al señor Geddes, de Sevilla, porque fue peligroso para amigos y enemigos al tiempo. El Vicecónsul realizó las labores arbitrales a la entera satisfacción de ambas partes. Tras el partido los dos equipos y sus amigos comieron juntos en el Hotel de París, bajo la presidencia del Vicecónsul. Se bebió con entusiasmo a la salud de su Majestad con honores musicales y todos disfrutaron de una tarde estupenda. El señor White contribuyó al éxito de la reunión de varias formas, y su amabilidad al llevar a los equipos en vapor al campo de juego se merece el mayor de los agradecimientos. El señor Palin, presidente del club de Huelva, anunció que se había concertado un partido entre un equipo español y uno inglés.

Sevilla: E. Plews (portero), H. MacColl (capitán), G.T. Charlesworth (defensas), D. Thomson, H. Stroneger, W. Logan (medios), H. Welton, J. White, J. Poppy, P. Merry y T. Geddes (delanteros).

Huelva: E. Wakelin (portero), Thomson, Jones (defensas), Norman, Oliver, Hodge (medios), Hopper, Mundell, Birchall (capitán), García y Birchall (delanteros).

Jueces de línea: Dr. Langdon (Sevilla), Sr. Bower (Huelva)

Árbitro: Sr. E. J. Johnston (Sevilla)."

Nos amplía la información de manera sorprendente y nos proporciona datos desconocidos hasta ahora. Podemos, por ejemplo, saber con exactitud las alineaciones y observamos a tres sevillanos del lado de los nuestros (White, Welton y Merry) y en la parte onubense, ¿Oliver? y García.

Geddes, como ya sabíamos, resultó ser peligroso como amigo y como enemigo.

Las damas parece que no pudieron contenerse ante el muestrario de jóvenes en paños menores, espectáculo, sin duda, poco o nada habitual.

El escenario podemos verlo en la foto que sigue. El Hipódromo ocupaba lo que luego sería la Base Aérea de Tablada y el rio pasaba justamente por los terrenos donde hoy se ubica la Feria de Abril.


Recordemos que había un embarcadero junto al Hipódromo y de ahí el gesto destacado del D. Isaías trasportando a los contendientes: “El señor White contribuyó al éxito de la reunión de varias formas, y su amabilidad al llevar a los equipos en vapor al campo de juego se merece el mayor de los agradecimientos.”


Y para finalizar, espléndida comida en el Hotel de París con brindis, cantos y gran camaradería, como corresponde a los verdaderos y genuinos sportsmen.



Pero sobre todo hay que resaltar la frase “convertido ya en un evento anual”, lo que nos provoca no pocas preguntas:

¿Evento anual?

¿Desde cuántos años?

¿Cuándo fue el primero?

¿Se llegó a jugar el anunciado match del Sr. Palin entre las formaciones inglesa y española?

Son nuevas piezas que se van sumando en la construcción del puzle y que nos acercan, sin remedio, a la solución final del pasado de nuestro Club.

Porque el tiempo y los medios juegan a nuestro favor.



Guadalquivir, rio de mi Sevilla.

Dedicado a D. Agustín Rodríguez, sevillista, habitante reciente del tercer anillo y conocedor ya de TODA la Historia.

jueves, 3 de febrero de 2011

Miscelánea de neuras del día después


Al margen de los fichajes y la recién fenecida eliminatoria de Copa con el Real Madrid, desarrollada y culminada conforme al guión habitual (oficial) para estos casos, la actualidad deportiva sevillista ha estado marcada en los últimos días por las declaraciones del Presidente, José María del Nido, en torno a la posibilidad (quizás más bien, su deseo) de que Joaquín Caparrós retornase al banquillo del primer equipo blanco, en un futuro no muy lejano.

Respecto a la oportunidad de tales declaraciones, hay opiniones para todos los gustos dentro de la familia blanquirroja, desde quienes lo consideran una llamada de atención al actual técnico nervionense, Gregorio Manzano, a los que lo consideran, simplemente, una respuesta sincera (y nada nueva, por cierto) a una pregunta lógica del entrevistador, teniendo en cuenta que se trataba de una información confeccionada para el diario El Correo Vasco.

Personalmente, estoy más cerca de lo último, más que nada porque Manzano tiene contrato hasta final de temporada, pero sin compromiso alguno de renovación, ni siquiera por objetivos. Siendo realistas, la Champions está inalcanzable igual que resultaría increíble no clasificar para la UEFA Europa League (a la que supongo que, después de lo de ayer, se sumará el séptimo clasificado), por lo que, salvo milagro o desastre de los que hacen época, jugaremos la segunda competición europea el próximo año, con tiempo por delante para planificar la titularidad del banquillo y los necesarios ajustes (recortes) de plantilla.

Al hilo de todo esto, comentaba con unos amigos la sensación íntima de que, tanto las semifinales copera con el equipo madridista, tal y como se han desarrollado, como la idea de un Sevilla nuevamente comandado en lo deportivo por Joaquín Caparrós, me han recordado los inicios de la etapa presidencial de Del Nido, cuando nuestro Sevilla era aún ese Sevilla que no había ganado todo lo que vino después. Ese Sevilla que muchos pensábamos sería para siempre, seguiría siendo, especialista en morder el polvo en el momento y en las instancias más inoportunas.

Dicen que la historia se repite, y como si se tratase de un argumento circular, parece que nos obstinamos en confirmar ese viejo aserto, volviendo a ser masacrados a las puertas de la gloria por el poderoso club de Florentino, sin haber puesto, eso sí, de nuestra parte, toda la carne en el asador, porque el equipo no ha estado a la altura, en mi humilde opinión, y encaja mucho peor que antes cualquier puñetazo en la boca del estómago, en forma de arbitraje ruin o demencial ataque mediático. Tampoco hicimos todo lo que pudimos en aquella semifinal de 2004, sobre todo en la ida del Bernabéu, que finalizó precisamente con el mismo deprimente resultado que anoche embargó al sevillismo.

Aún así, la ejecutoria copera del todavía vigente campeón ha sido excelente, habiendo alcanzado las más altas cotas que el entramado mediático-futbolístico español está dispuesto a ceder: las migajas. El duopolio ya tiene su final teledirigida, sin duda alguna, un eficaz narcótico en manos de las televisiones, radios, y demás prensa amarilla al servicio del rodillo madridista, para paliar el desastre de una cuesta de enero histórica, que ha visto la liga finiquitada por vía sumarísima a manos (corrijo, manita) de Messi y su cuadrilla, un monstruo creado, no lo olvidemos, gracias a la soberbia de su propia víctima.

Así pues, nos espera una cuaresma en la que, salvo que cambien mucho las cosas en el torneo de la regularidad, asistiremos al enaltecimiento sin límites del “clásico” (gracias Valdano), nunca antes ni después más importante que ahora. Y eso es dinero, ingentes cantidades de dinero, sucio dinero, eso sí, para los medios, para sus patrocinadores, para la Federación que vela por los intereses ecuánimes de todos sus afiliados, para el duopolio. ¿A quién le importa lo demás? No estuvimos a la altura, sí, ya lo he comentado con anterioridad, pero ¿alguien piensa seriamente que si lo hubiésemos estado, nos habrían dejado participar en la final?

lunes, 31 de enero de 2011

Made in Betis


El ínclito Carlos Herrera, ese personajillo de dudosa catadura moral que todos sabemos cómo se ha ganado el prestigio social del que hoy goza, ha reaparecido en el cotarro futbolístico casero.


Como buen advenedizo, nos da una nueva lección de sevillanía.

Él que vino al mundo precisamente en la muy hispalense localidad de Cuevas del Almanzora (por los cojones).

Siempre dispuesto a no perder puntada si la ocasión es propicia para caernos en gracia, tan necesitados como estamos de que venga a bendecirnos con sus dotes de encantamiento.

No es la primera vez, y me temo que no será la última.

Definitivamente estoy seguro, porque el personaje que calza (no es más que eso, un personaje, una pose), es más falso que el bigote comprado en Pichardo que ha lucido durante tantos años.

Sabe engañar, embaucar, tela de bien.

Embelesa a quien se deja embelesar, y siempre hay incautos dispuestos a dejarse hacer una barriga.

Aparece cuando la brisa es favorable, esconde el pescuezo si vienen mal dadas.

Se orienta rápido cuando huele un resquicio que prometa popularidad, aunque no tenga ni pajolera idea de dónde se mete.

¿Respeto? Le importa un carajo, la verdad.

El tío, como es muy guay, sabe mucho de todo. Una eminencia.

De fútbol, copla, cofradías, política y hasta cocina.

Les diré, por si ustedes no conocen el dato, que es el auténtico, único y patentado descubridor del langostino de Sanlúcar de Barrameda.

Practica el onegerismo (de ONG, no piensen cosas raras). Ha logrado colocar a su señora en la tele y todo, pese a que cada día de programa bate el record mundial de pifiazos en directo. No importa, es una tele pública que pagamos ustedes y yo.

Para colmo, hace unos años le dieron un pregón, cuando tantos meritorios se han quedado en el camino. La verdad es que el tío deslumbró en el Maestranza, con aquella corbata y aquel chaleco amarillo eléctrico bajo el chaqué.

En fin, volviendo al fútbol, que es lo que nos interesa, le recordamos esa especialidad tan suya de arrimarse al ascua que más simpatías le reporte, en forma de pasta (italiana, claro).

Para ello escoge el camino fácil que siempre eligen los más inmorales: el más rápido y eficaz.

Antes que gastar tiempo y esfuerzos en comprender por qué amar al Betis (algo lícito por otra parte), mejor nos dedicamos públicamente a denostar a su rival, siempre dará mayor rédito.

¿Os acordáis de su resentimiento con Barbeito cuando alzamos el paraguero de IKEA en Eindhoven?
Lo cierto es que cuando de este individuo se trata, me cuesta trabajo sacarme de la mente esa imagen suya compartiendo la presentación de uno de esos cutre-programas de Canal Sur (cómo no) con el/la genial Bibi Andersen, su alma gemela, tan parecido/as, tan mono/as ello/as, tan falso/as de toda falsedad.

Pese a todo, puede más que esa imagen esta otra, demostración empírica de lo que hablamos.



Una entrevista agria, auténtico interrogatorio carcelario, poniendo entre la espada y la pared al entrevistado, haciéndole pasar un muy mal rato, para poner al descubierto las maldades que el protagonista ocultaba, el daño que le estaba haciendo a su Betis.

Sin duda alguna, un trabajo periodístico digno de premio Pullitzer.

Ahora el tipo se pasea por ahí grabando para los opositores ese peaso de anuncio que abre el post.

Y lo aplauden.

A lo mejor incluso fueron a buscarlo para que participase en el video.

Como diría mi amigo Carlos Romero (este Carlos sí que vale), ¿qué me he perdido?

Si fuera bético, me sentiría estafado, pero no lo soy (a Dios gracias).

Por eso, simplemente, me produce tristeza, y asco, verdadero asco.

Un magnífico video promocional, una magnífica idea, un pésimo casting.

Pero ¡ojo! que parece que la pertinaz amnesia histórica verdiblanca puede haber reaparecido.

Ya saben, esa curiosa enfermedad que tiene el don de borrar de sus mentes todo aquello que interese.

Detergente de imagen, Don Limpio y sus poderes.

Mucho cuidado con este síndrome, pues mal curado, es capaz de provocar una grave recaída.

Y no es plan elevar nuevamente a los altares a un Don Manué cualquiera por otros veinte años, que nos cuesta mucho dinero a los sufridos contribuyentes quitárnoslo de en medio.

Apéndice.- Mi amigo Cornelio, que es un lince (gracias, monstruo), me aporta la perla que adjunto para documentar que el susodicho Herrera, además de todo lo ya expuesto, es un indocumentado, algo impropio de un profesional de los medios, aunque desgraciadamente, bastante habitual. Mienta usted, que algo queda.



Le corrige aquí, mi amigo Antonio Ramírez, con su habitual maestría, desde su Voladizo.

Que sigan dándole cuerda.

lunes, 24 de enero de 2011

Gracias, amigo

Agustín Rodríguez, a la derecha de la imagen, camisa azul,
entrevistando a Miguel Muñoz, entrenador del Sevilla F.C.
Agustín Rodríguez Jiménez.

Nunca se vistió de corto, ni fue dirigente.

No marcó ningún gol, ni lanzó una falta o un penalty.

Pero hizo por su Sevilla mucho más de lo que otros quisiéramos.

Consiguió una Copa en propiedad para los nuestros.

Su legado está aquí, y en otros muchos sitios web.

Está en el estadio, en el Museo, en libros, audios y videos de puro sevillismo.

Está en sus hijos, su familia, sus amigos.

Sevillista de talante, educado y conciliador.

Un ejemplo a seguir.

Y una pérdida insustituible en todo su valer y sentir.

Ya lo imagino organizando talentos en el tercer anillo.

Con White, con los Welton, con Ned ...

Alba, Gallegos, Langdon ...

Spencer, Kinké o Pepe Brand ...

Los dos guillermos, y tantos otros cracks.

Lo que más le gustaba del mundo ...


Gracias por todo.

domingo, 23 de enero de 2011

¿Dónde está Wally?

O el investigador, investigado.

¿Quién me iba a decir a mí la sorpresa que me esperaba esta mañana de domingo?

Mis planes eran otros, pero la meteorología me quiso dejar en casa, buceando entre mis viejos papeles.

Porque yo, como Discóbolo, guardo hojas de prensa amarillenta, libros, fotografías y recuerdos ajados por el paso del tiempo que nunca se sabe el valor que pueden tener.

Hojeando (sí, con hache, de hoja, no de ojo) cierta publicación setentera, me detengo maravillado, como siempre, ante las pruebas de un sevillismo movilizado para rematar el estadio.

Donantes de fila cero, interminables.


Sevillismo de vieja guardia. ¿O no tanto?


¿Qué ven mis ojos? ¿Cómo es posible?

¿Wally escondido en esa nómina de valientes?


Gracias papá.

Sigo, seguimos, al pie del cañón.

domingo, 16 de enero de 2011

Mi primera vez


Quizá no fuese la más honrosa, aunque en mi descargo puedo afirmar que no lo recuerdo en absoluto.

Ni un detalle.

Aquí hablo hoy, más que nunca, con la voz de mi tío Antonio, mi maestro en sevillismo, que fue quien me llevó aquella inicial ocasión al estadio, junto a mi hermano, y que tantas veces después lo repetiría para aquello que a mí verdaderamente me importaba.

Me remonto a diciembre de 1.974, recién cumplidos los cinco años.

Colegio de estreno, boli bic de cuatro colores, chicle cheiw y dibujos animados de Heidi.



Entonces, no como ahora, la tarea iniciática en el rito dominical futbolero se demoraba algo más.

Las madres eran mucho más estrictas: que si hace frío, que si va a llover, que si al niño lo aplasta tanta gente, que si la merienda, etc.

Para colmo, en los tiempos previos, el equipo no daba pie con bola, literalmente hablando, y navegaba duramente por los campos, entonces sí que eran difíciles, de la Segunda División española.

El entorno del estadio me maravillaba: olor a puros habanos, caramelos Pictolín, pipas Sayma, run-run de los viejos aficionados …





Gorras de visera roja, con el escudo en el frente, y el nombre del Club –todavía Sevilla C.F.- en los laterales, rodeando la cabeza.

Aquel pito-bandera, blanco, largo, precursor de la buvucela, trompeta final en rojo con banderín de plástico al aire, al más puro estilo medieval.

Albero enfangado, sorteando los coches aparcados alrededor del recinto.

Pero todo eso llegaría un poco más tarde, apenas unos meses después, cuando ya el ascenso del equipo de Olsen se masticaba.


 
Aquel 12 de diciembre de 1974 no había fútbol en Nervión.

Se celebraba en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán una fiesta benéfica, típica prenavideña.

El Festival “Cunia” (¿os acordáis de esta leche en bolsas?).


 
El cartel era superior, con figuras como Fernando Esteso, el gran Joe RígoliKiko Leggard, el de los relojes por todas partes, presentador del Un, dos, tres.



 
Hubo un lleno tan redondo que los pequeñines de entonces apenas podíamos ver el espectáculo desde el abarrotado césped.

Entonces mi tío Antonio, ni corto ni perezoso, nos cogió a mi hermano y a mí, y jugándonos el tipo, nos subió al esqueleto de muñones de hierro de la grada de gol, que aún esperaba ser completada, también al cabo de unos meses.

Una pequeña escalerita nos dispuso frente a una puerta de acceso a la grada alta de fondo, y desde allí, se hizo la luz, todo se veía de lujo.

Así es, queridos amigos.

Aquí está la crónica.


La primera vez que pisé nuestra fábrica de sueños no fue para ver a nuestro Sevilla en faena.

Fue para ver otra cosa.

Biri-Biri podía esperar.

Y tú, ¿recuerdas tu primera vez?