lunes, 27 de diciembre de 2010

Limpia, fija y da esplendor


Como (casi) todo el mundo sabe, se trata del lema de la Real Academia Española de la Lengua.

Una triple definición de sus actividades que tiene más de desiderátum que de fórmula descriptiva.

Al menos, hoy, en que el laísmo cateto (verbigracia, del mayor pueblo de España, Madrid), el feminismo exacerbado y sus compinches están cómodamente instalados en sus sillones, mayúsculos y minúsculos, con los pies encima de la mesa, fumándose un puro, gramatical y ortográficamente hablando.

En su original vocación, el lema académico se parece mucho a lo que hacen un grupo de locos, majaras o genios que ejercen su sevillismo, no sólo en la grada, sino también, quizás sobretodo, en la penumbra de una habitación, frente al ordenador, rodeados de libros, recortes y viejas fotografías oxidadas de puro añejo.


Les conoceréis por sus logros.

Poco a poco los vamos metabolizando.

Incluso los mengues verdes tienen que hacerlo.

Limpia, fija y da esplendor.

Limpia, tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo limpiar.

Citando a la propia Academia, “quitar la suciedad o inmundicia de algo”.

Suciedad, inmundicia, cientos de kilos de basura que desde la acera vecina, primero, y desde la egomadrileñista, siempre, se han querido verter sobre la historia de nuestro Club.

Tópicos, mentiras, ruindades sobre nuestra condición social o sentimental, sobre la ilegitimidad de nuestra fortaleza deportiva, leyendas negras sobre algunos de los gigantes que han vestido nuestra camiseta, sobre el carácter de la afición.

Muchas, muchas capas de suciedad, auténticas paladas de mierda que han cristalizado en estratos, capas macizas de falsedad, acumuladas sobre el lienzo primitivo de nuestra singladura.

¡¡Claro que cuesta retirar la mugre!!

Si hasta a los nuestros (algunos) les parece que lo blanco era negro (o verde).

Pero ahí están ellos, con su pincelito, metidos en la zanja, retirando amorosamente el polvo de cada hallazgo.

Con la palangana, enjuagando el pasado, sumergiéndolo en agua purificadora.

Aclarándolo, despojándolo del odio impotente de muchos.

Catalogando, clasificando cada detalle, cada dato, que ya nunca más pasará desapercibido.

Restaurando, re-instaurando.

Construyendo, de-construyendo y re-construyendo, haciendo arqueología.

Como buenos herederos de aquel otro arqueólogo que fue Ned, nuestro padre.

Ya va estando en los libros (menos de lo que debería), ya está en la red que todo lo puede, también en el boca a boca.

Es imparable.

Fija, tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo fijar.

Viene al caso en su doble acepción de “hacer fijo o estable algo” y “determinar, limitar, precisar, designar de un modo cierto”.

Fijar, precisar, definir el contorno de las cosas.

Extraer los datos verdaderos y deslindarlos de los falaces e interesados.

Objetivar, con el solo, único instrumento de la evidencia documental contrastada.

Establecer la certeza, libre de incertidumbres.

Pegar, adherir al subconsciente común la buena nueva de nuestra tradición blanca y roja.

Usando responsablemente los cauces oficiales que lo permiten.

Trasladando la palabra sevillista, haciéndola escuchar, en el CIHEFE o en la IFHHS, los centros de administración y difusión más rigurosos en la materia.

Hablamos de España, pero también del mundo.

Hablamos de presente, pero también de mañana, de futuro, de siempre.

Y por último, da esplendor.

Dar “lustre”, arrojar "luz", proporcionar “nobleza”.

Asegurar, preservar, proteger la plata que vive en las vitrinas.

Y, de paso, sumarle el mayor brillo que se pueda.

El sevillismo tampoco lo sabe, quizás no importa.

Pero ese equipo de locos, ese “dream team” de las teclas y los datos, con el SFC en rojo sangre bordado al pecho, está reviviendo sus propios sueños de la infancia, está imitando a sus ídolos:

Luchando por atrapar la Copa del 39, es capaz de conseguir una liga (rectius, un título absoluto).

Y casi, casi de la chistera, se ha sacado una Copa en propiedad, la Copa del Centenario, el trofeo alzado a los aires por Javi Navarro en 2007 y Andrés Palop en 2010.

Si eso no es dar esplendor, hay que ser muy b... para no verlo.

Parafraseando a JF Kennedy, no se preguntan “qué puede hacer el Club por mí, sino qué podemos hacer nosotros por él”.

Estos tipos lo tienen claro.

Limpiar, fijar y dar esplendor a nuestra Historia.

Y mientras tanto, además, ¡qué bien se lo pasan!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Las cloacas de la rivalidad


Aquí están las pruebas, no hace falta comentar demasiado.

Bocazas verdes de todos los tiempos han acusado de lo mismo a algunos de nuestros mandamases, sin evidencia ninguna (como es su estilo).

Nosotros, para colmo, desde este blog, hemos demostrado documentalmente lo contrario.


Pudimos hacerlo, y no quisimos. Nos ofrecieron el sucio negocio y lo rechazamos.

Sin embargo, ellos, ese club simpático (?), de los débiles (?), que tiene tan buena prensa, permanentemente sometido y agraviado por su vecino (?), resulta que, por mediación de quien les representaba (y entonces TODOS idolatraban y le reían las gracias bajo la condescendiente expresión "estado puro"), pretendía aniquilarlo para siempre, con artes de corte mafioso al más puro estilo Corleone ("le haré una oferta que no podrá rechazar ...").

Vergüenza de esta ciudad.

Que tire la primera piedra el que esté libre de pecado.

Si hasta le pusieron su nombre al estadio, y lo celebraron por todo lo alto.

Y no, no me valen los falsos comparativos con alguien de enfrente, táctica de maquillaje también habitual.

No es lo mismo que un directivo incumpla la ley en su vida personal o profesional (lo cual está por ver) a que una entidad, por medio de su máximo representante, pretenda destrozar el sentimiento de cientos de miles de aficionados, y al club que representa la ciudad, con más de cien años de antigüedad e innumerables méritos deportivos acumulados.

Ellos, TODOS, le dieron la silla al monstruo, lo engordaron, lo adularon, suplicaron por él y su dinero, y si pecaron de avaricia y envidia, ahora no pueden pretender separarse de aquella "gestión", como si fuese ajena, de otro, de un desconocido, de un dirigente espurio que no actuaba conforme a sus voluntades.

Era quien les representaba.

Era quien los directivos, socios y notables, colocaron al frente.

Era el que la afición amaba.

Era el Club.

Como en otras ocasiones, las posibles turbulencias protagonizadas en el marco de la rivalidad local por el club de Nervión se quedan en simples anécdotas infantiles comparadas con los ataques recibidos desde el victimismo y la acomplejada inferioridad que marcan la existencia verdiblanca desde el origen de los tiempos (1909, más o menos).

Que os aproveche.

Por cierto, ¿cómo andáis de conciencia?

lunes, 13 de diciembre de 2010

El desprecio de la memoria


A raíz de un comentario en Columnas Blancas, enlazado al artículo SOS Museo del Sevilla F.C., acerca del escaso interés de la historia como bien de consumo entre los sevillistas, me veo en la necesidad, como aludido (autor del post), como damnificado (amante respetuoso de la historia blanca) y como sevillista (aficionado, accionista y socio durante 30 años consecutivos), de salir en defensa de nuestra memoria.

Desgraciadamente no es algo nuevo, ni se intuye fugaz, el maltrato sufrido por la Historia sevillista desde el principio de su existencia, de manos de nuestros eternos enemigos, Huelva y Balompié, la mayoría de las veces; pero de manos también, y aquí duele, de muchos de los nuestros.

Porque por acción u omisión, desconocimiento o simple negligencia, incluso soberbia, el sevillismo se ha dejado escribir su historia por otros, y apenas ha sabido defenderla, por la sencilla razón de que desconocía la Verdad, y no podía oponerla, inerme y carente de argumentos como estaba, frente a quienes la mancillaban a su antojo.

No se sorprenda nadie.

Es un hecho que se ha despreciado públicamente la Historia de nuestro Club, su trayectoria, sus triunfos, sus jugadores … Se les ha ninguneado y aún se les ningunea, baste pensar en cualquier iniciativa pública, por ejemplo, de la Junta de Andalucía o Canal Sur, en la que el Sevilla (casi) siempre sale malparado.

Ha habido otros que han dominado la propaganda, y nos han metido en la conciencia social mentiras que ni siquiera el propio sevillismo está en condiciones de contrarrestar. Mentiras que el propio sevillismo aún ignorante se cree.

Es un hecho también, objetivo e incuestionable, que se ha deshonrado, y se sigue haciendo, a quienes sirvieron a nuestro Club de forma intachable. A mi mente vienen inmediatamente prohombres objeto de burla y mofa, como Paco Alba, el Barón de Gracia Real, Ramón Sánchez-Pizjuán y otros muchos dirigentes, incluso nuestro actual Presidente, José María del Nido, sobre el que se vierten todo tipo de infamias cuando al menos, todavía, no ha sido condenado como autor de ningún delito por sentencia judicial firme. Cosa, por cierto, que no puede decirse, sin ir más lejos, de algún otro individuo adorado bien cerquita de aquí cual vellocino de oro, no hace cuestión ni de cuatro telediarios, y al que se le pretende equiparar precisamente para socavarlo.

La leyenda negra sevillista, montada sobre tejemanejes, artimañas, abuso de poder, tráfico de influencias federativas o políticas, violencia en su juego, etc., pese a su falsedad, la hemos sufrido todos en nuestras propias carnes, la seguimos sufriendo cada día, en el trabajo, en el mercado, en la calle, en los medios. No hemos sabido defendernos y ello nos ha hecho más débiles. O si lo prefieren, menos fuertes de lo que podíamos haber sido, de lo que somos.

Van ya tres siglos donde gracias a varias generaciones de sevillistas, entre ellas, la de mis abuelos y la de mis padres, hicieron posible que el Sevilla disfrute hoy de una posición de privilegio que es la envidia de muchos. Por eso me duele, y mucho, que haya sevillistas que se tildan de tales y menosprecian la Historia.

Pero más me duele porque precisamente si hoy se proclaman sevillistas es sin duda porque hubo alguien en su familia, en su entorno, en su colegio, que le inoculó el veneno del sentimiento blanco y rojo susurrándole a los oídos hazañas de Marcelo Campanal, Juan Arza o Paco Gallego.

Y que mantuvo la llama viva durante sesenta años hasta volver a ver a su equipo levantar una copa porque eran conocedores de aquel pasado de grandeza.

Se nos llena el pecho presumiendo de títulos, y nunca se nos olvida incluir entre ellos nuestro campeonato de liga de 1946 y nuestros tres primeros títulos del Campeonato de España. Bien que los invocamos, porque hasta hace cuatro años, eran los únicos que teníamos. Vivíamos del pasado, nos decían.

La Historia, la imagen, la leyenda del Sevilla F.C. no es una cuestión de cuatro chalados a los que nos gusta y divierte la investigación sobre nuestro pasado. Es patrimonio de todo el sevillismo. Su conocimiento, su defensa, más que un derecho, debería ser una obligación de todos los socios y accionistas, casi impuesta estatutariamente.

Porque ello nos haría más fuertes, menos vulnerables, nos permitiría ampliar y fortalecer nuestra masa social, mejorar nuestra imagen o adherir nuevas simpatías y a la postre, todos estos intangibles, redundarían en mejores resultados deportivos, esos que nos interesan a todos los sevillistas, incluidos sus investigadores.

El mantenimiento del Museo tiene un valor altamente simbólico, como la tala de un árbol para los ecologistas o la recuperación de un esqueleto de dinosaurio para la arqueología.

Sería señal de que el Sevilla, como institución, es un colectivo comprometido con su Memoria, una entidad que conoce y valora el peso de la Historia, respeta sus orígenes y la concibe como un instrumento para lograr y facilitar el fin principal: la grandeza, la fortaleza del Club.

No, no voy a encadenarme a las puertas del Museo para que no lo cierren, que de extremistas ya está el fútbol lleno. Pero sí que pondré modestamente lo que pueda aportar para que el recuerdo de mis mayores, los padres del sevillismo, siga vivo y fresco, y pueda perpetuarse como se merece.

A lo mejor el consumo de libros de historia sevillista, en términos puramente comerciales, es escaso, como afirman algunos. No lo creo, seguramente estará en línea con el paupérrimo nivel de abasto literario de un país como España, su región andaluza y Sevilla en particular.

Tal vez simplemente sea una cuestión de pelas o tenga que ver con las dificultades de lanzamiento y promoción que una obra de este tipo tiene.

En cualquier caso, animo a quien piense lo contrario a que se mueva por este blog, o por cualquier otro de los Guardianes de la Memoria, visite sus entradas, y compruebe el número y la calidez de sus comentarios, a ver si le sirve como termómetro para valorar el interés que despierta la Historia.

Y no sólo entre sevillistas.

Esta es mi opinión, que gustosamente someto a cualquier otra mejor fundada en Sevillismo.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El clasicismo


De todas las definiciones posibles de clasicismo, me quedo con la de Rafael el Gallo, filósofo permanente y torero ocasional:

-Maestro, qué es lo clásico.

-Lo que no ze pué jazé mejón.

Aplicada esta sencilla máxima a una época concreta y a nuestro Sevilla F.C., podemos calificar sin duda como clasicismo el periodo comprendido entre 1.935 y 1.956.

Más concretamente, desde la temporada de nuestro debut en Primera División y simultáneo doblete copero en Chamartín, hasta el fallecimiento del Presidente Ramón Sánchez-Pizjuán.


21 años más o menos, que dieron para:

3 títulos de Copa de España (1.935, 1.939 y 1.948) y 1 de Liga (1.946).

1 subcampeonato de Copa (1.955).

1 subcampeonato Copa Eva Perón (1.949).

3 subcampeonatos de Liga (1.940, 1.943 y 1.951).

1 tercer puesto en Liga (1.944).

2 cuartos puestos en Liga (1.955 y 1.956).

5 quintos puestos en Liga (1.935, 1.941, 1.948, 1.953 y 1.954).

2 semifinales de Copa (1.946, 1.954).

Ningún título europeo por la sencilla razón de que los campeonatos se instauraron después.

No hay más que comprobar el posterior éxito continental de equipos como el R. Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza o A. Madrid para afirmar, sin duda alguna, que nuestro Sevilla, con su nivel de esta época, hubiera agarrado plata en cualquier competición europea que se le hubiera puesto por delante.

Tanto como que siendo ya un equipo en declive, en la temporada 56-57, llegamos a cuartos de final de la Copa de Europa, y fuimos eliminados por una encerrona invernal del gran R. Madrid de Bernabéu.


Jugadores míticos como Eizaguirre, Campanal (Guillermo), los “stuka”, Alconero, Arza, Mateo, Busto, Domenech, Araujo, Pepillo, Antúnez, Campos, Valero, Loren, Campanal (Marcelo), Ramoní, Guillamón, Ruiz Sosa, Herrera, Eguiluz, etc.

Entrenadores de la talla de Encinas, Brand, Caicedo, Campanal o Helenio Herrera.

Dirigentes como Sánchez-Pizjuán, Sánchez Ramos, Leal Castaños, Otero, Montes, etc.

Y una afición exigente, dando el callo a las duras y a las maduras.


Un gran Sevilla, en definitiva, por encima de los títulos conseguidos, que también fueron muchos.

De tan rotunda grandeza que su leyenda alimentó a varias generaciones de sevillistas hasta que en mayo del 2006 pudieron ver sus sueños hechos realidad.

Yo me encontraba entre ellos.

Eternamente gracias.

jueves, 9 de diciembre de 2010

S.O.S. Museo del Sevilla F.C.


Os dejo el enlace con mi última colaboración para Columnas Blancas, que podéis leer haciendo click aquí.


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