martes, 8 de marzo de 2011

Hugo Maccoll, capitán del Sevilla FC

Por Guardianes de la Memoria


121º aniversario del primer partido de football association en España, disputado por el Sevilla FC

La pista de The Field nos ha traído la confirmación de la identidad de uno de los principales personajes del remoto Sevilla Football Club novecentista.

Como le gusta decir a mi amigo Cornelio (y a los demás), una nueva pieza del puzle.

El detalle, el hilo del que tirar y tirar, ha sido esta vez la letra inicial que el cronista del periódico inglés tuvo a bien consignar delante de los apellidos al inventariar a los caballeros que saltaron a la hierba de Tablada para disputar la tradicional partida navideña de 1890.


En las alineaciones publicadas en prensa sobre éste y el resto de matchs disputados entre el Sevilla Football Club y el Huelva Recreation Club aparece repetidamente como capitán del once sevillano un tal Maccoll.





Antes del descubrimiento del Vice-Cónsul Edward Farquharson Johnston como Presidente de la entidad, sospechábamos algunos, entre los que me encuentro, que el capitán del equipo, precisamente ese Maccoll, podía ser también el presidente que nos faltaba, la pareja desconocida del Secretario Isaias White J.


No fue así, aunque no le faltaban galones para haber sido el máximo mandatario de los protosevillistas.

Porque efectivamente, nuestro Maccoll, Hugh Maccoll, era un personaje de postín.

Don Hugo (luego explicaremos por qué) había nacido en la muy querida y muy sevillista capital de Glasgow, en la lejana Escocia (cada día más cercana sentimentalmente a nosotros).

Fue en el año de gracia de 1.861.

Hugh (Hugo) MacColl, (1861-1915) started as an apprentice with Napiers, then worked for Cunard. He joined Howden (Glasgow) as chief draughtsman, then went to Spain for six years as the technical manager of Portilla White at Seville. When he returned from Spain with John Jameson as a partner he started the Wreath Quay Engineering Works, and after Jameson’s early death he formed a long term partnership with Gilbert Pollock, who took over the management after his death. The first electric cantilever crane in the north east, and probably the world, was installed at the works in 1905. The last engines by MacColl & Pollock were for five vessels in 1930 with a total of 4,900 ihp.

“The prolonged period of barren years, 1931-5, in marine engineering threatened to put in jeopardy the vital skills of its work force.”

Fuente: “Building Ships on the North East Coast” J.F. Clarke

Como vemos, tras los estudios básicos, Maccoll encontró acomodo como aprendiz en la empresa del gran maestro escocés de ingeniería naval Robert Napier.

Continuaría su formación con Samuel Cunard (socio de Napier y constructor de famosos trasatlánticos como el “Queen Mary” y el “Queen Elizabeth”) en Southampton.


Y con James Howden, en Glasgow, sería jefe de diseñadores.


Todo ello antes de embarcarse (nunca mejor usado el término) en una exótica aventura profesional por el Sur de España.

Seis años, seis, como Director Técnico de la fundición sevillana Portilla and White, diseñando calderas de vapor para los buques de la Armada española.


La Sevilla de entonces la han descrito otros con mayor acierto y belleza.

Estamos en plena resaca de los viajeros románticos y los primeros fotógrafos de viajes, que trasladan a la Gran Bretaña la imagen de una ciudad singular, puente de culturas, en la encrucijada geográfica entre Europa y África, de ahí el exotismo del que hablábamos antes.


Esa media docena de años sevillanos para Maccoll hicieron mella en un hombre que, rozando la treintena, se encontraba, sin duda, en el mejor momento de su vida.

Tanto que decidió, con todas las consecuencias, desterrar para siempre su impronunciable nombre de pila, Hugh (que, por cierto, significa “inteligente”), por el castellanizado Hugo, que conservaría hasta su muerte.

In Spain it was necessary, for linguistic reasons, to convert Mr. MacColl's baptismal name into Hugo, and he retained this name for the rest of his life.

Fuente: "Transactions of the Institution of Engineers and Shipbuilders in Scotland", Volumen 58.

De esta (aparentemente simple) anécdota extraemos un significado de gran simbolismo, que dice mucho de lo que representaron para él sus años en Sevilla.

El cambio de nombre en Maccoll evoca una especie de nuevo nacimiento, un nuevo bautismo, la conversión en un hombre nuevo, distinto al jovencito (quizás pelirrojo y pecoso) que había llegado desde Glasgow.

No es difícil comprender por qué era el capitán del Sevilla Football Club.

Estamos ante el principal ejecutivo técnico de la Portilla and White y el más veterano de los integrantes del equipo (un año mayor que Edwin Plews). Mandaba en la empresa (más que el hijo del dueño) y mandaba también en el campo.

Su presencia en el Sevilla Football Club primitivo encaja a la perfección con los relatos orales del onubense Daniel Young.

Y su protagonismo en los circuitos empresariales sevillanos viene confirmado por su cercanía (digámoslo así) con el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, cuna del más puro y original sevillismo intersecular.

A su vuelta a la Gran Bretaña fundaría la sociedad Maccoll and Pollock en Sunderland, ciudad inglesa a la que pertenecía (¿casualidad?) el mejor y más influyente club de fútbol de la época, camisetas de rayas rojas y blancas, como las encargadas a Wood en la asamblea sevillista de 1908 previa al partido de Messina.

La Maccoll and Pollock se dedicaba a la ingeniería marina, siendo muy apreciados sus motores de vapor para barcos.

Se casaría Don Hugo con la señorita Maude Maccarthy, a quien conoció en 1901 mientras estaba alojado como invitado en casa de su padre, el alcalde de Newcastle-on-Tyne y propietario de barcos, George Eugene Maccarthy.

Tuvieron dos hijos de singular nombradía, Hugh Geoffrey Maccoll, como físico, y James Eugene Maccoll, como político laboralista, lo que acredita el status que había alcanzado la familia.

Falleció súbitamente el 31 de agosto de 1915, a los 54 años de edad, en su Glasgow natal.

Atrás quedaba su etapa sevillana, y sus andanzas futbolísticas que, nos atrevemos a afirmar, serán probablemente desconocidas para sus propios descendientes.

Por poco tiempo.

Los Guardianes estamos acercando posturas con la familia, y esperamos que las gestiones en curso den pronto sus frutos, para gozo del sevillismo amante de su historia y su pasado.

¡¡Salve Hugo Maccoll, primer capitán sevillista!!

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