lunes, 14 de diciembre de 2009

El "Sota", aquella vieja cafetera


Los años posteriores a la Guerra Civil española fueron duros para todos, también para los deportistas.

La competición futbolística se reanudó con la I Copa del Generalísimo, conquistada por el Sevilla Fútbol Club en Montjuich, y continuaría con el Campeonato Nacional de Liga de la temporada 1939-40, en que alcanzamos el subcampeonato, tras aquella fatídica tarde de El Bardín.

En aquellos lejanos tiempos, los desplazamientos para disputar los partidos fuera de casa los hacía nuestro club en un modestísimo autobús de gasógeno, más asequible que la gasolina, al que los nuestros llamaban el “Sota”, sin que sepamos porqué.

No es difícil imaginarse las incomodidades de aquellos viajes por las penosas carreteras de la famélica red viaria española, compuesta mayoritariamente de caminos con calzadas de adoquines o incluso tierra, muchas de ellas medio destruidas aún por el recientísimo conflicto bélico.

Sucedía que los jugadores llegaban reventados para enfrentarse a su rival local de turno, de ahí que la dinámica habitual de aquel fútbol clásico de la posguerra fuera una mezcla casi simétrica de triunfos caseros y derrotas visitantes.

En cierta ocasión, en un viaje del equipo nervionense a la localidad alicantina de Alcoy para enfrentarnos al equipo de la moral, el viejo “Sota” sufrió un percance que apunto estuvo de dar con la primera –y única- incomparecencia sevillista a un partido liguero.

Había una penuria de gasoil enorme, por lo que aquel autobús llevaba un depósito de repuesto que permitía ahorrarse la dificultosa tarea de repostar durante el trayecto. Hay que pensar que no era nada fácil llenar el depósito, pues a la escasez de surtidores, se unía el problema de que no servía como contraprestación ni el dinero ni otro medio de pago corriente. El combustible se conseguía por medio de vales, de forma parecida a lo que sucedía con los alimentos y las archifamosas cartillas de racionamiento.

Atravesando la provincia de Granada, el depósito de gasoil del “Sota” se desprendió del vehículo, así que para repararlo, el delegado-adjunto del equipo, D. Eugenio Montes Cabeza, hubo de localizar sobre la marcha, no un taller ni a un mecánico, sino al herrero del pueblo más cercano, a fin de que arreglase el entuerto a tiempo de que el equipo llegase a su destino. El viaje duró unas veinte horas, y aún con todo, ganamos por dos goles a uno.

Hoy, en que la superprofesionalización que envuelve al deporte rey en todos sus ámbitos deja cada vez menos espacio al romanticismo, echamos la vista atrás con nostalgia y comprobamos la catadura de aquellos héroes –jugadores, técnicos y directivos- que se embarcaban en la aventura del fútbol, jugándose prácticamente la vida, con la ilusión de defender al equipo de sus amores, por cuatro perras gordas y una caja de calcetines.

Los viajes en autobús casi se han terminado para los equipos de elite, sólo se utilizan para ir del hotel de concentración al campo y viceversa, e incluso éstos parecen un hotel ambulante, más que un medio de transporte. Bueno, para eso han quedado los autobuses y para algo más, como por ejemplo, darse un paseo por la gloria de las calles de Sevilla, en procesión a la Catedral, convenientemente tuneados, con cada cáliz de plata que ha engrosado las vitrinas de nuestro club en los últimos tiempos. Ojalá que muy pronto se repita la escena.


7 comentarios:

  1. Gracias a D: Agustín Rodríguez, historiador del Sevilla F.C., por proporcionarme la fotografía inicial del post.

    Y gracias a D. Eugenio Montes Cabeza, que en paz descanse, por contar la anécdota que aquí se recrea y referir el apelativo de aquel autobús.

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  2. Absolutamente delicioso. Gracias Enrique.

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  3. Muchas gracias por presentarnos estas dos caras de una misma moneda, un Sevilla campeón, de un tiempo y de otro.

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  4. Hombre Don Cornelio, con un uso muy diferente, pero campeones al fin y al cabo. Anda que nos es bonito ni ná el escudito de la puerta.

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  5. Saludos.

    Precioso documento, Enrique.

    Pero el pseudocientífico que hay en mí no descansa:

    ¿de qué marca era el autocar?

    ¿habéis notado la disposición de los colores de la bandera?

    la persona que aparece por el cristal de copiloto... ¿es un niño o un jugador jovencísimo?

    ¿el autocar cambiaba de color en las subidas?

    ¿rascaban los discos de embrague?

    ¿usaban walkman, ipod o mp4?

    En cualquier caso, me imagino lo que debía pasar cuando les decían que tenían que ir a Barcelona en ésa lata de sardinas. Seguro que los accesos febriles aumentarían. Y los dolores de bíceps femorales. Incluso se resentían viejas lesiones de dos temporadas anteriores.

    O quizás -seguramente-, como auténticos luchadores que eran, se lo tomaban como otro desafío y tiraban "palante".

    Tampoco me extraña la bajada de rendimiento una vez llegados a destino.

    Excelente.

    Cuídate y no tengas muy en cuenta mis tonterías.

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  6. Estimado José Manuel, ya se echaban de menos por aquí sus siempre agudos y profundos comentarios. No tengo respuesta para casi ninguno de sus interrogantes, pero comparto lo mucho de heroicidad que tenía dedicarse a esto de dar patadas al balón. Fíjese si era arriesgado que el Español de Barcelona, la única temporada que iba lanzado hacia el título liguero, sufrió un accidente de autobús sin víctimas mortales, pero que dio como resultados diversas bajas de consideración, que le hicieron ceder en su candidatura. Cosas del fútbol romántico.

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