martes, 26 de enero de 2010
Post-it sevillistas
lunes, 18 de enero de 2010
El pergamino de Al-Xaram

domingo, 17 de enero de 2010
1916: Manolo Ocaña, socio numerario


jueves, 14 de enero de 2010
El diez con el pañuelo en la cintura




Llegaría a disputar 262 partidos de competición, siempre en Primera División, marcando 78 goles, y proclamándose Campeón de Copa en 1948, subcampeón copero en 1955 y de Liga en 1951 y 1956.



martes, 12 de enero de 2010
El gestor y el aficionado

lunes, 11 de enero de 2010
El último regeneracionista

La entidad nace impregnada del espíritu regeneracionista de sus socios, mayoritariamente jóvenes españoles que se han formado en el extranjero y que están influenciados por las más modernas corrientes de pensamiento europeas que ven en el deporte –y en el fútbol- el vehículo ideal para la recuperación del país, mediante la mejora de la salud y la higiene de la juventud.

Y asimismo, dicho objetivo inspira el discurso fundacional de su primer Presidente, José Luis Gallegos Arnosa:
Durante sus primeros años de vida, el club se vuelca en tareas formativas y benéficas, como el reclutamiento de jóvenes para la práctica deportiva.

O la organización del célebre partido en beneficio de las víctimas del terremoto de Messina.

Y así sucede hasta que aparece en escena el España (luego Sevilla) Balompié, club integrado por estudiantes militares de la Academia Politécnica que se forma con el propósito de oponerse deportiva e ideológicamente al club decano, enarbolando la bandera de la tradición y del gusto por “lo español” y reaccionario, frente a la modernidad, el progreso y el ideal europeísta que propugnaban los jóvenes “sportsmen” del Sevilla Football Club, comprometidos con las elites intelectuales del país.
En 1911, con la llegada del catalán José María Miró Trepats al sillón presidencial, la sociedad “Sevilla Football Club” cobrará nuevo impulso, aun cuando no será ajena a los vaivenes del fútbol local, con los intentos de integración del Sevilla Balompié, la creación del Betis F.C. y la fusión entre estos dos últimos equipos, para unir fuerzas contra el Football Club de la ciudad.
Así las cosas, en 1914, accede a la presidencia del club decano Francisco Javier Alba y Alarcón, Paco Alba, quien fuera destacado jugador de los primeros tiempos.

Con él como máximo mandatario, el “Sevilla Football Club” quedará definitivamente consolidado en lo institucional y en lo deportivo, como el más destacado de Andalucía y máximo representante del fútbol del Sur a todos los niveles, tanto como que algunos, olvidando lo anterior, llegaron a calificarlo como primer presidente de la sociedad.
Entre los méritos atribuibles a Paco Alba cabe señalar la refundición de los estatutos y reglamentos inspirados en los del F.C. Barcelona, en la asamblea celebrada el 27 de junio de 1914.
También se alcanzan los primeros éxitos deportivos en la Copa de Andalucía, se arrolla -deportivamente hablando- a todos los rivales de alrededor, se produce la llegada de Kinké y el nacimiento de la escuela sevillista, se forma la línea del miedo, integrada por Escobar, Spencer, Kinké, León y Brand, a quienes se unen elementos valiosísimos como Ocaña y Herminio.

Se inaugura el campo de la Avenida de la Reina Victoria, donde se disputará el primer partido internacional de la selección española en nuestra ciudad, contra Portugal, así como la primera final de Copa, y se gesta la Federación Regional Sur.

En abril de 1921, Paco Alba fallece, un años después de dejar la Presidencia, pero en plenitud de su sabiduría y madurez personal, cuando el Sevilla Fútbol Club más fuerte crece. Como en tantas ocasiones a lo largo de nuestra historia, la muerte de un personaje relevante priva al club de una pujanza y de un futuro que se adivinaban majestuosos, y bastará que los mejores jugadores que él había juntado vayan cumpliendo años para que su proyecto se agote, y el club pierda norte casi hasta que aparece Ramón Sánchez-Pizjuán.
Con motivo de su muerte, quien fuera jugador de los primeros tiempos, Presidente y amigo entreñable de Paco Alba, Carlos García Martínez escribió la siguiente carta en su memoria:
"Paco, el popular Paco Alba, era una institución sevillana. Dedicado desde sus más cortos años a la propaganda intensa del "sport", en él descansaba y él era el propulsor entusiasta de las más variadas iniciativas. Predicando con el ejemplo, no se detenía en obstáculos de ningún género; fiel a su convencimiento de que la salvación de España estaba en la vigorización de la raza, fue el alma mater del fútbol sevillano y el más experto y constante cultivador de todos los ejercicios de educación física. Ha muerto cuando todo le sonreía: su juventud, su fornida naturaleza, sus envidiables condiciones de carácter, su jovialidad peculiar, que despertaba en todas partes simpatías."
Con la muerte de Paco Alba se marchó el último de los regeneracionistas, llevándose el espíritu con que los padres del sevillismo engendraron nuestro club.
sábado, 2 de enero de 2010
Victimismo


Para la Lógica, el victimismo es una retórica demagógica que busca desprestigiar de una forma falaz la argumentación del adversario denotándola como impuesta o autoritaria.

En Psicología, una personalidad victimista o tendencia psicológica victimista, que puede llegar a desembocar en una conducta patológica como trastorno paranoide, consiste en una tendencia a culpar a otros de los males que uno padece y resguardarse en la compasión ajena.

Esta tendencia se caracteriza por una deformación pesimista de la realidad en la que el sujeto se regodea en el lamento y queda incapacitado para realizar cualquier tipo de autocrítica.



Por el contrario, cualquier ataque que realice el victimista queda envuelto en un manto de candidez, ya que supuestamente se está defendiendo justificadamente.



Una de sus vertientes más comunes es el victimismo paranoide intergrupal, consistente en acusar al contrario de una supuesta persecución o conspiración.

Mediante una proyección, en el sentido de Sigmund Freud, el victimista recurre a la estrategia mental de colocar fuera de sí la responsabilidad o los males que realmente le pertenecen.
Los victimistas se muestran débiles y maltratados para encontrar el apoyo de otros y evitar tener que realizar los esfuerzos que su situación de vida, natural o adquirida, les requiere.


Como esta mentalidad no siempre logra alcanzar los objetivos, suele desembocar con facilidad en la desesperación, el conformismo ante el infortunio e incluso el resentimiento, la ira o el deseo de venganza hacia el contrario.

Las características más señaladas del victimismo son las siguientes:



El sujeto encuentra placer en manifestarse como una víctima ante los demás.

Esta cultura de la queja en realidad es una forma de llamar la atención, mendigando protagonismo mediante una estrategia de lamentos y forzando la compasión de los que le rodean.

De esta forma, en vez de luchar por mejorar las cosas el sujeto compite en la exhibición de sus supuestas desdichas.


Para las personas que caen en esta actitud, todo lo que les hacen a ellos es intolerable, mientras que sus propios errores o defectos son sólo simples futilezas sin importancia que sería una falta de tacto señalar.