jueves, 3 de junio de 2010

El Sevilla F.C., damnificado de guerra

La temporada futbolística 1935-36 fue la última disputada dentro de la normalidad antes de la Guerra Civil.

Evidentemente, nos estamos refiriendo a una “normalidad” deportiva, porque todo el periodo de la II República, y principalmente sus últimos años, fueron tiempos políticamente convulsos para el país, no digamos para Sevilla, donde las agitaciones populares, los atentados, la quema de iglesias, etc., la habían convertido en una de las plazas más conflictivas del Estado.

El Ath. Bilbao resultó Campeón de Liga y el Real Madrid de Copa, tras la final disputada en Valencia ante el F.C. Barcelona el 21 de junio de 1936, y que sería el último partido oficial previo al parón bélico.




El Sevilla F.C., doble campeón de España en 1935 (con su equipo profesional y con su equipo amateur), bajaría alarmantemente los brazos en el campeonato liguero siguiente, pese a contar con un equipazo, salvándose del descenso en la última jornada, y en el último suspiro, gracias a un penalti fallado por su rival, el Atlético de Madrid, en la pugna por evitar el descenso.

“El penalti más caro del mundo” llegó a titular la prensa madrileña. Lo lanzó Chacho, golpeando el poste derecho de la meta de Eizaguirre, y el rechace lo lanzó a las nubes el medio izquierdo madrileño Ipiña, años después, efímero entrenador del Sevilla F.C. (“El fútbol durante la Guerra Civil y el Franquismo”, por César Fernández Santander, Editorial San Martín, 1990; página 17).

Al menos a los blancos les quedaría el consuelo de que el filial, sabiamente adiestrado por el ex jugador Pepe Brand, revalidaría nuevamente el título de Campeón de España. Fue el 21 de junio de 1936, en Valencia, con triunfo por tres a dos frente al Zaragoza, formando los blancos con Moreno; Jara y Badía; Félix, Duarte y Alfonso; Tejada II, Fermín, Palencia, Salustiano y Benítez.

Justo antes de que estallase la guerra civil, el club de la avenida de Dato se encontraba en una posición financiera razonablemente boyante, gracias a los ansiados ingresos de la Primera División (dos temporadas ya consecueivamente en la élite), y tras haber amortizado la importantísima deuda que dejaron los fichajes de Campanal y de los internacionales españolistas Vantolrá y Padrón.

No obstante, aún pesaban los pagos que había que afrontar por el alquiler y puesta en funcionamiento del campo de Nervión.



“La adquisición del nuevo campo quedó así formalizada: 100.000 pesetas a pagar en diez años por el arrendamiento, y otras 100.000 pesetas por la construcción de la cerca del campo, y los terraplenes de la General y Socios. Para cubrir los cuarenta mil duros se formó una comisión integrada por D. José Romero y D. Antonio Sánchez, pero que pronto quedó reducida al incansable Antonio Sánchez. Paladines esforzados de la ‘idea’ fueron el Barón de Gracia Real y Juanito López García. El problema de los fines de semana era grande, cuando llegaba la hora de liquidar la ‘nómina’ ... Se organizaban suscripciones ‘momentáneas y espontáneas’ echando mano de Nicolás Carretero, de Manolo Trujillo y de tantos otros que, con aportaciones de 500 ptas. lograban cubrir el ‘bache económico’ semanal.” (“Historia de los 55 años del Sevilla C.F.”, por Juan Tribuna, E.C.C., Sevilla, 1961; páginas 156 y 157).

Pese a los infundios que circulan por ahí, lo cierto es que con la guerra, el Sevilla F.C. perdió a la mayoría de sus figuras, entre ellas, su propio elenco de jugadores vascos, los defensas Euskalduna y Deva, el medio Epelde y el interior izquierda Tache, así como al mundialista Fede, que volvía provisionalmente a su club de procedencia, el Alavés, con el que se alinearía precisamente contra sus excompañeros en las semifinales de la I Copa del Generalísimo.

Con todo, la principal baja en la plantilla sería la de su máxima estrella, el mítico guardameta internacional Guillermo Eizaguirre, que se alistaría en la Legión, y ya no volvería a vestir la zamarra de portero.



Por lo tanto, la Guerra Civil provocó que el Sevilla F.C. perdiera a seis titulares indiscutibles, entre ellos, la tripleta defensiva campeona de España en 1935.


Equipo Campeón de España en 1935. En rojo, los jugadores que seguían en el Sevilla tras la guerra.

Al menos, se logró conservar de forma casi milagrosa a su goleador, Guillermo Campanal, al malagueño Torróntegui y a los debutantes juveniles Villalonga y Joaquín, como piezas más destacables.

A Campanal le había sorprendido el alzamiento en su tierra natal asturiana, sirviendo allí en el ejército de la República, razón por la cual, cuando regresó a la “zona nacional”, fue confinado a un campo de trabajo, y luego hubo de alistarse en Aviación (Francisco Narbona, “Paquín” en “Revista Sevillismo, Segunda Época”, Nº 4, 1982).

La solución para el desastre deportivo sería la renovación del equipo con la entrada de las figuras emergentes de la plantilla amateur, concretamente, los medios Félix y Alcázar, y los futuros componentes de su famosa delantera “stuka”, Pepillo, Raimundo y Berrocal.

Afortunadamente, la cantera sevillista estaba madura para cumplir su papel, pues era ya entonces una de las mejores del país, como lo acredita el hecho de que el primer filial del Sevilla F.C. disputase hasta cuatro finales de Copa de España –campeonato amateur- en los años 1933 (subcampeón), 1935 (campeón), 1936 (campeón) y 1940 (subcampeón).

Desde una óptica económica, el parón obligado por la guerra puso al club sevillista al borde de la bancarrota, situación que se vio agravada por la deuda derivada de la compraventa de los terrenos de Nervión, acordada en 1937 por Ramón Sánchez-Pizjuán con el propietario y hasta entonces arrendador de los mismos, la Inmobiliaria Nervión, de D. Pablo Armero y Castrillo, 42.000 metros cuadrados a razón de nueve pesetas el metro, a pagar en veinticinco años, con un interés del 3%.

El acuerdo con la propiedad se alcanzó en noviembre de 1937, rubricándose el 29 de abril de 1938 en la Notaría de D. José Balbuena Montoro, mediante el otorgamiento de la correspondiente escritura pública de segregación y compraventa. (“Historia del Sevilla F.C.”, por Manuel Rodríguez y otros, Biblioteca de Ediciones Andaluzas, 1981; Volumen II, página 207).

El club lograría subsistir gracias a las aportaciones a fondo perdido de sus socios e incluso de algunos simpatizantes anónimos, según consta en las actas de la sociedad. Esta singular muestra de fidelidad y compromiso de la afición sevillista con su club, en tiempos tan difíciles como los que se estaban viviendo entonces, llegaría incluso a provocar que un periodista tan reconocidamente bético como Antonio Olmedo publicase una peculiar loa del club blanco:





Repetimos las palabras de Olmedo para los más despistados (o interesados en el despiste):

Los miembros de la Sociedad, obreros, artesanos y gentes de clase media, en su mayoría, aportaron decididamente los miles de duros necesarios y el Sevilla compró su terreno …

Vayan rompiendo mitos y falacias.

Pero sigamos.

Desde un punto de vista social, la entidad también perdió a algunas de sus personalidades más sobresalientes a causa del conflicto bélico, tales como el primer médico del club, José Manuel Puelles de los Santos, a la sazón, Presidente de la Diputación de Sevilla, fusilado por la autoridad militar golpista, o Manuel Blasco Garzón, Ministro de la República y Presidente del Sevilla Fútbol Club entre 1923 y 1925, exiliado en Argentina.

Con todo, los sevillistas conquistaron el primer Campeonato de España disputado tras la guerra, la I Copa del Generalísimo, en julio de 1939. Se venció al Racing de Ferrol, por seis goles a dos, con el siguiente equipo: Bueno; Cayuso y Villalonga; Torróntegui, Félix y Leoncito; López, Pepillo, Campanal, Raimundo y Berrocal.

Cayuso, Félix, Pepillo, Raimundo y Berrocal eran debutantes que procedían del equipo amateur.

Leoncito y Bueno se alinearon provisionalmente con los blancos en este campeonato.

Sólo Villalonga, Torróntegui, López y Campanal formaban parte de la plantilla prebélica, aunque el primero acababa de estrenarse, con apenas 17 años.

Equipo Campeón de España en 1939. En rojo, quienes ya habían sido campeones en 1935, López, Torróntegui y Campanal. En azul, los debutantes canteranos.

En la Liga, sin embargo, el Sevilla pagaría la excesiva bisoñez de la defensa canterana con la que hubo de competir tras la guerra (recordemos que había perdido a Eizaguirre, Euskalduna y Deva), debiendo conformarse con el subcampeonato, tras un codo a codo con el equipo del régimen en aquellos tiempos, el Atlético Aviación, a quien las autoridades deportivas rehabilitaron para la Primera División en sustitución del Oviedo, con la excusa de la destrucción del campo asturiano de Buenavista.

Los sevillistas perdieron la liga en la última jornada, ante el Hércules, en Alicante. Necesitaban ganar y, a falta de quince minutos, lo hacían por dos goles a tres. Sin embargo, la desafortunada actuación del portero Guillamón y de la jovencísima pareja de defensas, Joaquín y Cayuso, propiciaría un hat-trick del centro-delantero levantino Vilanova, que permitió a los aviadores cantar el alirón. Las malas lenguas quisieron ver intereses ocultos en el excepcional comportamiento del equipo herculano, que no se jugaba nada en el envite.

En los años venideros, el Sevilla se recuperará de la guerra y no sólo se mantendrá en Primera, sino que irá paulatinamente creciendo, sin ningún tipo de ayuda externa, gracias a la fidelidad de su afición, la potencia de sus estructuras, una gerencia profesionalizada y el valor extraordinario de ciertos prohombres, como Arturo Otero, Antonio Calderón, el doctor Antonio Leal Castaños o el eterno lugarteniente Antonio Sánchez Ramos, entre otros, todos ellos bajo el eficaz liderazgo de Ramón Sánchez-Pizjuán.

Así llegarán los éxitos rutilantes de los años cuarenta y cincuenta, auspiciados principalmente por una estrategia deportiva, diseñada por Ramón Encinas y Pepe Brand, basada en la sabia combinación de jugadores locales de gran calidad, como Joaquín, Villalonga, López, Herrera o Araújo, con fichajes acertadísimos del calibre de los Busto, Mateo, Alconero, Arza o Doménech.

Salvo el caso de Arza, que era un jugador cotizado por el que hubo que pagar 90.000 pesetas al C.D. Málaga (hecho que le valió el apelativo de “Niño de Oro”), el resto de jugadores adquiridos por el Sevilla F.C. en este periodo, y que llegarían a ser figuras del fútbol español, fueron de bajo coste, pues se trataba de futbolistas semidesconocidos que procedían de equipos de escasa entidad: Busto y Alconero, del Baracaldo; Mateo, del Algeciras; y Doménech, del Castellón.

Conclusiones

1º).- El Sevilla sufrió como consecuencia de la Guerra Civil la pérdida de seis jugadores clave, cinco de ellos vascos, incluida su defensa al completo, y los internacionales absolutos Eizaguirre y Fede. También perdió a personalidades como José Manuel Puelles de los Santos y Manuel Blasco Garzón, entre otros. La paralización de las competiciones le privó asimismo de los ingresos propios de la Primera División, debiendo no obstante asumir los compromisos que tenía adquiridos, incluyendo los pagos ordinarios (jugadores, etc.), sino también los extraordinarios, como la deuda derivada del arrendamiento –primero- y la compraventa- después- de los terrenos de su campo de Nervión.

2º).- El Sevilla se salva económicamente como institución durante la posguerra gracias a las aportaciones a fondo perdido de sus socios, “obreros, artesanos y gentes de clase media, en su mayoría” (Vid. artículo Antonio Olmedo), y deportivamente, gracias a los nuevos jugadores surgidos de su cantera: Cayuso, Félix, Alcázar, Pepillo, Raimundo, Berrocal, Villalonga y Joaquín, entre otros. No recibe, por tanto, la más mínima ayuda institucional.

Breve reflexión final

Como bien refleja el dicho popular, la historia se repite. Y añade un servidor, hay que aprender del pasado para aplicarlo al presente y al futuro.

Entonces, como ahora, saber fichar, darle importancia a la cantera, una sólida gestión directiva y una masa social comprometida y fiel, consiguieron sacar al Sevilla F.C. del pozo en que la guerra civil lo había situado (como a tantos otros equipos españoles), encaramándolo a los puestos de honor del fútbol hispano.

Éstas, y no otras, fueron las ventajas competitivas del Sevilla respecto a otras entidades similares, que si no fueron capaces de superar los desastres de la guerra, fue por fallarles todas o algunas de esas patas que hemos mencionado y que felizmente pudieron sostener al Sevilla F.C.

El problema principal, la verdadera clave del asunto, reside en que al contar la historia, es más fácil echarle la culpa de todos los males a factores extraños, que reconocer que la afición te ha abandonado, que se carece de organización y estructuras o que se ha ninguneado la cantera y preferido contratar jugadores a golpe de talonario pese a que no podían pagarse.

Reconocer honestamente que el vecino hace las cosas mejor que tú y que su afición responde de verdad, con hechos (esto es, poniendo dinero cuando hace falta), y no con palabras (o manifestaciones pseudofestivas) que se las lleva el viento, sólo está al alcance de los hombres de bien, y en este sentido, hay que alabar que hoy, cuando el paralelismo con lo sucedido hace setenta años es tan intenso en muchos puntos, empiezan a surgir voces en el entorno de nuestro rival que, aunque de forma liviana, van asumiendo esta realidad.

Para crecer es fundamental hacer autocrítica y aceptar tus debilidades, y partiendo desde esa base, corregir defectos y mejorar. El tiempo dedicado a justificar tus males en causas ajenas y mancillar los éxitos de tu rival por pura envidia es un valiosísimo tiempo perdido para la regeneración propia. Salvando las distancias, y sin que nadie lo entienda mal ni fuera de contexto, la terapia necesaria en estos casos es parecida a la del que acude por vez primera a organizaciones tipo “alcohólicos anónimos”, cuando lo primero que debe hacer el enfermo es reconocer públicamente que padece la adicción.

Señores historiadores de la otra orilla, sin acritud, corrijan el rumbo, reconozcan claramente, sin medias tintas, la Verdad que conocen de primera mano, aunque duela y rompa moldes, aunque les prive de la visión romántica que han preferido difundir desde siempre. Rechacen de una vez por todas argumentos falsos y obsoletos como el de su Club víctima de la guerra civil o el Sevilla como beneficiado por la misma gracias a chanchullos de las autoridades militares. Es mentira, es pura patraña, y Vds. lo saben. Aquí se lo hemos demostrado. Empiecen a reconstruir su Historia sobre cimientos ciertos, seguros, incontestables, y así podrán tener la oportunidad de crecer y mejorar como institución. Háganse ese favor, no contribuyan a perpetuar este engaño, y su conciencia quedará tranquila.

11 comentarios:

  1. Todo esto hay que ponerlo ya, negro sobre blanco, en las páginas de un libro.
    Extraordinario Enrique.

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  2. En ello estamos D. Antonio, aunque debo confesarle que desde la conquista de nuestro quinto título de campeón de España, ando un poco desorientado en cuanto a inspiración se refiere. Pero todo llegará. Un fuerte abrazo.

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  3. Buffff.....

    Que se me partan las manos de apludirle Jose Enrique. Fenomenal trabajo.

    Me sumo a la propuesta de Antonio. Yo quiero ese libro en mi estantería YA!

    Con tu permiso (o sin el) voy a enlazar este artículo de imprescidible lectura en mi blog.

    Por cierto, bien merece una columna blanca.

    Gracias por compartirlo.

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  4. Querido Tántalo, todo llegará. Dejemos primero que ese otro libro que ya está cocinado salga este verano, démosle su sitio, que seguro merece la pena. Puede Vd. enlazarlo como guste, pero dejemos lo de Columnas Blancas para más adelante. Poco a poco. Sin prisa pero sin pausa, que aún hay más, mucho más.

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  5. Acabo de ntrar para comentar lo de la "sában pintarraqueá" y me encuentro esto.

    Lo he leído dos veces y no me salen los comentarios.

    Me he quedado "anonaaaaaaaanado"

    Digo que es genial, o digo que es magnífico.

    Mejor no digo nada.

    Si alguien es cpaz de llegar hasta aquí, que vuelva al principio y lo lea otra vez.

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  6. Muy interesante, me he preguntado qué pasó con Eizaguirre, que tras la guerra estaba aún en edad de jugar.
    Tirando de hemeroteca, veo que estuvo cerca de fichar por el Madrid, aunque se le seguía considerando jugador sevillista. Finalmente no jugó más y como selecciónador nacional llevo a España a su mejor posición en un Mundial.

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  7. A/A Tariskov:

    Firmó ocho años con el sevilla.
    Se alistó en la legión y después quisó jugar allá donde desempeñó sus labores legionarias a lo cual el Sevilla se negó, como es lógico. El no quiso volver a Sevilla y ningún equipo quiso pagar un traspaso por lo que se quedó sin jugar en sus últimos años de carrera.

    Creo que a grandes rasgos ocurrió así, pero que me corrijan si me equivoco.

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  8. Gracias a todos, con especial mención para Tántalo y su ilustradora respuesta sobre el Eizaguirre, a quien ya le dediqué un post recogido en los enlaces del margen titulado "Trazos del vuelo de un ángel".

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  9. Gracias por las respuestas y el artículo "Trazos del vuelo de un ángel", sin duda a Eizaguirre le cambió la vida, como no podía ser de otra forma.
    Parece que se intentó jugar un amistoso en el 37:
    http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1937/09/25/020.html
    Y a finales de los 40 seguía contando para la selección:
    http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1940/11/26/010.html

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  10. Gracias a ti, toda colaboración es buena. Comentarios como éstos enriquecen las entradas, sí que sí. Gracias de nuevo.

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  11. Bueno, en cuanto a la selección quería decir que contaban con él a finales del 40, no a finales de los 40 como puse.
    He encontrado que en el homenaje a Campanal, 27 diciembre 44, Eizaguirre disputó la primera mitad con el Sevilla, después entraría Busto. El partido terminó 2 a 0 para el Sevilla.
    http://www.todocoleccion.net/futbol-1944-sevilla-f-c-homenaje-campanal-2-hojas-revista~x17162596
    http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1944/12/26/017.html

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