lunes, 22 de junio de 2009

El centrocampista de las marismas


El agro andaluz es ancho, también duro y reseco. El estío hace de las suyas, lleva haciéndolo siempre, impenitentemente, desde que el sol es sol, desde que el tiempo existe. Amarillea el paisaje, lo agrieta, exprime la tierra hasta dejarla en los huesos, sin alma, cuasi moribunda.

Y sin embargo la vida resurge, año tras año, Guadalquivir abajo, en perpetuo milagro, abriendo sus brazos en hídrico racimo, fluyendo como incansable arteria natural que riega con su sustancia los campos de Andalucía. Es el río grande del Sur, el padre eterno, el dios geológico que nace en la sierra y bulle en la marisma, el mismo que muere sin muerte en Doñana. El que siempre regresa, el que nunca se cansa, el que a nadie abandona. El que procura en derredor su generosa abundancia.

El agro andaluz ha forjado grandes historias, también grandes mitos, ha sido utilizado y maltratado, sobre todo políticamente, pero ello no arrastra a sus figuras insignes, hombres y mujeres anónimos, rectos, sencillos, cargados de inmensa humanidad, que eso es mucho, oigan. Gentes de bien, humildes, curtidas en el sudor y en el trabajo, en la paciencia y en el silencio, en el sacrificio y en la soledad, atrapados por su suerte, alimentados íntimamente, muchos de ellos, sobre todo los más jóvenes, por la fe y la rabia en un sueño, prácticamente lo único que les quedaba.

Uno de estos campesinos, hijo de la sevillana Puebla del Río, un labriego adolescente de apenas metro sesenta de estatura, improvisado padre de familia y jornalero por necesidad, llegó a cumplir su particular sueño.

Vivía para ganarse la soldada en el campo, sobre la hierba, a pie de pastos, a base de sangre, sudor y lágrimas, empero sin azada y sin rastrillo. Recolectando goles como quien siega espigas, con una pelota de cuero en los pies. Y a fe que lo consiguió.

Enrique Lora Millán, cual Guadalquivir redivivo, se hizo futbolista a fuerza de generosidad, de una entrega sin límites, de vaciarse hasta quedar extenuado, de ese no volver la cara nunca y morir con las botas puestas, con la honestidad por bandera, esa honestidad que caracteriza a los que se calzan la blanca y prístina camiseta del equipo de Nervión.

Otros más señoritos –Eloy, Acosta, Julián Rubio, etc.- podían lucirse en el campo, y llevarse los olés de la grada, gracias a que Enrique luchaba y corría, corría y luchaba, arriba y abajo, por y para ellos, ofreciéndose siempre, dándose sin escatimar un esfuerzo, sin reservar energías, poniendo la otra mejilla por cualquiera de los suyos.

Corazón impetuoso en el terreno de juego, y auténtico alimentador de carga, con muchos voltios en los músculos, pocos futbolistas de las limitadas cualidades técnicas de Enrique Lora han acaparado más elogios y alcanzado cotas tan altas en el estrellato del fútbol nacional e internacional.

Eugenio D’Ors dijo de él que era un sensacional jugador de club, “un futbolista de raza, puramente celtíbero, por su temperamento y porque lo da todo en el terreno de juego”. Juan Tribuna le llamó conforme reza el título de este post. Alguien le apodó también el futbolista con botas de siete leguas y un seleccionador nacional rival preguntó en cierta ocasión si llevaba un motor adaptado.

Cuando uno ve el circo en que se ha convertido el fútbol actual, y el amaneramiento de esos jugadores-modelos, tipo Beckham o Cristiano Ronaldo, que andan más pendientes de una pose fotográfica que de hacer una pared, no puede evitar una cariñosa sonrisa al recordar cómo Enrique Lora llegó a cortarse de un tijeretazo el flequillo en el descanso de un partido internacional, porque le estorbaba en su desempeño sobre el campo.

Todo lo que consiguió, primero su sitio, luego la admiración de los demás, fue por convencimiento, por constatación, demostrando su valía cada domingo, cada partido, a todos aquellos incrédulos que, como Santo Tomás, no reconocían sus bondades hasta haberlo calado.

Nadie le regaló nada.

Fue catorce veces internacional absoluto por España, muchas de ellas pese a militar con su equipo en la segunda división, callando las bocas de los más afamados cronistas deportivos del país. En esa época, prácticamente él sólo mantenía el prestigio del Sevilla a lo largo y ancho de la España futbolística.

Capitán muchos años, veterano prácticamente desde que debutó, respetado y querido por los compañeros, en el Sevilla y en la selección, ídolo a fuego de la afición sevillista, aunque le costara entrar en el grupo de los predilectos.

Ciertamente su salida del club no debió ser tan ingrata, una vez consolidado el Sevilla nuevamente entre los grandes, pero aún tuvo arrestos para darle al Recreativo de Huelva su primer ascenso a la división de honor.

Hoy que tantas estrellas de postín, dotadas de las máximas habilidades y virtudes técnicas, visten la elástica nervionense, merece la pena pararse a reflexionar sobre figuras de un ayer no tan lejano como Enrique Lora.

Conviene no olvidar lo que representaban, y lo que representan, lo que les llevó a ser grandes, dentro de la modestia, en la historia, larga y fecunda, del Sevilla Fútbol Club.

Esperemos que el viento de los recientes éxitos deportivos de nuestro Sevilla, ese auténtico vendaval de grandeza, no borre su huella, ni la de aquellos que, como él, fueron piezas determinantes para la supervivencia deportiva de nuestro club en tiempos mucho más duros y difíciles que los que, a Dios gracias, hoy nos contemplan.

12 comentarios:

  1. Aunque yo era bastante pequeño, creo que a esta reseña de nuestro admirado Enrique Lora le falta un detalle, que a mi particularmente me hizo llorar de rabia.

    Era un partido internacional, cuya fecha no recuerdo, pero sí sé que se jugaba contra Yugoslavia (¿quizás en algún campo canario?). El entrenador de la selección española saca del banquillo a D. Enrique Lora para marcar a la figura Yugoslava (que le sacaba medio metro). Evidentemente esa no era la mayor habilidad de D. Enrique, y el jugador balcánico nos metió 1 ó 2 goles. El selaccionador español lo sustituyó por otro jugador, a los pocos minutos de haber salido al campo D. Enrique.

    No se merecía esa humillación uno de los jugadores más generosos que he conocido (¿no le llamaban el 7 pulmones por el número de dorsal?).

    Gloria para un sevillista de corazón: D. Enrique Lora.

    Manolo Galán.

    ResponderEliminar
  2. Tienes toda la razón. También le sucedió algo parecido con Carriega, en el Calderón, contra el At. Madrid. Lo sacó en la segunda parte y a los diez minutos lo quitó, por razones tácticas. Incomprensible. Enrique se lo reprochó y las cosas empezaron a torcerse para él. Gracias por tu aportación Manolo.

    ResponderEliminar
  3. Saludos.

    Te contaré una anécdota: mi hermano Paco, ya fallecido, proyecto de grandísimo portero y que no cuajó por su carácter, estuvo entrenando una temporada con el Sevilla.

    Me contaba que D. Enrique subía desde el césped, saltando sobre una pierna, hasta arriba del todo del Sánchez Pizjuan.

    Nadie podía seguirlo, por supuesto.

    Mirad su tren inferior y comprenderéis ésa fuerza.

    Gracias por traernos a una persona tan GRANDE.

    Cuídate.

    ResponderEliminar
  4. Quizá esas piernas ya eran de hierro cuando ingresó en el Sevilla, a cuenta de los arrozales. Gracias amigo Ariza por tan íntima aportación.

    ResponderEliminar
  5. Y nadie sudó tanto la camiseta como él, si pudiesemos cubicar los litros y litros que derramó con el Sevilla creo que nadie le igualaría.
    Post de juticia. Por cierto en la última final de Copa en Madrid estaba como un chiquillo con zapatos nuevos y se emocionó el hombre cuando lo saludamos.

    ResponderEliminar
  6. yo conozco personalmente a enrique,actualmente vive en el mismo pueblo que yo y te puedo decir que el tema de los arrozales tienen mucho que ver con esa fuerza en las extremidades inferiores,aqui hay una frase muy célebre que dice "resoplas mas que una yegua atasca" atasca en los arrozales claro,menudo gimnasio tenian antes estos fútbolistas,sin duda enrique lora todo un crack y toda una gran persona,doy fé.

    ResponderEliminar
  7. Papi MAGASE nos confirma la sospecha de que la fuerza de Enrique viene de donde viene. Gran aportación, sí señor. Gracias.

    ResponderEliminar
  8. Un saludo José Enrique, para ti y para todos tus lectores. Es la primera vez que escribo un comentario en tu magnífico blog, que sigo asiduamente.
    El amigo Manolo Galán tiene toda la razón. El partido se celebró en el estadio Insular de Las Palmas, el 19 de Octubre de 1972, siendo de clasificación para el mundial de Alemania´74.
    El encuentro, disputado ante Yugoslavia, acabó con empate a dos tantos.
    Enrique Lora salió en la segunda parte sustituyendo a Sol y, cuando llevaba escasamente quince minutos en el terreno de juego, Kubala lo sustituyó por Ufarte.
    Por último, indicar que este partido fue el último que nuestro gran capitán disputó como internacional.
    Un saludo para todos.

    ResponderEliminar
  9. Bienvenido Kinut, gracias por tu magnífico comentario. Estás en tu casa, un pedacito de historia sevillista, donde las aportaciones de los lectores son fundamentales. El post es la escusa, marca el tema de salida, pero el contenido verdadero que transmitimos y que ahí queda es el conjunto, donde se plasma las experiencias y opiniones de todos. Un abrazo sevillista.

    ResponderEliminar
  10. soy de huelva,vi jugar a lora en el recre y viendo el futbol de ahora, os digo que como el hay pocos, hoy el seria una estrella, lo recuerdo por su entrega y honestidad, lo daba todo por el equipo, ahora las figuras solo intentan lucirse, el fue un grandisimo jugador de equipo, un abrazo enrique.

    ResponderEliminar
  11. Mi aportación a esta preciosa semblanza del Centrocampista de las Marismas tiene un poco de anecdótica, y otro tanto de sentimental, al evocar un suceso que ocurrió a mi padre, un gran sevillista que hace ya 15 años que nos falta, a raíz del partido homenaje a Enrique Lora, que tuvo lugar el 17 de agosto de 1977.

    Ese día, el ABC, periódico de obligada lectura para mi padre, publicaba:
    "Esta noche, en el Sánchez Pizjuán se disputará el partido homenaje al que durante once años fuera jugador sevillista Enrique Lora, quince veces internacional y más de quinientos encuentros defendiendo la elástica blanca. El Sevilla F.C. tendrá como rival en este partido al recién ascendido Cádiz, que contará en sus filas con los nuevos fichajes Baena y Ortigosa. Un interesante encuentro para homenajear a un ejemplar futbolista".

    Y bien ejemplar que debió parecerle a mi padre como futbolista que pensó que no debía faltar a tan merecido homenaje.
    Total... no iba su mujer a ponerse de parto precisamente aquella noche. Era el quinto retoño y ya lo refería el dicho...no hay quinto malo.
    Pues sí... sin móviles para las urgencias, en el transcurso de aquel partido con mi padre en las gradas desgañitándose mi madre dió a luz a mi hermana pequeña

    ResponderEliminar
  12. Estimado Ricardo, una anécdota como esa merecería por sí sola un post. Extraordinaria en el fondo y en la forma en que Vd. nos la relata. Aquí queda. Un abrazo sevillista.

    ResponderEliminar

Se ha producido un error en este gadget.