martes 9 de febrero de 2010

Post-it sevillistas - 2ª entrega


[4] En octubre de 1991, el legendario jugador de baloncesto americano “Magic” Johnson anunciaba públicamente su retirada del deporte activo, debido a que tenía anticuerpos de SIDA. La enorme repercusión mediática de la noticia, que era repetida hasta la saciedad en los telediarios de todas las cadenas, unida al impacto de ver a un deportista derrotado por el SIDA, una enfermedad entonces, mucho más que ahora, desconocida y temida, hicieron que el hecho calase hondo en el público de todo el mundo. Un par de días después de esa noticia, se disputaba en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán partido de liga, cuando justo antes del inicio, se procede por el árbitro a señalar un minuto de silencio, que es recibido con el debido respeto por parte de la afición. En la Grada Alta de Gol Norte, sin embargo, un inquieto aficionado, curioso por la situación, preguntaba a su alrededor por quién se guardaba aquel tributo. La mayoría de los circundantes reaccionó con gesto de ignorancia, encogiendo los hombros, hasta que otro espectador, muy seguro él, afirmó con rotundidad: “-Es un minuto de silencio por “Magic” Johnson”. Afortunadamente para el gran exjugador de baloncesto de los Lakers, ser seropositivo no equivale a estar muerto, y todavía lo tenemos pululando por ahí dentro del organigrama de su equipo. Posiblemente desconozca que es la única persona viva por la que se ha guardado un minuto de silencio … en el campo de Nervión.

[5] Ahora que estamos en el mes de los carnavales, y Cádiz pasa a ser para muchos, el centro del universo, me vienen a la memoria tres anécdotas, tres “golpes” de auténtico arte de una misma jornada dominical de fútbol en Carranza, aquella temporada en que goleamos a los amarillos en su estadio por cero a cuatro con hat-trick de Toni Polster. Vamos, el partido fuera de casa que he visto más tranquilo en toda mi vida, con ventaja de tres goles en los primeros veinte minutos. Antes de que empezara el fútbol, la panda de amigos con la que viajaba optó por tomar una copa en un bar cercano al estadio. Pedíamos los clásicos combinados, cuando la voz del jefe del local, dirigiéndose al camarero, gritaba: “-Peeeepe, ponle unos cubatas libres a estos muchachos.” Nótese que el brebaje que pretendían servirnos no eran ni cubatas ni cuba-libres, sino cubatas libres, una nueva especie de copa inventada por la gracia de las gentes de la Tacita de Plata. Posteriormente, durante el partido, un espectador gaditano, situado justo arriba de la grada donde nos encontrábamos los seguidores del Sevilla, se pasó todo el partido insultando a Dassaev, nuestro portero, al grito de “-Dasaé, vorquevishe”, aunque hay que reconocerle su gusto por el juego de Anton Polster. Despues de su exhibición, cuando fue sustituido por Cantatore, decía el tío: -¡Hay que ver lo bueno que es el australiaco ese!. A la vista de este señor, la combinación de sangre austriaca y sangre australiana que parecía reconocer en nuestro número 10 confería a éste poco menos que superpoderes goleadores ….

Continuará ….

martes 2 de febrero de 2010

Gracias por estar ahí

Ha pasado un año desde la puesta en marcha de este sitio y ha pasado a la velocidad de … Jesús Navas por la banda.

Mismamente volando, vamos.

Hicimos nuestra particular exposición de motivos, Sacando de centro, que aún hoy sigue estando vigente.

Y colocamos el primer frontispicio, aquí.



Con un saco de temporadas de militancia en las espaldas, eran muchas, muchísimas, las personas de nuestro entorno de club, de nuestra gran familia sevillista, que ya conocía. De hecho, con cada hito importante de la institución, finales, viajes, fieles de Nervión, presentaciones, etc., empezaba a tener la sensación –agradabilísima sensación, por cierto- de saludar las mismas caras, las mismas almas, las del sevillismo más irreductible. Algunos de estos hermanos, como diría el Papi Magase, ya no están entre nosotros, pero siguen admirando a nuestro Sevilla, seguro, desde el voladizo del cielo.

Sin embargo, es justo reconocerlo así, el mundo de internet, este mundo de los bytes y de los gigas que reconozco me supera permanentemente, me ha permitido conocer otros iguales, nuevos sevillistas dentro de mi vida sevillista, que de otra manera me hubiera resultado muy difícil encontrar.

Sevillistas de enorme valía (¡hay tantos!) y para todos los gustos.

Sevillistas clásicos, optimistas, frikkis, pelotas o anti-todo.

Sevillistas cuyo trato, aún virtual, ha sido, sigue siendo a Dios gracias, enormemente enriquecedor (las excepciones prefiero ni contarlas).

Sevillistas locos por un ordenador, compañeros de la “Pepe Brand” …

Comentaristas amables, cáusticos, anónimos ... de todos los lugares del mundo e incluso alguno de ultratumba.

Gente del club, de la radio, de los medios, algún que otro talibán, pasteleros, peñistas, columnistas varios …

Y, sobre todo, sobre todo, los cuatro chalados que, como yo, busca que te busca, buscando, velan por la memoria de nuestra historia, la del eterno campeón de Andalucía.

Ellos saben quiénes son. Lo sabéis.

“Todos los hombres de cualquier condición social, ideas políticas o religiosas, tendrán aquí cabida…”

Amén.

A todos los nombrados y a los innombrables, a todos, gracias, mil gracias.

Gracias por pasar por aquí y gracias por pasear por aquí.

Gracias por bucear en los textos y/o las imágenes, y por interactuar conmigo o con los demás comentaristas.

Gracias por vuestros halagos y también por vuestras críticas.

Y gracias, mil gracias como siempre, al Sevilla Fútbol Club y a quienes inculcaron en mí, en nosotros, el sentimiento sevillista que nos une en una red que dura ya ciento cinco años …

¿O serán ciento veinte?

domingo 31 de enero de 2010

El sevillismo de Tonono y de la UD Las Palmas


Tonono se fue al cielo...

... y en su chaqueta seguía luciendo, cerca, cerquita del corazón, como desde hacía tres años, el escudo de un equipo de fútbol, el Sevilla Fútbol Club.

Se lo había prometido a su gran amigo Enrique, en una de aquellas largas concentraciones de selección en las que nunca se separaban.

Y Antonio, Tonono, además de un futbolista gigante, era un hombre cabal, de esos que cumplen la palabra dada.

- Hasta que el Sevilla vuelva a Primera, llevaremos este escudo en la solapa ...

Era un pin del Sevilla Fútbol Club, el equipo en que jugaba su querido Enrique Lora, un verdadero clásico del fútbol español al que Tonono admiraba y respetaba.

La amistad, camaradería, entre estos dos fenómenos del balompié hispano comenzó a forjarse en la selección, desde que el defensa canario apadrinase a nuestro centrocampista de las marismas para protegerlo, mimarlo, cuando éste fue llamado por Kubala, y se orquestó aquella campaña mediática que quiso ver en la convocatoria de Enrique un impuesto (de lujo) al seleccionador nacional.

Luego una larga concentración en los pinares de Oromana, preparando aquel decisivo partido eliminatorio contra Rusia, y un verano juntos, en 1973, con la familia, recorriendo Sevilla bajo cuarenta grados durante las vacaciones, acabaron por sellar el vínculo entre estos grandes compañeros. Tonono se había quedado prendado con el rostro de la Esperanza Macarena, cuando pudo contemplarla de cerca, en su camarín, cara a cara.

Por eso, y por algunas otras cosas más, cuando el fútbol quiso llevarse a nuestro Sevilla a los sótanos de la Segunda División, Tonono le dijo a su amigo Enrique que llevaría en la solapa el escudo del Sevilla hasta que éste retornase a la categoría que le correspondía, la de los más grandes del fútbol español.



Mirad lo que decía Enrique de su admirado Tonono:



Aquí tenéis a los tres ases, Tonono, delante de él Enrique Lora y luego, detras de Iríbar, el gran Paco Gallego, saltando al campo para defender a la "roja", en unas imágenes maravillosas, plenas de sabor y nostalgia.

El 9 de junio de 1975, se nos iría Antonio Afonso Moreno, el hombre, y Tonono, el futbolista, víctima de una súbita y letal hepatitis vírica.

Rozaba los treinta y dos años, y aún le quedaban unos cuantos más para seguir dando rienda suelta a ese fútbol de seda, elegante, cadencioso, que le convirtió en el mejor líbero de su época, junto con el kaiser alemán Franz Beckenbauer.




Siempre será recordado como la figura máxima de aquella legendaria Unión Deportiva Las Palmas de los Guedes, Germán, Castellano, etc.

Y como ese perenne internacional con 22 presencias internacionalidades a sus espaldas, batiendo un record aún hoy no igualado por ningún otro jugador canario.

En Sevilla se organizó rápidamene una misa en la Basílica de la Macarena, aquel lugar donde Tonono conoció a la verdadera Madre de Dios, antes de reunirse con ella en su Gloria.

Y asimismo en Sevilla surgió la iniciativa de erigirle un monumento en su Arucas natal.


He aquí el monumento:



Al recordar la figura de Tonono con ocasión de su muerte, contaba Enrique Lora algo realmente impresionante:


Tonono había cumplido su promesa hasta el último aliento de su vida.

viernes 29 de enero de 2010

Ser los primeros en algo


Os dejo el enlace con mi última colaboración para Columnas Blancas, que podéis leer haciendo click aquí.

Asimismo os invito a dejar vuestros comentarios.

martes 26 de enero de 2010

Post-it sevillistas


Inauguramos hoy una nueva sección de este blog dedicada a contar anécdotas, curiosidades e incluso vivencias dignas de recuerdo relacionadas con el Sevilla Fútbol Club, sus aficionados, rectores, futbolistas o empleados, incluso puede que ninguno de ellos. Pequeñas pinceladas, breverías, de un género literario más cercano al SMS que a otra cosa. Asuntos mínimos al fin y al cabo que ni siquiera dan para un post, si acaso para una charla de barra de bar o mesa de camilla. Que lo disfrutéis.

[1] Comenzamos con una conocidísima anécdota, repetida hasta la saciedad en cualquier historia sevillista, que se remonta a un lejanísimo 1917, con ocasión de un partido de los sevillistas en la capital, para enfrentarse al Real Madrid. Los madridistas, mucho más expertos que nuestros jugadores por aquel tiempo, golearon con facilidad a sus oponentes por ocho goles a uno. Aquella tarde, fue tal el dominio en el juego de los locales que, en un momento determinado del partido, nuestro medio Diego Otero, conocido como el "Niño Vega", viendo que ni él ni sus compañeros rascaban bola, aprovechó que la pelota botaba en sus inmediaciones para cogerla con las dos manos, y dirigiéndose a los madrileños les espetó: -¡¡Eh, que aquí hemos venío a jugar tós!!

[2] Menos famoso fue lo que le sucedió a otro jugador sevillista de los felices veinte, también en Madrid. Aquel pelotero era de extracción humilde y escasas dotes lingüísticas. Le habían advertido de los peligros de la capital, pues era su primer viaje, y por ello estaba permanentemente en alerta. Se disponía a tomar el aperitivo en el ambigú de la pensión en que se hospedaba el equipo, junto con otros compañeros, pidiendo al barman el clásico vermouth. El camarero, con su acento madrileño característico, inquirió a nuestro protagonista: -¿Con bitter, señor? Y éste, ni corto ni perezoso, le respondió: -¡Aquí no hay convite que valga, cada uno paga lo suyo!

[3] En 1987 aterrizaría por Nervión el futbolista escocés Ted McMinn, procedente del Glasgow Rangers. En una entrevista, a los pocos meses de llegar, fue preguntado por su afición a la bebida, habida cuenta la fama que precede a los naturales de su país. Nuestro protagonista rápidamente se aprestó a contestar, muy diplomático él, que no probaba el alcohol, ya que como futbolista profesional, no podía permitírselo. Unas cuantas preguntas más tarde, en la misma entrevista, el periodista cuestionó a McMinn acerca de si le gustaban los toros y cuál era su torero favorito. El escocés respondió afirmativamente, añadiendo que le encantaba la forma de torear de Tomás ... "Cruzcampo".

Continuará...

lunes 18 de enero de 2010

El pergamino de Al-Xaram


Hace unos meses, la Providencia quiso que un extrañísimo pergamino de incalculable valor cayese en mis manos, posiblemente de forma equivocada (sospecho que el remitente se confundió de destinatario), aunque feliz, por lo que les vengo a contar.

Son las cosas que tiene el ser amante de la Historia y un obseso de la Verdad.

El autor de la epístola, que por cierto, no tiene título, firma en una tinta celeste con vetas verdosas perfectamente legible, bajo el nombre de Al-Xaram, de ahí que me haya atrevido a denominar al documento como el pergamino de Al-Xaram.

Su extensión, para haceros una idea, puede equivaler a cuatro folios mecanografiados por una sola cara, aproximadamente.

Parece ser, por lo que he podido investigar, que Al-Xaram llegó a ser un alto funcionario de la administración de cierta provincia, después de las guerras civiles intestinas que precedieron al mandato del nuevo Caudillo local.

En el momento de redactar el palimpsesto, Al-Xaram debía contar unos ochenta años de edad más o menos, por lo que no es descartable que su relato esté salpicado de algunos errores e imprecisiones, fruto de los caprichos de la memoria.

No obstante, ello no resta un ápice su valor. Su lectura es apasionante, sobre todo por la luz que arroja respecto a ciertos pasajes históricos que, a falta de evidencias tangibles, habían sido manipulados por una tradición oral interesada en ocultar la realidad.

El documento, que no es ajeno a ciertas concesiones biográficas, parece ser algo así como una memoria de las cuitas ancestrales entre dos viejas tribus enfrentadas, llamadas Rhasap y Ben-Ivi, que rivalizaban en poderío y supremacía dentro del orden estatal imperante en aquellas tierras.

Hasta ahora, poco se conocía con visos de verdadero rigor sobre estas enigmáticas civilizaciones. Apenas se había trabajado científicamente en conocerlas, y lo poco serio sobre lo que puede reconstruirse su pasado es fruto de recientes excavaciones arqueológicas.

Así, sabemos que Rhasap había sido fundada por individuos preocupados por el desarrollo de la juventud en su país, amantes de las artes y las ciencias, visionarios a su manera, que creían poder mejorar la sociedad, con el cultivo de los juegos y ejercicios gimnásticos al modo extranjero, haciendo hombres mejores y nuevos héroes. En los viejos textos clásicos, Rhasap es presentada como una polis bien organizada, y salvo excepciones esporádicas, excelentemente administrada, orientada por sus dirigentes de una forma práctica al propósito para la que fue creada.

También sabemos que los fundadores de Ben-Ivi fueron jóvenes guerreros que veían con recelo el poderío de Rhasap. Desde su mismo origen, los integrantes de Ben-Ivi repudiaron lo que Rhasap representaba, mostrándose acérrimos enemigos de toda influencia foránea, que consideraban espuria. Su nacimiento, la verdadera y única razón de ser de Ben-Ivi, había sido, pues, combatir la pujanza de Rhasap, hostigarla, mancillarla (la propaganda era su arma favorita), por cualquier medio a su alcance, ya fuese, lícito o subterráneo.

Esta absoluta servidumbre de Ben-Ivi respecto a su rival hizo que padeciera históricamente una clase dirigente incapaz, alimentada en el odio y el resentimiento, abandonada al caos, ante la pasividad de un pueblo de gentes apáticas, conformistas, envidiosas y con tendencia a culpar a los demás de cualquier infortunio. Realmente, malvivían gracias a las subvenciones gubernamentales.

No podemos extendernos como sería deseable en comentar todos los episodios que Al-Xaram desgrana en su pergamino, aunque es de justica que al menos nos detengamos en uno de ellos, el más destacado de todos, el que más repercusión histórica puede tener.

Es vox populi que, debido a la gloria que a Rhasap dieron sus habitantes, su alcalde decidió acometer una gran obra de ingeniería que permitiera disfrutar a sus vecinos de una vida mejor y más fructífera. Aunque se hicieron gestiones de alto nivel para obtener financiación del tesoro público, está fue negada, pero aún así, los miembros de la comunidad de Rhasap decidieron embarcarse en la tarea. La dificultad de la empresa acabaría con la vida de su alcalde y casi de la propia Rhasap, que durante un largo desierto de muchísimos años estuvo languideciendo sin ser capaz de retornar a las gloriosas jornadas de su juventud.

Mientras tanto, Ben-Ivi vivía desahogadamente, pues se asentaba sobre territorio y edificaciones de la administración estatal, a cambio de un modestísimo estipendio en concepto de usufructo desde hacía casi dos décadas. No necesitaba, pues, acometer obra alguna.

Cuenta el pergamino que el alcalde de esta ciudad, aprovechando las importantes relaciones de su tribu con el ejército del país, decidió mover hilos para consolidar sus dominios en dicho territorio, confiriendo el mandato oportuno precisamente al funcionario Al-Xaram, personaje muy cercano a las jerarquías dominantes del estado.

La ley sagrada del lugar impedía la transmisión de tierras y edificios del dominio público a los particulares, salvo que la adquisición se ofreciese a cualquier tribu del país que cumpliera unos requisitos de interés público que debían definirse bajo los principios fundamentales de igualdad y transparencia.

Sin embargo, el ardid de Al-Xaram y los suyos surtió el efecto pretendido, sorteando hasta por dos veces la ley sagrada, mediante un expediente que inutilizaba de facto cualquier posibilidad de adquisición de los territorios por terceros.

Y no sólo eso, se fijó un justiprecio ridículo, que apenas representaba un tercio del costo de la obra que ya por entonces sumía a su rival Rhasap en los sótanos de su tradición.

Rhasap mostró un interés cierto en participar, como era su derecho, amparándose en la ley sagrada, sin embargo, fue burdamente marginada mediante un hábil subterfugio legal, para no entorpecer los planes trazados.

Lo más sorprendente de todos estos hechos, narrados por vez primera por un protagonista directo como el anciano Al-Xaram es que desde Ben-Ivi se había propalado una especie de leyenda que, hasta la aparición del pergamino, había logrado mantener oculto el fraude organizado por sus dirigentes en su propio beneficio, con palmario agravio a sus convecinos de Rhasap, contribuyentes del mismo Estado.

Y no sólo eso. Más allá de este caso, eran muchos los textos antiguos y aún modernos sobre la historia de estas civilizaciones que presentaban y presentan a Ben-Ivi como una tribu acreedora de simpatías, inferior en gloria y riquezas respecto a Rhasap debido a las malas artes de ésta, como si Ben-Ivi fuese simplemente una víctima desgraciada de las insidias de Rhasap.

Después de leer este pergamino, Ben-Ivi queda desenmascarada, desnuda de su falso disfraz de víctima. Se confirma lo que de Rhasap se intuía, que es un pueblo ancestral, quizás el primero de sus características, que en dificilísimas circunstancias supo salir adelante con su propio esfuerzo y sudores, sin ayudas ajenas, mostrándose triunfante y poderoso, orgulloso y con una soberbia justificada.

Por el momento, el pergamino de Al-Xaram deberá permanecer oculto sine die, para evitar que su tenedor pueda sufrir algún tipo de represalia. Sólo conocen de su existencia un pequeño grupo de investigadores y ahora la minoría que sigue este blog. Sospechamos que el pergamino contiene algún tipo de mensaje cifrado o en clave, quizás su historia encierra alguna fábula o parábola, lo estamos tratando de desentrañar, pero no estamos seguros. Lo que sí tenemos claro es su autenticidad y la tranquilidad de que el mismo se encuentra a buen recaudo.

Algún día podrá ver la luz. Que tiemblen los seguidores de Ben-Ivi, si es que para entonces aún le quedan algunos.

domingo 17 de enero de 2010

1916: Manolo Ocaña, socio numerario


Algún día dedicaremos el espacio que se merece a Manolo Ocaña, una de las primeras figuras del Sevilla Fútbol Club, en aquella época dorada de los años veinte, en la que todo parecía descubrirse en el nuevo universo del fútbol.


Fue Manolo un auténtico enamorado del fútbol, pero del fútbol de entonces, el romántico, no el práctico que vino luego bajo la esclavitud de los resultados. Fue captado para los escalafones inferiores (ya los teníamos entonces) por el propio Presidente, Paco Alba, y convertido en mediocentro por la insistencia de Kinké. Al colgar las botas se convirtió en árbitro, uno de los más prestigiosos del concierto nacional.

Con el ingreso de Manolo en el equipo infantil, pasó a ser socio numerario de la sociedad, condición documentada con la cartulina, preciosa donde las haya, que hoy protagoniza esta entrada. Está fechada en diciembre de 1916, y en ella figuran las rúbricas del Presidente, Paco Alba, y del Secretario, Rafael Bernal.

La tipografía es añeja, delicada, el escudo sigue aún siendo el de Lafita, debíamos contar en la Secretaría con alguna de aquellas maravillosas máquinas de escribir, quizás una Underwood, tal vez Olivetti o Triumph, podemos imaginar el sonido de sus teclas golpeando este frágil pasaporte pre-impreso en gráficas Maciá de Sevilla.

Seguíamos trabajando con esta imprenta sevillana que el querido Antonio Ramírez, desde su Voladizo, junto con el simpar Cornelio, ya nos descubrieron que había confeccionado los títulos de socio en 1911. Este formato es sin duda menos bello, más práctico que aquél, pero igualmente exquisito en su enorme potencia evocadora. Que lo disfrutéis.