martes, 26 de octubre de 2010

El káiser del gol


Me enamoré del juego de Toni Polster una noche de fútbol televisado en casa, batín y pijama, viéndole cañonear la meta rival con su zurda, aún jovencísimo él (y yo también), enfundado en su camiseta de internacional absoluto con Austria. Era, decían, el heredero del legendario Hansi Krankl.

En aquellos tiempos, mitad de la década de los ochenta aproximadamente, parecía gigante la necesidad de delanteros capaces en el Sevilla F.C., tras años y más años de condena a resultados discretos, entre otras muchas razones, deudas por aquí y divisiones internas por allá, por culpa de una endémica falta de pólvora que arrastrábamos prácticamente desde que la delantera de cristal quedase hecha añicos.

En las tertulias de colegio, bien que sufríamos las consecuencias los niños de entonces, que ejercíamos, conviene recordarlo, un sevillismo a contracorriente, heredado de la transición democrática, cuando el lado más deleznable de la política (el sectarismo disfrazado de libertades) impuso un reparto de roles sociales entre blancos y verdes, que daba carta de naturaleza a los más calenturientos y fantasiosos sueños de identidad inventados por el gen Borbolla: ricos y pobres, aristócratas y obreros, élite y pueblo llano, convenientemente enfrentados, con el trasfondo del analfabetismo imperante como caldo de cultivo idóneo para que el mensaje ruin, falso, manipulado, ventajista, calase en las mentes más ingenuas a la demagogia electoral.

Los sevillistas, insisto, veíamos con rabiosa frustración cómo el fútbol de seda que hilvanaban talentos como Rubio, Varela y Montero o Pintinho, Francisco y Moisés, era desperdiciado en el trance supremo por un puñado de arietes, todo lo entusiastas que ustedes quieran, pero con el punto de mira más desviado que “el Dioni”: Cantudo, Martínez, Duda, Araquistáin, Morete, Lopecito, Magdaleno, Peirano, César, Juan Álvarez, Alfaro, Martín, Nadal, Sanabria, todos ellos, consumados maestros del uy.

Tan sólo el islote de Acosta, en sus mejores momentos, y la pareja de gauchos, Scotta y Bertoni, nos sacaban de vez en cuando de aquella casi perpetua desazón, con lo cual, cada vez que descubríamos a un nuevo goleador en ciernes, con maneras de crack, soñábamos con verlo vestido de blanco, en la pradera de Nervión, ávidos de disfrutar con sus goles, con la eficacia, con el espectáculo gozoso del gol.

Al poco tiempo de aquel descubrimiento saltó la noticia de su marcha al Torino. Polster había sido Bota de Plata europea en 1987, con 39 goles, sólo detrás de Camataru, aunque luego se destaparía que los goles del rumano eran más falsos que un disco de los Mili Vanili, por lo que se le hizo justicia, concediéndole un  galardón compensatorio.

Era otro posible nueve que se nos esfumaba, como no hacía tanto había ocurrido con Ricardo Gareca o el brasileño Claudio Adao.

El Calcio atraía más que nunca a las grandes figuras del fútbol mundial, dejándonos a los españoles, salvo raras excepciones, las migajas del mercado. Así, mientras en la Liga doméstica los equipos más fuertes confiaban sus goles a artilleros foráneos como Rubén Cano, Kempes, Lineker, Hugo Sánchez, Archibald o Da Silva, en Italia disfrutaban con el mejor Maradona, Eljkaer Larsen, Platini, Voller, Careca, Klinssman, Gullit o Van Basten. Casi nada.

Tanto nombre y tanto trasiego de estrellas hacia el fútbol transalpino, afortunadamente dieron lugar a algún que otro fracaso, por falta de paciencia, inadaptación o caprichos de entrenadores, que siempre los hubo. Casos sonados fueron sin duda el de Michael Laudrup, renacido milagrosamente en el FC Barcelona tras un paso decepcionante por la Juve, o el de los brasileños Zico y Sócrates.

Y dentro del mismo “ejemplo Laudrup”, podemos situar a nuestro protagonista, Anton Polster, rescatado para el fútbol por el Sevilla de Luis Cuervas.

Llegó por fin a nuestra capital en el verano de 1.988, bajo el brazo del “gordo de Minessotta”, Rosendo Cabezas (siempre me ha recordado físicamente al personaje de “El buscavidas”), en plena era recalificatoria, cuando empezó a construirse un equipo con aspiraciones de “algo más”: Francisco, Ramón, Álvarez, Jiménez, Diego, la exquisita batuta de Pablo Javier Bengoechea, y posteriormente, Rinat Dassaev.


En su primera temporada como sevillista, Polster tuvo unos números discretos, en consonancia con la gris campaña del equipo, entrenado sucesivamente por Azcargorta, Pepe Ortega y Roque Olsen, y que se quedaría una vez más en puertas, “otro año iguá”, de clasificarse para la Uefa.

Aún así, goles memorables como el que le hizo al Atlético de Madrid de Maguregui en el Sánchez Pizjuán y algún otro de falta directa nos dejaban apuntes de lo que podría llegar a ser el austríaco, siempre con el diez a la espalda, en cuanto el aire deportivo soplara un poquito a favor. Ramón Vázquez todavía era mucho Ramón, tenía a la afición a sus pies, y la orquesta blanca no reconocía en el joven vienés al solista del gol que tanto necesitaba.

Todo cambió al año siguiente. Ramón desapareció de escena por aquella maldita tuberculosis que lo sacó de la élite, y hubo que darle cancha a los recién abducidos Conte y Carvajal, que se dedicaron a jugar para el austríaco, junto a un irreconocible Rafa Paz, en cuanto Vicente Cantatore le cogió la onda al equipo, aquella memorable noche navideña del 3-4 en el Camp Nou.

Polster, que ya venía embalado con una respetable ristra de tantos en su haber, hizo un hat-trick a la mayor gloria de Brito Arceo, y siguió maravillando a los aficionados durante el resto del ejercicio 89-90, hasta alcanzar la extraordinaria cifra de 33 goles en su haber. Sólo el record descomunal de Hugo Sánchez, con 38 goles, privó a nuestro héroe de alzarse con el trofeo Pichichi, que muchos otros lucen en su hoja de servicios con mediocres tarjetas de 11, 14 ó 20 tantos. Goles para todos los gustos que, en definitiva, pasaportaron al Sevilla hacia Europa, tras alcanzar el sexto puesto clasificatorio, y al delantero austríaco, junto con otros cuatro sevillistas (Rafa Paz, Jiménez, Dassaev y Bengoechea), directamente al Mundial de Italia de 1.990.

Su tercera y última temporada en el Club nervionense estuvo marcada en lo personal por los dimes y diretes de su renovación de contrato, un difícil proceso en el que sus altas pretensiones económicas y la explosión goleadora de su pareja de baile aquel año, Iván Zamorano, fueron diluyendo hasta quedarse en un imposible.

El equipo pagó muy caro esta situación, con una dolorosísima eliminación en la Copa de la Uefa a manos del Torpedo de Moscú, cuando un cuarto de hora desastroso en la ida, con pifias a diestro y siniestro (¿recordáis aquel saque de banda de Serrano o el autogol de Unzué?), nos hizo morder el polvo en la segunda ronda de la competición.

La puntilla vino después, con aquella triste anécdota del estadio de Atocha, todavía Atocha, cuando el austríaco arrojó despreciablemente su camiseta roja sevillista al banco ocupado por Cantatore. Se evidenciaba así, públicamente, la pérdida de sintonía entre el técnico y el jugador desde la llegada de su compañero chileno de línea, tanto que aquel mismo invierno, el Sevilla estuvo incluso buscándole sustituto, concretamente un jovencito holandés que jugaba en el Ajax, llamado Dennis Bergkamp, a quien Don Vicente llegaría a espiar in situ en alguna que otra escapada intersemanal a los Países Bajos. La historia sin embargo ya saben cómo terminó.

Aún le quedaba mucho fútbol en sus botas, pero hasta llegar a la Bundesliga, donde disfrutó de una especie de segunda juventud, Polster fue malvendiendo su talento por equipos tan inapropiados como el desaparecido Logroñés o el Rayo Vallecano.

Seguía siendo ídolo en su país, pero en Sevilla lo fuimos poco a poco olvidando, entre otras cosas, porque ya había aparecido un croata nacido en Osijek para suplantarlo, que no le andaba a la zaga en cuanto a calidad con la zurda y goles.

En el recuerdo, imborrable, su extraordinaria presencia física, alto, corpulento, con un juego de brazos apabullante, que utilizaba con gran habilidad, justo en el instante previo a controlar el balón, para alejar a los defensas de su órbita con tiempo bastante para disparar a gol o asistir, sin que le pitasen falta.

Finura, clase, toque, potencia, colocación, todo ello acumulaba su irrepetible pierna izquierda, aunque con los años fue afinando también la puntería con la diestra, e incluso con la cabeza, que nunca había sido su fuerte a la hora de rematar.

Sin duda alguna, hubiera sido un crack imparable con el Sevilla que vino después, tras el Centenario, porque aquella plantilla (y aquella manera de gobernar el Club que tenían sus dirigentes) no le acompañaba, pero así son las cosas del fútbol, no siempre coinciden temporalmente en un mismo equipo o plantilla los mimbres suficientes para hacer un campeón.

Pasados ya veinte años de su periplo sevillista, me quedo con su imagen de espaldas, subido en las vallas publicitarias de gol norte, agarrado con la mano derecha a los soportes de la red protectora, y alzando la izquierda con puño cerrado, mirando a la grada, celebrando uno cualquiera de sus goles.


Estampa de fútbol grande, sin duda, que algunos tuvimos el privilegio de disfrutar en una época en la que ni el mejor de nuestros sueños podía acercarse siquiera a otra cosa que no fuese la satisfacción esporádica de un pase, un regate, una jugada de tiralíneas o un gol.

martes, 19 de octubre de 2010

Heliópolis y el Sevilla


En su magnífico libro "Historia de los 55 años del Sevilla C.F." (Sevilla, 1.961), el periodista Francisco García Montes, "Juan Tribuna", nos relataba el siguiente episodio:

"Cuando ya el campo de la Reina Victoria pareció que iba a ser la definitiva casa deportiva del Sevilla, la providencia tenía dispuesto otros caminos para el quehacer futuro de la ya prestigiosa sociedad. Desahuciado el club decano de su bonito, acogedor y tan querido campo de fútbol no hubo más remedio que buscar un nuevo emplazamiento ..."

Años antes, Arturo Otero, primer biógrafo de la entidad sevillista, explicaba con mayor detalle este episodio:

"Nuevamente las obras de ensanche y embellecimiento urbano de la capital habían obligado al Sevilla F.C. a cambiar el campo de emplazamiento. La proximidad de la Exposición Iberoamericana imponía la reforma de la avenida Reina Victoria, que en lo sucesivo había de ocupar parte de lo que hasta entonces había sido emplazamiento del campo del Sevilla F.C."

Así pues, en puertas de la Exposición del 29, las autoridades públicas sevillanas obligaban al Sevilla a mudarse de campo, esto es, a "buscarse la vida" para encontrar un sitio acorde a su prestigio para jugar sus partidos. Está a punto de iniciarse el primer campeonato de liga de la historia, en el que los sevillistas militaran en Segunda División, por lo que el recinto debe ser de esos que entonces se denominaban "primera categoría", con una pista suficientemente amplia y de hierba, y servicios complementarios tales como vestuarios, gradas, ambigú y marcador, entre otros, amén del suficiente aforo para dar cabida a sus socios y aficionados. En la Sevilla de entonces, el único campo de fútbol que reunía tales características era el campo municipal del Patronato, ya arrendado al Betis por el consistorio hispalense, pero dentro del proyecto de la muestra iberoamericana figuraba un edificio extraordinario, también de propiedad pública, el llamado "Stadium de la Exposición".


Efectivamente, el 17 de marzo de 1.929, se inaugura con un España-Portugal el nuevo estadio, en el que también se celebran durante la vigencia del Certamen algunos otros acontecimientos, quedando inmediatamente en desuso como le sucede hoy día al mismísimo Estadio de la Cartuja. En la revista Mundo Gráfico encontramos un magnífico reportaje sobre la inauguración, firmado por Fernando Risquet, en el que se dicen cosas como las siguientes:

Así pues, si nos encontramos al Club decano de la ciudad, desahuciado y sin campo; por otro lado, un estadio nuevo y sin uso, es decir, un patrimonio público disponible, al que no se le extrae ningún rendimiento; y finalmente, a otro club de la misma ciudad que ya está disfrutando de un estadio municipal, en comodísimas condiciones de uso, lo que supone un evidente agravio comparativo con el primero ... ¿Por qué al Sevilla no le fue ofrecido por las autoridades el uso del campo de Heliópolis para compensar su salida forzosa del Reina Victoria? Ni siquiera tendría que haber abandonado la zona:


Saltamos a principios de los años cincuenta, siglo XX. El Sevilla F.C. se codea, como uno más, con los grandes clubes del fútbol nacional, mientras que el Betis, arrendatario de Heliópolis, purga sus pecados de soberbia económica de la preguerra penando por esos campos de la Tercera División. Las huestas béticas nos pintan a un Ramón Sánchez-Pizjuán despiadado, obsesionado con hacerlos desaparecer. En éstas que alguien "con mano en el Ayuntamiento" y muy aviesas ideas ofrece al máximo dirigente sevillista una oscura jugarreta, digna de los mismísimos cerebros del Caso Malaya. La propuesta es tentadora, si hacemos caso a quienes catalogan al Presidente blanco como "el más malo entre los malos", pues no sólo le permitiría quitarse de un plumazo a los molestos "verderones" que tanto le obsesionaban, sino que le proporcionaría una infraestructura, siquiera sea básica, sobre la que construir el gran estadio que éste soñaba, en unas condiciones favorabilísimas. El plan consiste en confeccionar un pliego de condiciones para la adquisición de Heliópolis completamente a medida, con objeto de adjudicar la propiedad del campo al Sevilla, y desalojar al Betis, algo que vulnera los elementales principios de igualdad y libre concurrencia que deben presidir la enajenación del patrimonio municipal.

Hete aquí lo que pasó:



Por último, nos trasladamos una década después, 1.961, mismo escenario, el estadio municipal de Heliópolis, y misma jugada, aunque ahora con otros protagonistas. Ya no nos encontramos al Sevilla F.C. como beneficiario de la maniobra, sino al resucitado Real Betis Balompié, desde cuya cocina se urde directamente aquella trama, sustancialmente idéntica a la ofrecida a los sevillistas años atrás. El Presidente nervionense Sánchez-Pizjuán, en un detalle de elegancia y respeto a la ley que le dignifica, la rechazó, según hemos visto. El Presidente bético Benito Villamarín no sólo la aceptó, sino fue quien la promovió. De él surge la iniciativa del "negocio". Nos lo cuenta un protagonista directo de los hechos, a quien por respeto, y porque aún vive, no mencionaremos, aunque no sería necesario exponer sus palabras (sólo lo hacemos para los más incrédulos), porque es vox pópuli sevillana que así se gestaron las cosas. El inteligentísimo directivo sevillista Antonio Sánchez Ramos enseña la muleta roja del Sevilla Atlético a los directivos verdiblancos, que la que embisten sin rechistar (Ni que el Sevilla estuviera en condiciones reales de competir por la compra, arruinado como estaba por su propio estadio). Como un niño que rompe un trasto, y quiere asegurarse de que está roto de verdad, se rehacen los pliegos para no dejar resquicio alguno: faltaba señalar que los interesados en la adjudicación tenían que vestir camiseta verde y blanca a listas verticales y pantalón blanco, con escudo triangular coronado por su Majestad. ¿Que fue de los principios de igualdad y libre concurrencia? ¿Qué de la dignidad de las personas? ¿Qué se le puede decir a los miles de contribuyentes sevillistas de la ciudad, a los que también pertenecía el recinto? Me parece que en cierto Código se define perfectamente esta conducta.



Saquen sus propias conclusiones.

Nota final.- Mi agradecimiento a Puñonrostro, por sus inolvidables artículos para ABC en la sección Sevilla, paso a paso.

viernes, 15 de octubre de 2010

El testamento de Ned (Confesiones de un fantasma, 2)

Cierro el salón, bajo las persianas y apago la luz.

Enciendo unas velas embutidas en plástico rojo que acabo de comprar en un chino de mi barrio (que cada día son más, por cierto, tanto que a veces pienso que vivo en Tliana).


Creo haber conseguido un ambiente propicio para el regreso de Ned, eso espero.

He seguido a rajatabla las instrucciones del manual de espiritismo que he comprado en el ebay, algo así como Ángela Lansbury en La bruja novata.

Según mis previsiones, Ned tardará todavía un poco en llegar.

Para un espíritu inquieto como el suyo, viajar desde ultratumba no es como coger el metro, que te plantas en cualquier sitio en un pispas.

Así que para hacer tiempo, me pongo unas cancioncillas de música folk escocesa, con fondo de gaitas, que me he bajado de interné y, copa de balón en ristre, al más puro estilo MacCornei, reviso con los vellos de punta los deuvedé de la final de Glasgow contra el Español, la de la segunda uefa.



Y me asombro al pensar cómo mi Sevilla tuvo la fortuna de conquistar aquel título europeo precisamente en la tierra de sus ancestros.

Y cómo la directiva del Club fue capaz de dar con la idea de homenajear al sevillismo en nuestro río, el mismo que un siglo atrás nos trajo la vida, subidos en un barco que bien pudo ser de la mismísima naviera MacAndrews.


 
Pienso en Ned y en los otros, su primo Robert, John Langdon, Guillermo MacDougall, Daniel MacPherson, Geddes, Isaias White, Enrique y Carlos Welton, Maccoll, Roberto Thompson …, alzando una copa de plata llena de güisqui y brindando por cientos de años de fútbol, jugadores, dirigentes, aficionados, unidos bajo el pabellón blanquirrojo del Sevilla Football Club.

Chsssssssst, silencio, oigo un carraspeo.

-¿Estás ahí, viejo amigo?

Por Belcebú, qué trabajito cuesta llegar a Sevilla, ni en plena tempestad por el Canal de la Mancha se pasa tanta fatiga … Vengo sin aliento.

-¿Tú estás aquí por lo del 14 de octubre, verdad?

Eres listo muchacho, pero te falta todavía un poco para descifrar el enigma …

-Dime Ned, ¿por qué no fuiste directivo en 1905 ni acudiste al partido de Messina en Tablada?

Elemental, amigo mío, mi jubilación. Dejé mis obligaciones consulares en 1906, y ya llevaba unos años cerrando flecos y preparando mi vuelta a Lossiesmith. Sevilla se acabó para mí. Mary, mi mujer, nunca acabó de aclimatarse del todo y estaba deseando volver a casa. La querencia, my friend, como los toros cuando buscan las tablas antes de morir.

-¡No me digas que eras aficionado a los toros!

Ya te he contado que me integré a la perfección en Sevilla como un vecino más, y también de alguna forma me quedé en ella. Aquí dejé mi testamento, todo atado y bien atado.

-¿Qué quieres decir?

Mi testamento vital, amigo, mi obra para el futuro … el Sevilla Football Club. Como te decía, sobre 1900 más o menos, recibí confirmación del Foreign Office de que cesaría como vicecónsul comercial en Sevilla en unos cinco años aproximadamente. Comencé a preparar el terreno, no sólo había que levantar una casa, eran muchas cosas más: la empresa, los hallazgos arqueológicos de Carmona, etc. Prácticamente cuarenta años de estancia en la ciudad, toda una vida, como se suele decir.

-Ya entiendo

Entre mis asuntos pendientes estaba asegurar el futuro de lo más bonito que habíamos construido, la Sociedad de Football, así que convencí a los más jovencitos, que sólo se preocupaban de jugar y jugar, de que ya era hora de legalizar aquello a la española. Algo así como la transición de la vieja guardia a la nueva, el relevo generacional.

-Me dejas en ascuas …

Puse a los “pollitos” en contacto con mis amigos del Círculo Mercantil, coloqué entre los chavales a Langdon y a Hammick, un poco de sangre guiri (como se dice ahora) con labores de vigilancia, para que controlasen el cotarro, y así fue como a finales de aquel verano, casi por San Miguel, dejamos constituida formalmente la entidad. Llevamos los papeles al Gobierno Civil, como me había dicho mi amigo Pepe, el antiguo Gobernador.

-El 23 de septiembre de 1905

Correcto, hijo mío, más de quince años después de que iniciásemos la aventura, el Club nacía a la legalidad como sociedad española, aunque en realidad era ya todo un adolescente. Lo que son las cosas.

-Ahora comprendo el significado del acta firmada en la cena del Pasaje de Oriente, cuando se alude a los éxitos pasados …

Pues claro, querido, años de triunfos con Huelva, con los alemanes, en los pleitos con nuestro equipo inglés y español, las partidas de desafíos entre los de la MacAndrews y los de la Portilla y White, las copas del remo, etc … Historia, verdadera historia del sport sevillano. Éramos unos treinta y ahora, fíjate …

-Te veo cansado, Ned

Así es, dame un respiro. Aunque la sustancia espiritual es ajena a los males mundanos, yo ya estoy para pocos trotes …

-A ti que te gusta la arqueología, no veas cómo estamos disfrutando algunos locos redescubriendo a aquel Sevilla …

Ésa es la idea, hijo mío, ésa es la idea, seguid así, la meta está cerca.

-Nos hacemos llamar Guardianes de la Memoria

El nombre es lo de menos, lo importante es descubrir el tesoro, y vais por buen camino.

-Gracias, señor.

No hay de qué.

Y en éstas que mi vecino coge el taladro de los cojones, y se pone a colgar un cuadro en la pared, que no tenía otro momento el figura para darle al bricolaje. El pobre Ned huyó despavorido, las velas se apagaron … y bufffffff, se acabó. No sé si podré entablar nuevamente contacto con él, la cosa está muy mala, la crisis, que incluso ha llegado al más allá. Por lo visto tenían la pasta invertida en Lehman Brothers, y ya sabemos lo que pasó. Dicen que ahora los fantasmas no asustan, piden limosna ¡¡Lo que hay que ver!!

jueves, 14 de octubre de 2010

¿Un 14 de octubre nació una ilusión? -Segunda parte-

-Informe de los últimos descubrimientos sobre la oficialización del Sevilla F.C. en 1905-

Por Guardianes de la Memoria

-1905. LOS NUEVOS Y EXTRAORDINARIOS DESCUBRIMIENTOS

Los Guardianes de la Memoria sevillista presentan los últimos descubrimientos, en tiempo real, del proceso de oficialización del Sevilla F.C. que tuvo lugar entre los meses de septiembre y octubre de 1905.

Como fotogramas de una película, se presentan los artículos uno tras otro, hasta completar la escena de la legalización de la Entidad.

Cinco documentos, cinco, como los cinco Campeonatos de España ganados por el Eterno Campeón de Andalucía.

Sevilla tuvo que ser

De la mano del diario "Sevilla" y de "El Liberal de Sevilla" iremos desglosando el fenomenal hallazgo; fecha a fecha, paso a paso.





Diario Sevilla, 12 de septiembre de 1905


 
Es la primera noticia que aparece publicada. Introduce un primer concepto de tiempo pasado “hace tiempo que en nuestra ciudad…tuvieron intención de organizar un club”. Esto confirma todas las noticias, relatos e informaciones posteriores de que el fútbol en Sevilla se practicaba desde mucho antes, incluso con la intencionalidad de legalizarlo como Sociedad de Sports. Su presencia era conocida además fuera del ámbito local. Estamos incluso ante la presencia del primer encuentro interprovincial andaluz del siglo XX.

Diario Sevilla, 16 de septiembre de 1905



Tan solo cuatro días después aparece la primera reunión formal. Sin duda ya se habían reunido en multitud de ocasiones, pero los encuentros serían informales, en la barra de una cervecería o en otros establecimientos al uso. Ahora no. En esta ocasión se acude a un salón de reuniones mucho mas formal. La cita es en la calle más sevillana de todas las calles de Sevilla; en la universal calle Sierpes. Los salones del Centro Mercantil (Circulo Mercantil e Industrial en la actualidad) acogen aquella primera cita previa y preparatoria para lo que después se avecinaría.

La oficialización del Sevilla F.C. se estaba gestando en el corazón de Sevilla, en la calle Sierpes.

Diario Sevilla, 22 de septiembre de 1905



El 23 de septiembre de 1905, sábado, es la fecha clave. Ya no caben más reuniones, el borrador de nuestro primer reglamento debía estar preparado a falta sólo de su aprobación. Ese 23 de septiembre sería aprobado por los socios y se nombraría aquella primera junta directiva. Tras estos pasos su presentación al Gobierno Civil cerraría la oficialización del Club.

Diario Sevilla y El Liberal, 26 de septiembre de 1905






 
Y en los salones del Centro Mercantil de la calle Sierpes, en el centro neurálgico de Sevilla, se gestó todo.

Un 23 de septiembre de 1905 nace a la vida con reglamento y directiva el Sevilla Football Club.

Días más tarde, el 14 de octubre, el Gobierno Civil de la provincia de Sevilla acogió bajo el amparo de la ley esa ilusión, una ilusión que nació antes, mucho antes…pongamos en 1890.

miércoles, 13 de octubre de 2010

¿Un 14 de octubre nació una ilusión? -Primera parte-

-Informe de los últimos descubrimientos sobre la oficialización del Sevilla F.C. en 1905-

Por Guardianes de la Memoria

INTRODUCCIÓN

En 1955, con motivo del cincuentenario del Sevilla F.C., D. Luis Ybarra Osborne nos deleitaba en varias entrevistas con sus recuerdos sobre la oficialización del Club allá por 1905.

Los “pollitos” de entonces nos reuníamos en una cervecería que había en la Puerta Jerez, desaparecida con el ensanche, y en el Café Nevería del Teatro-Circo Eslava, que estaba en lo que hoy es el Hotel Alfonso XIII. En aquella reunión nació la idea de formar un equipo de fútbol, pues varios de los que la constituían lo habían practicado en el extranjero durante sus estudios, y así puede decirse que quedó fundado el Sevilla F.C., aunque más tarde se cumplieron los trámites para legalizar la sociedad en el Gobierno Civil.



-Revista Oiga-

Allí (en la Nevería del Eslava) nos dedicábamos a “cazar” adeptos. Costó trabajo reunir a once jugadores y tan pronto como los tuvimos dimos nombre al conjunto; Sevilla Fútbol Club. Pero nos faltaba un acto solemne para declarar constituida la Sociedad y nos pusimos de acuerdo para que se celebrara el 15 de octubre de 1905…/ Entre los asistentes estaban Antonio Avilés, Álvaro Rivas, los hermanos Zapata, los hermanos Alba, García Martínez…Y como no era suficiente ni la minuta ni la seriedad de los comensales para declarar ante el mundo la constitución formal del Sevilla F.C., uno de los reunidos llama al camarero:

-Un pergamino para redactar el documento más importante de nuestra época y la posteridad.

Como el mozo no encuentra a mano un pergamino, vuelve con un papel de carta, sobre el que campea el membrete del establecimiento. En ese papel, entre bromas y veras se consigna el acta de constitución de la Sociedad.

-Revista El Español-

Luis Ybarra conservaba cincuenta años después, aquel “acta” redactada sobre un papel con membrete del Pasaje Oriente. Pero aquel documento no era más que una declaración de intenciones futuras y la constatación de hechos presentes y pasados. En ningún caso podía ser un acta de fundación de la sociedad, más aun cuando en aquel banquete del 15 de octubre de 1905 lo que se celebraba era precisamente la aprobación por la autoridad competente del Reglamento de la Sociedad Sevilla Foot-ball Club, hecho ocurrido el día antes.

Otros muchos son los documentos y referencias que a lo largo de los años han ratificado de manera irrefutable la oficialización del Sevilla en 1905, si bien, ninguna plasmada en un documento del citado año, o dicho de otro modo; ninguna evidencia en tiempo real. Hasta ahora, todo lo concerniente a ese mágico año fue redactado o reflejado con posterioridad a 1905.

Repasemos pues, de forma muy breve y somera, algunas de esas evidencias incuestionables que poseemos y en las que se habla de 1905, aparecidas en las tres primeras décadas de existencia de la Sociedad Sevilla Football Club.

EVIDENCIAS INCUESTIONABLES

-AÑOS TREINTA



Con motivo de nuestro primer ascenso a la división de honor del Campeonato Nacional de Liga en 1934, el pintor Juan Lafita decora con la anterior ilustración la carta-menú con la que se celebró tal acontecimiento. Lafita recrea sus recuerdos de juventud en el campo del Huerto de Mariana e indica la fecha de oficialización del Club; 1905.



En el mismo año y por el mismo motivo, ABC de Sevilla incide en el mismo asunto.

-AÑOS VEINTE





Carta escrita en papel oficial del Club enviada al equipier Ismael Rubio en 1922, donde aparece la fecha de fundación en la parte superior derecha del membrete.



Sello oficial del Sevilla F.C. utilizado en los años veinte.

-1914. EL DOCUMENTO MÁS IMPORTANTE



Los estatutos de 1914 reemplazan al anterior y primitivo reglamento de 1905, haciendo constar en su primer artículo la fecha exacta en la que se aprueba el mismo por el Gobierno Civil de la provincia de Sevilla.

-1906. LA INFORMACIÓN MÁS ANTIGUA CONOCIDA



La Guía Gómez Zarzuela de Sevilla y su provincia de 1906 recoge por vez primera la constitución de la Sociedad, informando de su sede social y primera directiva. Esta guía se publica en enero de 1906 y en ella aparecen datos relativos al año anterior.

-1905. EL AÑO DEL VACÍO DOCUMENTAL

No existía, o al menos no teníamos constancia de su existencia, ningún documento, información o imagen de ese año tan importante para el Sevilla F.C. Un año que estimamos trascendental, puesto que en él, se oficializa la Entidad. Es indudable que “papeles” tenían que existir, pero la poca colaboración de sus legítimos propietarios unas veces, o su destrucción por el tiempo y el olvido otras, hacían cada vez más difícil su localización.

Pero este vacío documental ha llegado a su fin. El tiempo y la tecnología juegan a nuestro favor.

Como sabéis, no dejamos de investigar, igual para mañana, 14 de octubre, a eso de las once de la noche, hemos encontrado algo de aquel maravilloso otoño de 1905...

Estad atentos, por si acaso...

martes, 5 de octubre de 2010

Gaudium et spes


Expresión conocida popularmente entre los católicos por su significado pastoral, viene sin embargo a estos lares por su sentido literal latino: los gozos y las esperanzas, personalizados en el primer filial sevillista, nuestro querido Sevilla Atlético.

Uno que no es hombre de fútbol sino simple aficionado (es curioso que para poder ser considerado como lo primero hay que cobrar dinero, en lugar de aflojar la cartera, como hacemos los segundos), no deja de ilusionarse a la par que disfrutar viendo lo que se cuece en el equipo de Ramón Tejada.

Porque méritos al margen de su entrenador, que los hay y muchos, lo cierto es que se vislumbra una “camada” (como diría Pablo Blanco) verdaderamente ilusionante. Los nombres están en boca de todos, y no hace falta individualizar en éste o aquél: laterales, mediocentros, extremos, delanteros, en todos los espacios del terreno de juego aparecen chavales que apuntan maneras, en los que se intuyen posibilidades de ser figuras del fútbol, y de las caras.

En los últimos y memorables tiempos que tanto recordaremos de nuestra historia, la cantera ha sido responsable también, en un alto grado, de los logros alcanzados. Escalonadamente, futbolistas de la talla de Marchena, Reyes, Puerta, Navas, Ramos, Capel o Perotti, entre otros muchos, han ido proporcionando al primer equipo la masa crítica necesaria para catapultarlo a los lugares más altos del balompié mundial, tanto con su juego, como en algunos casos, por los ingresos que han proporcionado a la entidad. Tres de ellos, además, se han doctorado cum laude como campeones del mundo, el verano pasado en Sudáfrica, lo que constituye un hito extraordinario dentro del fútbol español.

Al igual que en otros órdenes de la vida, la demagogia y la envidia aparecen de vez en cuando en forma de crítica interesada sobre el trabajo realizado en los escalafones inferiores. Incluso tiene uno que escuchar a algún impresentable afirmando impunemente que si tal o cual cluz, con no sé qué entrenador que acaba de llegar, tiene una cantera de cine porque en el primer equipo han aterrizado “n” jugadores, después de no sé cuantos años.

Y digo yo, el mérito de esta labor estará en sacar el mayor número de “producto” posible, pero de la máxima calidad que se pueda. La Real Sociedad o el Osasuna, con todos mis respetos, podrán tener actualmente un 80% o un 60% de jugadores canteranos, pero de un nivel que de momento da sólo para pelear por no descender. En otras etapas de la historia sevillista, también fue así, no lo olvidemos, y es para estar orgullosos, porque en aquellos momentos, los jugadores de la casa permitieron que el Club sobrellevase dignamente su difícil situación.

Pero el Sevilla F.C. actual, ése que desde hace algunos años se ha instalado en las alturas, no puede conformarse con canteranos que den un nivel medio de Primera División. Ejemplos tenemos hoy día en nuestra primera plantilla de chavales capaces de deslumbrar en equipos medios de la categoría y a los que les cuesta un mundo tener minutos aquí. No se interprete esto como que “no valen” para el Sevilla. Su aportación es necesaria, y normalmente, su bajo coste hace que en términos de rentabilidad, se conviertan en una opción mejor que determinados fichajes de poco o nulo recorrido.

Ahora bien, desde que estamos donde estamos, la cantera blanca se está viendo obligada a un proceso de depuración y mejora constante en sus "productos" finales, absolutamente necesario para poder triunfar. El mérito de los Cala, Luna o Rodri, por citar a algunos de los últimos en llegar, está en que deben funcionar en el contexto de un equipo Campeón. Cuando alcanzan el primer equipo, no es que estén preparados para jugar en Primera, es que deben estarlo para rendir en un equipo de la élite del fútbol internacional. Aquí reside la dificultad, y al mismo tiempo, el gran mérito de quienes gestionan este valiosísimo recurso.

Y la pinta que tienen los que lo bordan en Segunda B es fenomenal. No me refiero a juego colectivo ni a resultados, mérito que achaco más al entrenador que a otra cosa, y que nos proporcionan ese gozo actual al que me refería al principio. Me refiero a las prestaciones que ofrecen, a lo que se ve aunque todavía no se vea, a los gestos, los giros, los controles, la visión periférica, el oficio. A fin de cuentas, el futuro, la esperanza.

Veremos si el tiempo, ese Juez implacable, nos da la razón.

Y no olvidemos lo que decía Daniel Bertoni, “en esto del fútbol, además de valer, has de tener suerte”.

Esperemos que no les falte a los nuestros.

viernes, 1 de octubre de 2010

Tan lejano, tan familiar


Hace de esto más de sesenta años.

Acabábamos de proclamarnos Campeones de España, como este verano, cambiando Barcelona por Madrid.

Cuatro goles a uno frente al Real Club Celta de Vigo, para nuestro tercer sorbo de Copas.

Y Sevilla entera se echaba de nuevo a las calles.




Repetíamos el ceremonial del paseo por Sevilla, los discursos en el Ayuntamiento, la algarabía en Plaza Nueva.

El protocolo no escrito que sigue vigente medio siglo después.


Imágenes de otro de tiempo, muy lejano, pero gozosamente también, muy familiar.

Cena de gala en el Hotel Andalucía (hoy Alfonso XIII), con el trofeo "en lo arto la mesa": Sánchez-Pizjuán, Manolo Ocaña, Marqués del Contadero, etc.


Somos unos privilegiados.

Seguimos siéndolo.


No lo duden.

Preciosas escenas, desempolvadas del olvido, correspondientes a la revista deportiva Trofeo, uno de mis fetiches.

Una auténtica gozada que merece la pena ojear.
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