domingo, 22 de agosto de 2010

¡¡Ya está bien!!


No era bastante con que los jugadores –por decir algo- que esta noche saltaron de blanco al Nou Camp hicieran el ridículo ante toda España frente a un gran equipo, por supuesto, pero con la mitad de entrenos que los nuestros, para que encima llegase el míster con unas patéticas declaraciones que son todo un insulto para los aficionados.

¿En qué quedamos?

¿El penoso Carranza que hicimos era porque llevábamos dos semanas de preparación y los jugadores estaban con las piernas cargadas, y la misma excusa no vale para el Barcelona?

No ha ensayado usted ni un minuto con tres mediocentros en los partidos amistosos del verano ni ha colocado a Alfaro de mediapunta ni por casualidad ¿Y decide que una final oficial ante el Barcelona es el mejor momento para estas probaturas?

Un descartado como Romaric lo pone usted de titular en los dos partidos.

Un jugador fantasma como, Konko, absolutamente falto de implicación, ¿lo reubica de central?. Bien que se lo ha agradecido con los regalos del primer y el tercer gol azulgranas.

90 minutos, señor Álvarez, del 1 al 90, completitos, que a mí se me han hecho eternos, sin un solo tiro a puerta. Valdés ha jugado, porque se ha vestido, pero se podía haber quedado con el bañador tumbado en la hamaca, que para el caso es lo mismo.

Ésta, señor Álvarez, es la verdadera respuesta a sus discursitos veraniegos de “tener la pelota” y no pensar en el rival para “hacer nuestro juego”. A quién quiere engañar. Hoy ha sido el superbarcelona en chanclas, pero el miércoles fue el Braga y hace diez días el Cádiz, de la Segunda División B.

Veinte buenos minutitos de Cigarini, Perotti y Kanouté frente a la guardería del Barcelona es todo su bagaje.

Y hoy, los jugadores se han arrastrado por el césped como almas en pena.

Pero no importa, según usted, “no es nuestra guerra”.

Y aquí no tengo más remedio que indignarme.

¿Cómo que no es nuestra guerra?

No sería la guerra de su Sevilla como jugador, que bien que lo viví, pero sí lo es de este Sevilla.

Le diré algo: una final es un tesoro, bien que lo sabemos los que hemos tardado 44 años (desde 1962 a 2006) para ver una, y 58 años (desde 1948 hasta 2006), en volver a ganar otra.

Como le decía a unos amigos, echémosle la culpa de todo al “mardito parné” de la Champions, 7 millones de euros, dicen, de mínimo. Pero, ¿es qué los tenemos asegurados? Y además, ¿cuánto tardaremos en despilfarrarlos?. A ritmo de Konkos y Romarics, poco, muy poco tiempo.

No hemos aprendido la lección. Es increíble.

El dinero es efímero, pero la gloria es imperecedera.

Usted, señor Álvarez, ha pasado a la historia del Sevilla F.C. por haber conquistado la Copa del Rey 2010, pero no se le recordará por clasificar al equipo para la liguilla de Champions, si es que lo consigue. Entérese bien.

Creía que el club de la cortedad de miras en nuestra ciudad era otro, pero se ve que las cosas están cambiando.

Ojalá pasemos la previa del martes, que un servidor se pegará otra kilometrada para verlo.

Pero no se le ocurra en tal caso sugerir siquiera que lo de esta noche mereció por ello la pena, o que ha sido el precio a pagar por jugar en la primera competición europea.

No insulte nuestra inteligencia.

Ni nuestros sentimientos.

La cosa pinta cruda, porque es mucho lo que hay que cambiar y no se vislumbra capacidad de reacción.

Claro que, como decían los viejos aficionados, “la culpa no es del entrenador, sino del que lo puso”.

Y el que lo puso, es vox populi, hace cuatro días no lo consideraba apto para la empresa.

Si sale bien, estupendo, y si no, sillita reservada en los despachos del Club para seguir moviendo papeles.

Total, es donde estaba hace unos meses.

Lo único que falta es que hubiera que cambiar de técnico (Dios no lo quiera) con la temporada en curso, y que le firmasen al nuevo entrenador lo que reste de campeonato y otro más. Así se cerraría el círculo de las incongruencias que llevaron a apostar por lo que hoy tenemos cuando se produjo la salida de Jiménez.
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