domingo, 29 de noviembre de 2009

El Cristo de los Futbolistas


Los muchachos se bajan del taxi, un Seat 1.500 de gasoil con uniforme municipal negro, atravesado por una franja transversal amarilla a babor y estribor.

Traen el estómago revuelto por la mezcla de olores del tubo de escape, la falta de aire en el interior del vehículo y el traqueteo sobre el viejo pavimento de adoquines del centro de la ciudad.

Pagan religiosamente la carrera, y despiden al conductor, no sin antes obsequiarle con una par de autógrafos sobre un arrugado talonario de recibos:

- Es para mis hijos, para que presuman en el Colegio con los amigos ...

El más alto tiene hechuras de inglés, se parece al protagonista de “Un hombre llamado caballo”, el actor Richard Harris. El más bajo calza unos zapatones que ni Daoiz el de la Gavidia.

Precisamente estamos muy cerquita de allí, en la sevillana calle Aguiar, junto al Multicines Avenida, en el taller de un joven Maestro imaginero.

- Venimos de parte de Pablo ...

- Sí, os estaba esperando, ¿qué quereis exactamente?

- Algún día no estaremos aquí, y queremos un trozo de Sevilla para las Américas ... ¡Si pudiéramos llevarnos un poco de Semana Santa a nuestra tierra!

- Eso está hecho.

Cierran el trato con un apretón de manos.

Al cabo de unos meses, la obra está terminada.

Es un Señor cautivo realizado en madera de cedro libanés, con una talla de 1,87 metros, y túnica morada, que conserva el sello inconfundible de su autor, el escultor sevillano, y sevillista, Luis Alvarez Duarte.

Su advocación, Santo Cristo del Buen Amor, y se venera en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.


Desde hace varios años, cada Viernes Santo, mientras la Virgen del Patrocinio, ejecutada por el mismo escultor, pasea majestuosa por las calles de Triana, esta imagen de su hijo, de este Jesús Cautivo de ultramar, preside un solemne Via Crucis multitudinario por la Plaza de Mayo bonaerense.


Los dos muchachos que ingeniaron el proyecto, y financiaron la obra se llamaban, y se llaman, Héctor Horacio Scotta y Daniel Ricardo Bertoni, por eso el Señor del Buen Amor es conocido como el Cristo de los Futbolistas.

El número de devotos y admiradores de esta imagen es extraordinario, y sigue creciendo. En Argentina, donde el fútbol es una religión que incluso tiene a su propio D10S, este Jesús sevillano se ha hecho un hueco en el corazón de la hinchada.

A su manera, el Sevilla Fútbol Club también obra milagros.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Un viejo carné de los setenta


Llevó más de veinticinco años como socio del Sevilla Fútbol Club de forma ininterrumpida, básicamente, desde que mis padres, ante mis persistentes reivindicaciones de adolescente, me permitieron ir al fútbol todos los domingos junto a mi hermano mayor Manuel, que tiene algunos meses más que yo de antigüedad en la nómina sevillista. Pertenezco pues a ese colectivo de privilegiados a los que el Consejo que preside José María del Nido tilda de Fieles de Nervión.

A estos años de fidelidad en blanco y rojo sin interrupciones hay que sumarles unos cuantos añitos más sueltos, con carné de infantil/juvenil, de la mano de mi padre y de mi tío Antonio, con aquellos abonos de cartulina blanca con escuditos grises, plastificados y con foto en blanco y negro, que se recogían con toda la ilusión del mundo haciendo la liturgia nostálgica de la calle Harinas, mes de agosto en Sevilla, con guayaberas de color crudo y pantalones de “mil rayitas” en derredor, y más de cuarenta grados a la sombra, que se soportaban mucho mejor que ahora en aquellas oficinas señoriales de techos altos y suelo de mármol de nuestra sede social.

Casi sin caer en la cuenta, va uno acumulando ya bastantes jornadas de fútbol de carné (unos treinta años, calculo) y también muchísimas tardes de sevillismo militante con modestas entradas de infantil, a cien pesetas, acompañando a cualquiera de mis tíos al estadio, que yo me acoplaba con quien fuera si de acudir a la Bombonera se trataba. Los tiempos han cambiado, pero la esperanza al marchar hacia el Ramón Sánchez-Pizjuán sigue siendo la misma. Sólo hay que fijarse en los críos que acuden al campo para ver a sus ídolos y fotografiarse con ellos.

Precisamente uno de mis tíos, mi tío Paco, guardaba como oro en paño en su mesita de noche su carné sevillista, ese pasaporte al palacio de los sueños que es la mole de Nervión. Aquel carné me maravillaba siendo niño, no sólo por lo que significaba, el acceso a nuestro templo sagrado, sino por su propia estética, aún hoy día insuperable. Estamos, en mi opinión, ante el carné del Sevilla más bonito que uno recuerda, y mira que han pasado muchos por mis manos, con un diseño espectacular que bien podría recuperarse para cualquier evento u ocasión que se presente, con dos motivos principales: el escudo, en su versión previa al diseño de Santiago del Campo, y sobre todo, la réplica de la maqueta de nuestra casa, la de todos los sevillistas, con una bellísima morfología que nunca ha llegado a reproducirse del todo y unos colores impresionantes: rojo sangre en las paredes, salpicado por el blanco de cornisas y ventanas, una combinación con aires maestrantes para un coso futbolero donde el deporte rey se ha hizo arte para siempre desde los lejanos tiempos de la línea del miedo.

Ese maravilloso carné forma parte de mi colección de fetiches, e inevitablemente me transporta a aquellas tardes de autobús con la Peña Sevillista de Santa Cecilia, que cogíamos en la Plaza de San Martín de Porres, en el barrio del Tardón, muy cerquita de su casa. En aquel mismo autobús, un domingo de mayo de 1980, hicimos el trayecto a un estadio que viviría una hazaña sin par, la victoria a la heroica del club decano ante un equipo invencible, con notables bajas en nuestras filas, por lesiones y sanciones, y un par de expulsiones injustas durante el encuentro. Ni aún así pudieron con nosotros, claro que aquella jornada, un pibe al que apodaban terrible, quiso pasar a la historia del fútbol español con un gol de antología al mejor portero del momento. Dicen que los grandes toreros son capaces de parar el tiempo. Aquel número 11 también (aunque luciera el 7 aquella tarde). Todavía recuerdo el chasquido seco de su derechazo desde el borde del área … Y tú, ¿lo recuerdas? Como para olvidarlo, ¿verdad?

domingo, 22 de noviembre de 2009

El Capitán Maravillas


También conocido en algunos países como Captain o Capitán Marvel, era un personaje de ficción, un superhéroe de comic, muy popular entre los niños y adolescentes españoles de los años cuarenta y cincuenta, plena posguerra color sepia, del siglo pasado.


Aunque desde una óptica científico-psicológica, la figura del superhéroe dista mucho de estar suficientemente analizada, ello no es óbice para que podamos enumerar algunas de las características básicas que definen su personalidad, y que se repiten frecuentemente en este tipo de personajes.

Desde un punto de vista físico, su principal atributo son los superpoderes, entendidos como capacidades superiores a las de los humanos corrientes, entre ellas, la invulnerabilidad o el vuelo. Además suelen contar con habilidades atléticas y conocimiento de artes marciales. Y se caracterizan también por su perfección anatómica, que lucen con un “traje ajustado que parece una exhibición de ropa interior”, y que suele seguir los cánones grecolatinos.

En cuanto a su vertiente moral, los superhéroes a menudo muestran una gran inteligencia puesta al servicio de la lucha desinteresada en defensa del inocente, con frecuencia, al margen de la ley, con valores morales como la generosidad y el sacrificio, que no esconden un fuerte individualismo atemperado con la idea de servicio a la comunidad y de trabajo en equipo.

Los superhéroes son también atemporales, no suelen morir ni envejecer, y permanecen eternamente jóvenes, al igual que sus inseparables villanos, personajes de características similares a las suyas, excepto en lo referente a su motivación y métodos, normalmente opuestos a los de aquéllos.

Si hay un futbolista que encaje a la perfección en la categoría de superhéroe, ése es sin duda alguna, el gran Marcelino Vaquero González del Río, Campanal II.


Marcelo reunía, y aún reúne, todas las características que hemos enumerado, incluida su particular galería de villanos, encabezada por el madridista Gento, y seguida también por Kubala, Di Stéfano, Puskas y alguna que otra lesión de extraordinaria gravedad. Así pues, no es de extrañar que le adjudicaran, con toda justicia, el sobrenombre de nuestro héroe de Marvel.


Vino desde su Asturias natal a Sevilla en barco, para que enderezase el rumbo de su futuro de la mano de su tío Guillermo, uno de los gigantes de la historia sevillista. Se curtió en categorías menores, hasta que se ganó el puesto de titular precisamente de la mano del otrora ariete de los stukas, aquella temporada, 1950-51, en que nos birlaron la liga ante nuestras propias narices, aquel árbitro Azón, y su servil ayudante, Saz.


Nadie nunca jamás despertó más admiración en un campo de juego por sus extraordinarias facultades, por su nobleza, por su infinito despliegue físico, su arrojo, su valentía, nadie dio más por la defensa de unos colores ni por el orgullo herido de un compañero, a costa de su salud, de su carrera, de su prestigio, de su dinero … y de su libertad. Llegaría incluso a pasar una noche entre rejas por una trifulca a cuenta de su lateral Manolo Romero.


En sus mejores tiempos ejercía de superhéroe desde su misma salida al campo, embutido en esa indumentaria alba del club decano que no daba para sujetar su musculatura de atleta. Impresionaba no más verlo, jovencísimo capitán, líder indiscutible de los suyos, referente durante años en el fútbol nacional y en la selección, con la que fue catorce veces alineado, y se quedó en un tris de disputar hasta tres mundiales.


Siempre perfecto físicamente, notable en el manejo del balón, insuperable por alto, velocísimo. Era tal su jerarquía que llegaba incluso en ocasiones a pecar de suficiencia. Los rivales le temían, y sotto voce, le admiraban. Pero pesó más, muchas veces, demasiadas veces, lo primero, y hubo de sufrir infamantes campañas de parte de sus enemigos que generaron una injustísima leyenda negra sobre su figura, como no hace mucho tiempo le tocó sufrir también a Javi Navarro, y antes a Paco Gallego, Curro Sanjosé o Pablo Alfaro.


Preguntad a cualquier chaval de entonces, hoy sesentero o setentero, cómo era Marcelo. Preguntad a cualquier aficionado veterano quién era su ídolo de juventud. Para los ojos aún idealizantes de aquellos niños, cualquier jugada de Marcelino, cualquier salto, cualquier cruce, representaba la victoria del bueno sobre los malos en ese particular cine de barrio que era el fútbol de los domingos. Puedo ver a mi padre, a mi tío Antonio, sentados en un sillón, evadiendo la mirada hacia el pasado, repasando aquellos fotogramas de la memoria, en los que Campanal II, como un Errol Flynn futbolero, lideraba el triunfo imposible ante el clamor de la grada. Kubala, Di Stéfano eran seres insignificantes, auténticos liliputienses al lado de nuestro poderoso Laocoonte. Así nos lo contaron los nuestros, así todavía nos lo cuentan aquellos que tuvieron el privilegio de verle en acción desde el vetusto terraplén del campo viejo o la orgullosa mole naciente del Sánchez-Pizjuán.


Hagámosle sitio, pues, al Capitán Maravillas en nuestra galería de héroes. Abramos paso al atleta, al futbolista, a la persona, en los altares del Olimpo nervionense. Gloria, honor y liturgia para tan insigne figura. Sepa todo el mundo que la Historia le tiene reservada, junto a Juan Arza, quizá Spencer y poco más, una de esas escasas plazas que los monstruos de hoy dejarán libres dentro del once ideal sevillista de todos los tiempos.

Amén.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El cuartel de los santos

Por Cornelio
El escudo del Sevilla Fútbol Club está divido en varios sectores (cuarteles) cada uno de ellos con un motivo diferente.

Nos vamos a quedar con el que ocupa la parte a la superior izquierda a nuestra vista (cantón diestro del jefe), el cuartel de los santos.


En nuestro escudo nos encontramos con tres santos, que proceden directamente del escudo de la Ciudad de Sevilla.


La "Heráldica de las Comunidades Autónomas y de las capitales de provinicia" (A. Cadenas, V. Cadenas) lo define de la siguiente forma:

En campo de plata, sobre estrado de gules, sentado en un trono, de oro, y surmontado de un baldaquín, de púrpura, un rey vestido de púrpura y manto de armiño, coronado de oro, con una espada en la diestra y un mundo en la siniestra, acompañado de dos obispos vestidos, de plata y oro, con mitra y báculo, de oro. En punta el monograma "NO8DO" de oro.

Esta definición es la que se aprecia en el primero de los representados.

Pero en la práctica sabemos que esto no es así. De un artículo en ABC de D. Ignacio Koblischek, diplomado en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria, extraemos unas consideraciones sobre los escudos de la Ciudad y la Diputación que pueden ser aplicables al nuestro:

"La Diputación tomó como suyo el escudo de la ciudad de Sevilla, pero no se preocupó, siquiera, de saber si el escudo de esta ciudad estaba a su vez bien organizado, si tenía fijados los esmaltes, o incluso si usaba un modelo único. Recordemos que actualmente se usan varios modelos de escudo: el usado por el Ayuntamiento (el oficial), por la Policía Local o por los taxis. Eso sin contar que dicho escudo ha sufrido, aunque manteniendo como constantes a San Fernando, San Leandro, San Isidoro y el NO 8 DO, innumerables cambios: a veces se ha representado con el pórtico gótico, otras con los hermanos santos sentados, a San Fernando con silla de tijera o baldaquino, o incluso en tienda de campaña, el NO 8 DO como timbre o colocado en punta, etcétera.

Saber quién es San Leandro y quién es San Isidoro es una cuestión que sólo puede responderse atendiendo a la descripción del escudo. Ambos hermanos son obispos, santos y Padres de la Iglesia (por eso llevan el libro en la mano). El hermano que antes se cite será el que vaya a la diestra de San Fernando. Desde Ortiz de Zúñiga se cita primero a San Leandro, no a San Isidoro como en el «Manual», y lo cita este autor de esta manera «de este año es el más antiguo sello del Cabildo Secular en que he visto a San Fernando sentado en su trono y a los lados a los dos Santos Arzobispos Leandro e Isidoro»."


De esta forma llegamos a nuestro escudo. Hemos tomado los tres santos, que la propia heráldica municipal no es capaz de concretar. Su presencia no puede obedecer a un simple calco, ya que el modelo ha ido variando y, hoy mismo, no es estable para el municipio.

Lo mismo ocurre con el nuestro, desde que se introdujeron los santos, este cuartel ha ido cambiando de colores y de fisonomía. Además, en nuestro escudo se han permitido unas licencias estilísticas que lo hacen diferenciarse del original.

No es el momento (igual otro día) de hacer un estudio exhaustivo de la evolución del escudo, pero si podemos ver algunos cambios.



Podemos comprobar que todo el escudo ha ido cambiando, aunque manteniendo su filosofía principal, en todas sus partes.

¿Queremos que nuestro escudo cumpla con unas normas básicas?

Las representaciones de los escudos están, deben de estar, sometidas a una serie de códigos y símbolos establecidos desde antiguo, la heráldica.

A su vez, la representaciones de los santos tienen otros “códigos”, pautas marcadas por la iconografía. Esto es lo que se llama atributos. Si vemos una imagen de un santo con una palma y un Niño Jesús, todos sabemos que estamos ante un San Antonio; si, además de la palma, lo que lleva es un plato con unos ojos, será Santa Lucía; en ambos coincide la palma, que en este “código” al que nos referimos significa “pureza”.

Por lo tanto, para que podamos decir que unas figuras están correctamente representadas han de cumplir a la vez con las normas de la heráldica y de la iconografía.

Antes de pasar al análisis de cada una de las figuras, tenemos que considerar que la actual campaña del club: “Juega con nosotros. Somos de todos”, no es nueva. Sirva como ejemplo nuestro escudo: un leonés y dos cartageneros.

Veamos, una por una las tres figuras, en orden prevalente de importancia por su ubicación en nuestro escudo.

San Fernando, Rey. Fernando III, rey de Castilla y León que conquistó a los musulmanes Sevilla en el año 1248. Consiguió unir los reinos de Castilla y León, así como conquistar una buena parte de la península a los, como los llamaban, “infieles”. Está sepultado en la Catedral de Sevilla

En cuanto a la iconografía, sus atributos son: corona y cetro, alusivos a su condición de rey y gobernante; espada, como símbolo justicia y su condición de conquistador: esfera, que indica el dominio del gobernante sobre el mundo. si la esfera está rematada con una cruz, indica que su poder y su gobierno está al servicio de la cristiandad.

No aprecio, diferencias (a simple vista) en la corona, pero su diseño debe de ser la del Reino de Castilla y León. Las hojas de la corona deben de ser de acanto.


La representación iconográfica puede usar distintos materiales para realizar lo que al artista considera conveniente, como es el caso de los zapatos de oro del Niño de la Virgen de los Reyes, o la bola dorada del San Fernando que procesiona en el Corpus.

En cuanto a la bola de su mano siniestra, lo que para la iconografía es una esfera, para la heráldica es el “orbe”: representación de la tierra como cuerpo celeste. Se dibuja cintada por su línea ecuatorial (representación del mar) y sumada de una cruceta, que representa la ciudad de Jerusalén. Es la insignia real adoptada por los reyes católicos para representar que su poder procede de Dios. La iconografía sevillana, la representa, principalmente, como una bola, sin la cruz “sumada”· de la heráldica.

El Sr. Koblischek dice lo siguiente sobre San Fernando: "A San Fernando se le representa llevando en su mano siniestra un «mundo de azur con ecuador y semimeridiano de oro, sumado de una cruz de lo mismo», no una simple «bola o mundo de oro (amarillo)».

En nuestro escudo, además, el semimeridiano se convierte en meridiano completo.

Como opinión personal, me gustaría un San Fernando con capa de armiño. También, atendiendo a nuestro escudo, también, deberíamos seguir la iconografía usual, a la que estamos acostumbrados y no la que tiene, en la cual se asemeja a un barbilampiño. Si me dejar llevar, cosa que no debo hacer por la seriedad de este sitio, diría que la actual responde al modelo que propone una actual campaña de publicidad de productos de higiene masculina. En mi opinión, San Fernando debe recuperar su perilla y su bigote.

San Isidoro, Obispo y Doctor de la Iglesia. Nacido en el 560, en el 601 sucedió a su hermano Leandro, su maestro, en la Sede Hispalense. En el 619 presidió el II Concilio de Sevilla, donde condenó la herejía de los que negaban la divinidad de Jesús. En el 633 preside el IV Concilio de Toledo, que unifica los oficios eclesiásticos en España, entre otras cosas. Hombre de vastísima cultura, abordó en sus obras todos los campos del saber, se decía que quien hubiera llegado a estudiar sus libros a fondo, podía jactarse de conocer todas las obras divinas y humanas. Destaca su obra de carácter enciclopédico “Etimologías”, que quedó inconclusa al morir en el 636.


Su atributo es un Libro, como símbolo de todas sus obras.

Cualquier representación, desde su estatua en la Biblioteca Nacional, o en el paso del Corpus, siempre lleva ese libro, al que identificamos con su obra cumbre “Etimologías”.

La heráldica se sirve de la iconografía para fijarlo vestido de pontifical, mitrado, con capa pluvial plata y oro (blanca y amarilla) y con báculo. Al ser Doctor de la Iglesia debe de llevar un libro. Con excepción de este último detalle, se cumplen los códigos heráldicos.

Personalmente, discrepo de su representación física en nuestro escudo. Aparece con una barbita corta y castaña, de estilo, más propia de un profesor progre de instituto que de un anciano sabio y Doctor de la Iglesia. Me gustaría más verlo con su larga barba blanca.

San Leandro, Obispo y Doctor de la Iglesia. Nacido en Cartagena en el 534, si atendemos a su vinculación con Sevilla, tenemos que decir que llegó en el 554 y en el 578 fue elegido obispo por aclamación popular. Cuando el hijo del rey Leovigildo, Hermenegildo (San), llegó a nuestra ciudad, por la influencia de Leandro, abjuró del arrianismo. El rey Leovigildo se enfureció por el hecho y mandó una persecución contra los católicos, una vez que fue anciano, arrepentido, mandó llamar a Leandro, que había sido desterrado, y le encargó la educación de su sucesor, Recaredo. Éste no tardó mucho en renegar del arrianismo y en el 587, un año después de subir al trono, se convierte al catolicismo. En el 589, a instancias de Leandro, convoca el III Concilio de Toledo, que supone la conversión al catolicismo de todo el pueblo visigodo.

La mejor imagen que tenemos de San Leandro está en la Catedral, corresponde a un cuadro de Murillo, junto con la de su hermano Isidoro que vimos anteriormente.


Su atributo es un letrero con una leyenda “Credite o gothi consubstantatialem patri”, dirigida a los godos para conducirlos a su doctrina.

Sirva para su diseño heráldico lo dicho para San Isidoro.

A San Leandro le falta, tanto por la heráldica, como por la iconografía, la leyenda en la mano. La imagen que presenta nuestro escudo, desde mi punto de vista es algo juvenil.

Con lo referido, teniendo en cuenta que es una aproximación de un aficionado con interés, podríamos ofrecer una definición heráldica, que puede distar mucho de lo que un auténtico experto nos pudiera ofrecer, del escudo del Sevilla Fútbol Club:

Es un escudo suizo, cortado y medio partido. En el primer cuartel: En campo de plata, un rey sentado en un trono, y surmontado de un baldaquín de oro y gules, con espada en la diestra, en su mano siniestra un «mundo de azur con ecuador y semimeridiano de oro, sumado de una cruz de lo mismo; a ambos lados, obispo sentado con mitra, báculo y capa de plata, y con libro. En el segundo, sobre campo de plata, enlazadas las letras ese, efe y ce, en sable. En el tercero, campo plata rebatido de cinco palos de gules. Escusón redondo en el corazón con un balón leonado.

No estaría de más que, oficialmente, se encargara un estudio heráldico a un profesional, para que fijara las normas básicas que debe de cumplir nuestro escudo, independiente es esto de los pequeños retoques que por necesidad de reproducción hubiera que adoptar en los diferentes soportes.

Si algún día se decidiera modificar el escudo también sería buena oportunidad para usar una textura más moderna, como ha hecho nuestro amigo El Pelotaso.

Textura, iconografía, y heráldica no están reñidas. Esperemos que la próxima variante de nuestro escudo las tenga en cuenta.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Ni el doctor House lo hubiera adivinado


La anécdota la contaba con seriedad, sin estridencias, su protagonista, el doctor Leal Castaño, allá por el año 1955, cuando las Bodas de Oro.

Y también la relataba, con su guasa socarrona, ribeteada de humor negro, el irrepetible Padre Federico Pérez Estudillo, capellán del club, y sevillista hasta la médula, en la revista Sevillismo, segunda época.

Jugaba el Sevilla Fútbol Club en el viejo Nervión contra el Real Oviedo, cuando en un lance fortuito, el delantero blanco de turno chocó con el guardameta visitante, Óscar, que valientemente se había lanzado a sus pies para interceptar el tiro.


El porrazo en la cabeza fue tan fuerte que el portero asturiano quedó conmocionado en el suelo, sin sentido, debiendo ser retirado por las asistencias a los vestuarios, aquel viejo caserón de estilo vasco situado en la esquina de gol norte con preferencia.

En aquellos tiempos no se estilaba que los equipos viajasen con su propio médico en la expedición, por lo que, en caso de existir alguna urgencia, los jugadores eran atendidos por el médico del club local.

Don Antonio Leal Castaño era todo un experto en esto de pasar de la grada a la "enfermería", no en vano era también el cirujano jefe de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, aunque su oronda figura le hacía demorarse un pelín más de la cuenta en este tipo de desplazamientos.

Cuando el doctor Leal llega a los vestuarios, apaga su inevitable puro habano y se descubre la cabeza, colgando su mascota detrás de la puerta.

Allí se encuentra al futbolista lesionado tumbado en una camilla y rodeado de los directivos del equipo rival, todos con rostro muy serio y compungido, pues Óscar no reaccionaba a los estímulos para reanimarlo.

Con su acostumbrada pericia, Don Antonio empieza a explorarlo, y enciende una cerilla para comprobar si se dilatan sus pupilas al acercársela a los ojos.

No hay reacción alguna.

Es en este momento cuando, con la cara pálida por las circunstancias, da un paso a atrás, y comunica a los rectores del club ovetense la trágica noticia:

- Señores, este jugador está muerto.

Al instante, los directivos del Real Oviedo empiezan con unas risas por lo bajini de lo más cabreante, a la par que Óscar comienza tímidamente a reaccionar de su fuerte aturdimiento.

Las carcajadas entre los expedicionarios ovetenses se hacen ya atronadoras, ante la perplejidad del médico sevillista.

Un directivo asturiano consigue, no sin esfuerzo, poner fin al asunto:

- Doctor, no se preocupe, la pupila de Óscar no dilata … porque tiene el ojo de cristal.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Las greguerí@s de Cornelio


Ramón Gómez de la Serna inventó las greguerías, esa peculiar figura literaria resultante de la unión de humorismo y metáfora, que se refleja en una sentencia, normalmente breve, con honda agudeza.

Sin embargo, en su versión internauta, las greguerí@s son obra de mi amigo (si Vd. me lo permite) Cornelio.

Cornelio es uno de esos personajes inextricables con los que de vez en cuando, muy de vez en cuando, uno se topa en la vida.

“Todos los seres humanos somos iguales” (ante Dios y la ley, eso dicen), al menos con una cerveza en la mano, pero les aseguro que nuestro protagonista, si es un ser humano y no un extraterrestre, algo por lo que no estoy dispuesto a poner la mano en el fuego, se sale desde luego de toda norma o canon establecido.

Cornelio no es simplemente un nick, se lo aseguro. Es mucho más.

Cornelio es alter ego de Juan Luis, pero es tal la fuerza de su personalidad, real o artificial, que resulta muy difícil aislarlo fuera de su corpachón sevillano. Quizá sean dos hermanos gemelos.

Dotado de una perspicacia sin límites, y de una inteligencia avanzada que, les aseguro, te obliga a reflexionar a quinta velocidad, Cornelio viene a ser un superhéroe del pueblo que campa por la blogosfera sevillista, y por su back-office, alumbrando rincones con la luz de su ingenio.

Azote de los infieles, experto apretador de clavijas, inestimable defensor del rigor y la Verdad, en casa propia y ajena, documentado, culto, cada una de sus aportaciones, gráficas, musicales y/o literarias, compone una auténtica masterpiece, una delicatessen, que da brillo y fulgor a esos albergues que algunos hemos puesto a su disposición dentro de la red de redes.

Podéis encontrar sus greguerí@s en La Palangana Mecánica, Voladizo de Gol Sur, Algarivo, Columnas Blancas o en esta misma casa, en forma de entradas, así como en los comentarios, no sólo en dichos sitios, sino en cualquier página web sevillista que se menee. Siempre, siempre, cede sus obras “al portador”, sin exigir protagonismo alguno, con lo que demuestra una generosidad intelectual inusual y sin límites.

Domina el mcguffin mejor que el propio Alfred Hitchcock, y como el maestro cinematográfico inglés, reviste de thriller cada uno de sus trabajos, hasta que nos muestra, con asombro infinito para su público, la pieza definitiva en el desenlace final.

Le gusta beber de fuentes originales, y no gasta tiempo en rodeos (salvo con sus amigos). Ni corto ni perezoso dirige su mirada al objetivo en cuestión, sin importarle la altura o el peso de su contrincante, con exquisita educación, pero con descarnada evidencia.

Sólo un pero para este prestidigitador electrónico, la fugacidad de sus apariciones. Sus amigos, me permito considerarme así, necesitamos más, estamos enganchados a la droga dura de sus genialidades, y el sevillismo en general no puede privarse de este anónimo adalid.

Así que, como dice un amigo común, Cornei manifiéstate máaaaaaaaaaaaaas.

Nota.- Muy pronto encontraréis una sección especial en este blog, en la que quedarán recopiladas todas las entradas cedidas por Cornelio para su publicación. Podréis encontrarla a la derecha, bajo el epígrafe “Corneliadas”.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El equipo filosofal


Os dejo el enlace con mi última colaboración para Columnas Blancas, que podéis leer haciendo click aquí.

Asimismo os invito a dejar vuestros comentarios.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Lances del Niño de Oro


Gracias a la tradición oral, al emocionado testimonio de nuestros mayores, recreando el estilo y las maneras de Juanito Arza sobre la hierba, y también, por qué no decirlo, gracias al actual Consejo de Administración del Sevilla Fútbol Club, con su Presidente a la cabeza, por su respeto a las figuras legendarias de nuestra historia, no hay hoy día ningún sevillista sobre la faz de la tierra, ni siquiera en el tercer anillo, que desconozca la categoría futbolística superlativa de aquel ocho inolvidable, Juan Arza Iñigo, el Niño de Oro.


- Cómo hacía el “caballito”, cómo le pegaba al cuero con las dos piernas, cómo dominaba el sombrero y la suerte suprema del gol …

Por todo ello, no me extenderé más sobre las cualidades deportivas de nuestro protagonista, y si aún tienen alguna inquietud, confío que podrán saciarla con la lectura de ese maravilloso librito biográfico escrito por Agustín Rodríguez y Juan Castro Prieto hace unos años sobre nuestro navarrico de Estella, o visionando el extraordinario pasaje escenificado por el gran Antonio García Barbeito en aquella mañana lluviosa del Pregón del Centenario, cuando casi saca a Juan al escenario como si fuera el mismísimo centro del campo del Ramón Sánchez-Pizjuán.


Un post, ni siquiera una serie de ellos, serían suficientes para homenajear a tan insigne figura del Olimpo de héroes sevillistas.


Cumplida mi obligación de ofrecerles el anterior pliego de descargo, habrán comprendido ya que si hoy les traigo el recuerdo de Juan es para otra cosa. Mi objetivo es demostrarles que el Niño de Oro era un artista de los pies a la cabeza, y que si bien desarrolló su creatividad en los campos de fútbol, pudiera haberlo hecho igualmente en cualquier otra disciplina si lo hubiera querido.

El talento, la templanza, el virtuosismo, se adquieren con el ADN de fábrica, aunque puedan perfeccionarse y exprimirse hasta límites insospechados con una adecuada dedicación y trabajo. Pero en los momentos más sublimes, se impone siempre, siempre, lo sobrenatural, la inspiración, por eso aquéllos que están tocados por la varita mágica del pellizco y el duende, triunfan inevitablemente casi siempre que se lo proponen.

Navarra es lugar de afición a los toros, y Juan, como buen estellés, gusta –y gustaba- de las costumbres de su tierra. Una cosa es ser sevillano de adopción, y otra cosa renunciar a tus orígenes. Aquí podéis verle corriendo encierros, para corroborar cuanto os digo.


Ahora bien, los encierros no son precisamente un escenario ideal para demostrar arte alguno, si acaso poderío físico, habilidad, reflejos, pero arte, lo que se dice arte, poquito. Sin embargo, y hablando de toros, si se trata de coger una muleta y pasarse un morlaco por la cintura, eso, eso ya es otra cosa.



Fijaros en la capacidad de Juan para torear, fijaros en ese natural o en ese derechazo que son un puro cartel de Escacena. ¿No tenéis la sensación de que es una figura del toreo la que aparece en las fotos? Seguro que muy pocos habríais reconocido a Juan con la muleta en la mano si hubiera sacado de contexto estas instantáneas.

Viendo estas fotos se comprende que Juan estaba dotado para la estética más allá de los simples límites futbolísticos.

Cierras los ojos y casi puedes imaginártelo igual dando un natural que recortando al gigante Carmelo Cedrún aquel día de su golazo increíble contra el Athletic de Bilbao.


Cierras los ojos y te imaginas el viejo Nervión gritando olés de Maestranza tras cada regate suyo, mientras al final del partido una tropa de partidarios exultantes da la vuelta al coso de Eduardo Dato con su ídolo en hombros.

Gracias por todo, Maestro.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

139 años de Football en Andalucía

Por Cornelio

Acaban de celebrarse los 139 primeros años de fútbol en Andalucía, para conmemorarlo, la Junta de Andalucía ha sacado a la calle el libro: “El balón blanquiverde. 135 años de fútbol en Andalucía.”

Todos sabemos que el fútbol se practicaba, en el comienzo, dentro de los grupos de británicos instalados de manera permanente en el exterior por cuestiones de negocios: personal de bancos, de agencias comerciales o de transportes varios, ingenieros y cuadros operativos en obras de equipamiento o en fábricas, o entre el personal y los alumnos de numerosos establecimientos británicos que se fueron sumando, sin olvidar los funcionarios y empleados de embajadas y consulados.

Al principio, estos grupos jugaban exclusivamente entre ellos antes de aceptar a los autóctonos. Los británicos siempre tendieron a detentar el control de las reglas del juego, incluso imponiendo su idioma en los diversos aspectos del fútbol.

No es tampoco ningún descubrimiento saber la relación que en el siglo XIX existía entre Jerez y los ciudadanos británicos, por lo cual no creo que sea necesaria ninguna aclaración.

Sin más rodeos, la primera noticia del juego de Football de la que se tiene constancia en Andalucía (y en España) data del 1º de Noviembre de 1.870.

En la 3ª página, 4ª columna, del periódico “El Progreso” de Jerez, se encuentra una pequeña reseña que nos muestra, por primera vez en Andalucía (y en España) este vocablo que tan conocido es hoy para todos nosotros.




El Football nace en Andalucía (en España) en Jerez, un 1º de noviembre de 1.870.

Hay quien en este recorte ha querido ver un anuncio de un partido de rugby, aunque textualmente dice “Football”.

Establecer una cronología confiable del proceso de introducción del fútbol asociación en el mundo es casi imposible. En primer lugar, porque éste fue un fenómeno muy marginal en sus inicios y, por esta misma razón, no dejó huellas hasta después de adquirir un desarrollo significativo. En segundo lugar, cuando una fuente evoca el juego del fútbol no se tiene nunca, o casi nunca, la certeza de que se trata efectivamente de fútbol asociación; podría tratarse del fútbol-rugby, que en Francia fue denominado fútbol a secas en un comienzo; pero también podría ser cualquier otro juego mixto o con reglas mal definidas. Esto es particularmente válido para el período anterior a 1880, en el que muchos británicos, sobre todo los instalados en el exterior durante un lapso extenso, aún no habían incorporado la separación radical que se operó entre los dos juegos primero en 1863, y luego en 1871.

Se pretende convertir en dogma la fecha de 1863, (cuando) el periódico deportivo Bell's Life sugirió la realización de una reunión entre los representantes de las diferentes public schools y colegios con el fin de establecer un único código de reglas del fútbol. Representantes de seis escuelas se reunieron en Cambridge y la mayoría presente estuvo en favor del dribbling en lugar de la versión de rugby, decidiendo prohibir algunas jugadas de este último, incluyendo la de patear las canillas de un jugador contrario y la de hacer tropezar al adversario para luego correr con la pelota.

Allí se fundó la federación de clubes de fútbol ingleses, al comienzo, sólo dieciocho clubes se asociaron a la FA. (...) La FA no era una organización muy poderosa en las décadas de 1860 y 1880. Los jóvenes que la habían organizado no estaban seguros de lo que querían o de qué esperaban finalmente de ella. El fútbol iba creciendo en popularidad, pero las reglas de la FA no habían sido aceptadas por un gran número clubes. Muchos eran los que jugaban conforme con las reglas del rugby y además, numerosos partidos se jugaban siguiendo un conjunto de variadas reglamentaciones locales y tradicionales.

Retomando lo que decíamos al principio, Establecer una cronología confiable del proceso de introducción del fútbol asociación en el mundo es casi imposible. (...). Esto es particularmente válido para el período anterior a 1880, en el que muchos británicos, sobre todo los instalados en el exterior durante un lapso extenso, aún no habían incorporado la separación radical que se operó entre los dos juegos primero en 1863, y luego en 1871.

Esto vale para todo lo que se jugó en esa década, ya fuera en Francia, en Jerez o en Huelva.

Hay testimonios del surgimiento del fútbol en Bélgica en la década de 1860, en colegios británicos, en Brujas, Bruselas y Amberes. Sin embargo, cuando en 1863 el irlandés Morrogh de Killarney llegaba a un internado cerca de Gand con una pelota, no sabemos cuál era su forma: ¿redonda u ovalada?.

Viene todo esto a cuento del anuncio de la publicación de un libro “El balón blanquiverde. 135 de fútbol en Andalucía”, el cual todavía no he leído, ya que no había llegado todavía a las librerías cuando pregunté por él.

También estoy deseando conocerlo para ver como presenta al primer “Football Club” del que se tiene constancia en Andalucía (y en España) y del primer partido que se jugó en Andalucía (y España) bajo las “Association Rules”, el fútbol casi como hoy lo conocemos. Supongo que no faltará, ya que de fútbol y no de otra cosa tratará el libro, de la invitación formal que un “Football Club” hace a otra institución para jugar un partido de fútbol.

Por fin esa carta, primer documento andaluz (y español) en el que se reúnen todos los condicionantes de la oficialización del fútbol en Andalucía (y en España) estará a disposición de todos los andaluces. Pero esto es otra historia. Por cierto, no cuadran las cuentas del subtítulo del libro.


Nota. Los textos resaltados son literales y corresponden al libro: “FIFA 1904-2004. Un siglo de fútbol”, editado por la FIFA, versión española editada por Pearson Educación S:A. 2000. Varios autores. (Las acotaciones y resaltados no figuran en el original, y se han utilizado para señalar lo que consideramos importante para esta información).

lunes, 2 de noviembre de 2009

¡Dale al balón...!



Mis primeros recuerdos sevillistas -ya lo he contado en alguna ocasión en este blog- se remontan a los tiempos del ascenso con Olsen, a mediados de los setenta del siglo pasado, cuando el Sánchez-Pizjuán agotaba sus días a medio cerrar, antes de convertirse, definitivamente, en la bombonera de Nervión.

De aquellos tiempos son la gorra de tela con visera roja de plástico y el nombre del club en los laterales, el disco de Los Rocieros con las sevillanas del ascenso, la trompeta estilo medieval con su banderín de plástico desplegable, que hacía furor entre los más pequeños, y era causa segura de más de una jaqueca, entre una diversidad fetichista admirable en una época donde el término merchandising estaba aún lejos de tener algún significado reconocible.




De aquellos tiempos es también el primer libro sobre el Sevilla Fútbol Club que recuerdo haber poseído. Era una obrita repleta de fotografías en blanco y negro con la crónica del ascenso que se conocía popularmente como el libro de "los birigoles". Durante mucho tiempo le tuve perdida la pista entre los cientos de libros y papeles que aún hoy, una decena de años después de mudar de domicilio, inundan la casa de mis padres, para disgusto de mi progenitora.



Hace poco reapareció, tras una concienzuda búsqueda, con alguna pintadita a bolígrafo, mía y/o de mi hermano, pero reluciendo como entonces lo hacía en nuestras manos infantiles. Ya está a salvo, entre mis fetiches sevillistas, ocupando un lugar preeminente de mi colección. Gracias a Fernando Gelán, autor de su texto, y a Ruesga Bono, por sus fotografías.

Espero que no les importe a ninguno este pequeño homenaje, ni el préstamo precarista de su contenido.

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