jueves, 30 de junio de 2011

Al filo de la navaja



Dedicado a María Rubio, nieta del gran Ismael, anfitriona de lujo de una inolvidable jornada sevillista, y a toda su familia (Nacho incluido)

Que el fútbol de los tiempos heroicos era una actividad de riesgo, ya lo hemos explicado en algunas ocasiones.

Campos pelados, piedras por doquier, balones de cuero reparados a base de costurones como si de la cabeza de Frankestein se tratase …

Incluso libertad total amparada por el reglamento para endiñarle patadas al portero sin ningún miramiento.

Cuando no te la jugabas con tus propios compañeros o con el enemigo de turno, te encontrabas a cualquier pandilla de zulús medio chalados lanzando proyectiles al campo o con una invasión incontrolada de hinchas dispuestos a interrumpir un partido a golpes (y a navajazos) con tal de conseguir una suspensión salvadora del resultado.

De esto último podrían contarnos mucho los primeros sevillistas, sobre todo cuando visitábamos el feudo de nuestro eterno rival, eternamente desesperado (en vano) por destronar al Club decano de su hegemónico liderazgo en el Campeonato de Andalucía.

El culo del aristocrático Manuel Pérez, que en paz descanse, podría atestiguarlo.

En fin, que así era el juego de pelota con los pies dentro de la cal en la época del amateurismo, cuando los primeros valientes, en el estricto sentido de esta palabra, se aficionaron a practicarlo.

Pero lo que muchos no saben es que aquel foot-ball podía también acarrear sus peligros fuera de los límites del 106 x 70.

Que se lo contaran si no al gran Ismael Rubio.


Ismael, un portento físico en la defensa del Sevilla F.C. durante la etapa del primer clasicismo sevillista, el de los felices veinte, llegó a jugarse el cuello literalmente a cuenta del fútbol.

Este back o guardaportero de singular corpulencia, pareja de línea del no menos famoso hombre de goma, el gallego Herminio, no era precisamente una hermanita de la caridad cuando se enfundaba la indumentaria alba sevillista con el escudo rojo de Lafita al pecho.

Imagínense cómo era la cosa: dos defensas para parar a cinco delanteros, cabían a 2,5 forwarders por barba.

Así que aquello que hizo célebre Belauste en Amberes con el “a mí que los arrollo”, aplíquenselo a nuestro protagonista.

Un Ismael que además tenía que multiplicarse (en el juego y en la “leña”) para cubrir los boquetes que el malabarismo innato en el juego de Herminio provocaba constantemente en nuestra retaguardia.


"Era el coco de la defensa y una vez acabó
hasta con los suplentes del equipo contrario..."
A lo que íbamos.

Cierto día de partido en Murcia, mientras el grueso de la expedición sevillista, comandada por el dandy Juan Antonio Armet de Castellví “Kinké”, todavía resoplaba ronquidos durmiendo la mona tras un resacón de mil demonios, nos encontramos al presumido de Ismael sentado en una barbería local dispuesto a acicalarse antes del partido.

El barbero le embadurna la cara y afila la perica, mientras se va encendiendo en animada conversación con otros clientes del garito.

Como hay fútbol a la tarde, se comenta la vista a Murcia del Sevilla, poniendo especial énfasis en los antecedentes (casi penales) de la ida de la eliminatoria, disputada en el campo de la Victoria.

El diálogo prontamente se centra en vestir de limpio, ustedes ya me entienden, al joven defensa derecho sevillista, ese tal Ismael, una bestia parda que se había bastado él solito para dejar a medio equipo pimentonero lleno de cicatrices y cardenales.

A Ismael, sentado a merced del barbero, con el cuello al aire presto y dispuesto para cualquier descuido del maestro, los sudores empiezan a brotarle por todos los poros de su cuerpo a la par que apenas puede tragar saliva.

El barbero se percata de la repentina tirantez de su cliente, y pregunta:

-¿Aprieto demasiado, señor?

-No, no, no se preocupe, siga y termine, que tengo un poco de prisa.

Los otros clientes seguían a lo suyo, que si el Ismael ese era un tal y un cual, que si a fulanito le zampó un buen mamporro, que si a menganito lo sacó del campo de un sopapo, etc., etc.

En plena discusión, el barbero, navaja en ristre, proclama:

-Si cogiera yo ahora mismo a Ismael, al niño ese, me lo cargaba.

Con sus palabras, acompañaba el movimiento de su brazo como si de un violinista se tratase.

Ni que decir tiene la carita que se le puso a nuestro defensa, más blanca que el babi que lo protegía del afeitado.

A la más mínima sospecha, fssssssssssssssh, tajo al canto y adiós muy buenas.

Cuando por fin termina el servicio, Ismael se levanta y pregunta qué se debe. Paga religiosamente y se dirige a la puerta.

Antes de salir, responde en voz alta:

-Señores, que el niño ese del que ustedes hablan, el defensa del Sevilla al que quieren matar, soy yo, Ismael Rubio.

Inmediatamente le pidieron disculpas mostrándose arrepentidos y abochornados por la situación.

Pero el mal rato que le habían hecho pasar no se le olvidaría nunca.

Eso sí, jamás volvería a pisar una barbería en territorio comanche.

Sentado, Ismael Rubio en 1955, y de pie, su entrevistador,
 Nicolás J. Salas, uno de los tergiversadores béticos de la historia

Nota.- El presente relato es verídico, está inspirado en una anécdota contada por el propio Ismael Rubio en una entrevista publicada en la revista Oiga, en 1955. Habían pasado más de treinta años de aquel suceso y todavía se estremecía al recordarlo.

martes, 21 de junio de 2011

Isaac García Gil, ángel de la guarda sevillista

Don Isaac García Gil

“Cualquier tiempo pasado fue mejor”, así reza un dicho que, hoy día, desde luego, no es predicable del Sevilla Fútbol Club contemporáneo, ni en lo deportivo ni en lo económico.

Aunque muchos quieren tildar al Club blanco como equipo de los ricos, de los señoritos, de la gente pudiente, lo cierto es que siempre, siempre, ha acogido en su seno a personas de toda clase y extracción social.

“Todos los hombres de cualquier condición social, ideas políticas y religiosas, tendrán aquí cabida …”

Palabras del primer presidente, José Luis Gallegos Arnosa.

José Luis Gallegos Arnosa
“Fomentar el desarrollo físico de la juventud”, según rezaban los estatutos originarios de la entidad.


No hay mejor prueba de lo que decimos que las etapas de absoluta ruina económica que ha vivido nuestro Club, dos de ellas, marcadas decisivamente por inversiones propias en infraestructuras, a comienzos de los años treinta, y a partir de los sesenta, en el siglo pasado, con los traslados al viejo Nervión, primero, y al Ramón Sánchez-Pizjuán, después; y una tercera, originada por los despropósitos en el manejo de la financiación multimillonaria de las televisiones, que atrajo a tanto pirata y a tanto desvergonzado a este mundo loco del balón redondo.

Hablamos de aquellos tiempos pretéritos en los que el socio pagaba por jugar, por utilizar el campo de deportes del Prado, y en los que había que ir de casa en casa buscando su aportación para mantener el Club. Tiempos en que el cargo más ingrato en la junta directiva era ser Tesorero, de una inexistente tesorería.

Declaraciones de Jorge Graells Miró (1941)

Tiempos en que el socio, por simple amor a unos colores, contribuía en la medida de sus necesidades para engrandecer a su Club.


Otros no pueden decir lo mismo.

No hace tanto algunos a los que nos pesan los años vimos cómo la afición se volcaba en homenajes para recaudar fondos a favor de futbolistas que se retiraban; vimos también cómo se organizaban filas cero para cerrar el estadio o fichar a un campeón mundialista; vimos cómo se suscribió íntegramente el capital social que la Ley del Deporte impuso al transformarnos en SAD.


Hoy día vemos también cómo pese a la brutal crisis económica que nos azota, miles de familias se sacrifican por mantener unos abonos que crecen a ritmo de machamartillo a la par que se agiganta la ruina doméstica.

En fin, que eso de contribuir a fondo perdido por la causa blanquirroja viene de largo … y sigue de corto.

Estamos acostumbrados a no recibir ayudas públicas, sólo si les toca a todos, y entonces no tienen más remedio que darnos algo (léase, Plan de Saneamiento).

A finales de los años 20, las autoridades locales, los representantes de “toda Sevilla”, nos echaron del Reina Victoria y nos negaron asilo en el recinto municipal de Heliópolis, vacío y en desuso, para luego, tan sólo unos años después, regalárselo a otros.


Ni siquiera puede tacharse de ayuda la recalificación de los aledaños de Nervión, al fin y al cabo, fue una permuta por suelo de propiedad sevillista, pagado por el sevillismo, en una zona cuyo valor hoy es mucho mayor que el considerado en su tiempo tras su impacto comercial, sin que esa plusvalía haya repercutido positivamente en las arcas de nuestro Club.

A otros, sin embargo, les regalan valores urbanísticos sobre terrenos municipales, una expropiación en toda regla perpetrada por ese personajillo de poca monta, el tal Emilio Carrillo, en connivencia con la Alcaldía, a todos los ciudadanos sevillistas de Sevilla.

Así las cosas, hartos del ninguneo de los demás, o más bien orgulloso de su propia autonomía, no puede extrañarnos que en los mismísimos estatutos del Club decano se contemplase una categoría especial de Socios, muy significativa, quizás incluso sin precedentes.

Los Socios Protectores, algo así como los ángeles de la guarda sevillistas.


La contabilidad histórica del Club hispalense así lo recogía. Veamos algunos ejemplos.

Aquí, unos cuantos poniendo dinero (hay más, pero rebasaríamos este espacio).


Relación de Contribuyentes al Sevilla F.C. (1944)
Y aquí, avalando créditos.


Comfort letter de Directivos del Sevilla F.C. (1946) que sirvió,
 entre otros menesteres, para pagar al Real Betis Balompié,
el traspaso de Francisco Antúnez Espada
Hoy vengo a hablarles de uno de estos guardianes. De uno que figura en esas listas y documentos.

Don Isaac García Gil.

Nacido el 3 de junio de 1892, justamente cuando nuestro Sevilla daba sus primeros pasos, en un pueblecito de Logroño, y fallecido el 8 de octubre de 1986, a los 94 años, casi casi centenario.

Muy pronto lo encontramos participando activamente en la vida de nuestro Club, primero fundando la más antigua peña futbolística del país, llamada precisamente Peña Sevillista, que se ubicaba en los altos del American Bar, en la calle general Polavieja, en pleno centro de la capital. De esta peña ya hablamos aquí.

Carnet de socio de la Peña Sevillista

Después ingresa en la directiva del Club, en la que llega a ser Tesorero, en los difíciles tiempos de la posguerra. Es conocida su participación, tangencial, en el caso Antúnez, pues su condición de responsable de las cuentas sevillistas hizo que estuviera presente en las negociaciones con los directivos del eterno rival que determinaron el reingreso del futbolista en nuestras filas. Por ello, también, le fue tomada declaración en el marco de la instrucción cursada por la Federación Española de Fútbol para resolver el asunto, junto a todos los demás implicados.

El 7 de abril de 1946, precisamente cuando se estaba gestando en Madrid el complot entre los gerifaltes verdiblancos y el general Moscardó por el que los primeros pretendían se arrebatase al Sevilla el título de Liga, Isaac García Gil aparece en la ceremonia de entrega de trofeos en Nervión a los campeones.

D. Isaac García Gil, a la derecha, con sombrero en la mano

Una semana atrás había estado en Las Corts, sufriendo y disfrutando con el equipo en la tarde de su más grande hazaña deportiva de todos los tiempos.

Entrada a Las Corts (31 de Marzo de 1946)
Figura ente los Socios Protectores dignificados por el Club, según certifica el siguiente documento.

Título de Socio Protector entregado por el Sevilla F.C.
 a Don Isaac García Gil

Y hoy su memoria sigue estando presente, no gracias a este humilde blog, sino a su nieto Isaac, y a su hijo, también Isaac, que han mantenido y mantienen la cadena de sangre sevillista a lo largo de tres centurias, como la misma vida de nuestro Club.

Tengo el honor de comunicarme por mail con su nieto, que amablemente me ha hecho llegar auténticas maravillas, documentos preciosos, relativos al pasado sevillista de su abuelo, que iremos publicando poco a poco.

Muchos de ellos ponen los vellos de punta, hacen saltar lágrimas.

Tache, Bracero, Campanal, Euskalduna y otros jugadores
celebran el triunfo en Vallecas que determina el ascenso del Sevilla
a Primera División (1934)  

Me permito transcribir unas pequeñas líneas de uno de los correos recibidos de Isaac nieto, hablan mejor de lo que yo pueda expresar, cuál es la autenticidad de su sevillismo:

“Mañana dia 3 de Junio es San Isaac, mi santo, el de mi padre y el de mi abuelo. Pero además mi abuelo cumpliría 119 años (por aquella tradición de poner el nombre del Santo correspondiente al dia en que se nacía). Seguro que estará en una de las primeras filas del 3er anillo feliz de ver cómo más que nunca la llama Sevillista está viva, y por lo que veo, sois/somos muchos los que no la dejaremos que se apague jamás. Gracias.”

Gracias a ti Isaac, a tu padre y a tu abuelo.

Gracias a todos los ángeles de la guarda sevillistas.

Nota final.- Mi agradecimiento a Isaac García Salces, por proporcionarme y permitirme publicar estos documentos (y algunos otros que iremos compartiendo), más aún en las actuales circunstancias que tú y yo sabemos. Un fuerte abrazo y adelante.

lunes, 20 de junio de 2011

SALVEMOS EL MUSEO: Carta abierta al Presidente del Sevilla F.C.


Señor Presidente del Sevilla Fútbol Club:

Son muchas las voces que se alzan por la falta de información sobre lo que está ocurriendo con el Museo del Sevilla FC. La información sobre este asunto de interés llega a cuentagotas y nunca de una forma clara.

Entendemos que una Sociedad como el Sevilla FC debe buscar recursos económicos permanentemente y rentabilizar la mayoría de las inversiones que realice para poder ser competitivo en el panorama futbolístico mundial. Sería absurdo pensar lo contrario y somos perfectamente conscientes de ello.

Pero también creemos que no todo debe verse desde la óptica de la rentabilidad económica, hay otro tipo de “rentabilidades” para el sevillismo, como es el recreo y la abundancia en lo que nos ha dado la gloria. Una de estas muy pocas cuestiones, es la de que el sevillista pueda ver, vivir, revivir su historia materializada en forma de documentos, trofeos y distintos objetos conseguidos desde los inicios de la Sociedad.

No maginamos un futuro donde las Copas de la UEFA, las Supercopas, los trofeos al mejor equipo del mundo, las Copas de España, no puedan ser observados, admirados y que puedan asombrar, maravillar y encandilar al sevillismo. No concebimos que -en ese futuro que imaginamos- no se puedan rendir honores y homenaje al presidente que lo consiguió, ni a las personas que le rodearon para ayudarle, ni entendemos que la ‘Generación del Centenario’, con esos magníficos jugadores que nos alzaron a esa gloria infinita, no sean recordados como se merecen. Un Centenario puesto en marcha por usted mismo con gran éxito.

Aun así pensamos, creemos firmemente, que un museo sevillista siempre podría ser rentable, o cuanto menos que no crease pérdidas al Club y no es algo que la Sociedad anónima deportiva blanquiroja deba plantearse en comparación con otras sociedades y si lo hace debe verlo desde el punto de vista de que, las que nos rodean muy cercanamente, ya han hecho las inversiones necesarias para que sus museos sean puestos en marcha para goce de sus aficiones. No nos referimos a clubes como R. Madrid o FC Barcelona, que hace tiempo ya, mucho tiempo, que encontraron la forma de rentabilizar en todos los aspectos, no solo el económico, sus museos que hacen las delicias de sus aficionados.

El Sevilla FC no puede permitirse de ninguna de las maneras no poner en marcha un museo como se merece, sea rentable económicamente o no.

El sevillista que viaje no puede ver con desazón cómo en otras ciudades –o en esta misma- puede visitar un espacio dedicado a la historia del fútbol sin que tenga para sí, delante de sí mismo, aquello que nos convierte en el mayor y mejor Club del sur de España, porque el mayor y el mejor no quiera ponerlo en marcha. El mejor no solo debe serlo, sino parecerlo.

No entendemos cómo los museos de otros clubes españoles son rentables, sea esta rentabilidad del tipo que sea y aún de equipos más pequeños, y no lo es para el Sevilla FC.

Es por ello por lo que apelamos a su sentido común. Le emplazamos a que se reúna con los agentes necesarios y entendidos en estos temas de la historia sevillista para, al menos, cotejar las posibilidades, la viabilidad, de poner en marcha tan importante proyecto, que no solo consiste en la exposición de objetos, sino de la catalogación, conservación y estudio de los mismos para conocimiento general del sevillismo y no permitir nunca su desarraigo.

Sabemos de su interés por la Historia sevillista. Sabemos de sus ansias por conocerla. Sabemos de su apoyo permanente y constante en estos asuntos. Sabemos de sus reuniones para conocer los últimos descubrimientos históricos, nadie mejor que usted sabe del trabajo realizado. Gracias a ello hoy tenemos en propiedad una Copa de España y que gracias a esto no acabó bajo un autobús aplastada. Gracias al conocimiento de la Historia pudo conseguirse y a su apuesta por ello.

En nuestra memoria tenemos permanentemente el recuerdo de Agustín Rodríguez, historiador del Sevilla FC, que nos expresó en innumerables ocasiones la importancia que tenía para el Club una exposición de estas características. Y sabía de qué hablaba.

La Asociación de Sevillistas en la Red, Pepe Brand, que aglutina más de 150 blogs, páginas web y foros sevillistas, una blogosfera considerada la mejor y mayor de España, con un seguimiento de más de 100.000 lectores en su conjunto y que está a la altura del Club que usted preside, publica al unísono esta carta abierta dirigida a usted, sabiendo de sus declaraciones hechas recientemente, en las que manifestaba que el Museo debía continuar y no solo eso, sino que había que reforzarlo.

Sin más, reciba usted un cordial saludo.

VIVA EL SEVILLA FC

POR UN MUSEO SEVILLISTA, DONDE HABITAN LOS SUEÑOS QUE SE CUMPLIERON.

domingo, 19 de junio de 2011

Cómo veo el fútbol andaluz

Pincha en la imagen para ampliar

Palabras de Amadeo García Salazar.

Seleccionador español, figura eminente del fútbol patrio de todos los tiempos.

Un sabio.

Vigencia absoluta de sus palabras, más de setenta años después.

¿El fútbol andaluz?

El Sevilla ... y luego un pelotón con todos los demás.

Nada ha cambiado.

martes, 14 de junio de 2011

Yo también puedo hacer demagogia

Hace unos días un querido amigo me hizo llegar una historieta seguramente parida por alguna mente demente (Diccionario RAE: “falto de juicio”) que de tanto contar mentiras tralará, por el deseo de creerlas, quiere convertirlas en palabra sagrada.


 
Por cierto, no se pierdan el dominio de la ortografía del sujeto autor del texto: arriba, primer "bocadillo" de la viñeta.

Es el ejercicio de victimismo del que en alguna ocasión ya hemos hablado, y que sirve para justificar las miserias más inmisericordes de cierta entidad a la que nadie puede compararse en patrimonio intangible. Ya saben, más arte que nadie, más simpatía que nadie, más aficionados que nadie, en definitiva, poca plata (de copas, me refiero) y “musho Beti”.

Pero saben qué, la demagogia no es territorio exclusivo verdiblanco, aunque hayan alcanzado grandes méritos en explotarla a lo largo de los años, no en vano toda su historia, la que cuentan ellos, no la real, salvo honrosas y contadas excepciones, está fundada en la mentira.

Veamos.

Una de las más hilarantes patrañas con denominación de origen bética es la que autoproclama al “Real” Betis como equipo de los republicanos, rebeldes a la Dictadura franquista y a todo lo que tenga que ver con el totalitarismo, vamos, el perfecto redil de las almas libertarias sin mácula alguna perseguidas por las autoridades, todo lo contrario que el soez y canalla Sevilla F.C. de los “fachas”.

Eso lo pudieron contar los abuelitos, para consolarse, para justificar sus propias incapacidades, aprovechando la nebulosa del silencio impuesto por el orden político imperante en España, que todo lo tragaba como una aspiradora de última generación, y la ignorancia de unas masas pobladas de analfabetos, para desgracia de aquella generación.

Pero ahora que todos tenemos acceso a la información, a los datos, documentos y evidencias, ahora ya no hay forma de que nos sigan engañando.

No hace mucho les hablé de esto.

Pocos comentarios pueden hacerse.


Algunos tan acertados, tan sutiles, tan nobles, como los que nos dejó Antonio Ramírez en su imprescindible Voladizo.

¿Pero qué pasaría con esto mismo en manos de demagogos?

Se lo pondré un poquito más fácil, pues dicen que una imagen vale más que mil palabras.





Señores del “estilo betis” (así, en minúscula, no confundir con los béticos de bien), explíquenme esto sin incurrir en contradicciones de ningún tipo con sus argumentos antisevillistas.

Ah, ya lo sé: será un montaje, documentos falsos, manipulados, será que los fascistas sevillistas obligaron a que esto pasase, será que Sánchez Pizjuán quería cargarse a las criaturitas y diseñó un malévolo plan para desprestigiarlos, será que el universo y los planetas se confabularon para fastidiar a su Cluz.

He repasado libros y webs béticas históricas y, curiosamente, seguro que se trata de una gran casualidad, ninguna menciona este pasaje, ¡vaya por Dios, qué mala suerte!

Y mira que la noticia es bien clarita: fue la directiva bética la que tuvo a bien invitar a los súbditos de Adolf Hitler a presenciar a su Betis, ahora me explico la de aficionados béticos que, como sostiene (en el alambre) Carrillo, debe haber en Alemania.

Por cierto, una directiva, un Club, con reconocidos fascistas de la talla de Benjumea, Bohórquez, Doménech, Sánchez Laulhé o Coca de la Piñera, entre otros, y ultraderechistas como Adolfo Cuéllar o Carlos Hernández Nalda.

Vaya, tampoco he encontrado nada de esto en ninguna historia del club más extraordinario (“er glorioso”, qué arte) de todos los tiempos, de todos los deportes y de todas las instituciones de la historia universal.

¡Me cachís!

lunes, 30 de mayo de 2011

La media naranja

Por Cornelio y Enrique L.


Mientras paseaba por los Jardines del Alcázar, y hallándose muy preocupado don Pedro con la idea de a qué Juez confiaría el sentenciar un pleito sumamente enmarañado y oscuro, cortó una naranja en dos mitades, y colocó una de estas en el agua de un estanque.

Hizo venir a un Juez y le preguntó qué era lo que sobre el agua nadaba. Contestóle el Juez que era una naranja, y descontento el rey lo despidió.

Mandó llamar sucesivamente otros varios jueces, de quienes, habiéndoles hecho la misma pregunta, obtuvo también la misma respuesta.

Llegó por último uno que al escuchar la pregunta del Rey, desgajó una rama de un árbol, y trayendo hacia sí el objeto a que aquél aludía, lo sacó del agua.

-“Es media naranja, Señor”, contestó.

Entonces, dijo el Rey:

“Tú serás quien sentencie la causa.”

Y la puso a su cuidado.

No siempre tenemos delante de nuestros ojos lo que creemos estar viendo, ni es suficiente la sagacidad y el ingenio para descubrir las cosas, aparentemente, obvias.

El juez de esta historia del tresceintos sevillano necesitó la rama de un árbol.

Tenemos algo que flota en la historia sevillista, queremos saber qué es.

Estábamos todavía en el siglo XIX, la segunda semana de marzo despuntaba por detrás de la Cruz del Campo, y los azahares empezaban a salpicar de blanco las calles y campos de Sevilla.

El primer azahar.

Un día cualquiera vamos andando por la calle, un día que, aparentemente, no tiene nada de especial.

El sol ha despuntado algo y parece que hace menos frío. El cielo se va templando, el invierno parece que se ha ido.

Vamos paseando tranquilamente, o andando con prisa, es igual, de pronto un aroma nos detiene.

¿Será verdad?

Levantamos la cabeza y empezamos a buscar, ¿habrá sido aquí? ¿me habrá parecido o será verdad?

Sí, es verdad, ¿pero de dónde viene?

Seguimos buscando y, por fin, la primera flor blanca.

Se nos estremece el cuerpo, nos quedamos mirándola, como si nunca la hubiésemos visto, nos dan ganas de cogerla, pero no, todavía es pronto, dejemos que el árbol se cuaje y que sus copas rebosen en un brindis por la primavera de Sevilla.

Y a nosotros ese aroma, tan suave y distinto, nos despierta evocaciones.

Ese olor nos aviva la memoria.

Ese naranjo, que todavía no ha llenado su copa, ya nos emborracha, hace que un escalofrío nos recorra y volvamos a vivir el gozo de la primavera.

La monotonía del camino diario se ha roto, los problemas se han desvanecido, la imaginación vuela.

Con paso corto le vamos dando la vuelta a ese árbol, en una revirá eterna, seguimos buscando más flores blancas, auroras del pensamiento, respiramos hondo queriendo coger todo el aire, queriendo llenar nuestros pulmones y sentidos.

Miramos al cielo, celeste, nítido, alguna nubecilla blanca y deshilachada, suspiramos.

Estamos emocionados, ¿qué es lo que ha pasado?

Que hemos descubierto el primer azahar de la primavera.

El primer azahar nos saluda y nos trae la esperanza de que nuestra Sevilla, muy pronto, se volverá, como todas las primaveras, blanca.

La cara pensativa que teníamos hace un rato, se nos transforma en sonrisa.

¿Cuánto tiempo ha pasado?

Nadie lo sabe, nuestro reloj ha estado parado mientras contemplábamos este primer azahar.

Un ruido nos despierta y nos devuelve a la hora presente, recordamos que teníamos que ir a algún sitio, y mirando de reojo a esta flor de Sevilla, con su olor metido en lo más hondo de nuestra alma, seguimos nuestro camino con renovada alegría.

Alargamos el paso y decimos:

- “Huele a Sevilla”.

Antes de volver la esquina volvemos la cabeza y nos aseguramos que el naranjo sigue en el mismo sitio.

Entonces, el árbol le ofrecerá una flor que Sevilla irá deshojando.

Tenemos que seguir nuestro camino

Nuestro primer azahar, nuestro ensueño, se remonta a un partido de football, sujeto a norma, Asociation Rules decía la carta, que se juega, junto a un Guadalquivir que todavía se contoneaba abrazándose a Sevilla, en el Hipódromo de Tablada.

Pasó el tiempo, y ya en el siglo XX, tras finalizar la Feria de San Miguel, se celebró un banquete en el Pasaje Oriente, con un exquisito menú, con “Sopas al Centro Delantero” incluidas. Aquel día, la naranja sevillista ya estaba madura.

Ese día también se bebió buen vino de Jerez, de ese que Guadalete abajo embarcaba sus botas en el Puerto de Santa María rumbo a bodegas británicas.

¿Venimos del vino o de la mermelada?

Existe un protosevillismo flotando, lleno de anécdotas, dispuesto para que saquemos el jugo de nuestra memoria, para que lo exprimamos hasta la última gota.

Nos está esperando para que lo sirvamos en nuestras copas.

¿Proviene nuestra naranja madura de ese primer azahar?

¿Hubo otros azahares y otras naranjas?

Para tantas historias necesitamos, como el sabio juez, una buena rama.

__________ o O o __________

Las recientes Jornadas sobre Historia del Fútbol celebradas en el antepalco del Ramón Sánchez-Pizjuán, como homenaje a la figura de Agustín Rodríguez, con la intervención de historiadores e investigadores del Sevilla F.C., Real Betis Balompié, Recreativo de Huelva y Cádiz C.F., así como uno de los más reconocidos a nivel nacional, Bernardo de Salazar, han venido a confirmar la importancia de la historia de nuestros clubes, la oportunidad del conocimiento de sus orígenes, la similitud de las diferentes iniciativas generadas en la geografía andaluza occidental para poner en marcha este maravilloso deporte. A los que tuvimos el honor de asistir y/o participar, se nos han quedado cortas. Creemos que sería necesario/conveniente replicarlas en otros foros y volver a encontrarnos dentro de un tiempo con nuevos capítulos por escribir. Es un orgullo que el Sevilla F.C. se haya volcado con este evento, con su Presidente, José María del Nido a la cabeza, abriendo de par en par el corazón de su casa, en la que fueron absolutamente protagonistas, sin ir más lejos, personajes históricos de su eterno rival, como Enrique Añino, compartiendo charla en sin par armonía con viejas glorias del Sevilla F.C., Paco Gallego, Curro Sanjosé, Antonio Valero o Enrique Lora.

Esperemos que citas como éstas, con la enorme relevancia que hay que darles, abran los ojos de aquellos que tienen en sus manos la posibilidad de proporcionar a los Guardianes de la Memoria, esas "ramas de naranjo" con las que poder acertar, descubrir, las Verdades que aún desconocemos sobre la identidad sevillista.  

martes, 17 de mayo de 2011

Pascualín y su partido de fútbol


Por cierto, el equipo de "rayadas camisetas de rojo y blanco teñidas" era el Sevilla Club de Fútbol (así llamado) de los años cuarenta, siglo XX. Aunque antes, muchísimo antes, pongamos que muy al principio de esa misma centuria, sin que ningún partido serio se hubiese disputado, sin que la tierra hubiese temblado aún al sur de Italia, las primeras camisetas de un recién nacido equipo-club, reflejaban esas mismas líneas verticales, albas y granas. Pronto MAS.