martes, 28 de septiembre de 2010

Los Padres del Sevillismo


Cada día que pasa vamos conociendo más detalles sobre la composición del Sevilla Football Club novecentista.

En este sentido, los datos descubiertos nos llevan a distinguir, de un lado, a las personas físicas integrantes de la sociedad, jugadores y socios; y de otro lado, a las personas jurídicas, compañías mercantiles que auspiciaron el Club, y aparecen como verdaderos soportes de su existencia y actividades.

Entre los primeros, los socios, conocíamos al Secretario, Isaías White Jr.


Al doctor John Sidney Langdon, cuyo hermano formaba parte de la `primera directiva del Huelva Recreation Club:






Así como a los jugadores (también socios) alineados en los encuentros disputados entre 1890 y 1893, principalmente:

Los hermanos Welton, Carlos y Enrique


Edwin Plews


Y Geddes.


Intuíamos también que existiendo un Secretario, forzosamente tendría que haber un Presidente y un Club formalmente fundado, en el sentido con que los británicos podían referirse a este tipo de corporaciones.

Ahora sabemos que efectivamente era así.

El Presidente protosevillista era un personaje de biografía fascinante, el escocés de Elgin, Edward F. Johnston, vicecónsul inglés en Sevilla.



Y también sabemos que muy posiblemente, este Sevilla Football Club y el Sevilla Rowing Club, primer club de regatas de nuestra ciudad, asimismo presidido por Johnston, si no eran la misma cosa, eran almas gemelas. Fútbol para el invierno y remo para el verano, como bien nos explicaba Algarivo aquí (uno, dos, tres), con su maestría habitual. Gracias J.M.

Nuevos apellidos aparecen vinculados societariamente con el Club, todos ellos con enorme pedigrí dentro de la sociedad sevillana: Juan Cunningham, Guillermo Macdougall o el propio Roberto McAndrew, dueño de la naviera del mismo nombre, entre otros personajes ilustres, algunos sorprendentes, que iremos poco a poco desvelando.

Finalmente, hemos aprendido también que las cualidades futbolísticas del medio Geddes distaban mucho de parecerse a la escuela sevillana (digo, sevillista) que vendría después de la mano de Kinké y compañía.


"... En cuanto a Geddes, de Sevilla, merece una mención especial por el dudoso honor de ser peligroso igual con sus compañeros que con sus enemigos."

Ahora bien, no queda aquí la cosa.

Uno de los aspectos más relevantes, si no el que más, de los descubrimientos que hemos venido avanzando reside en el mecenazgo del Club sevillano por parte de determinadas entidades comerciales, principalmente, la naviera escocesa MacAndrews.

El Presidente E.F. Johnston (además de vicecónsul, o quizás precisamente por ello) era el representante de la misma en Sevilla.

Emparentado con la familia propietaria del negocio por su abuela paterna, Edward fue desplazado a Sevilla desde la central londinense, en la que llevaba ya algunos años trabajando, tras su matrimonio con Mary Crombie, para dirigir los intereses de la compañía en la capital sevillana, convertida en emplazamiento clave desde el punto de vista estratégico por ser la principal fuente de aprovisionamientos de éste.

La MacAndrews fue fundada por William McAndrew, escocés de Elgin (igual que Johnston), y se dedicaba a la exportación de naranjas amargas recolectadas en la huerta sevillana con destino a las Islas Británicas. En Sevilla operaría bajo distintas razones sociales, entre ellas, Juan Cunningham y Cía, MacAndrew and Co. e incluso Miguel Sáenz y Cía, testaferro utilizado por los escoceses debido a las necesidades de sortear las restricciones legales a las actividades industriales extranjeras en el sector.



Además de la MacAndrews, aunque en menor medida, encontramos a otras empresas de capital extranjero implantadas en Sevilla con relación evidente con el Club de football, como The Seville Water Works Company Limited o la fundición Portilla&White, algo que conocíamos por el protagonismo del joven Isaias White Jr., hijo del copropietario de la fábrica, Isaias White Levis, y que ahora nos confirma plenamente Daniel Young, en su ya célebre entrevista con Panfrito:



Mecenazgo empresarial que se traduce en el soporte económico y social de sus mandamases y en la aportación de los jugadores necesarios al Club de entre los componentes de la nómina de dichas compañías (marineros, operarios, ingenieros, etc.), con quienes se completaban los huecos necesarios para entrenar y para enfrentarse a los equipos vecinos.

Desde esta perspectiva, los paralelismos entre el primitivo Sevilla Football Club y el Huelva Recreation Club son evidentes. Si éste tenía en la Riotinito Company Limited a su protector particular (el HRC era la prolongación del Club inglés de Riotinto en la capital onubense), los sevillanos lo encontraban desde luego en las compañías mercantiles citadas.

Rebuscamos en nuestros papeles sobre la organización del Sevilla Fútbol Club en 1905, dado que recordábamos datos que empiezan a sonarnos familiares con los que acabamos de exponer, y comprobamos que las fuentes periodísticas con relación directa con los promotores de éste señalan que detrás del mismo, aparece precisamente con destacado protagonismo la MacAndrews (y también la Compañía de Aguas de los Ingleses).

ABC Especial Bodas de Oro del Sevilla F.C., 10 de octubre de 1955, “Pequeña Historia del Sevilla F.C.”, firmado por ELE:



ABC Especial 75 Aniversario del Sevilla F.C., diciembre de 1980, “Lo que va de ayer a hoy”, por José Carlos López Lozano, ELIDO:




Por otro lado, sabíamos que la profesión del Presidente José Luis Gallegos Arnosa era la consignatura de buques, según nos ilustraba con todo lujo de detalles Juan Castro, en “Los primeros pasos del foot-ball sevillano”, ocupación directamente relacionada con las actividades de la naviera en el puerto sevillano.



Y asimismo conocíamos que en la primera directiva del Club sevillista reorganizado en 1905 aparece el hijo de John Sidney Langdon, Charles.



Como vemos las conexiones empiezan a intensificarse si podemos confirmar que, en realidad, tanto en el siglo XIX como a principios del siglo XX, el Sevilla Football Club aparece invariablemente bajo la protección de una misma compañía mercantil.

Misma denominación, misma actividad, conexiones personales y empresariales evidentes …

¿He aquí el eslabón que faltaba?

Sevilla F.C. de 1890 y Sevilla F.C. de 1905 … ¡¡El equipo de la MacAndrews!!

lunes, 27 de septiembre de 2010

Un cese, dos calvos y tres retos


La etapa de Antonio Álvarez como entrenador del Sevilla F.C. ha finalizado, confirmando desgraciadamente los temores que muchos vislumbrábamos (sin ser ningún hacha) acerca de si en realidad dicha etapa debía haberse iniciado.

Lo cierto es que, como ya comenté en su momento, Álvarez pasará a la historia del Club, en lo positivo, además de por haber sido un extraordinario jugador, por la brillante conquista de la quinta Copa de España que luce en las vitrinas de nuestra sociedad; mérito que no es moco de pavo, si echamos la vista hacia atrás para contemplar nuestro palmarés, y al que nunca debemos quitar un ápice de lo que realmente se merece, no en vano, en muchos lares, un título copero puede bastar para proyectar a la categoría de mito a cualquier entrenadorcillo del tres al cuarto. El paso del tiempo desvelará si este recuerdo principal, así lo espero, es capaz de ganar la batalla de la memoria a los pésimos resultados obtenidos en la Supercopa de España y en la previa de Champions de 2010 este verano, dos episodios, fundamentalmente el primero, que se cuentan entre los fracasos más sonados de nuestra biografía, por aquello de la trascendencia histórica de lo que nos jugábamos en ellos. En cuanto a sus desafortunadísimas declaraciones post-partido, sobre todo las de la noche del cuatro a cero de Supercopa en Barcelona, prefiero olvidarlas sin más, ya me hicieron bastante daño en su momento.


En medio de toda esta situación tormentosa, los notarios de la realidad deportiva sevillana andan señalando con el dedo al Presidente Del Nido y al responsable de la parcela técnica, Monchi, los dos calvos, como culpables plenipotenciarios de lo ocurrido, en un ejercicio que si bien parte de una base razonable (como casi siempre en ellos), se dispara (también como casi siempre) hasta el extremo de ningunear sus trayectorias y hurgar maliciosamente en su prestigio ante los aficionados, bordeando sistemáticamente las descalificaciones personales. Se ve que  Álvarez no les parecía carroña suficiente. Sinceramente, y visto desde fuera, parece que algunos periodistas disfrutan con ello, y si no es así, lo disimulan muy mal. Debe ser cosa del velo sagrado de la independencia y la objetividad periodística, que ellos pensarán que todo lo tapa. Me refiero a sus excesos, claro.

No obstante, no quiero que las batallitas contra la prensa desvíen mi atención sobre el difícil, aunque reconducible, momento que atraviesa nuestro Club en lo deportivo. En este sentido, entiendo que debemos compartir la crítica sincera que se merece la planificación deportiva de esta temporada, porque como sevillista de a pie, pero con muchos años de fútbol a mis espaldas, creo sinceramente que poner en manos de un principiante un grupo de élite como es nuestra primera plantilla, resultaba demasiado arriesgado, como así se ha demostrado. En su día afirmé, y ahora mantengo, que la decisión de entregar el mando del vestuario a Antonio Álvarez era difícilmente sostenible en términos objetivos a la hora de rendir cuentas ante los accionistas y los aficionados. Que nosotros, como meros espectadores de base, nos dejemos llevar por los efluvios de la victoria –léase el Rodrigazo de Almería y el triunfo copero en la finalísima del Camp Nou- puede estar justificado por la ignorancia de la que se nos suele acusar, pero que desde dentro de la entidad el análisis parezca quedarse en la superficie de esos resultados, o en otros parámetros imaginables por casi todos, pero de dificilísima prueba, es algo que conviene revisar. Y con urgencia. No ha sido así precisamente como los calvos hicieron gigante a este Sevilla.

Como efecto colateral, la desafortunada elección de Antonio Álvarez como entrenador nos ha privado de ponderar la verdadera valía de algunos de nuestros jugadores. Puede que el listón de la calidad en algunos componentes del equipo, y por ende, en el colectivo, haya bajado, pero tengo la sensación, no ahora, sino desde hace incluso tres temporadas, que algunas apuestas importantes de la secretaría técnica no nos han enseñado ni de lejos sus auténticas cualidades, quizás porque no se les ha extraído por quienes correspondía todo ese rendimiento que les acreditaba previamente. ¿Problema de nivel de los jugadores? ¿Problema de los técnicos? Posiblemente un poco de todo, pero insisto, no creo que hayamos visto al mejor Konko, ni al mejor Acosta, al mejor Negredo ni al mejor Cigarini. Y aún así seguimos instalados ahí arriba. Puede que para  muchos aficionados, es lógico, el vaso de la paciencia se haya agotado, y no quieran ver a estos jugadores (y otros) ni en pintura, pero al menos un servidor espera que ahora, con un técnico a priori sensato como Manzano, experimentado, sereno, podamos calibrar con criterio las condiciones que en su día hicieron a la dirección deportiva decantarse por estas adquisiciones.

Y tras el balance, es tiempo ya de mirar hacia adelante. Pasadas las lógicas convulsiones de esta crisis de grandeza (sí, de grandeza, como suena), hay que poner el alma en recomponer el rumbo. Un cambio de entrenador es ley consuetudinaria en el mundo del fútbol, no hay que rasgarse las vestiduras, y afortunadamente es muy pronto, queda toda la liga y toda la copa por delante, e incluso una Europa League que, aunque demasiado complicada así, a contrapelo, como tenemos que afrontarla tras la derrota casera ante el PSG, puede ser otra maravillosa aventura si somos capaces de superar la liguilla. Tres competiciones tres, para soñar en positivo, tres retos importantes que todavía hay que pelear. Así que fuera pesimismos, recuperémos la confianza y la ilusión.

Contamos con la ventaja de que sabemos levantarnos, lo hemos hecho muchas veces, y que podemos aprovechar ahora con máxima inteligencia la lección que nos ha tocado aprender. Contra viento y marea.

sábado, 25 de septiembre de 2010

A vueltas con la escuela sevillista

En su día ya anticipé mi opinión sobre este tema, aquí, de manera razonada y justificada, basándome en las palabras del primer seleccionador nacional, Francisco Brú, que volvemos nuevamente a reproducir. La fuente, para los más recelosos, es la Enciclopedia Mundial del Fútbol, de Ramón Melcón y Miguel Vidal.




Para los más despistados, aprovecharemos un precioso texto de Cayetano Luca de Tena donde se describe magistralmente qué era eso de la escuela sevillista de fútbol:



Nada más sevillano, pues, futbolísticamente hablando, que el Sevilla Fútbol Club.




Y corroborando nuestra opinión de que el estilo de juego representativo de nuestra tierra fue bautizado como "escuela sevillista" y hacía honor, exclusivamente, a la peculiarísima manera de interpretar el juego del Sevilla Fútbol Club, quién sabe si de hondas raíces escocesas (sobre esto abundaremos algún día), presentamos hoy las palabras del también seleccionador nacional, José María Mateos, a la sazón, entrenador del Athletic Club de Bilbao el día en que a los muchachos del "Eterno Campeón de Andalucía" les dio por destapar el tarro de las esencias en los madriles, revolucionando el fútbol español.




Mientras esto sucedía, otros que se arrogan la condición exclusiva de representar a Sevilla, empezaban a preocuparse por euskaldunizar a su equipo. Aunque esto, efectivamente, es otra historia.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Mi desconfiado equipo


Os dejo el enlace con mi última colaboración para Columnas Blancas, que podéis leer haciendo click aquí.

Asimismo, os animo a dejar vuestros comentarios.

martes, 21 de septiembre de 2010

A caballo desde la mina

Por Guardianes de la Memoria

De vuelta de ese largo viaje de 20.000 kilómetros, regresamos a Andalucía.

Cambiamos el Pacífico por el Atlántico y nos desplazamos hoy, virtualmente, a una provincia vecina, y hojeamos uno de sus periódicos: “Diario de Huelva”. Estamos a 25 de mayo de 1933, jueves.

Una página de ese periódico nos dice que en la “Plaza de Toros de Sevilla”, el domingo 28, habrá una “Grandiosa Novillada”, “y presentación del notable diestro mejicano Lorenzo Garza”.

Noticia interesante si este blog estuviera dedicado a la fiesta taurina, pero no es el caso.

A nosotros lo que nos interesa es el resto de la página, una entrevista realizada por “J. GONZALEZ PEREZ”, según reza la firma. José González Pérez escribió en 1929 “Historia del Fútbol en Huelva y su provincia”, libro que fue referente sobre la historia del Recreativo, siendo uno de sus principales argumentos el de estar basado en testimonios de testigos directos de los hechos. Este libro es citado por muchos investigadores del club onubense, ya que los testimonios gozan de credibilidad.

Vayamos a lo nuestro. Tras una hermosa introducción literaria nos cuenta:


“En Río-Tinto nos esperan amigos. Siempre los tuvimos allí, y ahora uno de ellos que sabe de nuestras chifladuras por estas cosas de investigación deportiva nos ha avisado que puede presentarnos al único superviviente del once que jugó por primera vez al futbol en España. ¿Fantasía? ¿Realidad? Es cuestión de averiguarlo.
Y la camioneta e servicio público, subiendo perezosa las largas cuestas, nos va acercando, poco a poco, a Río-Tinto, donde nos aguardan”


Sigue con la exposición y nos presenta al invitado para la ocasión:


“Se llama Daniel Young.”

Tras varias cuestiones sobre el fútbol de la época se pregunta directamente:


“- ¿Cómo se llamaban los equipos?
- No tuvieron denominación alguna hasta el año en se fundó y legalizó el de Huelva bajo el título de Huelva Recreation Club. El Recreativo de hoy.
- Mientras tanto...
- Mientras tanto los partidos eran contadísimos, uno o dos al año, y jugábamos por verdadero deporte, costeándonos todos nuestros gastos, respetando al contrario como si fuera un compañero. Así aunque el futbol era más rudo que el de hoy, era a la vez más caballeroso. Tampoco nos importaba que el compañero de hoy fuera el contrario de mañana. Tanto es así que unas veces formábamos los de Río-Tinto y Sevilla contra Huelva, otras los de Sevilla y Huelva contra Río-Tinto, y otras los de Río Tinto y Huelva contra Sevilla.”


Han leído bien, un testigo directo de aquellos partidos habla de Sevilla.

“que unas veces formábamos los de Río-Tinto y Sevilla contra Huelva, otras los de Sevilla y Huelva contra Río-Tinto, y otras los de Río Tinto y Huelva contra Sevilla.”

Hay más.


“¿Sevilla ha dicho usted? No sabíamos que en aquel tiempo...
Sevilla, sí. Sevilla, Río-Tinto y Huelva fueron los tres grupos que jugaron al futbol antes que nadie en España. Las de Huelva y Río-Tinto aparecieron simultáneamente el año 81; el de Sevilla nació uno meses después. Estas tres localidades, son sin ningún genero de dudas, el germen del deporte español. Yo recuerdo haber jugado en Sevilla contra equipos españoles, alemanes e ingleses. Pocos encuentros, desde luego, porque lo dificultaba la escasez de comunicaciones de la cuenca minera. Ya usted ve si será así, que algunas veces en que tres o cuatro que los de aquí formábamos con los de Huelva en Sevilla, teníamos que salir de la Mina ¡a caballo! a las once o doce de la noche anterior al partido, y así seguíamos toda la madrugada hasta Zalamea, donde tomábamos un tren que nos llevaba hasta San Juan del Puerto para unirnos a los demás compañeros de la capital y continuar el viaje a Sevilla. ¡Figúrese usted como llegaríamos! ¡Destrozados!

Pues sí ha dicho Sevilla:

“Sevilla, sí. Sevilla, Río-Tinto y Huelva fueron los tres grupos que jugaron al futbol antes que nadie en España.”

Con la edad podrían confundirse las fechas, pero un viaje a Sevilla, en esas condiciones, es difícil de olvidar.

Esto es sólo una parte de esta entrevista, que nos va a dar para varios post, ya que contiene una serie interesantísima de curiosidades que ya les contaremos.

Esto es lo que hay.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Le llamaban Ned (Conversaciones con un fantasma)



Aunque su nombre de pila era Edward.

Edward Farquharson Johnston.

Familiares, allegados, amigos, tenían el privilegio de llamarle así.

Como el rudo arponero de Verne en 20.000 leguas de viaje submarino.

A 20.000 km. de Tablada (toda una premonición).

Desde junio pasado, yo también le llamo Ned.

Él me ha dado permiso.

Y hemos llegado a intimar, créanme, somos muy buenos amigos.

Para toda la vida (o quizás, para toda la eternidad).

Una tarde de verano, con una copa de malta escocesa (Glen Moray, por supuesto) en la mano, me estuvo contando cositas.

Me habló de Elgin, en Morayshire.


Su catedral, sus rocas, el mar golpeando la isla …

Me explicó las actividades de su clan, su bisabuelo William, fundador de la naviera MacAndrews, su primo Robert.

Las frutas meridionales, las naranjas amargas, e indefectiblemente, Sevilla.



De sus ojos traslúcidos, que sólo el vapor de la malta me permitían atisbar, asomaba el brillo de lo que un tiempo pudo ser una lágrima.

Y Mary, su querida Mary Crombie

-Tuve que casarme con ella para poder quedarme definitivamente en Sevilla. Me consiguieron eso de vicecónsul comercial inglés en la ciudad … y yo a lo mío, con el negocio de mis primos. Cunningham se ponía duro con el precio de las naranjas, tuvimos que asociarnos con él antes de quedarnos con su tinglado, menudo era mi primo Robert. Dejó que el viejo John se quedará con su nombre en nuestro vapor y le consiguió incluso la embajada americana, pero la “Juan Cunningham y Cía” sería rebautizada como “MacAndrew & Co”. Sevilla era todavía muy provinciana, en realidad siempre lo ha sido, con la cultura que derramaban sus calles: moros, romanos, judíos, todos juntos en el mismo sitio. De vez en cuando teníamos algún ilustre viajero en nuestra casa, recuerdo bien a Somerset Maugham, fue muy amable con Mary … igual que Bonsor, la arqueología, Carmona… Pero nunca era bastante, nos aburríamos, así que tuvimos que recurrir al “sport”.

¿Cómo fue eso, Ned?

-Aquel río imponente, el Guadalquivir, era como un imán para nosotros, que amábamos las regatas. Se lo comenté a George W., el padre de Enrique y de Carlos. Isaías (antes de sufrir su atentado) también estuvo de acuerdo, y todos los demás, claro. Así fundamos el Rowing Club, para pasar lo mejor posible el verano, con esa calor sevillana insoportable para nosotros los guiris. Me traje unos cuantos botes de Cambrige, ¿sabes?

¿Algún otro “sport”, Ned?

-Ya sé por dónde vas, amigo mío, pero no seas impaciente. Efectivamente, para los más los jóvenes, el rowing no era bastante, la moda estaba en el foot-ball. Se unificaron las reglas en Londres, y teníamos un pequeño librito de la FA. Isaías Jr, el hijo del fundidor, era el peor de todos, siempre practicando el shoot desde cualquier posición, era un player estupendo. Yo lo había practicado de joven, y no se me daba nada mal, pero ya estaba un pelín talludito, así que me quedé como Presidente, y les hice un reglamento y todo (parecido al del Rowing), a los muchachos: White, los hermanos Welton, el bruto de Geddes, Maccoll, etc. A la sociedad la llamamos Sevilla Foot-ball Club, estoy orgulloso de ella.

¿Y contra quiénes jugabais?

- Como no teníamos noticia de otros que lo practicasen, jugábamos entre nosotros, con la escuela de mi tierra, pase corto, velocidad en las alas, todo con mucho estilo, nada que ver con el foot-ball de los ingleses. Los matchs más serios los organizábamos por Navidad, creo recordar. Un año invitamos a la colonia inglesa de la Riotinto, por mediación de Henderson y también del hermano de Langdon. Otras veces jugábamos con los ingenieros alemanes de Sevilla, cuando tenían un rato para dejar tanto voltio y tanto tranvía. Luego vinieron los ingenieros de la Water Works, y los aceptamos en el Club, aunque jugaban peor que nosotros (no eran escoceses). Nos pusimos a jugar en Tablada, muy cerquita de la caseta de remo del Rowing, que aprovechábamos para guardar nuestras cosas. E incluso viajamos un par de ocasiones a Huelva, una auténtica aventura, en tren, para los desafíos con los mineros. Buenos tiempos aquéllos.

¿Y qué pasó después?

- Pues lo de siempre, las dificultades para jugar eran muchas, algunos se hicieron mayores (yo ya lo era), la moda se fue diluyendo, y casi casi que dejamos de jugarlo: no había rivales, ni siquiera Huelva. Menos mal que apareció la nueva hornada. El pequeño Charlie, hijo del médico John Langdon, se puso a recomponer el equipo, con Hammick, MacKenzie, Sant, Thomson, Smith, el capitán Wood, que estaba con nosotros, allí en la naviera … Apareció ese jerezano bajito y con bigote, Gallegos, que nos llevaba los papeles en el puerto, y vuelta a empezar. Sus amiguetes, Ibarra, Zapata, Valenzuela, Alba, retocaron el reglamento antiguo, lo llevaron al Gobierno Civil español (¡qué ordinariez!) y ¡hala! a jugar contra nuestros marineros, a la espalda de la muralla, en la fábrica de vidrios, y en la propia Tablada, como nosotros, allí en el hipódromo. No se asustaban de nada, bueno, salvo de Adam Kirkwood, nuestro gigantón rubio que mandaba a la Casa de Socorro a cualquiera que se cruzase con él.

¿Tú viviste todo aquello?

-Pues claro, y no sólo yo, también otros colegas de la primera época: Henderson, Macdougall, Merry … La empresa lo permitía. Mi primo Robert prefería tener a los empleados jugando al foot-ball antes que emborrachándose en cualquier taberna … Business is business. Poco a poco el Club se lo quedaron los españoles y nosotros nos fuimos retirando. La verdad es que jugaban muy bien, cuando hacíamos los desafíos entre el “team” español y el inglés de nuestra sociedad, casi siempre nos goleaban …

¿Volviendo hacia atrás, cuándo empezó todo, Ned?

-En Elgin, querido amigo, en Elgin. Allí está la verdadera cuna del fútbol español, la patria original del Sevilla Football Club. Aquí comenzaríamos el juego al poco de llegar yo, debía correr el año de gracia de mil ochocientos ochenta y …

Sígueme hablando, Ned, sígueme hablando ...

[Como una nube, se esfuma la presencia de Ned, evaporándose en el espacio y el tiempo. Parece que hubiera cumplido su cometido, y que no quiere contarme más cosas si no me esfuerzo por darles sentido, por encajar todas las piezas. Hay que perseverar en la búsqueda, merece la pena conocer el capítulo final de toda esta historia].

¿Continuará?

martes, 14 de septiembre de 2010

Será noticia para muchos

Por Guardianes de la Memoria

Corría el año 1891, pocos en el mundo conocían que en España ya se jugaba al football:

“Será noticia para muchos que el juego del fútbol tiene un sonoro discurrir en España.”

Un buen día, un periodista de “The Otago Witness”, decide escribir sobre la situación del football alrededor del mundo en un extenso artículo. Y habló de España:



“Será noticia para muchos que el juego del fútbol tiene un sonoro discurrir en España. Se dice (escribe un periodista de la revista “The Field”) que allá donde los ingleses se establecen, no paran hasta que introducen sus costumbres y juegos nacionales, y los ingleses en España no son una excepción. El fútbol lleva algunos años formando parte de los festejos de Navidad en Sevilla, y el club, bajo la presidencia del genial Vicecónsul Mr. E. F. Johnston, está en un floreciente estado. El sábado 27 de diciembre, el partido con Huelva, que se ha convertido en un acontecimiento anual, tuvo lugar en el hipódromo –en el que se ha obtenido un campo excelente- gracias a la amabilidad de las autoridades. Casi todos los ingleses residentes estaban presentes, y una amable representación de españoles, ansiosos por iniciarse en los misterios del fútbol, el cual, según describen los periódicos locales, es jugado sin palos ni cestas de protección. La concurrencia no tenía derecho a quejarse por la diversión que se les brinda, a pesar de que el rápido juego terminó en empate, sin que ningún bando marcase; y en verdad, lo único censurable fue la actitud de las señoras españolas, más preocupadas de las piernas y el comportamiento de los jugadores que del juego. Las defensas de ambos equipos jugaron bien, y gracias a su buena defensa, el equipo de Huelva se salvó del desastre, mientras que los delanteros Welton y White de Sevilla y Birchall de Huelva estuvieron sobresalientes. En cuanto a Geddes, de Sevilla, merece una mención especial por el dudoso honor de ser peligroso por igual con sus compañeros que con sus enemigos.”

El periódico está fechado en Dunedin (Nueva Zelanda) el 2 de abril de 1891. Posiblemente no sea esta la primera noticia que exista, ya que el cronista hace una referencia a “The Field”, pero lo que nadie podrá negar es que esta información se publicaba al otro lado del mundo, y además, y lo más importante, es la primera conocida hasta ahora. Se habla, desde las antípodas, del football en España, en 1891, y se cita una ciudad: Sevilla.

“El fútbol lleva algunos años formando parte de los festejos de Navidad en Sevilla”

Esta noticia nos llena de orgullo a los que llevamos un tiempo buscando noticias sobre el football sevillano del siglo XIX. Desde Almirante Apodaca a la National Liybrary de Nueva Zelanda, todo está escrito, sólo hay que tener la suerte de irlo encontrando.

No quedó ahí nuestra sorpresa, ya que el mismo artículo nos reconfirma otro hecho que teníamos como certeza, la existencia del club

“en Sevilla, y el club”

Además, levanta una carta que siempre había estado sobre el tapete, bocabajo, y aunque sospechábamos de la importancia del personaje, no lo habíamos acabado de ubicar convenientemente:

bajo la presidencia del genial Viceconsul Mr. E.F. Johnston,
está en un floreciente estado.”


El Sevilla Football Club tenía un Presidente y no era otro que el “señor Johnson” (hasta ahora lo conocíamos con y sin la “t”), el Vicecónsul que presidió aquella primera partida. Sobre Edward Farquharson Johnston tenemos ya mucho que contar...

Más detalles nos deja este documento que iremos desmenuzando, entre ellos nos cita a nuestro “eterno amigo-rival” de aquellas primeras partidas, dejándonos también una fecha (rectificando nuestros datos, pero que encaja perfectamente):

“El sábado 27 de diciembre, el partido con Huelva”

Sabrosas anécdotas que otros días comentaremos, como la de ¿Pepita Niño? y sus amigas:

“lo único censurable fue la actitud de las señoras españolas, más preocupadas de las piernas y el comportamiento de los jugadores que del juego.”

O la de este otro señor que, probablemente, mejor hubiera sido que siguiera dedicado a la maquinaria

“En cuanto a Geddes, de Sevilla, merece una mención especial por el dudoso honor de ser peligroso por igual con sus compañeros que con sus enemigos.”

Afortunadamente dejó las máquinas a un lado y se fue a pasar un buen rato con sus amigos, ya que

“La concurrencia no tenía derecho a quejarse por la diversión que se les brinda...”

Desde el siglo XIX ya sonaría por Sevilla aquello del “Diviértete con nosotros...” y dio la vuelta al mundo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

A 20.000 kilómetros de Tablada

Por Guardianes de la Memoria

Otago es una región de Nueva Zelanda situada en la parte sureste de la Isla Sur. Posee un área de aproximadamente 32.000 km², lo que la convierte en la segunda mayor región del país. Tiene una población cercana a los 200.000 habitantes.




Los pingüinos son unos bellos animales que no conocemos cerca del Guadalquivir, pero que se encuentran muy a gusto en esta región del hemisferio Sur.

El nombre Otago proviene de la versión inglesa de la palabra procedente del dialecto maorí Kai Tahu, "Otakou". La villa de Otakou, en la Península Otago, fue una base ballenera durante los primeros años del asentamiento de europeos en la costa este de Murihiku alrededor de 1840.





En ella se encuentran los importantes centros turísticos de Queenstown y Wanaka. Kaitangata en South Otago posee una importante mina de carbón. Los ríos Waitaki y Clutha también generan una importante cantidad de energía hidroeléctrica.

La primera universidad de Nueva Zelanda, la Universidad de Otago, se fundó en 1869.

Las principal ciudad es Dunedin, si alguien decide ir en tren, como harían aquellos footballistas del siglo XIX, caso improbable dado los casi 20.000 kilómetros y millones de metros cúbicos de agua que nos separan, se encontrará con esta estación:



El área Central Otago produce vinos de excelente calidad, hechos con variedades como Pinot Noir, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Merlot, y Riesling.

Parece que nos estamos enrollando más de la cuenta en la introducción, que nos hemos pasado “tres pueblos”, pero el camino es largo...

En lo que a nosotros nos puede afectar diremos que en el siglo XIX era una importante colonia inglesa, con periódicos propios, como “The Otago Witness”, editado en la citada Dunedin.





Todo esto venía, por algo, ¡ah! a lo que vamos, que andábamos buscando testigos para nuestras afirmaciones...

Como sabéis, mientras los investigadores de la tele intentan averiguar el culpable de algo utilizando las más futuristas técnicas forenses o sus poderes mentales para demostrarnos que no hay malo que no reciba su merecido, o que no hay un crimen perfecto, nosotros nos pasamos las horas en otras cadenas. Las nuestras son cadenas locas de búsqueda en Google o machacando hemerotecas con los nuevos ratones digitales de biblioteca. Las más de las veces, sólo echamos un buen rato y aprendemos algunas cosas de “cultura general” que nunca vienen mal.

Pero un día, aparecen los duendes y entramos en una página escrita en maorí, al otro lado del mundo, y te encuentras con esto (está en inglés y es muy largo):


En donde la parte que nos interesa de lo que dice nuestro testigo de Otago es esto:




Ahora lo ampliaremos un poco, no se pongan nerviosos.

Los emailes empiezan a echar humo, incluso suena el móvil (instrumento no utilizado mientras se investiga y sólo utilizado para quedar a tomar café o cerveza, según convenga).

Nuestro ratón escarbaba y le daba en el hocico que había dado con algo: “Aquí parece que hay algo gordo”.



Hemos topado con una mina virgen y la veta parece que contiene material abundante...

Parece que nos quiere decir que había un genial presidente y que se llamaba Mr. E. F. Johnston...

¿Presidente de un Club en Sevilla en 1891? Y ese artículo va de football...

Un testigo en Otago, a 20.000 km de distancia...

No hay crimen perfecto.

(Continuará, no se pierdan el próximo episodio: “Será noticia para muchos”)

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Álvarez, ¿un clon de Jiménez?


Os dejo el enlace con mi última colaboración para Columnas Blancas, que podéis leer haciendo click aquí.

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