lunes, 20 de abril de 2009

La escuela sevillista de fútbol


En 1920, la selección española de fútbol debuta en el concierto internacional, con una exitoso segundo puesto en la Olimpiada de Amberes, de la mano del primer seleccionador nacional, Francisco Bru.

Años más tarde, Paco Bru, en unas declaraciones a la prensa, hacía referencia a las dificultades y presiones sufridas para confeccionar la expedición de jugadores, según recogen Ramón Melcón y Miguel Vidal en su imprescindible “Enciclopedia del Fútbol”.

Tras inacabables dimes y diretes, Bru decidió finalmente concentrar jugadores predominantemente norteños, debido a su perfil más cercano al tipo noreuropeo, teniendo en cuenta los rivales que había que enfrentar (Bélgica, Suecia, Dinamarca, etc.) y al pesado pasto verde de las canchas de Antwerp.

Pero al considerar a los posibles candidatos a la selección nacional, Bru no podía olvidarse de las principales figuras del fútbol andaluz:


Como vemos, Paco Bru alude exclusivamente a jugadores sevillistas, Ocaña, Kinké, Spencer y Brand, sin ninguna duda, los mejores futbolistas de aquella época –y quizá de todos los tiempos- en el Sevilla Fútbol Club.

Aunque lo que más nos llama la atención, de ahí el subrayado, es la referencia de Bru a la escuela futbolística creada por Kinké, a la que aquellos pertenecían, y que era admirada en toda la España balompédica: la escuela sevillista de fútbol.

¿Se trata de un lapsus de Bru?

¿No debería haber denominado a aquel estilo “escuela sevillana”?

Veremos por qué no. Bru estaba en lo cierto.

En la primavera de 1.921, el Sevilla Fútbol Club se encarama a la cúspide del fútbol español por mor del primero de los hitos cumbres que han jalonado su dilatada historia.

A principios de mayo de aquel año, los sevillistas disputan en Madrid las semifinales de Copa de España con el campeonísimo Athletic Club de Bilbao.

El escenario de la eliminatoria es fruto de una cacicada federativa que impide la doble contienda en San Mamés y en el Reina Victoria, conforme ordenaba el reglamento.



Esta imposición no era la primera afrenta sufrida por el equipo blanco en los despachos madrileños.

Desgraciadamente, tampoco sería la última.

Un año antes, el F.C. Barcelona, con la misma excusa de la distancia, se negó a viajar a Sevilla a disputar una eliminatoria copera, con el beneplácito de los máximos jerarcas futboleros del país, como si ello no fuera un inconveniente recíproco para ambos equipos. ¿O es que el Sevilla F.C. no tenía que desplazarse a Barcelona para jugar?

Lo cierto es que, pese a las legítimas reclamaciones de los sevillistas, ejerciendo su derecho a que se disputase la competición en su ciudad, y ante su público, la Federación Española llevó la eliminatoria entre andaluces y vascos al campo “neutral” del Racing de Madrid.

Y no sabemos si por aquello del amor propio o porque ya tocaba, los sevillistas llegaron a la capital del reino ... y formaron la revolución.

Ciertamente el club ya se tenía ganada una bien merecida fama en Andalucía, como acaparador casi único de los campeonatos regionales, además del prestigio conseguido ante los rivales forasteros que acudían a Sevilla para el típico doble enfrentamiento amistoso que por entonces tanto se estilaba. Pero en partidos de competición nacional, la única de aquellos tiempos, la Copa de España, el equipo todavía no había dado la talla. Sólo apuntaba indicios de lo que podría llegar a ser su verdadero potencial.

Hasta que en aquel “mayo del 21”, el Sevilla Fútbol Club, y su famosa “línea del miedo”, convulsionaron el fútbol nacional.

Y no tanto por el resultado deportivo, siendo éste brillantísimo, con triunfo por 4 “goals” a 2 en el primer enfrentamiento, y empate a uno en el segundo.

Sino por la exhibición futbolística de aquel extraordinario equipo que conformaban:

Santizo; Ismael, Herminio; Rey, Ocaña, Ramírez; Escobar, Spencer, Kinké, León y Brand.

Os dejo unas cuantas instantáneas de aquella significada fecha.



¿No es maravilloso observar a Pepe Brand frente al gigante Belausteguigoitia, con el pañuelo en la cabeza?



La prensa madrileña de la época se hizo eco inmediatamente de aquella gesta, tratando de describir la singular, peculiarísima manera de practicar el fútbol que habían inventado los muchachos del Sevilla, comandados por Kinké, y que por aquellos lares constituía una auténtica novedad.

Así se refería a ello un protagonista de primera mano de aquel juego, el guardameta catalán Ricardo Zamora:


Después, en una nueva maniobra torticera desde los madriles, el equipo vizcaíno logró que se descalificara al Sevilla, alegando una supuesta alineación indebida de algunos elementos blancos, curiosamente en base al mismo reglamento que ellos se habían saltado a la torera para no desplazarse a Sevilla a disputar la eliminatoria. Jugaron los vascos la final, y vencieron a sus homólogos madrileños.

Pero en cualquier caso, la huella dejada por la exhibición sevillista no pudo ser borrada por la eliminación administrativa.


En 1923, tres jugadores de aquel equipo –Herminio, Spencer y Brand- fueron concentrados por la selección española de fútbol, de cara a la preparación de un choque con Portugal, disputado en el Reina Victoria sevillista.

Al comienzo del post tenéis la foto del entrenamiento, con Brand arriba, justo a la derecha del portero, Ricardo Zamora, y Herminio y Spencer, por este orden, abajo, sentados. Los dos últimos se alinearon contra Portugal, pero Pepe Brand quedaría finalmente en el banquillo, con grave disgusto de la afición local.

Y aquí unas cuantas imágenes del partido:


Para la historia del fútbol español, quedaría pues el impacto causado por aquellos superclases del Sevilla, de tal manera que aún hoy es utilizada la expresión “escuela sevillana” para referirse a aquel fútbol de pase corto, juego a ras de suelo, regates, giros, paredes y combinaciones cortas, que era pura orfebrería balompédica en pies de aquellos artistas del balón.

Mucho se ha escrito sobre las razones de toda índole que provocaron la aparición de aquel estilo exclusivo: los terrenos de juego secos y pelados del Sur, la escasa envergadura y peso de los jugadores frente a sus oponentes norteños, su gestación por simples muchachos casi juveniles para triunfar frente a oponentes de mayor edad, el carácter alegre de los sevillanos, su preferencia por el barroquismo antes que por la efectividad, etc.

Lo que no se ha mantenido, al menos con la rotundidad necesaria, es que la escuela sevillana fue en realidad “escuela sevillista”, Paco Bru dixit.

Se llamó sevillana porque sevillano y sevillista eran una misma cosa en el ámbito futbolístico de aquellos tiempos, sobre todo en la capital de España. No se conocía más club que al decano allende nuestras fronteras, y no sólo entonces, sino incluso muchos años después, siguió utilizándose aquella expresión para identificar al juego del equipo blanco.

Incluso el gran Amadeo García Salazar, seleccionador nacional y eminencia futbolística de reconocido criterio, casi dos décadas después, al referirse al Sevilla de los “stukas”, no podía evitar el recuerdo de estos grandes creadores:


Así pues, la utilización de la expresión “escuela sevillana” en forma extensiva para incluir también al otro equipo de la ciudad, es cosa moderna y espúrea, pues ni siquiera cuando alcanzó la cúspide de su fama y prestigio a nivel nacional, con su triunfo en el campeonato liguero de 1.935, pudo ser identificado con aquel estilo propio y diferente forjado por el ingenio de su rival. Aquel equipo de máxima gloria verdiblanca, al que bien se podría llamar “euskadikobetis”, comandado por los Lekue, Urkiaga, Aedo, Larrinoa, Areso, Unamuno, etc., basaba su éxito en la fortaleza defensiva que aportaban sus elementos vascos, y su juego, indiscutiblemente efectivo, estaba lejos, pero que muy lejos, de las predilecciones balompédicas del primer equipo de la ciudad.

¿No es curioso que, con antecedentes de este tipo, algunos se sigan auto-proclamando alegremente como representantes arquetípicos de Sevilla, Andalucía y el arte jugando al balón?

Harían bien en aprender algo de historia. Pero claro, me olvidaba, nunca les ha interesado ..., prefieren las leyendas.

3 comentarios:

  1. otro sombrerazo de post,tu blog es tan ilustrativo como necesario,es un blog donde aprendemos a diario cosas que jamás de los jamases me hubiera imaginado,sin duda la historia es bella y es bueno muchas veces retroceder en el tiempo algo mas incluso de tus propios recuerdos,son 104 años ya casi de historia sevillista y tú nos la sirves en bandeja de plata,gracias hermano por tu labor informativa e historica.

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  2. Otra lección de historia de España, de Sevilla y del Sevilla.

    El que diga que no aprende...

    Enhorabuena.

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  3. Enciclopedia abierta de sevillismo de pé a pá. Da gusto leer éste tipo de entradas.

    Saludos.

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