viernes, 30 de septiembre de 2011

Pereda, más vale tarde que nunca

"Chus" Pereda, botando un corner en el Estadio Sánchez-Pizjuán

Mis obligaciones laborales me han impedido estos días realizar en este sitio un homenaje en tiempo real a la figura de "Chus" Pereda con motivo de su reciente fallecimiento, aunque pude consolarme al menos con una pequeña intervención en "Palabra de Fútbol", el magnífico programa de Antonio Oliver en SFC Radio, y otra en "Historia Viva", programa original de nuestro querido y añorado Agustín Rodríguez, actualmente dirigido con su maestría habitual por Carlos Romero. Es un auténtico gustazo, un orgullo grande, que los medios oficiales sevillistas hagan un hueco en su apretado guión diario, plagado de actualidad, para glosar la figura de un exfutbolista cuyo paso por el Club se produjo hace más de cincuenta años. En cualquier caso, como uno cuenta, por pura afición, con un importante banco de imágenes del Sevilla Fútbol Club, dejo aquí, como pequeño recordatorio, dos estampas poco conocidas de nuestro protagonista, demostrativas de que efectivamente, jugó en el equipo sevillista (ver imagen superior), y debutó en la selección española (ver imagen inferior) cuando todavía pertenecía deportiva y legalmente a la disciplina blanca. Descanse en paz este destacadísimo miembro de la inolvidable delantera de cristal de Nervión, campeón de Europa en 1964, junto a Paco Gallego, con quien coincidiría luego en el F.C. Barcelona.

Pereda desborda a un defensor argentino el día de su debut, como extremo derecho, con la selección española

sábado, 24 de septiembre de 2011

Mérida, mentiroso y cobarde



¡Qué fácil es tirarle piedras al Sevilla F.C.!

Tirar piedras y esconder la mano.

Cuatro partiditos, solo cuatro partiditos contra equipos de la Liga BBVA condenados a vivir en el último tercio de la tabla todo el campeonato, para que algunos que llevan tragando ya saben qué muchos años saquen el pescuezo del hoyo, no para presumir de lo suyo, aunque no sea para tanto, sino para zaherir al vecino.

Puro estilo ....

Sí señor.

Como ya hicieron cuando su triunfo en la Copa del 2005.

Y encima se atreven, olé sus cojones, a tildar al Sevilla de falta de categoría por no modificar el diseño de su portada web exclusivamente para homenajear a las criaturitas.

¿Se puede tener menos vergüenza?

Aquí tienen al ínclito ultrabético (disfrazado de periodista) de Javier Mérida, autor original de la última paletada de mierda contra el Sevilla.

Obsesionados por resucitar un ¿derby? con el que soñar.

Su actitud, ya lo han visto, desprecio, repugnancia, envidia hacia todo lo que sea el gran Sevilla F.C.

Como Griñán.

Como Lopera.

Como Fedriani.

Como tantos otros.

Luego dicen que generalizamos al meterlos a todos en el mismo saco y que herimos a su afición.

Que ladramos.

¿Pero es que hay alguno que se libre?

Mérida, vete a remover la mierda de tu casa, que hay mucha y que apesta a la legua.

¿Que no imaginabas lo que iba a pasar, ni que los medios nacionales se iban a tirar a la yugular del Sevilla?

No insultes nuestra inteligencia.

Eres un mentiroso o un imbécil.

O las dos cosas.

Lleváis toda la vida haciendo lo mismo, echando mierda sobre el Sevilla para tratar de rebajar su grandeza.

Es lo que has mamado, lo que te han enseñado, no sabes hacer otra cosa.

Déjanos en paz. Ni te acerques a decir una palabra del Sevilla, ni lo pienses siquiera.

Y ahórrate tus falsas justificaciones. Solo evidencian que eres una mala persona.

Por sus actos lo conoceréis.

Una resentida, cobarde y patética mala persona.

Pobre hombrecillo, lástima das.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Pepillo el melillense


"… la coge Pepillo, avanza Pepillo, regatea a un contrario, a dos, a tres, sigue Pepillo, se acerca al área rival, Pepillo dribla al portero, a otro defensa, Pepillo continua hasta la línea de gol, va a marcar Pepillo, y … gooooooooooooooooooooool de Pepillo, goooooolazo de Pepillo, sensacional, extraordinario una vez más el genio de Pepillo …”

Lo que acabo de transcribirles, bien lo saben los más veteranos, es el recuerdo de viejos ecos radiofónicos narrando una de aquellas inverosímiles jugadas del gran delantero centro que militara en las filas sevillistas en la década de los cincuenta del siglo pasado.

Un futbolista de fábula, único, genial, distinto.

Una figura de relumbrón de aquel extraordinario Sevilla en el que compartía nómina, balón y linimento con los Arza, Busto, Campanal, Ramoní, Domenech, Guillamón, Araujo, Loren o Valero, entre otras enormes estrellas.

Casi ná.

En aquellos tiempos lejanos no había fútbol para las televisiones, igualito que hoy.

De hecho, no había casi ni televisiones.

Al que no cabía en el viejo Nervión, le tocaba, si podía, escuchar la retransmisión del partido dominical en la radio.

Entonces, más que ahora, el fútbol, como el ponche Caballero, era cosa de hombres, algo que afortunadamente ya ha cambiado.

Así que el recuerdo radiofónico de goles narrados en sevillista, en el hogar de mis mayores, es el recuerdo de mi madre, o el de mi tía Carmen, dado que al fútbol iban sólo los varones, mi abuelo Antonio, su padre, mi tío Antonio, al que algunos de vosotros conocéis, o mi tío Enrique.

Si alguien pregunta a mi madre por el Sevilla de Helenio Herrera, por jugadores de aquellos tiempos, te hablará primero de Marcelo Campanal, por su fama, su categoría y su atractivo masculino de atleta.
Te hablará de Loren, no por su fútbol, que fue bueno, sino por su parecido físico con mi padre, su futuro esposo, tanto que llegaría a confundir a ambos en cierta ocasión en una jugosa anécdota que queda para la intimidad de nuestra historia familiar.
Y te hablará de Pepillo, porque las ondas hertzianas repetían insaciablemente su nombre, una y otra vez, sobre todo en esas tardes inspiradas, que no eran pocas, donde su fútbol individualista, chupón, hacía que pareciese que el partido lo jugaban el Pepillo F.C. contra el Athletic de Bilbao.

Hay que aclarar, para los menos duchos en los anales del sevillismo, y que cada día son menos, que este Pepillo fue el segundo de nuestra historia. Antes que él hubo otro, también extraordinario, y al que algún día homenajearemos como corresponde, que hizo historia con los stuka.

José Díaz Payán, "Pepillo"
Se trataba de José Díaz Payán, un finísimo delantero que se alineaba como interior derecha, entre López y Campanal, desplazando en ocasiones a Torróntegui a la media, en aquel Sevilla de la posguerra civil que, cimentado sobre su propia cantera local, se entretenía goleando a sus rivales, una vez sí, y otra también, como si tuviera un contrato televisivo de Barcelona o Real Madrid.
El Pepillo que hoy nos ocupa es José García Castro o como lo bautizara el inolvidable padre Federico Pérez Estudillo, Pepillo el melillense.

Yo no lo vi jugar, pero soy capaz de visionar su fútbol en mi imaginación, como podría hacerlo con Juanito Arza, Campanal o Ruiz Sosa, gracias a los relatos orales de mi casa y a la lectura de aquellos magníficos y personalísimos artículos de aquel cura sevillista de rancia sotana negra que representan una parte de la mejor literatura blanquirroja de todos los tiempos:
"Ya hemos hablado de Pepillo García Castro, el melillense que hizo las delicias de los sevillistas con su juego afiligranado, de pura escuela sevillana. El del encaje de bolillos, las "sevillanas" con el balón en los pies, los driblings inverosímiles y la alegría de su fútbol, que llenaba de claridad el campo.

¿Os acordáis? Contamos aquel geométrico gol al Madrid, pero no podemos dejar de contar otro gol histórico, prodigioso y con su poquito de guasa, como nos gusta a los sevillistas. Eran ya los tiempos del declive de nuestro equipo; pero aquel día, ya en el estadio nuevo, todavía con sus muñones de hierro retorcidos y sus huecos que parecía iban a durar siempre, resucitó el Sevilla de los mejores tiempos, gracias a aquel delantero centro fabuloso. Era el Atlhetic de Bilbao el oponente aquella tarde y era un partido de mucha responsabilidad para el Sevilla. Marcó primero el Sevilla, por medio de aquel extremo izquierdo húngaro, magnífico, pero frío, que hubiera sido definitivo con un poquito de genio. Pero después del gol de Szalay, que no era otro el húngaro, se impuso el Athletic y marcó dos goles, terminando el primer tiempo con esa ventaja para los vascos. El partido se había puesto muy difícil y en el público no había esperanza alguna de remontar el partido.

Comenzó el segundo tiempo. Pepillo y Pepín hicieron una jugada, al alimón, rematando a la red Pepín, y empatando así. Pepillo estaba inspiradísimo aquella tarde. Ya en el primer tiempo había driblado a tres o cuatro atléticos y había llegado al mismísimo poste de la izquierda, en donde tropezó con el balón, por lo que no pudo meterse con la pelota en la puerta. Pasaba el tiempo y se mantenía el empate. Todos creíamos que terminaría el partido sin que se alterara el marcador. Faltaban escasos minutos y llegó el milagro de Pepillo. El Athlétic defendía la portería de gol norte, o sea, la de Luis Montoto; Pepín pasó en profundidad a Pepillo. Ante él estaban los gigantescos defensas vascos y el meta, el magnífico Carmelo, uno de los mejores porteros de todos los tiempos del fútbol español y el mejor de aquella época. Dribló Pepillo a Mauri, el estupendo medio internacional que formaba con Maguregui una de las más fabulosas líneas medias del fútbol de España. Dribló a Etura y dribló al formidable Garay, central de la selección nacional. Quedó Pepillo en la línea del área grande, ante Carmelo, que iniciaba su salida tapándole todos los ángulos con su gran envergadura, ante lo cual Pepillo fintó hacia la derecha, hacia la que se lanzó Carmelo, engañado por el sevillista y éste, con el pie izquierdo, colocó la pelota en el palo contrario, lo que significó el gol de la victoria, con la desesperación de Carmelo.

Lo que no saben muchos es que Carmelo esperó a Pepillo en el túnel y le quiso pegar, porque decía que bueno estaba que le hubiera marcado el gol, pero que no admitía el "pitorreo" con que lo había hecho.

Por la Avenida de Dato abajo, el público iba todavía con los pañuelos en la barbilla, limipiándose la baba de gusto y de alegría de haber vencido a los vascos y de haber visto uno de los goles más bellos de la historia."

O si lo prefieren, aquí tienen la misma gesta narrada con la frescura de un excepcional cronista, el gran José Luis Herrera.
Como todos los genios, Pepillo sufrió también la incomprensión de la grada en esas tardes aciagas en las que, como un Rafael el Gallo, un Curro Romero o un Cagancho del fútbol, parecía que no quería destapar su tarro de las esencias.
Acabó abandonando Nervión para cambiar la alba elástica sevillista por la del Real Madrid más poderoso jamás conocido, donde generalmente fue suplente, a la sombra de monstruos sagrados como Di Stéfano o Puskas.
Antes, no obstante, se había paseado con el Sevilla por Europa, disputando la máxima competición continental, dejando su huella también en la conquista del torneo de las Bodas de Oro, así como los otrora prestigiosos trofeos Teresa Herrera o Ramón de Carranza.


Y dejando fundamentalmente para el recuerdo un puñado de partidos y goles memorables que desataban la locura de los aficionados.
Porque una buena tarde de Pepillo aseguraba una borrachera de olés en la tribuna, pañuelos blancos al viento festejando su fútbol, el público ronco de gritar, remedando luego sus fintas imposibles Eduardo Dato abajo o al propio futbolista en hombros de una multitud que parecía disfrutar con su juego como si de una faena en la Maestranza se tratase.


.
En estas tardes de gloria, la prensa, rendida ante su inmensa categoría futbolística, llegaba a llamarle gráficamente “Don José”.
Tras su paso por el Bernabéu, llegaría el episodio más exótico de su carrera, su fichaje por el River Plate bonaerense, el más grande club de Argentina, por mucho que actualmente no ande viviendo el mejor momento de su historia.


Pepillo era aún un futbolista de gran prestigio y el país hermano todavía no se había convertido en exportador compulsivo de jugadores a Europa, conservando aún a sus grandes figuras e incluso, como era este caso, incorporando jugadores foráneos que pudieran decir algo distinto en su fútbol local. Pepillo debutaba con River haciendo gol.
Podríamos escribir mucho más sobre su figura, como por ejemplo, las intrigas del Atlético de Madrid para arrebatar su fichaje al Sevilla, o cómo le fue negada una internacionalidad absoluta que legítimamente le correspondía, debiendo conformarse con el entorchado B en dos ocasiones. En cualquier caso, conviene recordar que en estos tiempos, la selección española B no era una Sub-21 ni nada parecido, sino un segundo equipo internacional, una especie de equipo reserva, en el que figuraban aquellos futbolistas que se encontraban casi en el mismo escalón que los grandes. De hecho, si en aquellos tiempos hubiesen estado admitidas las sustituciones durante el juego, la mayoría de estos internacionales B habrían sido internacionales absolutos o aumentado sus presencias en la máxima categoría.
Pocos jugadores blancos vendrían luego a suceder a Pepillo, y su fútbol afiligranado. De los que yo he visto jugar, tal vez Enrique Montero o quizás Moisés Rodríguez Carrión, aquel extremo canterano de los ochenta, pudiesen parecérsele algo, tanto en lo bueno como en lo malo. En cualquier caso, parece claro que estamos ante una clase de futbolista, hoy por hoy, en vías de extinción.
Falleció Pepillo en Málaga, en el año 2003, pero su recuerdo sigue intacto, y no quedará en el olvido.

domingo, 18 de septiembre de 2011

El primer Sevilla que recuerdo


Reza el pie de foto, tal cual:

"La actual plantilla del Sevilla C. de F. sobre el césped del estadio Sánchez Pizjuán. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: T. Santa Cruz (médico), A. Gómez (kinesiólogo), Bea, Constant, Rivas I, Roque Olsen (preparador), Eugenio Montes Cabeza (presidente), Rivas II, Alvarez, Acosta, Blanco y A. Leal (médico). M. Pérez (encargado), Pulido, Lora, Juan Fermín, San José, Hita, García, Rubio, Plaza, Juanito, Jaén, Martínez Jayo y Oscar Tosato (preparador). Ventosa, Manolín, Espárrago, Fleitas, Paco, Gómez, Biri-Biri, Cantudo, Gustavo Fernández y Merayo."

Una imagen deliciosa que todavía, treinta y cinco años después, me sigue emocionando: camisetas, chándales, equipación de los porteros, ese palco señorial, el estadio ...

Subidón de sevillismo. Del bueno.

martes, 6 de septiembre de 2011

Un pizjuanista llamado Del Nido



A los sevillistas que hoy se sienten orgullosos de que su Presidente, sin faroles pueriles ni brindis al sol, sino con la seriedad que respalda el hecho de que los dos buques insignias futbolísticos del país, sabiéndose amenazados, estén pordioseando con artes mafiosas un boicot a su convocatoria del próximo jueves, a esos sevillistas, y a los que no también, les diremos que no es la primera vez en que un máximo mandatario nervionense “se la juega” en defensa del Sevilla F.C. plantándole cara a los más intocables de este país.

Dicen que la historia se repite, y a fe que es verdad, no sabemos si por emulación consciente o por pura personalidad arrolladora de los protagonistas, pero este episodio que estamos viviendo desde hace un tiempo en relación con los derechos televisivos (que, no lo olvidemos, no supone un ataque contra nadie, sino un ejercicio de legítima defensa de los propios intereses ultrajados), se parece mucho, muchísimo, a aquel otro que protagonizara el gran referente presidencial del Sevilla F.C. de todos los tiempos, Ramón Sánchez-Pizjuán y Muñoz, contra el General Moscardó, contra la Falange Española que todo lo dominaba y contaminaba y, por extensión, contra la mismísima dictadura franquista a la que “todo dios” debía someterse.
Tenemos que remontarnos al año 1937, en plena Guerra Civil, cuando Ramón Sánchez-Pizjuán, Presidente de un club sevillista entonces en precario, negoció con la arrendadora y propietaria del terreno de juego de la Avenida de Eduardo Dato, concretamente la Inmobiliaria Nervión de la familia Armero, la compra del citado recinto, así como de cientos de miles de metros cuadrados adyacentes al mismo, en una operación sólo posible entonces, aún en condiciones nada sencillas, debido a una incertidumbre bélica sin la cual, seguramente, el trato no se habría alcanzado. La escritura se firmó al año siguiente, y el dinero para ir pagando el precio lo pusieron de su bolsillo, el propio Presidente, solicitando a su madre un adelanto de su herencia en forma de préstamo, así como cientos de aficionados sevillistas de base, como lo atestigua la documentación del club felizmente conservada de aquella época y la propia prensa escrita. Estamos hablando de aportaciones desinteresadas, a fondo perdido, que dieron lugar a la creación de la figura, casi única en el fútbol español y quizás mundial, de los Socios Protectores.
A la finalización de la guerra, y en el ámbito de la reordenación del deporte, se impusieron como en todas las demás cuestiones de Estado, las directrices franquistas, desposeyendo a los clubes de fútbol del dominio de sus socios, eliminando su capacidad decisora y órganos asamblearios, y convirtiendo en definitiva todo su patrimonio en patrimonio del Estado, en una suerte de expropiación forzosa de facto, justificada en la necesidad de afectarlo a las necesidades y destinos programados por el gobierno.
La Delegación Nacional de Deportes de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, que así se llamaba el organismo rector del deporte en la temprana posguerra, presidido por el General José Moscardó Ituarte, se apropiaba literalmente del deporte, y entre ellos, del fútbol, un activo demostrado de enorme poder propagandístico y notable capacidad narcótica de las masas populares, instrumentalizándolo a la mejor gloria del régimen. Por miedo, por sintonía, por egoísmo, ponga usted la razón o la excusa que quiera (lo cierto es que apenas podemos cuestionarlo desde nuestros tiempos, habría que haberlo vivido para comentarlo sin ser injusto) todos callaron, todos los clubes españoles aceptaron sin rechistar el mandato franquista. En descargo de algunos podrá decirse que, careciendo de bienes y de un patrimonio estimable, tampoco les representaba demasiado perjuicio perderlo. Quien nada tiene, nada teme. Hablamos de equipos de fútbol que habían esquilmado sus plantillas o que disputaban sus partidos en terrenos de juego que no eran de su propiedad (recintos municipales, principalmente). Pero clubes como el Sevilla, que acababan de comprar y pagar, haciendo un esfuerzo sobrehumano en los tiempos más difíciles de nuestra historia contemporánea, su estadio, sus instalaciones, no podían resignarse, si les quedaba un ápice de dignidad, a pelear por lo suyo. Fuimos los únicos en alzar la voz. Ramón Sánchez Pizjuán, con la inteligencia que le caracterizaba, con sus exquisitas maneras, hizo frente al General Moscardó y a la propia Falange, negándose a aceptar esa expropiación encubierta del patrimonio sevillista. El que quiera que lo busque en la Hemeroteca de ABC, lo cuenta con todo lujo de detalle quien fuera su Director José Carlos López Lozano.
Por supuesto, hubo represalias.
Cuando el equipo tenía en sus manos acariciándola la Liga de la temporada 1939-40, extrañas maniobras a favor del equipo oficial del régimen, el At. Aviación, culminaron con la pérdida del campeonato liguero a falta de 5 minutos en el último partido de la campaña, a favor de los aviadores.
No quedaría ahí la cosa. Moscardó, a quien correspondía la capacidad de designar a dedo a los integrantes de la Federación Española de Fútbol, decidió el nombramiento de Sánchez-Pizjuán como federativo, obligando a su traslado a Madrid, alejado de su Sevilla de su alma, desde la que conspiraba, y donde la DND podía tenerlo más controladito. Fue en vano. Desde Madrid urdió aún más en defensa de lo que consideraba justo, acaparando nuevos  apoyos a la causa (¿les suena de algo?), hasta lograr que a finales de los años cuarenta se retornara a la autonomía asamblearia de los clubes. No por casualidad Sánchez Pizjuán dejó de ser Presidente sevillista desde su exilio federativo forzoso hasta que los clubes de fútbol volvieron a celebrar asambleas. Nunca fue presidente del Sevilla por mandato de Moscardó (lo fue Contadero), sino elegido siempre por los socios sevillistas.
Y lo más sonado. En 1946, a raíz del caso Antúnez, Moscardó, que se la tenía jurada a Sánchez Pizjuán y al propio Sevilla, hizo caso a algunos de sus colegas balompédicos que inflamaron sus neuronas con cobardes llantinas victimistas, y saltándose la legalidad deportiva en vigor, reventó la Federación Española de Fútbol en la que Don Ramón ocupaba la Vicepresidencia, resolviendo el conflicto por el fichaje del defensa del Fontanal como la mayoría de ustedes ya deben conocer. Aquel campeonato de liga del 46 acabó en nuestras manos, pero faltó poco, muy poco, para que nos lo quitaran. Ciertamente el Sevilla de hoy no sería el mismo si hubiésemos perdido el patrimonio que tanto esfuerzo y sacrificio costó conseguir, pero entonces, como ahora, el enemigo era muy poderoso. No hay duda de que tratarán de hacernos mucho daño. Personalmente, creo que vale la pena luchar por lo justo y por salir de esta dinámica duopolista en que nos encontramos. Posiblemente otros se beneficien más que nosotros si se llega al objetivo de una liga más justa, pero qué le vamos a hacer. Eso será otra historia.
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