viernes, 29 de mayo de 2009

El último vuelo del capitán de los "stukas"




Llegó el primero y se marchó casi el último (sólo Pepe López se retiró después).

Guillermo González del Río, “Campanal”, indiscutible capitán de la delantera stuka.

Aún hoy, todos la recitamos de memoria: López, Pepillo o Torróntegui, el propio “Chato”, Raimundo y Berrocal.

Años cuarenta y fútbol de posguerra.

Guillermo arribó por Sevilla con la Exposición Iberoamericana de 1.929, siendo apenas un “guaje”, con diecisiete años, aunque a precio de figura.



Y estuvo en primera fila de vanguardia hasta el glorioso 1.946, cuando salimos campeones de liga por vez primera y única, hasta la fecha.



Se hizo hombre en Sevilla.

Y también futbolista, de máxima categoría. Internacional antes y después de la guerra. Y mundialista.

Luego gran entrenador y técnico, sub-campeón liguero en 1.951, cuando el “mangazo” de Azón.

Sevillista siempre, hasta la muerte, fue amortajado con la bandera de nuestros amores.

Tuve la fortuna de conocerle personalmente siendo niño, una tarde en que mi padre, con su atrevimiento de siempre, me lo presentó en plena Plaza de la Gavidia, donde se encontraba sentado en un banco tomando el fresco. Tenía vendado un pie, quizás una vieja herencia de sus tiempos de nueve. Sus ojos transmitían toda la verdad y la grandeza de sus mejores tiempos.

Asimismo recuerdo una anécdota del verano de 1.988, con Guillermo de protagonista indirecto, cuando, recién fallecido mi padre, apenas un par de meses atrás, y para levantar nuestro ánimo, nos presentamos mi hermano Manuel y yo, dos chiquillos entonces, en las taquillas del estadio, con la intención de ser los primeros en renovar nuestros abonos aquella temporada.

Mes de julio, a las cuatro de la tarde, en Sevilla. Casi ná.

Pues delante nuestra, el primero de todos en la cola, y en el primer día para las renovaciones, se encontraba, cuando llegamos, un señor mayor, vestido con esa clásica guayabera celeste que ya se ha perdido. Debía tener el hombre unos ochenta años, que ya tiene mérito, e inevitablemente cruzamos con él algunas palabras:

- Yo soy asturiano, nos decía. Vine a Sevilla en el 29, cuando la Exposición, como delegado de la leche “La Asturiana”. Como acababa de fichar el Sevilla a un paisano mío, Campanal, me hice socio del club inmediatamente, y desde entonces, aquí sigo, incombustible, hasta que el cuerpo aguante…

Lamentablemente desconozco el nombre de aquel señor, para homenajearlo como es debido. Sin duda, uno de tantos sevillistas anónimos, como mi padre, que estarán disfrutando de su equipo en el cielo de Nervión.

Y es que Guillermo, como luego su sobrino Marcelo, convirtió en sevillista a media Asturias desde su llegada.

En fin, a lo que iba.

En su última temporada como jugador, el “Gordo” apenas jugaba. Encinas había repescado del Jerez al “Pato” Araujo, que se estaba marcando una campaña memorable. El papel de Campanal en el grupo, más que de jugador, era de ayudante del técnico, debido al carisma que poseía, y al respeto que le profesaban sus compañeros. Estaba pasado de peso, como casi siempre, y carente de ritmo, pero su veteranía y su arrojo aún podían ser muy válidos, si resultaba preciso contar con él.

Y así fue.

Para el importantísimo enfrentamiento con el Real Madrid en Chamartín, en la segunda vuelta, Araujo causó baja, y Encinas tiró de Guillermo. Es un partido muy recordado por significar el debut de Antúnez, recién fichado del Betis, en la línea media sevillista.


La fecha, el 27 de enero de 1.946.

El equipo vistió elástica roja y blanca a rayas verticales, y pantalón y medias negras, una segunda equipación histórica que no me explico cómo Vizcaíno aún no la ha rescatado para el primer equipo (desde aquí le animo, a ver si reverdecemos viejos laureles con ella).

Necesitábamos puntuar para no perder comba en la lucha con el todopoderoso Madrid, y seguir en la brecha en pos del título. En la segunda parte, Guillermo se interna y lanza un zambombazo con su pierna derecha que se cuela irremisiblemente en las redes madridistas.



Era el gol sevillista para el empate final a uno. Un punto que resultaría decisivo para ser posteriormente campeones.

Después de aquello, “Campanal” no volvió a vestir la camiseta sevillista en partido oficial. Aquel sería su último partido y, evidentemente, su último gol.

Por eso a mí me gusta llamarlo como el título de este post. Después de diecisiete temporadas en el club blanco, con una amplia y fecunda hoja de servicios, aquel tanto quedará para la historia como el último gran servicio del delantero “Campanal” a la causa sevillista.

2 comentarios:

  1. Campanal "el Gordo" y lo Stukas. Uf, eso son palabras mayores.
    Dicen -hay por ahí alguna entrevista que lo cuenta-que ya impresionaba verlo en el vestuario sin la camiseta puesta. Era una montaña de musculos. Debió ser un tormento para los defensas.
    Fue una máquina de hacer goles.
    Qué grande.

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  2. Yo conoci a Campanal puesto que era de mi familia politica, ya que era el padre de mi tio y abuelo de mi primo hermano, y lo recuerdo en su casa de teodosio grande, con mucha barriga y siempre nos daba chocolate a mi primo y a mis hermanos cuando ibamos a su casa, como es natural yo no lo vi jugar pero las historia que me contaba su hijo es como si lo hubiera visto jugar, y siempre ha sido una figura a imitar en el futbol, por su valentia contra los defensas contarios y porteros..,,
    !!! GRANDE CAMPANAL!!!

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