jueves, 29 de abril de 2010

¡A la cárcel!



José Antonio Blázquez lo llamaba el “gigantismo sevillista”.

Con ello se refería a la grandeza deportiva del Sevilla como fuente de envidias y de la animadversión hacia el club decano por parte de otros equipos dentro de la geografía andaluza.

En otro momento ya me ocupé de este tema. Aquí.

La Historia está llena de episodios que lo demuestran, casi siempre desde fuera de Sevilla hacia Sevilla, y casi nunca al revés.

Si acaso, esto último, como legítima defensa, salvo contadas excepciones.

Porque ese gigantismo del que Blázquez hablaba no era, ni es, flor de un día, se remonta a los tiempos, años veinte del siglo pasado, en que el Sevilla Fútbol Club era conocido como “el eterno campeón de Andalucía”.

La memoria de los torpes es escasa.

Y corta en el tiempo.

La ingratitud de los seres humanos, grande.

Ya lo dice el refrán, cría cuervos, que te sacarán los ojos.

Sin ánimo de reabrir viejas heridas, pero tampoco de olvidarlas, un par de muestras:

¿Por qué en Cádiz pasó lo que pasó con Maradona, al término de aquel encuentro liguero en que todos se enzarzaron a ostias, y solo los sevillistas fueron detenidos? ¿Por qué, si por ejemplo el Sevilla se brindó a dar lustre a un recién nacido Trofeo Carranza que nadie conocía cuando surgió, poniéndolo en el candelero, y permitiendo así que el Cádiz se financiara, año tras año, con el trofeo de los trofeos?

¿Por qué en Huelva sucedió lo que sucedió tras un enfrentamiento con los locales en el Colombino, cuando volaron sillas y todo tipo de objetos para agredir a los nuestros? ¿Por qué, si el año de Maradona, por ejemplo, el Sevilla acudió a la desesperada llamada de los onubenses para un partido amistoso que no cabía en el machacado calendario sevillista, cuyo único objeto era captar fondos para evitar la desaparición del Recreativo?

¿Por qué nadie se acuerda en Cádiz y en Huelva, o en Málaga, Granada o Jaén, de todo lo que el Sevilla Fútbol Club ha hecho por ellos, y sigue haciendo? ¿Por qué no se recuerdan estas cosas cuando les visitamos?

Gracias al Sevilla, se gestó en su día la Federación Regional Sur, hubo campeonatos que hicieron surgir equipos por toda Andalucía y eclosionó el deporte rey bajo cauces institucionales en nuestra tierra.

Gracias al Sevilla también, muchísimos jugadores andaluces han podido desarrollar una brillante carrera profesional dentro o fuera del club de Nervión: fichajes, traspasos, cesiones, alianzas, siguen beneficiando a muchísimos equipos andaluces, de primera fila o más modestos. Pensemos estos años en los Duda, Lolo, Casado, Armenteros, Fernando, etc.

Gracias al Sevilla, y a su grandeza deportiva e institucional, hoy existe una plataforma de clubes andaluces que está consiguiendo réditos impensables sin el liderazgo y la cohesión que únicamente el Sevilla es capaz de aportar.

Frustraciones, fracasos, incapacidades …

Rencores que no saben o no quieren ocultarse ...

Otro tipo de recelos ajenos a lo deportivo, complejos de inferioridad, victimismo…

De todo un poco.

Éstos son los resortes que impulsan el odio al Sevilla Fútbol Club.

Y la ira hacia nuestro Presidente.

Ira que es directamente proporcional a su valía como máximo mandatario del primer club balompédico de la región.

Ira que transforma portales de información deportiva en improvisadas tertulias del corazón.

Daño por el que ruegan los necios como única vía de agua para tratar de hundir el transatlántico del club de Nervión.

José Antonio Blázquez hablaba de gigantismo sevillista, pero no lo hacía fuera de contexto.

Eso ha sido cosa mía.

Blázquez tiraba de franqueza para explicar lo sucedido con el defensa sevillista Lorant en Granada, en una ya lejana noche invernal de 1976.



Para los morbosos, diré que a ello responde el título de este post.

Lo siento.

Nada que ver con asuntos que no vienen al caso, nunca mejor dicho, con la actividad judicial que pueda desarrollarse en la Costa del Sol.

Un partido de competición, un ambiente convenientemente caldeado en la previa, un exceso de confianza de los gestores sevillistas en la caballerosidad de sus homónimos granadinos, un Granada C.F. que empezaba a flaquear de su efímera grandeza.

Póngase todo ello en adecuada relación, y sin más explicación, hallarán la respuesta.

El sevillista Lorant, a la cárcel.


¡Dos noches entre rejas!

Gracias a un energúmeno que pudo dormir tranquilamente en su casa, y al que una gorra de acomodador le parecía un sombrero de sheriff del oeste.

Incidentes que, por comunes a todos los equipos y en todos los estadios, no dejan de sorprender.




La nota oficial del Sevilla y la respuesta del sevillismo de base, lo dicen todo.

NOTA DEL SEVILLA F.C.

En relación con los acontecimientos ocurridos a la terminación del partido de Copa de S.E. El Generalísimo, celebrado el pasado miércoles, día 25 de febrero de 1976 en Granada, y ante la inexactitud de los hechos que se recogen en algunas informaciones de agencias o corresponsales, procedentes de la ciudad granadina, debemos aclarar lo siguiente:

1.º) No hubo incidente de tipo personal entre el público y jugadores sevillistas, ni éstos se enfrentaron a ningún espectador.

2.º) Las agresiones, de palabra y de obra, se produjeron al entrar los jugadores en el pasillo o corredor que da acceso a los vestuarios, e iniciados por los empleados del Granada C. F., que ostentaban la insignia de este club en la gorra, capitaneados por uno de dichos empleados que, posteriormente, fue llevado a la Comisaría.

3.º) El jugador Lorant fue objeto, en unión de otros compañeros, de patadas, puñetazos, etc., por los citados empleados, teniendo que intervenir la Policía Armada, que estaba protegiendo la salida del Campo de los jugadores, para poner orden y dar por terminado el incidente.

4.º) Posteriormente, y cuando los jugadores se hallaban en los vestuarios, fue requerido el jugador Lorant para ser conducido a la Comisaría, por la denuncia de un polícia armada, que alegaba había sido agredido por el citado jugador.

5.º) En el intervalo o tiempo transcurrido, mientras el jugador se vestía de calle, nuestro delegado, señor Álvarez Broquetas, lo comunicó al Presidente del Granada C.F., don Cándido Gómez, que dijo que no podía hacer nada en el asunto.

6.º) El jugador Lorant fue trasladado a Comisaría, donde prestó declaración, negando en absoluto que hubiere agredido a ningún agente de la Policía Armada, y él sí había sido agredido por los empleados del Club junto con sus compañeros, pasando toda la noche en la dependencia policial, hasta las 11 de la mañana del siguiente día 26, en que fue conducido, esposado, al juzgado de Guardia, donde se ratificó en sus declaraciones, ordenándose su ingreso en la Cárcel Provincial, desde donde ha sido puesto en libertad, aproximadamente a las dos y media de la tarde de hoy, 27 de febrero de 1976.

7.º) Lamentamos tener que manifestar que son totalmente inexactas las noticias de que "la directiva del Granada en pleno con su presidente a la cabeza" se interesara por la situación creada por sus empleados, en perjuicio de un jugador de fútbol. El señor don Cándido Gómez, cuando ya se había producido el ingreso en la cárcel del jugador Lorant, se limitó a aparecer por el Hotel Meliá, a las dos de la tarde del día 26, donde permanecía nuestro delegado, señor Álvarez Broquetas, a la espera de la resolución del asunto, pretextando que no se había enterado del suceso, y quedando citado para las cuatro con nuestro delegado, para acompañarle a cualquier gestión que le fuese oportuna, pero la verdad es que dicho señor Gómez no apareció, ni aquella tarde, ni a la mañana siguiente. Teniendo que afirmar, en honor a la verdad, que varios jugadores del Granada fueron a visitar al jugador a la cárcel.

8.º) Comprendemos que la intervención del presidente del Granada no hubiese sido decisiva, en el asunto encauzado por trámites judiciales, pero un elemental deber de cortesía, entre compañeros, obliga a prestar apoyo incondicional, como hubiera hecho el Sevilla F.C. y cualquier otro club, pues los directivos debemos estar por encima de incidentes de jugadores o de la pasión de los públicos, máxime cuando los únicos responsables de todo este enojoso asunto fueron los empleados de su club, por su brutal actuación.

También la memorable columna de José Antonio Blázquez, en ABC.

El gigantismo sevillista ...

martes, 27 de abril de 2010

Nuestra Copa que ganamos en el 39

Por Cornelio

En 1939 se disputó la que conocemos como la “Copa del Generalísimo”, pero muchas han sido las circunstancias históricas, tanto nacionales, como futbolísticas, las que la han rodeado.


Últimamente vuelve a ser actualidad sobre su homologación internacional. La International Federation of Football History and Statistics (IFFHS) es el organismo internacional que tiene el visto bueno de la FIFA para lo relativo a la historia y la estadística del fútbol (este organismos fue el que consideró al Sevilla Fútbol Club como el Mejor Club del Mundo en los años 2006 y 2007).


Desde hace un tiempo la IFFHS pretende unificar los criterios para equiparar mundialmente los campeonatos de
Liga y Copa. Es aquí donde aparece el Sevilla Fútbol Club, por ser el vencedor de una Copa de un torneo comenzado en tiempos de guerra. Muchos fueron en Europa los torneos jugados durante la II Guerra Mundial, unos homologables y otros no, cuestión que tendrá que discernir este organismo internacional.

No se trata de que la RFEF de fútbol quiera “quitarle una copa al Sevilla”. El Centro de Investigaciones de Historia y Estadística del Fútbol Español (
CIHEFE), miembro oficial en España de la IFFHS, teniendo en cuenta los criterios establecidos, es el que estudia las competiciones disputadas en España y eleva sus consideraciones a la internacional, que es quien en definitiva resuelve.

Una vez analizado el Torneo de 1939, considera que el mismo está todavía “en revisión”.

En este marco vamos a exponer, de nuestro punto de vista, sobre cual puede ser la situación, aunque la decisión no es nuestra.

El Torneo Nacional de Fútbol de 1939
En 1939 la Federación Española de Fútbol organizó, oficialmente, el “Torneo Nacional de Fútbol”, que posteriormente fue denominado “Copa del Generalísimo”, para después ser considerado “Copa de España” siendo, finalmente equiparado a “Campeonato de España”.

En el número 8 (marzo de 2010) de esta revista, en un artículo firmado por
José del Olmo, Copas que fueron ligas y ligas que fueron copas” (en adelante, “J. del Olmo”) se exponen algunas dudas sobre la posible homologación del citado torneo como Campeonato de España.

“La primera Copa del Generalísimo, 1939, era el premio para el Torneo Nacional de Fútbol, organizado por la propia FEF. Su carácter oficial es incuestionable. Sin embargo convergen una serie de circunstancias que dificultan su homologación. Por un lado, no se convoca -aunque posteriormente fue añadida una grabación de dudoso origen sobre el propio trofeo- como Campeonato de España, título necesario para que el torneo en cuestión se pueda añadir al palmarés de la competición. También es cierto que participan equipos federados y no federados y las fichas de los jugadores transitan excepcionalmente entre los equipos sin haber sido dadas de alta en la propia FEF. Son irregularidades que obligan a revisar profundamente el carácter que tuvo este Torneo Nacional de Fútbol. Es un capítulo pendiente.” (J. del Olmo)

Las dudas
Las podemos dividir en dos grupos: las determinantes y las accesorias.
Como dudas determinantes podemos considerar las que por sí solas pudieran hacer que este título no fuera homologable. Estas son el carácter formal del torneo como Campeonato de España y cumplir el requisito de estar convocado de manera implícita para la totalidad del territorio de la federación que organice la competición.

Las dudas accesorias, por sí solas, no serían obstáculo para la homologación de un campeonato, pero un cúmulo de ellas si es preciso tenerlo en cuenta. En este grupo tenemos: la copa y su grabación, los equipos y las fichas de los jugadores.

¿Se puede considerar Campeonato de España?
En un principio el campeonato de 1939 fue denominado “Torneo Nacional de Fútbol”.

También se plantearon, con anterioridad, dudas en el libro “Las grandes mentiras del fútbol español”, obra de Félix Martialay y Bernardo Salazar (en adelante “F. Martialay, B. Salazar”): “el Torneo Nacional de Fútbol, que no Campeonato de España” (F. Martialay, B. Salazar).

Volviendo al texto de José del Olmo, vemos que el argumento de la duda es el mismo que acabamos de citar:
“La primera Copa del Generalísimo, 1939, era el premio para el Torneo Nacional de Fútbol, organizado por la propia FEF” (J. del Olmo).

Es un torneo convocado por la FEF, lo cual no se discute. ¿De quién depende calificarlo como “Campeonato de España”?

Veamos un caso en el que se dan algunas circunstancias equiparables, la “Copa de España Libre” de 1937. La Asamblea de la RFEF rechazó recientemente considerarla como “Campeonato de España”, como así (aunque no en su literal) se había sugerido desde las Cortes. (El texto completo se publicó en los números 1 y 4 de esta revista:
Por qué la Copa de España Libre de 1937 no es un Campeonato de España” (en adelante “CIHEFE”).

Independientemente de los motivos que justificaron su desestimación ¿Qué hubiese ocurrido si se hubiese aprobado? Pues que se hubiera reconocido un campeonato en 2009 que se había celebrado en 1937. Entre los motivos de su rechazo no estaba que no se hubiera disputado como Campeonato de España, ni que esto no se hubiese reconocido con anterioridad, ya que hasta ese momento no se había planteado.

Volviendo a nuestro tema, el Anuario de la Federación, que faltó a su cita durante algunos años, recoge en su edición de 1948, entre los campeonatos de España, el de 1939.

Cierto es que no se establece, en principio como “Campeonato de España”, pero todo apunta a que ese era el “espíritu de la ley” de los organizadores. Así lo apreciamos cuando se produce el cambio de denominación.


“La 'I Copa del Generalísimo', que viene a substituir al Campeonato de España”, este texto apareció publicado en la página 5 de “La Vanguardia Española” (Barcelona), el 21 de febrero de 1939.

De la misma forma es citada por J. del Olmo:
“La primera Copa del Generalísimo, 1939” (J. del Olmo)
Aunque la mayoría de la prensa citaba al partido como la final de la Copa del Generalísimo (lo mismo ocurre hoy con la Copa del Rey), la prensa de la ciudad donde se celebró el encuentro, “La Vanguardia”, titulaba a doble página de la siguiente forma en las páginas centrales de su suplemento del día posterior al partido:


“La final del Campeonato de España en el Estadio de Montjuich”.

La Federación Española de Fútbol, en aquel momento, consideró al campeón como campeón de España. Esto trajo consigo la reclamación del Madrid, a lo que la Federación contestó reafirmándose en que el Sevilla era el campeón de España:


“El Sevilla es el único Campeón de España.

Así lo dictamina la Federación Nacional

El presidente del Sevilla F.C. ha recibido una carta de la Federación Nacional. en la que se declara que no hay más campeón de España que el Sevilla F. C. Con esto se ha puesto fin al pleito al título de campeón. El Sevilla obtuvo en el Estadio de Montjuich la Copa del Generalísimo y en determinados medios se creía que por no haber tomado parte en la competición algunos equipos, aquella perdía su carácter nacional y , por lo tanto, el campeón de España seguía siendo el Madrid. Pero la Federación Nacional ha manifestado que de en adelante la antigua Copa de España se llamará Copa del Generalísimo: he aquí porque el campeón de España es hoy el Sevilla F. C.” 3 de enero de 1940, “El Mundo Deportivo” (Barcelona).

Observemos en este recorte que se sigue sin usar la expresión “Campeonato de España”, sino “Copa de España”.

Como acabamos de ver en el caso de la Copa de 1937, la Federación tiene potestad para reconocer, a posteriori, un Campeonato de España.

¿Qué órgano de la Federación tomó tal decisión? ¿La Asamblea?

Antes de entrar en otros detalles, veamos un recorte del 25 de mayo de 1939, publicado en ABC, unas declaraciones del Teniente Coronel D. Julio Troncoso, presidente de la Federación Española de Fútbol:


”Concretando: las Federaciones han dejado de existir como entidades numerosas que necesitaban asambleas, congresillos y elecciones enojosas. (...) las Federaciones tendrán unas gestoras compuestas por dos o tres señores que encauzarán el fútbol, con arreglo a las precisas instrucciones que la Nacional les dicte: los clubs tendrán unas directivas poco numerosas, que se atendrán a las normas señaladas desde arriba.”

Esto fue acompañado del oportuno Decreto (de 25 de enero de 1941, sobre el sistema cautelar y represivo del derecho de asociación) y normativa que prohibía cualquier tipo de asamblea y la recogida en actas de los acuerdos de los clubs y restos de asociaciones. Esta prohibición de celebrar asambleas estuvo vigente hasta 1948.

No era posible que la Asamblea resolviera porque no existía la Asamblea como máximo órgano decisoria de la Federación Española de Fútbol.

Por tanto el órgano que tomó la decisión de considerar como “Campeón de España” al vencedor de 1939 era el máximo órgano competente de la FEF.

Al no estar constituida la Asamblea de la FEF, este órgano no pudo acordar que a partir de 1940 los siguientes fueran considerados campeonatos de España. El mismo órgano que habilitó como Campeón de España al Sevilla F.C. es el que habilita a sus sucesores.

Si la condición para ser considerado campeón de España es que debe de ser aprobado en Asamblea, tampoco lo cumplen los que vienen detrás, ya que el acuerdo que eleva a la categoría de Campeonato de España a la Copa del Generalísimo no proviene de ninguna Asamblea.

¿Se convocó para la totalidad del territorio?

Bernardo Salazar en el diario “As”, el 26 de junio de 2007, (en adelante, “B. Salazar”) firmaba un artículo sobre el tema que estamos tratando. De él entresacamos:

“En este torneo deberían participar los campeones y subcampeones de los torneos regionales que se celebrasen en la llamada zona nacional. Los hubo en Galicia, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra, Aragón y Andalucía. Además se invitó al Ceuta Sport para premiar el deporte donde se inició el Movimiento.” (B. Salazar)

“Antes de acabar la Guerra 1936-39, en la zona dominada por Franco, se celebraron los correspondientes Campeonatos Regionales clasificatorios para el Torneo Nacional de Fútbol, que no Campeonato de España.” (F. Martalay, B. Salazar)

En el libro “Historia y Estadística del Fútbol Español. 2ª Parte”, obra de Vicente Martínez Calatrava (en adelante “V. Martínez”) podemos leer el acuerdo del Comité de la FIFA, celebrado en París durante los días 6 y 7 de noviembre de 1937, que aprobó lo siguiente:

"Después de haber oído a la Federación Española creada en San Sebastián, el comité ejecutivo, teniendo en cuenta la situación actual, que no permite a una federación única reglamentariamente, el fútbol en todo el territorio español, ha decidido a título provisional, que las asociaciones afiliadas a la FIFA, puedan contender con equipos de las dos federaciones existentes en España y también entre selecciones de ambas federaciones, sin que esto último tenga carácter de partidos internacionales." (V. Martínez)

Con esta resolución, a “título provisional”, la FIFA está reconociendo la personalidad jurídica de la FEF española de fútbol que organizó el Torneo de 1939. Textualmente dice: “las dos federaciones existentes en España”.

Está considerando que, provisionalmente, el territorio va a quedar afectado, y precisamente por eso, acepta la duplicidad de federaciones dentro un territorio que, antes que comenzar la guerra coincidía con los límites geográficos de la República Española. Tanto la FIFA, la UEFA, como la IFFHS, son independientes y no permiten “influencias políticas, militares, religiosas, étnicas o nacionales.”

La FIFA, por tanto, en 1937 acepta, provisionalmente, que el territorio de la federación que nos ocupa coincida con el ha sido conocido como “zona nacional”.

Al ser un caso excepcional no se puede legislar previamente sobre ello, así que tomaremos ejemplos, con circunstancias lo más parecidas posibles y veremos como se han resuelto.

España. Las Cortes Generales instaron a la RFEF que se le otorgara el Campeonato de España de 1937 al Levante FC. El propio Congreso de los Diputados reconoció que la competencia exclusiva para ello era de la Federación. Entre los argumentos expresados por el CIHEFE en su informe cita los criterios de la IFFHS para lo oficialidad de una competición.

Entre ellos encontramos uno que nos puede servir como ejemplo:

“Una federación nacional puede organizar un número ilimitado de competiciones oficiales aunque, con la finalidad de establecer la debida correspondencia entre las muy diversas competiciones que organizan las diferentes federaciones afiliadas a la FIFA, se reconoce un único campeonato de liga por temporada y federación y un único campeonato de copa por temporada y federación.” (CIHEFE)

Se reconoce un único campeonato de liga y copa por federación. Ya hemos aclarado antes que la FIFA había reconocido a dos Federaciones en España. La federación organizadora del Torneo del 39 fue aceptada considerando las limitaciones de su territorio.

Volviendo a la Copa del 37, seguimos con el informe del CIHEFE:

“En la fecha en que se disputó este torneo, durante los meses de junio y julio de 1937, la Federación Española de Fútbol estaba afiliada a la FIFA en activo y tenía plenos poderes para decidir las cuestiones internas del fútbol español como organización legítimamente reconocida por el gobierno de la República Española”.

Continua el informe exponiendo que dicha Federación envía una circular comunicando que suspende todas las competiciones oficiales. Posteriormente, ni mediante circular, ni mediante asamblea, se revocó la orden anterior.

La denegación está basada en que no puede considerarse oficial por no estar organizada por la Federación.

Croacia. Cuando comienza la temporada 1991/1992 el estado se encuentra en guerra, es más, al terminar esa temporada Yugoslavia es excluida del Campeonato de Europa de Selecciones Nacionales.

En la página oficial de la federación croata se recoge el palmarés de los distintos equipos croatas, incluida la temporada 1991/92 comenzada antes del final de la guerra, sirva de ejemplo que figura como Campeón de Liga 1991/92 el Hajduk Split.

La guerra no finalizó en Croacia hasta 1992, por tanto habría territorios en zona serbia hasta el final de la guerra. Cuando la República de Croacia se independizó de nuevo se convirtió en miembro de la FIFA, el 3 de julio de 1992. Como miembro temporal de la organización del fútbol europeo, la UEFA, la HNS es recibida el 25 de Julio de 1992, y se convirtió en miembro de pleno derecho el 17 de junio de 1993. La Liga, al igual que la copa, de Croacia, de 1991/92 fue convocada con parte del territorio en guerra. Además, todavía no estaba oficialmente reconocida por la FIFA. ¿Es válida esta liga del Hadjduk Split?

Alemania. Un federación se divide en dos por motivo de una guerra. Ocupa dos territorios, que coinciden con los nuevos estados. Posteriormente se unifican. Hay un periodo de bastantes años en que cada territorio disputa sus propias competiciones organizadas por su federación, al reunificarse, ¿desparecen del palmarés los títulos de alguna federación? Alemania Federal y Alemania Democrática serían los referentes, internacionales, con mayor similitud. ¿Qué hubiese ocurrido si las Federaciones nacionales españolas hubiesen organizado torneos durante varios años? Estarían en una situación equiparable a la alemana.

Reino Unido. En este estado la relación, hablando de fútbol, federación-estado se complica. Existen cuatro federaciones en el mismo estado, con cuatro ligas y copas, y sus respectivos campeones. Si queremos embarullar más la situación, durante un periodo aproximado de setenta años, la liga galesa estaba englobada dentro de la liga inglesa, por lo que Gales e Inglaterra, dos federaciones, daban un solo campeón. A partir de 1992 se independizó la liga galesa recuperándose los cuatro campeones dentro de un mismo estado.

Europa. Campeonato de Europa de Selecciones de 1992. Croacia es excluido por encontrarse en guerra. ¿Se considera que no es completo el territorio de la UEFA al dejar fuera una parte de éste?

En el mismo campeonato, la Unión Soviética ya se había clasificado antes de la desintegración del país, pero se les permitió competir bajo la bandera de la CEI, la Comunidad de Estados Independientes, la cual no era una federación afiliada a la UEFA, ni se correspondía con el territorio de un estado.

La FIFA había reconocido, excepcional y provisionalmente, dos federaciones dentro del territorio del Estado español. Por tanto, las competiciones que cada una de ellas hubiera organizado y que afectasen implícitamente a la totalidad de su territorio, hay que considerarlas como oficiales y sin ninguna restricción por razón de demarcación, ya que ha sido la propia FIFA la que ha autorizado las delimitaciones de la federación.

Una nueva copa y su grabación.

“solicitando al Generalísimo un trofeo para el vencedor (...) de hecho la Copa del Generalísimo fue entregada en propiedad al ganador.” (B. Salazar)

“-aunque posteriormente fue añadida una grabación de dudoso origen sobre el propio trofeo-“ (J. del Olmo)

“Curiosamente sobre la copa donada por el Generalísimo Franco para dicha competición se ha grabado años después la inscripción Campeonato de España, aunque en el tiempo que se celebró y otorgó no tuvo tal denominación.” (F. Martialay, B. Salazar)

Se podría hablar mucho sobre la historia del objeto copa, pero ello no es ningún motivo que refuerce ni debilite los argumentos sobre la calificación del campeonato porque, como se publicó, en esta revista:

“Conocida como “Copa de España” esta competición en realidad pone en juego dos méritos: el Campeonato de España por un lado y la Copa por otro. El Campeonato de España es el título oficial con el que se empezó a disputar la competición desde 1903 y que ha mantenido a lo largo de todas sus ediciones. Es un honor que ostenta el club vencedor durante un año. En la final también se disputa el trofeo, aunque con la opción de alcanzarlo en propiedad si se vence tres veces consecutivas o cinco alternas.” (CIHEFE)

En este párrafo se deslinda perfectamente el trofeo, la copa física, del mérito “Campeonato de España”. Para el asunto de la homologación del Torneo, poca significación tiene el asunto de la copa, trofeo, o su grabación.

Las fichas y los equipos

“También es cierto que participan equipos federados y no federados y las fichas de los jugadores transitan excepcionalmente entre los equipos sin haber sido dadas de alta en la propia FEF.” (J. del Olmo)

El hecho de su participación es una aceptación implícita de la Federación. Aunque un equipo no hubiera tramitado su alta federativa, algún tipo de solicitud tendría que hacer para participar en el Campeonato. Las Federación es la que tiene la potestad de autorizar los partidos y organizar la competición.

Admitir a un equipo y a sus jugadores para tomar parte en los encuentros está validando tácitamente su participación. La Federación es competente para dictar normas, tanto ordinarias, como extraordinarias, del Reglamento de la competición.

De hecho, en la propia normativa figuraba un modelo de cesión de jugadores, distinto al que usamos hoy, pero cesión al fin y al cabo:

“para participar a los jugadores se les concedió una ficha o autorización especial en los campeonatos regionales, formando parte de los equipos afectos donde prestaban sus servicios militares, pero quedando sujetos al club de pertenencia –o sea al que pertenecían al principio de la guerra- una vez terminada la competición nacional.” (V. Martínez)

El hecho de que hubiera equipos invitados no desvirtúa la competición, es más, es un hecho habitual en las competiciones de selecciones que la confederación que organice invite al anfitrión.

¿Se puede homologar el Torneo Nacional de Fútbol de 1939?

Centremos el motivo principal que lleva a la revisión de este torneo, así como del resto de los jugados en España:

“La FIFA ha solicitado de la IFFHS que establezca un baremo para jerarquizar la importancia de cada campeonato dentro del contexto nacional que sea homologable en el plano internacional. En otras palabras: establecer una correspondencia de equivalencia entre los títulos de un país y de otro.” (J. del Olmo)

A su vez, la IFFHS, ha trasladado a diferentes organismos la solicitud de los correspondientes informes para llevar a cabo esta tarea.

Tenemos que el Torneo Nacional de Fútbol fue la única competición oficial organizada por la Federación Española de Fútbol, y cumple los requisitos exigidos por la IFFHS.

¿Se podría considerar al campeón de ese torneo el campeón absoluto de España? ¿En el baremo fijado por la IFFHS para jerarquizar los campeonatos se fija que debe figurar textualmente la palabra “liga”?

Consideremos los criterios que se han tenido en cuenta en España:

“Lo que sucede es que entre 1910 y 1928 al no haber propiamente un campeonato de Liga, los campeones de Copa asumen el reconocimiento de campeones nacionales, equiparables a los campeones de cualquier otro país y, por lo tanto, son campeones absolutos.” (J. del Olmo)

“A partir de 1914, ya bajo la dirección de la RFEF, la competición se estructuró más sólidamente. Los campeones regionales, es decir, los ganadores de las ligas locales, pasaban a disputar el Campeonato de España y de entre ellos salía el campeón absoluto.” (J. del Olmo).

Este sistema fue el utilizado por la RFEF durante 15 temporadas. Este formato de competición es el mismo que el del Torneo que se disputó en 1939.

“Este mismo sistema, campeonatos regionales previos y fase nacional después, sirvió para señalar al campeón nacional absoluto de Alemania o Italia hasta que se creó la liga unificada en cada país, por poner ejemplos. No hay ninguna diferencia organizativa en la concepción de estos campeonatos. De ahí que desde un punto de vista internacional sean equivalentes u homologables en rango.” (J. del Olmo).

En 1939, tenemos un único Torneo oficial organizado por la Federación Española de Fútbol, si nos atenemos al criterio que se fija para las competiciones celebradas entre 1910 y 1928, que no son convocados bajo la denominación de Campeonatos de Liga, los vencedores son considerados como campeones absolutos, ese mismo tratamiento, independientemente del nombre con el que se convoque el torneo, daría como ganador al campeón absoluto de España.

No perdamos de vista el principal motivo de esta revisión:

“La FIFA ha solicitado de la IFFHS que establezca un baremo para jerarquizar la importancia de cada campeonato dentro del contexto nacional que sea homologable en el plano internacional. En otras palabras: establecer una correspondencia de equivalencia entre los títulos de un país y de otro.” (J. del Olmo)

El “Torneo Nacional de Fútbol”, posteriormente denominado como la “Copa del Generalísimo” y “Campeonato de España”, fue considerado como tal, por la propia Federación, por la población, así cómo por los equipos participantes. También como campeones de Copa han sido siempre considerados los que obtuvieron el título entre 1910 y 1928.

Este “Torneo Nacional de Fútbol”, lo tenemos considerar buscando su equivalencia internacional, no podemos basarnos en su denominación original para no homologar este título.

La referencia para equipararlo con otros, debe tomarse utilizando como antecedentes los torneos celebrados en España.

En años anteriores se celebraron campeonatos en España y que no se jugaron bajo la denominación de “Campeonato de Liga”. Al considerar que fueron los únicos torneos oficiales que se jugaron cada año, independientemente de la denominación con la cual se iniciaron, se asume que a su campeón le corresponde la homologación como campeón absoluto, al cumplir la condición de ser el único torneo oficial organizado por la Federación.

Las mismas circunstancias concurren en el Torneo Nacional de Fútbol de 1939:
- No fue convocado como “Campeonato de Liga”, ni como “Campeonato Absoluto de España”.
- Fue el único campeonato que se jugó en España ese año.
- Fue proclamado un único campeón.
- Fue convocado por la Federación Española de Fútbol.
- Su carácter oficial es incuestionable.
- El sistema de competición empleado sirvió para señalar al campeón nacional absoluto en otras federaciones extranjeras.

“Lo que sucede es que entre 1910 y 1928 al no haber propiamente un campeonato de Liga, los campeones de Copa asumen el reconocimiento de campeones nacionales, equiparables a los campeones de cualquier otro país y, por lo tanto, son campeones absolutos.” (J. del Olmo)

Entendemos que se cumplen todos los condicionantes para que el campeón del “Torneo Nacional de Fútbol” de 1939 pueda ser homologable internacionalmente como “Campeón absoluto de España de 1939”.

sábado, 24 de abril de 2010

Sevilla-Argentina, Gustavo versus Paco



El 1 de abril de 1976 se disputó en el Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán un singular amistoso entre el Sevilla Fútbol Club y la selección nacional de Argentina.

La albiceleste, entrenada por Menotti, se encontraba de gira por Europa, preparándose para “su Mundial”, y cerraba precisamente en Nervión su periplo viajero.

Veinte mil espectadores acudieron al campo, con el reclamo principal de futuribles fichajes para el club decano.

Las alineaciones fueron las siguientes:

SEVILLA F.C.: Gustavo Fernández; Juanito (Sanjosé), Gallego (Blanco), Pulido e Hita; Rivas, Lorant y Rubio (Villalba); Lora (Martínez), Módigo (Cantudo) y Duda.

ARGENTINA: Gatti; Olguín, Carrascosa, Killer y Tarantini; Gallego, Ardiles y Bochini; Houseman, Luque (Ladueñas) y Kempes (Scotta).




El partido finalizaría con empate a cero, resultado muy meritorio para el conjunto local, si tenemos en cuenta que alineaba a un buen puñado de suplentes y que se enfrentaba a una pléyade de estrellas que un par de años más tarde iban a proclamarse campeones del mundo.

Para el recuerdo, los escasos quince minutos finales de Scotta, con tirazo al larguero incluido, y que seguramente fue determinante para su inmediato traspaso, meses después, al club sevillista.

Las figuras del encuentro fueron ambos guardametas, sobre todo el nuestro, Gustavo Fernández, aquel uruguayo larguirucho que, tras dos años a la sombra (me refiero del banquillo) por problemas con los papeles de oriundo, acababa de estrenar permiso para poder jugar oficialmente con el club de Nervión.


Gustavo era un buen portero, joven, y el mejor de su país junto al mítico Ladislao Mazurkiewicz. Incluso superaba a éste, según muchos. Estuvo en el Mundial de Alemania en 1974 con la selección celeste.

Tras la felicísima actuación del guardameta charrúa ante Argentina, Paco, el gran “Superpaco”, hasta entonces titular indiscutible bajo los tres palos de la portería sevillista, fue objeto de las burlas y la guasa de sus compañeros, buenos conocedores de la vehemencia del de San Fernando y de su fácil tendencia a la irascibilidad y el mosqueo.




Os lo podéis imaginar.

Vinieron a decirle que sus días como titular estaban contados, que Gustavo era un fenómeno, que era mejor que él por alto, y que con los papeles ya en regla, no había obstáculo para que triunfase.

Vamos, que se fuese preparando para dedicarse a otra cosa.

Tanta fue la vara que le dieron que Paco quiso ver en ello una amenaza para su carrera, y no se le ocurrió otra cosa que realizar unas declaraciones públicas incendiarias en las que daba a conocer su propósito de retirarse definitivamente del fútbol activo si en cualquier momento apreciaba que su titularidad no se encontraba todo lo firme que había estado hasta entonces.

Aquellas declaraciones tuvieron una gran repercusión.

No podemos olvidar que Paco era entonces “Superpaco” y estaba en la cresta de la ola de la fama.

La mejor prueba de ello es que los niños de entonces pedíamos a los Reyes Magos la ropa que Paco vestía, como podéis apreciar en la foto de Mi Perfil.

Era titular de la selección olímpica, con la que tuvo sonadas actuaciones, y acostumbraba a entrar en las convocatorias de Kubala con la absoluta, aunque nunca llegó a debutar en la misma. Imposiciones mediáticas del madridista Miguel Ángel y la irrupción del extraordinario Arconada se lo impidieron.

Se hablaba de muchos equipos que lo pretendían, el Valencia, el Atlético de Madrid, el Barcelona… Era una de las grandes figuras del Sevilla Fútbol Club y de todo el balompié nacional.

El cariz de la noticia obligó a la junta directiva sevillista a una reunión de urgencia el martes 6 de abril, en la que se decidió imponer una sanción económica al futbolista.

Al día siguiente, el Presidente del Club, Eugenio Montes Cabeza, se entrevistó con Paco para recriminarle su actitud, advirtiéndole que no toleraría la menor postura de divismo entre los jugadores blancos.

Todo quedó en eso.

Ciertamente, como sus compañeros apuntaban en broma, Gustavo llegó a ser una amenaza real y cierta para la titularidad de Paco, tanto que le arrebataría el dorsal 1 a la temporada siguientes, tras una desafortunadísima actuación del gaditano en casa ante el Elche, en partido que acabó empatándose a tres, y que recuerdo perfectamente por haberlo presenciado desde la grada.

Luego Paco se recuperaría, volvería a ser Súper, porque Gustavo tuvo nuevamente problemas con los papeles, aquel año en que hubo de buscarse un suplente de urgencia, Valero, que pasaría a la historia por jugar aquel mítico partido contra la Real Sociedad, el de los goles de Bertoni, en el que los donostiarras perdieron la liga ...

Y en el que Paco perdió la prima cobrada por la victoria.

Después de aquello, Paco, el ”Súper” volvería a cuajar buenas temporadas, hasta la llegada de su tocayo Buyo, que lo relegó definitivamente a los banquillos.

miércoles, 21 de abril de 2010

El hombre de goma


Dicho así, tal como suena, parece que voy a referirme a un superhéroe de comic, aunque en tiempos de nuestro protagonista, ni siquiera se había acuñado dicho término, aún tardaría varios años en aparecer.

Hablamos de la segunda década del siglo pasado, cuando no existían intermediarios, ni secretarías técnicas ni nada por el estilo, cuando el boca a boca era lo único que funcionaba.

Así las cosas, en Sevilla se tuvo conocimiento de que en la lejana Galicia (como decía Rafael el Gallo, Sevilla estaba en su sitio, eran los gallegos quienes estaban lejos) existía un jugador fantástico, que militaba en las filas del entonces famoso club Fortuna de Vigo.




Se trataba de un defensa izquierdo de excepcional clase, dominador del balón y del regate, preciso en la entrega y de gran potencia en los despejes, que prodigaba con espectacularidad y elegancia.



Su nombre, Herminio Martínez Álvarez, "Cuqui" para los amigos, nacido en Bouzas, provincia de Vigo, el día de reyes de 1896.





Un aficionado sevillista, muy vinculado con los directivos del club, pero que no era tal, llamado Antonio González, tuvo la valentía que entonces había que tener para atravesar España e ir a por el jugador, arriesgándose a viajar en vano.

Pudo finalmente convencerle para venir a Sevilla, no sabemos con qué artes, aunque debieron mediar promesas de fama y fortuna, pese a que oficialmente aquéllos eran tiempos de puro amateurismo.

Con su llegada, el equipo sevillista, ya instalado en la cumbre futbolística andaluza, cerraba un once de ensueño que se preparaba para el asalto a la gloria del fútbol nacional: Avilés, Sedeño, Ismael, Herminio, Ocaña, Rey, Barragán, Gabriel, Escobar, Spencer, Kinké, León, Brand, etc.

Herminio era el cerrojo defensivo que nos faltaba para logar una eficacia que se nos resistía en el campo de los resultados allende Despeñaperros, y además, añadía desde la zaga esa vistosidad tan apreciada por el público del momento que era santo y seña del Sevilla de la línea del miedo.


Así describía Manolo Ocaña, el último superviviente de aquel glorioso equipo, las cualidades futbolísticas de Herminio:

Era un futbolista de los que no hay. Un verdadero fenómeno. Duro, sí, pero con gran clase y rapidísimo. Recuerdo que Ricardo Zamora sufría cuando Herminio figuraba en la selección española, pues era tal la seguridad de éste en la defensa que ponía nervioso hasta a aquel gran portero.

Efectivamente, “Cuqui” Herminio vistió la camiseta española en dos ocasiones, debutando en Sevilla, en el Reina Victoria, frente a Portugal, el 16 de diciembre de 1923, con victoria española por tres goles a cero, repitiendo entorchado el 17 de mayo de 1925, también frente a Portugal, con triunfo hispano por dos a cero.

Durante aquella época en que todos los compañeros de equipo eran grandes amigos, Herminio vivía en casa de Spencer. Uníale una gran amistad con el trianero, y también con el gigante mediocentro sevillista Ocaña, relación ésta que mantendría hasta su fallecimiento el 13 de julio de 1976, a los ochenta años de edad.


Su excepcional carrera de futbolista se vio truncada por una lesión de menisco entonces incurable, sufrida en Madrid, que lo dejó inutilizado. Este tipo de lesiones, en lugar de una intervención quirúrgica, se trataban como en veterinaria, con “botones de fuego”, lo que venía a ser una auténtica cura de caballo.


Aquella lesión sería el inicio de una espiral de calamidades y desgracias que acompañarían a nuestro hombre de goma hasta el final de sus días.

Por mediación de Manolo Ocaña, que tenía amistad con Benito Arana, Director de la Electromecánica de Córdoba, Herminio se convirtió en entrenador de este equipo y, al mismo tiempo, empleado de aquella firma.

Durante la guerra civil, residiendo en Córdoba, Herminio fue víctima de un bombardeo. A consecuencia de las heridas recibidas, hubo de ser sometido a la trepanación y, entonces, viudo ya, fue recogido por un buen amigo que lo tuvo con él durante un año y medio, no recibiendo la menor ayuda de nadie, ni siquiera de la Electromecánica.


Al tener noticia de que la persona que lo tenía recogido no podía ocuparse de él por más tiempo, dadas las dificultades de la época, Manolo Ocaña fue a Córdoba para traerlo a Sevilla, a vivir en casa de su madre durante dos años y medio, donde fue acogido como si de un hijo más se tratase.

Al cabo de ese tiempo, Sancho Dávila (quien fuera número 1 de Falange en Sevilla y posteriormente Presidente de la Federación Española de Fútbol) y Joaquín Miranda, enterados de que la Electromecánica no había socorrido a Herminio, se pusieron en contacto con el Gobernador Civil de Córdoba, Sr. Valera Valverde, quien intermedió ante la empresa cordobesa, logrando que readmitieran a Herminio como encargado del almacén de herramientas. Nuevamente su amigo Manolo Ocaña se ocupó de llevarlo a Córdoba, dado que el exfutbolista no podía valerse por sí mismo.

Poco a poco fue Herminio recuperándose e incluso aparecía por Sevilla de vez en cuando para ver jugar a los nervionenses. Sin embargo, en 1975, sufrió una trombosis de la que no se recuperaría. La junta directiva sevillista, presidida por Eugenio Montes Cabeza, acordó prestar ayuda al jugador. Así lo decidieron también la Federación Andaluza y la Federación Española, gracias a la intervención de quien fuera directivo sevillista Antonio Calderón, entonces gerente del Real Madrid.

El órgano de gobierno del club sevillista comisionó al Tesorero, Enrique Rosendo, para entregar a Herminio una silla de ruedas y dinero en efectivo, así como un recuerdo del club, en agradecimiento a los servicios prestados. Este sería el último capítulo de su vida, pues su deterioro físico desembocó en fatal desenlace apenas un año después.

Afortunadamente, la grandeza futbolística de Herminio le ha hecho inmortal, y prueba de ello es que hoy, aquí, estamos aún acordándonos de él.

Su final fue triste, como el de otros compañeros de su tiempo, Kinké, Spencer, etc.

Pero al igual que sucede con ellos, su leyenda sigue viva.

Por los siglos de los siglos.

viernes, 16 de abril de 2010

Tres sevillistas, la Gre-No-Li, la catástrofe de Superga y nuestro mural

Hace mucho, mucho tiempo, prácticamente estrenando adolescencia, adquirí en un puesto de la feria del libro un ejemplar cuya cita no viene al caso, en el que figuraba, y figura, una enigmática fotografía, que desde el principio llamó mi atención, y que ahora publico por primera vez.


A simple vista, parece una alineación del Real Madrid, en el Santiago Bernabeu, como cualquier aficionado podría adivinar, sobre todo por las camisetas y el escudo que lucen los jugadores. La calidad de la imagen no admite dudas. De hecho, así lo dice incluso el pie de foto que la acompaña.

Sin embargo, un buen observador, si además conoce suficientemente la historia del Sevilla Fútbol Club, podrá identificar en la misma hasta a tres jugadores del club decano: arriba, de pie, el último por la derecha, Paco Antúnez; abajo, agachados, Juan Arza, nada menos, el primero por la izquierda, y a su lado, Pineda, aquel extremo derecha campeón de Copa en el 48 que, al igual que Antúnez, vino procedente del Betis.

¿Cómo es posible que estos jugadores vistan la elástica madridista? ¿Fueron traspasados por el club de Nervión a los titulares de Chamartín? ¿Quizás la imagen corresponde a algún partido benéfico? ¿O tal vez a un entrenamiento de la selección?

Todas estas preguntas han estado rondando mi cabeza sin respuesta hasta hace bien poco, en que una pequeña biografía sobre nuestro jugador Antúnez, escrita por Martín Benito para MARCA, y fechada el 12 de julio de 1970, ha caido en mis manos.

La historia es verdaderamente fascinante, al menos a mí me lo parece, aunque no sé si este efecto es directamente proporcional al tiempo que he tardado en despejar la incógnita. Sea como fuere, no me resisto a compartirla con todos vosotros.

Tenemos que remontamos al 4 de mayo de 1949, cuando en el campo de Chamartín de la Rosa, está prevista la disputa de un amistoso entre el Real Madrid y el AC Milan.


A falta de competiciones europeas y de fútbol televisado, éstas eran las oportunidades que la afición española de la época tenía de ver a los mejores equipos del mundo, siendo los italianos uno de los más afamados de la época. Su tripleta sueca integrada por Gren, Nordhal y Liedholm, posteriormente subcampeones del mundo en 1958 ante el Brasil de Pelé, arrastraba pasiones ... y campeonatos, tanto que los tiffossi transalpinos llegaron a bautizar a aquella escuadra como la Gre-No-Li, acrónimo construido con las iniciales de este fantástico trío de ases.


Dada la extraordinaria calidad de los milanistas, el todopoderoso Real Madrid consideró que su plantilla no contaba con futbolistas de la categoría necesaria para hacer frente con ciertas garantías a su oponente, así que se dirigió al Sevilla, a sugerencia del Comité asesor, para solicitar la participación de tres de los mejores jugadores españoles del momento, Arza, Pineda y Antúnez, con idea de reforzar su once, y posibilitar que los seleccionadores observaran a los futbolistas nervionenses.

Hubo triunfo de los españoles por un gol a cero.



De los suecos milanistas, sólo se alineó Nordhal, que fue anulado por Antúnez, en un brillantísimo partido del defensa del Fontanal, que le abriría de par en par las puertas de la selección ... y la internacionalidad mundialista en la cita de Brasil de 1950.



Tanto que en el semanario ESPAÑA se publicaría una columna, titulada "Moreno de verde luna, o el Camborio del fútbol español", firmada por Vega Pico, en clara alusión al célebre caso que lanzó al futbolista a la fama, y sobre el que ya nos hemos pronunciado, en los siguientes términos:

El público de Chamartín, arrebatado y delirante, coreaba con olés las intervenciones de Antúnez. Era un homenaje al jugador y también a su condición de sevillano. Porque un olé en un campo de fútbol no puede arrancarlo nadie que no haya nacido entre la filigrana luminosa de la gracia meridional. Se puede jugar bien, incluso de manera brillante y perfecta, y despertar el lógico entusiasmo del espectador. Mas para sacarle de quicio, hasta el extremo que lo hizo Antúnez, es necesario el "duende" lorquiano y la honda gravedad del cante antiguo.

Allí estaba él, "moreno de verde luna", realizando el rito futbolístico de una gitanísima concepción del juego. Literatura y deslizamientos líricos aparte, Antúnez dio una lección balompédica y nos hizo olvidar a "todos" los centrales de esta hora. En primer lugar, supo ocupar su sitio exacto, cubrir el área propia y, al mismo tiempo, no dejar tierra de nadie fuera de su jurisdicción. Antúnez supo defender y atacar. Y poner en práctica una dimensión nueva: la de "la retirada estratégica", que aún no habíamos visto en fútbol. Repliegue ordenado que evita la desbandada, el desastre y las catástrofes logísticas. Nordhal, el nuevo fenómeno mundial, fue casi borrado del campo por Antúnez. Y no se trata de ningún camelo. Es un jugador enorme, sin duda ninguna, pero que se encontró enfrente con otro de parecidas características.

Sin embargo, aquel mismo día, de extrema felicidad para Antúnez, y orgullo para la familia sevillista, acabaría en tragedia. Los máximos rivales deportivos de los milanistas, y el mejor equipo de fútbol de aquellos tiempos, "Il Grande Torino", sufrían una accidente aéreo, pereciendo la totalidad de la plantilla de jugadores del pentacampeón del scudetto, al estrellarse el avión en el que regresaban a casa desde Lisboa contra la cúpula de la Basílica ubicada en el Monte Superga.



La noticia de la tragedia se supo en Madrid, cuando los componentes de ambos conjuntos se encontraban reunidos. Así lo contaba Antúnez:

"Recuerdo que por la noche, aquellos hombres como castillos, los del Milán, lloraban a lágrima viva, destrozados por la muerte de sus compañeros. Algo trágico que no olvidaré jamás, precisamente en el día más gozoso para mí."

Hasta aquí hemos llegado. Parece mentira que un solo día, aquel lejano 4 de mayo de 1949, guarde tantos secretos futbolísticos interconectados de extraña manera. Pero aún hay hueco para un poco más. Muchos sevillistas no sabrán que el mural de Santiago del Campo, que preside el Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, incluye un banderín del Torino, equipo contra el que el Sevilla Fútbol Club no se ha enfrentado jamás. El motivo de que allí aparezca es otro. Responde a un guiño al pasado del propio autor, quien, siendo adolescente, se encontraba en el viejo Nervión para presenciar un partido de categorías inferiores, disputado a los pocos día del suceso de Superga. La consternación era tal entre los aficionados que la respuesta del público nervionense fue ceremonial, impresionante, de contenida emoción, tanto que aquel niño artista quedó vivamente impresionado, y años después dispuso, por voluntad propia, dejar rastro de ese recuerdo en su magna obra cerámica, como tributo a aquellos deportistas.


Retazos de la intrahistoria del Sevilla Fútbol Club.

domingo, 11 de abril de 2010

¡Viva el Sevilla vivo!


Ordenando recortes y recuerdos sevillistas de los muchos que uno conserva, cual Discóbolo cualquiera, he encontrado entre los pliegues de un libro, una página -nº 68- amputada al ABC de Sevilla del Miércoles 30 de agosto de 1995, que seguramente guardaría por lo que me emocionó y porque estábamos haciendo historia, dura, pero Historia al fin y al cabo.

El texto es obra no de ningún periodista o escritor del momento. Está escrito con el corazón de uno de esos grandes sevillistas que se fue al cielo sin haber paladeado las mieles de los éxitos ex Eindhoven. Ni más ni menos que Don Antonio Leal Graciani. El título de la columna lo dice todo. Os animo a la reflexión.



¡VIVA EL SEVILLA VIVO!

Yo estuve allí aquella noche triste. Y éramos pocos para lo que la situación demandaba, intentando con un tirachinas detener al dragón con once cabezas (la "Fiera Pútrida"), que quería devorar a nuestro club.

Rogelio, con su corazón más recto que su espalda; José, viendo desmoronarse su castillo; Felipe, llorando como su hijo de 9 años; "El Cani", gordos sus negros augurios; Rosendo, bálsamo viajero para el patrimonio más importante del club, varado en Chiclana; Manolo, ofreciendo su mente, porque cuerpo no tenía. Los empleados, fieles como sonámbulos. Pepe Álvarez y Manuel Pérez Giráldez...

En pleno marasmo surge Eduardo Romero. El tirachinas lo convierte en un cañón del 15, que toca al dragón. Pide las coordenadas a Del Nido en la distancia, traducidas por Luis Marín sobre el terreno, larga otra andanada que el dragón recibe en el costado... Se detiene, amenazante, siniestro, pero sorprendido de que lo que presumía hecho no va a ser tan fácil.

No hay más que hacer allí. Salgo del estadio y allí me encuentro con el alma del Sevilla, lo que da vida a este club, adolescentes la mayoría, estupefactos todos, clamando venganza la mayoría, llorando todos, porque aunque algunos no lo hicieran con los ojos, todos lloraban con su corazón sevillista.

No hay noche más larga que la que no concede descanso. El magnífico trabajo informativo del "Súper-García" deja las espadas en el aire. No hay reposo, sólo angustia con predominio de manducas negras y porvenir incierto.

Amanece. Cómo no estaré que en mi soledad hasta he fregado cocina. Vuelvo al club. Siguen las masas expectantes. Empiezan a llegar efectivos en la lucha contra la fiera. Rosendo es secretario, mánager, telefonista, receptor de todo lo que, como una ametralladora, retransmite la guapa Mari Carmen: Gobierno Civil, Ayuntamiento, Junta de Andalucía (y hago referencia al señor Rodríguez de la Borbolla, que es pionero de los sevillanos hoy sin color, de los buenos verderones que se adhieren a la lucha).

Fenomenal Bretón. Vibrante Arenas, colaboradora al máximo Rubiales, indignado Don Antonio Calderón. Emprendedor Escobar. Llameante y vengador Cirera. Todos, todos. Toda Sevilla.

Marcho a Chiclana: Sombrerazo para nuestra plantilla de profesionales. Con su porvenir económico-deportivo en el aire no he escuchado ni una nota histérica ni frase altisonante. Se han jugado el físico en cada entrenamiento y partido (una rodilla se rompe en un giro impensado) sin tener nada asegurado. Tranquilo sevillismo que aquí hay hombres.

En Chiclana están los Biris... Señores, punto y aparte. Si antes aludí al alma del Sevilla, ellos desbordan esa vitalidad "hasta la muerte". Jóvenes, incansables, entrañables, guapas las muchísimas chicas que integran esta legión invencible del sevillismo.

Mientras, las peñas movilizan Sevilla y se nota el poder de convocatoria que tiene una causa justa ante un atropello infinito. No se puede apisonar a los "tocados" por Dios cuando intenta hacer el ser perfecto: español, andaluz, sevillano y sevillista.

Miles de ellos se arremolinan en una masa impresionante que clama por un ideal roto de forma brusca, insólita, sorprendente.

Si la decisión del castigo fue una bomba, la respuesta que da Sevilla es de las nucleares, estalla a altos niveles y provoca la mayor crisis de la historia del fútbol español.

Días de angustia por la decisión de un partido que tiene un favorito claro, pero donde puede haber "malaje".

Al final asistimos a la larguísima reconversión de la "Fiera Pútrida" en el "Príncipe Encantado". Todo en su sitio, incómodo pero en su sitio. (Por cierto, señor Lopera: Gracias, muchas gracias por su postura, pero no se equivoque. Tambén había champán y cohetes en esta ocasión si el fallo es al contrario, porque minorías radicales las hay en todas partes).

El sevillismo nunca había sufrido situaciones alarmantemente peligrosas para su supervivencia, pero cuando lo ha sentido en sus entretelas "han salido sevillistas hasta debajo de las piedras". Frase suscrita por Suker.

Y llega el día después. Hay que aspirar a ser un Ave Fénix, que de las cenizas actuales remonte el vuelo hasta la altura que se merece este bendito club que auna tanto sentimiento.

Para ello es preciso hacerlo con garantía. El consejo se ha ido. Bien, han cometido un error y deben pagarlo, pero no olvidemos que estos señores son tan sevillistas como los demás y no se debe condenar al infierno este importante patrimonio del club. El sevillismo tiene que ser generoso, nunca rencoroso. Dejemos pasar su particular purgatorio a estos señores, que siempore serán útiles al Sevilla. No olvidemos que "el mejor médico es el que menos se equivoca".

Ahora vendrán tiempos difíciles a corto plazo y no me refiero al tema económico. Nos pasarán factura por el terremoto que hemos desencadenado. Necesitamos defensa en las alturas. Alianzas con los amigos, diplomacia con los que no lo sean. Hombre con inteligencia, personalidad y vocación de modernos empresarios.

Antena 3 es gratificante haya apostado por nuestro club. sería una gran caja de resonancia y defensa de desagravios.

De todas formas, no hay que olvidar que fue su alma, en forma de afición, la que salvó al club: ¿por qué no hacer una consulta en forma de encuesta entre todo aquel que acredite documentalmente su condición de accionista minoritario o abonado del club? Dos preguntas concretas: 1.ª. ¿Quién es su candidato a presidir el Consejo de Administración del Sevilla F.C.? 2.ª. ¿Le aportaría alguna sugerencia para el bien del club? Me gustaría que hubiera más de 40.000 consultas. (Hay que abonarse señores). Que Dios reparta suerte. Y repito el principio: ¡Viva el Sevilla vivo!

martes, 6 de abril de 2010

El expreso de la muerte


Aunque algunos que todos conocemos pretenden apropiarse del fatalismo trágico del ser andaluz, si es que eso existe, no ha habido club en Andalucía más castigado por tragedias y desgracias, de las de verdad, sin sombras de leyendas novelescas, que el más grande de todos ellos, el Sevilla Fútbol Club.

Aún tenemos todos los sevillistas muy fresco en la memoria el recuerdo de la pérdida del gran Antonio Puerta, símbolo de tantas cosas, en plena juventud.




Pero podríamos igualmente acordarnos del fallecimiento, cuando sus facultades estaban en el punto más alto de sus trayectorias vitales, de otras no menos señeras figuras de la casa blanca:

Dirigentes como Paco Alba, José Manuel Puelles de los Santos y Ramón Sánchez-Pizjuán.

Y jugadores en activo como Juan Tornero, Enrique Gómez “Spencer” y Pedro Berruezo, entre otros.

Podríamos hablar también, aunque en esto la cuota parte correspondiente a los sevillistas sea equiparable a la de cualquier otro club, de lesiones malditas que se llevaron por delante carreras deportivas esplendorosas como las que, a título de ejemplo, se adivinaban a los Herminio, Enrique Montero, Santi o, Dios quiera que me equivoque, Sergio Sánchez.


Hasta aquí las pruebas de algunas crueldades del destino, dramas humanos por encima de cualquier otra cosa, pero quién sabe si también espita para la pérdida de una grandeza deportiva enterrada para siempre.

Con todo lo que ya hemos dicho, no es todo sin embargo.

Aún queda más.

Y hoy nos referiremos a uno de los capítulos más tristes dentro de la biografía sevillista, funesto contrapunto para uno de sus más ansiados logros deportivos.

Ocurrió hace algo más de setenta y cinco años.

Fue durante la temporada futbolística 1933-34, que significaría para el Sevilla Fútbol Club la alegría de su primer ascenso a la Primera División, categoría en la que, por historia y por méritos deportivos, le correspondía haber militado desde tiempo atrás.

Recordemos brevemente que cuando se crea la Liga, para el curso 1928-29, se decide que participen en la Primera División los equipos que habían resultado campeones y subcampeones de Copa en alguna ocasión.

Como hemos referido anteriormente en este blog, el Sevilla Fútbol Club fue privado administrativamente de disputar la final del Campeonato de España de 1921, lo que amén de un título más que posible para sus vitrinas, le supuso también no figurar en la lista inicial de clubes elegidos para el estreno liguero en la máxima categoría.

Como quiera que los campeones y subcampeones de España alcanzaban tan solo nueve de las diez plazas previstas para la división de honor, se disputaron unas eliminatorias entre el resto de aspirantes nacionales de las que resultaron finalistas el Sevilla y el Racing de Santander, siendo para los cántabros el honor de ocupar el puesto, tras un doble enfrentamiento con saldo mínimo favorable a los cántabros.

Tras aquella enorme desilusión, los sevillistas reaccionaron orgullosamente, alzándose con el primer campeonato de Liga de Segunda División, título que, aunque en justicia debía haberles reportado el ascenso automático a la división de honor, sólo les pasaportó para una promoción.

Efectivamente, aquel año de 1929, por primera y única vez en toda la historia de la competición, el campeón de Segunda División no ascendió automáticamente de categoría, siendo obligado a disputar una eliminatoria con el último clasificado de Primera. Éste resultó ser nuevamente el Racing santanderino, que al igual que un año atrás, salió otra vez triunfante, condenando a los sevillistas a permanecer en Segunda División.

En las temporadas siguientes el club blanco no levantaría cabeza, viéndose sumido en una agudísima crisis deportiva, económica y social, sin duda, la más importante de su historia, junto a la de agosto de 1995.

En lo deportivo, el equipo sufrió la pérdida de Spencer, que como hemos dicho antes, falleció a los veintiocho años de edad, cuando era reconocido como el mejor futbolista de Andalucía y uno de los mejores de España.

Asimismo, se produjo la retirada de sus máximas figuras de los felices veinte, Herminio, Kinké, Ocaña, Rey y Brand, todo ello en pleno auge del profesionalismo, cuando el talonario empezaba de verdad a ser necesario para poder aspirar a los retos deportivos. De hecho, la propia creación de la Liga se justificaba como competición para generar ingresos de taquilla con los que pagar los sueldos de los futbolistas profesionales.

En lo económico, las arcas sevillistas se encontraban en una situación crítica, que venía marcada principalmente por el gasto de la compra de los terrenos de Nervión, que costaron un verdadero dineral, nada menos que 200.000 pesetas de la época, que el club hubo de sufragar sin ayuda externa de ningún tipo.

A ello se unió luego el coste por los fichajes de Campanal, Gual y sobre todo, los internacionales españolistas Vantolrá y Padrón, primerísimas figuras del balompié nacional con las que se esperaba dar el salto a la Primera División y que, sin embargo, ofrecieron una escasísima renta deportiva, de forma que resultó una auténtica odisea amortizar su inversión.

En lo institucional, tras la muerte de Paco Alba y el ostracismo obligado de otro grandísimo Presidente, como lo fue el Barón de Gracia Real, se avecinarían la triste pérdida del médico de la entidad, José Manuel Puelles de los Santos, fusilado en los primeros días el alzamiento golpista del 36, así como el exilio forzoso en Argentina de quien fuera Presidente de la entidad, Manuel Blasco Garzón.

La moral del aficionado sevillista estaba en uno de sus peores momentos, y a ello contribuía lógicamente que el eterno rival estaba viviendo su etapa deportiva más álgida gracias al talonario de su Presidente-mecenas Ignacio Sánchez Mejías, lo que propiciaría su ascenso en 1932 y un subcampeonato copero en 1931, gracias a su política de fichajes vascongados, como Unamuno, Larrinoa, Areso, Aedo, Lekue o Urkiaga, futuros campeones de Liga en 1935.

Todo lo cual llegó a provocar un amago de cisma institucional entre la élite sevillista que gobernaba de facto el club, la aristocrática Peña Sevillista de la calle General Polavieja, frente a la más popular Agrupación Sevillista de calle Tetuán, que sólo pudo ser resuelto diplomáticamente por el nuevo Presidente Ramón Sánchez-Pizjuán.

Precisamente Sánchez-Pizjuán, en una interesantísima entrevista concedida a Blanco y Negro en los preliminares de la temporada 1933-34, se refería a la situación actual del fútbol sevillano y del Sevilla Fútbol Club, en los siguientes términos:




El equipo fue adiestrado por la mano sabia de Ramón Encinas, se había reforzado aquel año con los fichajes de Euskalduna, Espinosa de los Monteros, Segura y el canterano Alcázar, y la afición respondía como siempre, en los momentos difíciles.



Tras una magnífica trayectoria plena de regularidad, se consiguió la oficialidad del ascenso con una victoria fuera de casa ante su más enconado rival por el objetivo, el Atlético de Madrid.




La cita tuvo lugar el 18 de febrero de 1934, en el estadio madrileño de Vallecas, desplazándose para la ocasión un buen número de aficionados que querían acompañar al equipo en tan singulares circunstancias.

Se trataba del primer desplazamiento masivo de seguidores del club decano, razón por la cual se fletaría un tren especial a la capital de España, pensando en dar servicio a las numerosas peticiones que había para viajar.


El partido concluyó con victoria blanca por dos tantos a uno, haciendo Campanal el gol del triunfo. La alineación sevillista estuvo integrada por Eizaguirre; Euskalduna y Deva, Alcázar, Segura y Fede; Tejada, Torróntegui, Campanal, Tache y Caro.

El entusiasmo entre los expedicionarios y la afición era enorme, por fin se alcanzaba la división de honor y podía pensarse en remontar el vuelo.

Sin embargo, el drama estaba a la vuelta de la esquina.

El tren especial con los seguidores blancos que viajaba de vuelta a Sevilla chocaría brutalmente con el expreso de Andalucía que se dirigía a Madrid entre las estaciones de Andújar y Villanueva de la Reina, con un fatídico desenlace de diez muertos y más de cuarenta heridos.

Las imágenes del accidente, según se aprecia en este fantástico reportaje de Crónica, son aún hoy estremecedoras.



El Sevilla Fútbol Club suspendió todas las actividades previstas para festejar el éxito deportivo, decretándose oficialmente el luto en la entidad.

Y al domingo siguiente, cuando los jugadores saltaban al campo de Nervión para posar como flamante nuevo equipo de Primera y campeones de la categoría de plata, portaban brazaletes negros en señal de duelo y como homenaje a las víctimas de la tragedia, primeros mártires del sevillismo.



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