jueves, 2 de abril de 2009

La leyenda de "el Pato"

Juan Araújo Pino era de esa clase de delanteros que no se arredraba nunca.

En una época en la que podía “cargarse” sobre los porteros contrarios con el beneplácito del reglamento, este tiparrón desgarbado y con andar desencajado era el más temido atacante a todo lo largo y ancho de la España futbolera.

No sólo por su capacidad goleadora, que fue notable, sino por su valentía sin límites, su confianza ciega y su machacona insistencia.


Los mejores guardametas de su época -Ignacio Eizaguirre, Velasco, Alonso, …- así lo atestiguan:

- El peor de todos era Araujo, el del Sevilla. Venía como un tren … y arrollaba con todo lo que pillase por delante…

Nacido en tierra minera, en la jienense La Carolina, hubo de curtirse durante dos años en el Jerez Deportivo por mor de Patricio O’Connell antes de ponerse la zamarra blanca sevillista para ser indiscutible dueño del nueve en la década más gloriosa del club -si excluimos la presente, claro está-.

“Moncho” Encinas lo repescó para su Sevilla campeón liguero, en el año de gracia de mil novecientos cuarenta y seis, cuando el amo absoluto de ese puesto y de los corazones sevillistas, el gran Guillermo Campanal, doblaba la última esquina de su extraordinaria carrera.

Al igual que “el Gordo”, Araujo fue el estilete, el zapador, que a base de ímpetu preparaba el camino de los exquisitos, Arza, Liz, López, Ramoní, Herrera, como años atrás había hecho Guillermo, capitaneando a los stukas.

Alguien dijo una vez:

- “Era como un padre, colando en el cine a sus cuatro chiquillos, dos debajo de cada brazo.”

Así era Guillermo. Así fue Juan.

Su trayectoria en el club blanco está llena de contrastes.

Autor del gol doméstico más importante de la historia del club, aquel del triunfo liguero en Les Corts, o de aquel otro que pudo serlo también, en Nervión, contra el Atlético de Madrid, desactivado por Azón, el domingo de feria del 51, se quedaría fuera, sin embargo, de citas irrepetibles, como las finales coperas de 1.948, por sanción, y de 1.955, por decisión, para muchos aún hoy inexplicable, del mago Helenio Herrera.

Nunca fue internacional. Coincidió con monstruos como Zarra, Mundo, César, Escudero, con mejor prensa, que le cerraron el paso.

Y jamás disputó partido oficial alguno como sevillista contra el Betis. Su época coincidió con el tránsito de los verdiblancos por la segunda y la tercera división españolas, mientras el Sevilla Fútbol Club se codeaba con los más grandes equipos del país.

El Pato” no ha pasado a la historia por su virtuosismo con el cuero, sino gracias a su empuje, su valentía, su fuerza, su letal testarazo.

Y su fe.

Una fe de granito en sus posibilidades dentro del campo.

Y una inmensa fe cristiana fuera de él.

Es conocida la anécdota que en su día me refirieron, mucho antes de que cierta pluma verdiblanca se hiciera eco de ella.

Más que anécdota es ya leyenda, para el baúl infinito de José María de Mena.

Cuentan que “el Pato”, devoto fidelísimo de Jesús del Gran Poder, visitaba frecuentemente al Señor en su templo, hasta que, por esas cosas del destino, una desgracia cercana, no “atendida debidamente” desde las alturas, le provocó una fortísima crisis espiritual:

- Ya no vengo a verte más –le dijo al Señor. Si quieres que volvamos a vernos, tendrás que venir a mi casa a buscarme…

Y así fue.

Andando el tiempo, una noche, con el Señor en parihuela por las calles del barrio, se presentó una tormenta, sin tiempo para devolverlo a su templo. Inmediatamente, la puerta de almacén de la casa de Juan Araujo se presentó como solución de emergencia para resguardarlo.

Alguien se acercó a la puerta de Juan, golpeándola insistentemente.

- ¿Quién es?

- … Jesús del Gran Poder."

Juan se estremeció con un escalofrío que le atravesaba el cuerpo por completo.

Abrió la puerta y encontró allí, en su casa, pidiéndole cobijo, nada más y nada menos, que a su amado Señor.

Y rompió a llorar, desmoronándose como un niño, martilleado por el eco incesante de sus propias palabras:

…tendrás que venir Tú a buscarme…, ...tendrás que venir Tú a buscarme..."

Nota.- Por gentileza de Cornelio, cuyo comentario os recomiendo que leáis, cuelgo una magnífica estampa del Señor del Gran Poder en Nervión, en la salida que coincide con los acontecimientos narrados en esta entrada. Gracias Cornelio.

3 comentarios:

  1. En el año 1965 en Sevilla se organiza la Santa Misión. Resumiendo, las imágenes más veneradas de nuestras Hermandades rindieron visita a otras parroquias más alejadas y donde no había devociones tan fuertes.

    Al Señor del Gran Poder le correspondió visitar la barriada de Santa Teresa, siendo su destino la parroquia del mismo nombre.

    En su camino hizo estación en el Sanatorio de la Orden de los Hermanos de San Juan de Dios, al salir de allí les sorprendió el aguacero...

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  2. Impresionante documento. Cada día que pasa, quedo más encantado de haber conocido este blog. Mi padre se está enganchando a ésto de internet gracias a ésta, tu casa.

    Saludos.

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  3. Gracias Cornelio.No sé si al margen del plumilla "castellano", algún otro se ha atrevido con la historia. A mí me la contaron bastante antes de descubrir su articulito, coincidente con el fallecimiento del gran Araujo.

    En cuanto al Capo, gracias también, y gracias a tu padre. La verdad es que desde que empecé con esto me han llegado bastantes muestras de cariño y agradecimiento de sevillistas veteranos. Supongo que algunas de las historias que aparecen por aquí les sirven para revivir los viejos tiempos. Perseveraremos en ello, para que el olvido no se lleve tanto bueno como nos ha dado nuestro Sevilla.

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