miércoles, 16 de diciembre de 2009

Jesús Navas, el futbolista seise


No hace mucho que ha estrenado veinticuatro primaveras, pero sigue siendo un niño, siempre lo será.

Está condenado a llevar a cuestas esa bendita apostilla, como aquel navarrico de Estella, Juanito aún le llaman, eterno Niño de Oro a los ojos nervionenses, por mucho que luzca sienes plateadas desde que cambiara botas y borceguíes por la pizarra y el chándal.

O como aquel otro extremo de la belle epoque sevillista, tiempos de charleston y flequillo a lo garçon, que remataba la línea del miedo del sempiterno Campeón de Andalucía. Le llamaban “petit”, el “Niño” Brand, y apenas era un chiquillo, pero portaba la misma gracia y el mismo duende, con su famoso regate del “molinillo”, que ahora desgrana a raudales este príncipe andalusí de Los Palacios.

Porque si hay una cualidad sevillana por antonomasia, esa es, sin duda, la gracia. Sevilla es la ciudad de la gracia, decía el inolvidable José María Izquierdo. La gracia de una Virgen paseando bajo el rocío malva de la madrugada. La gracia de Pepe Luis, citando en los medios con el cartucho de pescao. La gracia, en definitiva, de esos párvulos bailones, intemporales, que honran a Dios privadamente, en su casa, la Catedral metropolitana.

Y es que Jesús recuerda a esos seises vestidos de pitiminí, con su cara de ángel, su “faz murillesca”, según decía Luis Cernuda, y esos movimientos etéreos con el balón en los pies sólo al alcance de querubines celestiales.
Giros, requiebros, saltos que enhebran un fútbol grácil y delicado, sutil, casi musical. Sinfonía alegre de quien se desplaza sobre la hierba como el que se desliza en patines por una pista de hielo. Ni más ni menos que la pureza antigua de la escuela sevillista de fútbol, reencarnada en plena era de la botellona por sms.



Dicen los envidiosos, los pobres de espíritu, cuando lo quieren comparar con aquel portuense chistoso que le regaló un penalti mundialista al nieto de Kung-Fú, que este Niño Jesús sevillano no tiene gol, y sin embargo, ha destrozado ya, en el primer tercio de su carrera, todos los records y estadísticas imaginables, con nosecuántos partidos europeos disputados y cinco copas que son cinco cálices de plata luciendo en la repisa de su cuarto, junto a la consola de la playstation.

¿No os dais cuenta, insensatos, que si no tiene gol es porque regala los suyos a espuertas como un rey mago que tira caramelos? Ahí están si no el nueve de Brasil o el Mesías de Mali para atestiguarlo. Vinieron con sus carreras a punto de marchitar y no dejan de crecer cada día más fuertes con la ayuda generosa de Jesús.

Así pues, luciferes de pacotilla, alejaos de este niño, no toquéis a nuestro plusmarquista divino, dejádmelo en paz, que vuele a su aire. Es sólo para nosotros, su familia, patrimonio del sevillismo y de nadie más. Que se pare el tiempo, que no se termine nunca el placer de disfrutarlo, calladamente, en la grada, en la intimidad de esa otra Catedral imponente, la del fútbol hispalense, el Ramón Sánchez-Pizjuán, único templo donde cabe medir, como Dios manda, la danza indeleble de este niño seise sevillista que, como diría el pregonero Barbeito, y aquí me haría falta su voz, juega al fútbol como los mismísimos ángeles.

7 comentarios:

  1. Espléndido artículo.

    Un jugador que va camino de ser de los de antes, de esos que se pegan toda su carrera bajo los colores de un mismo club, a la antigua usanza.

    Sea por el motivo que sea, no me importa lo más mínimo si su destino es pulverizar todos los récords portando el escudo del Sevilla FC en su pecho.

    Somos afortunados, al fin y al cabo somos sevillistas, no cabe otra. =)

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  2. Gracias Hablador, definitivamente, el Niño Jesús es sevillista. Como no podía ser de otra forma, claro.

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  3. Saludos.

    Son siglos de invasiones, de influencias, de quedarnos con todos y lo mejor de todos, de frenar las ansias de expansión en llegando a ésta tierra...

    Somos crisol de artes y lo manifestamos en todas las facetas de la vida. Hay excepciones, por supuesto, de las que yo soy el máximo ejemplo.

    Pero no me pesa si haber nacido aquí me permite ver danzar a Jesús.

    Porque lleva en la sangre y en sus piernas siglos de buen gusto, de elegancia, de brillantez y generosidad.

    Es nuestro Jesús. Y será nuestro siempre -estoy dispuesto a aventurar y salvo tragedia mayor-.

    Es, como dices, la Escuela Sevillana del tiempo, de las artes, del football.

    ¡Cuanto arte!

    El video es delicioso.

    Gracias.

    Cuídate.

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  4. ¿Y que todavía haya gente que lo critique y los menosprecie dentro de nuestra propia casa, de nuestras propias gradas?
    Aprovecho esta su casa, Sr. Vidal, para enviar mi desprecio más absoluto para ese tipo de energúmenos.
    Merecidísimo tributo a uno de nuestros ángeles, sí, un tipo que hace lo que él hace es porqu tiene el don divino de lo angelical, de hacer facil lo dificil.
    El dia menos pensado en uno de sus recortes y/o regates crujirá el cemento de la grada y dejará la Bombonera cambiada de posición,... fisicamente.

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  5. Amigo José Manuel, si en vez de Jesús Navas de Los Palacios se llamase algo terminado en inho y fuese brasileño, y sobre todo, si jugase en el equipo que más ha robado de la historia universal, sería venerado como el verdadero hijo de Dios. El video efectivamente, es una maravilla. Saludos.

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  6. Si sucede lo que Vd. predice, D. Antonio, que sea antes de la remodelación del estadio, para que podamos arreglarlo. Un abrazo.
    P.D. Esta casa es también su casa.

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  7. Sólo se puede añadir un estribillo, de copla de seise, por supuesto:

    Venid ruiseñores venid trovadores
    Venid sabedores de amor y cantar.
    Corramos lleguemos las arpas templemos
    y trovas cantemos al pie del altar
    Corramos lleguemos las arpas templemos
    y trovas cantemos al pie del altar
    Venid ruiseñores venid trovadores
    Venid sabedores del dulce cantar
    corramos
    lleguemos
    las arpas templemos
    y trovas cantemos
    al pie del altar
    y tu Madre mía sagrada Maria
    mi bien mi bien mi alegría
    mi encanto mi honor
    inclina el oido
    y escucha el gemido
    que a un pecho rendido
    arranca tu amor.

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