Una de las invenciones más fabulosas con que las criaturitas bendecidas en la fe verdiblanca pretenden darse importancia -y de paso intentar socavar los cimientos emocionales del sevillismo- es la supuesta vis poética de su equipo, caso único en la historia de la literatura universal, referente cultural de primera magnitud cuyo verdadero lugar debemos situar en ese altar mitológico que ocupan grandes héroes intemporales de las letras como Ulises, Hamlet, Alonso Quijano o Aureliano Buendía.
Desde luego, hay que reconocerlo, no les falta imaginación. Ni descaro. Y para ensalzar su teoría de la excelsitud literaria verderil, recurren al aliño más efectivo, unas alegres alusiones al beticismo de cuatro o cinco apellidos ilustres -desde su punto de vista, claro- del mundo de la cultura, convenientemente propalados por su altavoz favorito, el maestro burgalés de la hueca palabrería. Ya me entienden.
En fin, sabemos que el alma del pobre –deportivamente hablando, que no están los tiempos para bromas- se alimenta a base de espíritu, que “la jambre –deportiva, por supuesto- es una jartá de mala”, así que si ellos son felices con estas cosas, no vayamos nosotros a romperles el hechizo.
En fin, sabemos que el alma del pobre –deportivamente hablando, que no están los tiempos para bromas- se alimenta a base de espíritu, que “la jambre –deportiva, por supuesto- es una jartá de mala”, así que si ellos son felices con estas cosas, no vayamos nosotros a romperles el hechizo.
A lo que iba. Como nosotros, me refiero a los sevillistas, no tenemos a nadie (creo) que presuma públicamente de las obras, artículos y piezas literarias que han cantado y glosado la vida y milagros del Sevilla Fútbol Club, he pensado dejaros aquí una pequeña lista de autores de los que recuerdo haber leído auténticas maravillas, algunas de las cuales conservo.
Dentro de su heterogeneidad, y sin pretender compararlos ni equipararlos a todos, sí os anticipo que me parecen, sin excepción, plumas sabias, respetables, sinceras y comprometidas, de impecable estilo y profunda inspiración. Un ejército que tiene de todo, infantería, zapadores, incluso un cuerpo de élite insobornable.
Ante nosotros desfilan los Luca de Tena, Arturo Otero, Elido, Martín Ferrand, F. Narbona, Juan Tribuna, José Antonio Blázquez, José María Aguilar, J. Félix Machuca, Labandón, incluso Jesús Alvarado (a mí me gusta), o el pregonero de nuestro primer centenario, Antonio García-Barbeito.
También les siguen algunos otros blogueros y columnistas que conozco, aficionados que escriben con la doble "c" del corazón y la calidad.
En definitiva, un auténtico equipazo que ya lo quisiera Manolo Jiménez para hacer las delicias de la afición.
Dentro de su heterogeneidad, y sin pretender compararlos ni equipararlos a todos, sí os anticipo que me parecen, sin excepción, plumas sabias, respetables, sinceras y comprometidas, de impecable estilo y profunda inspiración. Un ejército que tiene de todo, infantería, zapadores, incluso un cuerpo de élite insobornable.
Ante nosotros desfilan los Luca de Tena, Arturo Otero, Elido, Martín Ferrand, F. Narbona, Juan Tribuna, José Antonio Blázquez, José María Aguilar, J. Félix Machuca, Labandón, incluso Jesús Alvarado (a mí me gusta), o el pregonero de nuestro primer centenario, Antonio García-Barbeito.
También les siguen algunos otros blogueros y columnistas que conozco, aficionados que escriben con la doble "c" del corazón y la calidad.
En definitiva, un auténtico equipazo que ya lo quisiera Manolo Jiménez para hacer las delicias de la afición.









