lunes, 15 de marzo de 2010

Post-it sevillistas - 3ª entrega


[6] Los éxitos obtenidos por el Sevilla F.C. en estos últimos años han tirado por tierra muchas de las manías, supersticiones y ritos que el aficionado sevillista había acumulado durante los largos años de sequía de títulos, en su inútil afán por revertir la situación. Uno de estas conductas más características era atribuir buena o mala suerte a determinadas prendas (camisetas, gorros, banderas, bufandas, etc.) según se hubieran dado los resultados en los partidos donde se hubieran utilizado. Un buen amigo me contó una anécdota que lo mismo pudo protagonizarla cualquiera de vosotros. Cierto aficionado sevillista de solera tenía una bufanda de probado mal fario, una bufanda gafe, como así la conocían todos sus amigos, compañera de tardes aciagas como la del descenso en Oviedo y algunas otras. Llegada la gloriosa jornada de Eindhoven, el 10 de mayo de 2006, el dueño de aquella bufanda se presentó en los aledaños del PSV Stadium llevándola al cuello. Sus amigos y acompañantes, sabedores del peligro letal de aquella bufanda gafe, se llevaban las manos a la cabeza, reprochándole cómo se había atrevido a llevarse la bufanda en tan significado día, con lo que el Sevilla se estaba jugando, nada más y nada menos que la gloria europea. Nuestro protagonista, muy sereno él, respondió a sus amigos: -Tranquilos, ya veréis. E inmediatamente, se dirigió a un grupo de aficionados del Middlesborough que se encontraban junto a él, haciéndoles ese inequívoco gesto con las manos que todos conocemos y significa: -¿Me cambias la bufanda? Un inglés pardillo del los de aquel grupo, completamente ajeno a los poderes mágicos de aquella bufanda, aceptó la proposición, intercambiándola por la suya. ¡Pobre infeliz! Había dictado la sentencia de muerte para su equipo. El resto de la historia ya la conocéis. Liberados del yugo de la bufanda gafe, y traspasado su maleficio a nuestro rival inglés, el Sevilla era seguro campeón, pues el Boro estaba condenado a una derrota fatal. Se ve además que aquel aficionado rival debió cogerle cariño a la bufanda gafe y que todavía la tiene, porque desde entonces, su equipo no ha levantado cabeza, y ha acabado con sus huesos en la segunda división.

[7] No hay nadie como la afición sevillista para rebautizar jugadores, propios o extraños, con esa peculiar manera de identificarlos que no tiene parangón en el mundo entero. Me vienen a la memoria unos cuantos de esos originalísimos nombres, pero os dejo abierta la puerta por si queréis añadir aquí alguno que os haya llamado la atención especialmente. Ahí van, por ejemplo, "Minguelo" por Miguelo; "Pitiño" por Pintinho; "Obdulia" por Oulida o "Poster" por Polster. De otros equipos, os dejo una pieza magnífica, casi insuperable, ya que su dificultad es incluso mayor que la del original: "Nistelvanrroy", como versión sevillana para el holandés Ruud Van Nistelrooy.

Continuará …

2 comentarios:

  1. Hola, amigos:
    Esto de la deformación de los nombres tenía su gracia. Yo recuerdo al escocés Mc Minn, al que Martínez Campos (periodista de Telesur) llamaba Minn porque creía erróneamente que Mc era el nombre de pila (en realidad era Kevin Clifford, o algo así). Bueno, pues a este lo llamábamos algunos Manolín. Josimar, aquel brasileño que jugó de lateral en los ochenta (había marcado con su selección un golazo ¿en el Mundial de México 86?), fue bautizado como Josemari (nada que ver con el que nos "robó" el Atlético de Madrid algunos años después y que acabó jugando hace poco en "el otro equipo de la ciudad"). Por cierto, yo de Pintinho recuerdo más bien Pestiño...

    Un saludo a todos

    Pepe de Pineda

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  2. Pues mi padre te daría para dos post-it o tres.

    A Ramón, siempre le llamó Montero; al argentino que chutaba tan fuerte le llamaba Acosta, y así te podría hacer varias alineaciones.

    La mejor de todas, y os aseguro que es totalmente cierta, pasó con Jiménez. No se acordaba del nombre (como casi siempre) y por más explicaciones que me quería dar yo no sabía de quien estaba hablando, hasta que buenas a primeras me dijo:

    "Sí, hombre, el de los huevos..."

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