martes, 4 de octubre de 2011

Un bilardista en la corte del rey Roque


Rafael Jaén, con una curiosa elástica sin escudo

Cuando yo era pequeño, y comenzaba a frecuentar el Ramón Sánchez-Pizjuán, con sus muñones de hierro retorcido, sus cuatro focos gigantes en las esquinas, el cinturón de albero rodeando el césped y ese marcador electrónico Orient que hacía las delicias de la infantería, había un futbolista con el cuatro cosido a la espalda que llamaba mi atención poderosamente.

Primero, por su habitual vendaje en un brazo y, sobre todo, en segundo término, por tratarse de un consumado especialista en el lanzamiento de penalties, casi siempre raso, casi siempre cruzado y colocado a la cepa del poste, a la esquina del soporte de hierro que, todavía, antes del famoso (y falso) gol de Breitner, sujetaba las redes blancas sevillistas.

Con cuatro, cinco añitos en nuestro scorer particular, el penalty pitado, auténtica premonición del disfrute del gol, nos aseguraba a los niños de entonces comprobar, sin temor a distracciones, esa liturgia especial que tenía, y tiene, la suerte suprema del fútbol, con la esperanza cercana, ansiosa, del éxtasis goleador.

Ese jugador era cordobés, centrocampista patilludo, como se estilaba en esos tiempos, y que hoy llamaríamos mediocentro, con buena técnica y mucho oficio, protestón y con galones de líder.

Ese auténtico jugadorazo era Rafael (Rafa) Jaén.

Vino a un Sevilla de Segunda desde un Granada de Primera porque lo consideraba un paso adelante en su carrera: "jugar en un grande del fútbol español".

Roque Olsen, el hierático, gélido entrenador argentino con pinta de espía ruso, lo colocó inmediatamente en el eje del centro del campo, escoltado por la seda de Julián Rubio y el percal de Pablo Blanco.


Roque Olsen, entrenador del Sevilla F.C.

Sus actuaciones seguían siendo sensacionales, y digo seguían porque era, desde antes de llegar, uno de los asiduos "Kubala boys", como se les llamaba entonces, habitual en las convocatorias con la selección española en diversas categorías, "B", olímpica e incluso absoluta, pese a la difícil coyuntura que vivía su (nuestro) equipo.

Luego fue también pulmón de un Sevilla más selecto, con Carriega.


Paco, Juanito, Rivas, Sanjosé, Jaén, Dos Santos, Gallego, Scotta, Rubio, Cantudo y Yiyi

Futbolista valiente, racial, aunque a veces, cuentan que se escondía en algunos momentos difíciles durante los partidos. Mi recuerdo no da para tanto.

Sufrío lesiones que el equipo notaba en demasía, pues era de esos futbolistas que a veces se sienten más cuando no juegan que cuando están sobre el campo.

Los árbitros, los rivales, incluso sus compañeros, temían sus broncas, era muy temperamental.

Y ayudaba a los técnicos en la motivación, de andar por casa, de los propios compañeros. Todo ello lo podéis leer aquí, en esta magnífica entrevista.

Pero Jaén también tenía una faceta un poquito más peculiar.

Lo que yo llamo un ramalazo bilardista que ponía en práctica un domingo sí y otro también, mucho antes de que supiéramos siquiera de la existencia del gran Carlos Salvador "Pisalo" Bilardo.

Jaén se informaba de los problemas físicos de sus rivales, que si Fulano trae el tobillo izquierdo delicado, que si Mengano tiene problemas en el costado, que si a Zutano le duele el dedo gordo del pie ... ¿adivinan ustedes cuando llegaba el partido en qué lugar recibía cada uno de estos rivales una caricia de Rafa Jaén? Pues ya lo saben.

Se les quitaban las ganas de jugar al más pintado.

Supongo que a los hipócritas exquisitos del fútbol guay les escandalizaran estas cosas, pero así es el fútbol, y siempre lo ha sido.

Aaamén.

1 comentario:

  1. Esa estrategia es tan antigüa como el rugby, un deporte de caballeros como siempre se ha dicho.

    Hay que saber aprovechar los defectos del rival y si por ejemplo no sabes contenerte y explotas con facilidad...Ya sabes, Aduriz.

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