lunes, 29 de marzo de 2010

El precio de la infidelidad


Os dejo el enlace con mi última colaboración para Columnas Blancas, que podéis leer haciendo click aquí.

Asimismo os invito a dejar vuestros comentarios.

viernes, 26 de marzo de 2010

Ser, estar y parecer


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jueves, 25 de marzo de 2010

El hecho histórico y su contexto

Dedicado a quienes se pierden en batallitas de fechas y no quieren (o no saben) profundizar en la Historia


Decía Hegel (que no era precisamente el "señor" de la foto) que “los hechos históricos sólo tienen un relieve, una significación, cuando se los pone en relación con un algo general y a través de su entronque con ello; tener ante los ojos este algo general es, por tanto, comprender la significación de los hechos en la historia.”

El contexto

El siglo XIX se abre y se cierra con dos guerras dispares que aniquilarán España material y moralmente.

La Guerra de la Independencia fue especialmente devastadora en su atipicidad, al carecer de un frente de combate definido, lo que hacía que se librase todos los días y en todas partes, extendiéndose a lo largo de todo el territorio nacional, exceptuando Cádiz, y con la participación tanto de fuerzas militares como civiles, lo que hizo que el número de víctimas mortales se disparase, calculándose en un millón aproximadamente las bajas, para una población total cercana a los doce millones de habitantes.

España, que ya antes del conflicto con los franceses estaba escasamente industrializada, veía como además sus campos quedaban literalmente arrasados a causa de la guerra, resintiéndose con ello, de forma aguda, las fuentes primarias de riqueza, que seguían siendo la ganadería y la agricultura.

Para la recuperación económica del estado, no hubo más remedio que practicar una política de aperturismo hacia el exterior, en busca de capitales extranjeros que permitieran la reactivación de la incipiente industria y la imprescindible vertebración del país, atrayendo la inversión de las potencias europeas más desarrolladas, principalmente Gran Bretaña y Alemania.

Se produjeron notables reformas legislativas que facilitaron la entrada de capitales foráneos en sectores clave de la economía como la minería, el transporte e incluso las finanzas. Se normalizaron las comunicaciones marítimas con el continente y las Islas Británicas, y el país comenzó a salir de su secular aislamiento.

Es en esta época cuando surgen los Altos Hornos de Vizcaya y las primeras industrias textiles de Cataluña, y también cuando comienza a ser constante el flujo de expatriados que se establecen en España como representantes o empleados de compañías forasteras, o incluso como titulares directos de compañías mercantiles radicadas en nuestro país.

En Andalucía, florece la industria del vino en la comarca de Jerez, así como las explotaciones mineras en Linares y La Carolina, el norte de la provincia de Sevilla y en las onubenses Tharsis y Riotinto. En todos estos casos, el desarrollo industrial se debe a la inversión extranjera, que se nutre de la materia prima local para su exportación o la utiliza en nuestro país para la elaboración de productos de consumo en el exterior.

Todos estos extranjeros serán los primeros protagonistas del movimiento deportivo allá donde se establecen, por condicionantes sociales principalmente, pues en su mayoría pertenecen a esa alta burguesía, heredera de la Revolución Industrial, que empieza en estos tiempos a interesarse por el deporte como actividad idónea para ocupar sus ratos de ocio, siguiendo las últimas tendencias pedagógicas de las escuelas elitistas en que se han educado.

Empieza a acuñarse el término “sportsmen” para definir a estos aficionados, interesados por cualquier modalidad deportiva, aunque aún falta un elemento decisivo para su arraigo a nivel local. Es necesario un tiempo para que en los jóvenes españoles que han acudido al extranjero a formarse cale el gusto por el deporte, y sobre todo, es fundamental para ello que surja el sentimiento regeneracionista, la idea de la recuperación de la raza, mediante los métodos saludables e higiénicos que brinda la educación física y el deporte.

Esto sucederá, principalmente, a raíz de la guerra finisecular con los Estados Unidos y la pérdida definitiva de las colonias. Será entonces cuando los jóvenes españoles de ideas europeizantes, influidos por la intelectualidad del país, y comprometidos con la salvación de la patria, verán en el deporte el vehículo más adecuado para sus propósitos.

El hecho histórico

Acción: Ejercicio de la posibilidad de hacer.

El 14 de octubre de 1.905 culmina el largo proceso fundacional del “Sevilla Football Club”.

La entidad nace impregnada del espíritu regeneracionista de sus socios, mayoritariamente jóvenes españoles que se han formado en el extranjero y que están influenciados por las más modernas corrientes de pensamiento europeas que ven en el deporte –y en el fútbol- el vehículo ideal para la recuperación del país, mediante la mejora de la salud y la higiene de la juventud.

Este objetivo aperturista y social se plasma en los primeros estatutos de la entidad e inspira el discurso fundacional de su primer Presidente, José Luis Gallegos Arnosa: “Todos los hombres de cualquier condición social, ideas políticas o religiosas, tendrán aquí cabida…”

A falta de rivales, el club se vuelca en los primeros años de su vida en tareas formativas y benéficas.

Reacción: Acción que resiste o se opone a otra acción, obrando en sentido contrario a ella.

En 1.909 aparece en escena el Sevilla Balompié, club integrado por estudiantes militares de la Academia Politécnica que se forma con el propósito de oponerse deportiva e ideológicamente al Sevilla Football Club, enarbolando la bandera de la tradición y del gusto por “lo español”, frente a la modernidad, el progreso y el ideal europeísta que propugnaban y representaban los jóvenes del seguidores del club decano. Su composición humana, denominación social, colores de su indumentaria y escudo iniciales delatan sin ninguna posibilidad de duda esta finalidad reactiva.

martes, 23 de marzo de 2010

Los protosevillistas del XIX: un capítulo olvidado en la historia del fútbol español

Entre finales de 1.889 y principios de 1.890, un grupo de británicos y de sevillanos con ascendencia extranjera formaron el “Sevilla Football Club”, el primer club de fútbol de España. El 8 de marzo de 1.890 se disputa el primer partido de fútbol-asociación en nuestro país, organizado por el club sevillano, en las instalaciones del Hipódromo de Tablada, en Sevilla. El rival fue el “Huelva Recreation Club”, entidad creada por los empleados de la compañía minera “The Riotinto Company Ltd.” En los años siguientes, ambas entidades protagonizaron una serie de encuentros amistosos, hasta que el club sevillano languidece por causas desconocidas.

[1]

La historia del Sevilla Fútbol Club se inicia al mismo tiempo que la del fútbol sevillano ... y la del fútbol español. La razón es bien sencilla: la primera noticia escrita sobre la práctica del fútbol-asociación en suelo hispano (e hispalense) es también la primera noticia pública de una entidad denominada “Sevilla Football Club”.

El periódico “La Provincia” de Huelva, en su edición del 28 de febrero de 1.890, recoge la transcripción literal de una carta remitida por el Secretario del “Sevilla Football Club” a su homólogo del “Huelva Recreation Club”, invitando a los socios de esta entidad a la disputa de una partida de fútbol, bajo las reglas de la Asociación (“under Association Rules”), en la capital sevillana.

Sevilla, 25 th February 1890
E.W. Palin Esqr.
Huelva
Dear Sir.
Your name has been handed to
us by Mr. Henderson as the Secretary
of the “Huelva Recreation Club”.
As probably you have heard we have
recently started a Football Club here,
and it has been proposed to ask the
members of your Club to visit Sevilla
and take part in a friendly match with
us under Association Rules.
If it would be convenient for you to
come on Saturday 8 th March, that date
would suit us.
We would propose that the match
commence about 5 p.m. so as to take
advantage of the cool of the evening
and that afterwards your team should
dine and spend the evening whit us.
Awaiting your reply,
I remain
Yours faithfully
Isaías White J.
Sevilla 25 de Febrero de 1890.
EW.Palin Esqr.
Huelva

Su traducción al español sería la siguiente:

Sevilla, 25 de febrero de 1890.
E.W. Palin Esqr.
Huelva,

Estimado señor.
Su nombre como Secretario del Club Recreativo de Huelva nos ha sido proporcionado por el Sr. Henderson.
Como probablemente usted sabe, hemos creado recientemente un Club de Fútbol aquí y se ha propuesto pedir a los miembros de su club visitar Sevilla y tomar parte en un partido de fútbol amistoso con nosotros bajo las reglas de la Federación.
Si fuera conveniente para ustedes el sábado 8 de marzo, esta fecha sería adecuada para nosotros.
Les propondríamos que el partido comience sobre las 5 p.m. con objeto de adelantarnos al frío de la noche y que posteriormente su equipo pueda cenar y pasar la noche con nosotros.
A la espera de su respuesta.
Quedo.
Suyo atentamente.
Isaías White J.”

Sabemos que el remitente es el Secretario del “Sevilla Football Club” porque la publicación de la carta en “La Provincia” viene precedida por un encabezamiento redactado por el Secretario del “Huelva Recreation Club”, E.W. Palin, que literalmente así lo recoge:

Huelva Recreation Club
----
The following letter has been recei-
ved from the Secretary of the Sevilla
Foot-ball Club.

Es decir:

“Huelva Recreation Club
La siguiente carta se ha recibido del Secretario del Sevilla Foot-ball Club.”

[2]

Por el mismo periódico “La Provincia” de Huelva podemos datar también la creación del “Huelva Recreation Club”.

Concretamente, en la edición del 20 de diciembre de 1.889, se alude a una reunión (“meeting”) celebrada el miércoles anterior, día 18 de diciembre, para la formación del club, con designación de una Junta Directiva provisional.

Posteriormente, en las páginas del ejemplar publicado el sábado 28 de diciembre de 1.889, encontramos una copia del acta de una asamblea celebrada el día 23 del mismo mes, en la que son elegidos definitivamente los miembros honoríficos y efectivos de su Junta Directiva.

En el primer extracto periodístico comentado se cita expresamente como objeto de la sociedad “hacer excursiones a los pueblos de la provincia, fomentar el Sport, dar veladas musicales, bailes, etc.” y en el segundo, se hace referencia literal a la práctica del “Lawn Tennis” y de “varios Sports Atléticos”, sin mayor especificación.

En ninguna de las reseñas citadas encontramos mención alguna al football como actividad propia del “Huelva Recreation Club”, mucho menos al fútbol-asociación, lo que no quita que los socios de la entidad onubense pudieran conocerlo y practicarlo. Falta, sin embargo, la evidencia escrita que lo confirme, que llegará con posterioridad a la publicación de la carta del Secretario del club sevillano. Efectivamente, la “Guía de Huelva y su Provincia” de Gómez Zarzuela, publicada en 1.891, pero referida a 1.890, es el primer texto que recoge el football como actividad desarrollada por el “Huelva Recreation Club”, haciéndose eco de los partidos disputados por la entidad onubense contra el Sevilla Football Club.

No existe por tanto prueba alguna que acredite la práctica del fútbol-asociación por el club recreativo antes de la invitación cursada por el Sevilla Football Club.

[3]

De unos veinte años atrás es la primera aparición de la palabra football en un medio de comunicación español.

Será el periódico jerezano “El Porvenir”, fechado el 1 de noviembre de 1.870, donde se recoja el siguiente párrafo:

Sabemos que hoy se jugará
una partida de Cricket, en el sitio
inmediato al hipódromo, cuyo es-
pectáculo comenzará a las doce en
punto de la mañana.

Por la tarde gozarán los aficio-
nados á porrazos
de un rato de
Football.

Debido a la antigüedad de la fuente periodística, el uso del término football a secas y la referencia a “los aficionados a porrazos”, cabe cuestionarse si el deporte practicado en Jerez de la Frontera a que se refiere “El Porvenir” era fútbol-asociación (el verdadero fútbol, tal y como hoy lo conocemos) o fútbol-rugby.

Hay que tener en cuenta que cuando se publica esa reseña sólo han transcurrido siete años desde la célebre reunión de la Freemasons’ Tavern de Londres, de la que surge la “Football Association” (Federación Inglesa de Fútbol) y la distinción oficial entre ambas modalidades deportivas, consagrada mediante la aprobación del primer código del juego, las “FA rules” (reglas de la Asociación), inspiradas casi exclusivamente en el reglamento de la Universidad de Cambridge. Este complejo origen del primitivo football va a propiciar una confusión entre ambas modalidades deportivas que será norma común hasta bien entrado el siglo XX, según podemos apreciar en diversas crónicas periodísticas.

Por otro lado, tanto el fútbol-asociación como el fútbol-rugby son percibidos por la sociedad española del momento como actividades violentas y peligrosas, por lo que la alusión a los “porrazos” tampoco resulta determinante para calificarlo como fútbol-rugby, y descartar que se tratase de fútbol-asociación.

Lo dicho respecto al football en Jerez de la Frontera puede extrapolarse a otras citas sobre juegos de pelota que quieren utilizarse para reivindicar el origen territorial del fútbol español, en zonas como Riotinto y otras localidades españolas. Podrá discutirse si estamos hablando de fútbol o de rugby, incluso de algún otro juego de pelota, pero en todos los casos falta, por el momento, la certeza de que se trate de fútbol strictu sensu, es decir, fútbol practicado bajo las reglas de la Federación inglesa.

[4]

Volviendo a la carta redactada por el Secretario del Club de Fútbol de Sevilla, hemos de detenernos un buen rato en la misma, debido a su gran valor histórico, y a la cantidad de datos relevantes que expresa e implícitamente nos proporciona.

El primero de ellos ya se ha comentado, y es la alusión a un desafío para celebrar un partido de fútbol “under Association rules”, esto es, bajo las reglas de la “Football Association” inglesa, lo que certifica que estamos hablando de fútbol en sentido propio, descartándose el rugby o juegos similares.

La carta de Isaias White J. es el primer documento relativo al fútbol-asociación en España, y tiene su origen en Sevilla.

Su autor es un directivo de la entidad antecesora (si no es la misma) del Sevilla Fútbol Club.

Y esto será así, con la contundencia que arrojan los datos escritos, hasta que se descubra otro documento más antiguo sobre el fútbol asociado en España.

Un segundo dato enormemente trascendente es la denominación de la entidad remitente, que coincide punto por punto con la denominación histórica del actual Sevilla Fútbol Club, SAD.

Como se ha dicho, es en este documento donde aparecen juntos por primera vez los vocablos “Sevilla”, “Football” y “Club”, que definen la procedencia de la institución, su objeto único o principal, y la naturaleza jurídica del ente asociativo elegido por sus integrantes para desarrollar sus actividades.

Se utiliza el nombre de la ciudad en español, “Sevilla” en lugar de en inglés “Seville”, lo que denota que estamos ante la razón social del club, enfatizando asimismo el carácter autóctono de la institución.

En Sevilla residían o tenían sus negocios la mayoría de sus componentes. Por ejemplo, el médico gibraltareño John Sidney Langdon, el comerciante de metales John Henderson, que aparece en la carta como la persona que habría facilitado el contacto entre Palin y White, el agente comercial Edwin Plews, como representante de Marshall, fabricante de maquinaria agrícola, o el escocés Mackandrew, miembro de la famosa naviera que aún hoy existe, y que exportaba naranjas amargas de la huerta sevillana hacia el Reino Unido.

Y de Sevilla eran naturales también algunos socios, pese a que sus apellidos pudieran hacer pensar otra cosa, empezando por el propio Secretario, Isaias White J., cuyo segundo apellido era Méndez, así como los hermanos Jorge y Carlos Welton Niño y probablemente Merry Ponce de León, este último descendiente de irlandeses.

Adicionalmente, la entidad se define como club de “Football”, dando preponderancia en su mismo nombre a la actividad que justifica su nacimiento, separándose de aquellas otras en las que priman diferentes disciplinas deportivas como el atletismo (“athletic club”), la gimnasia (“gymnastic clubs”), el remo (“rowing club”) o las carreras (“racing club”), el ciclismo (“cycling club”) o incluso el deporte en general (“sporting club”). El ejemplo más claro de ello es el vecino “Huelva Recreation Club”, cuya denominación recoge a la perfección el objetivo para el que inicialmente fue constituida, según hemos visto anteriormente, la diversión y esparcimiento de sus socios con excursiones, bailes, veladas y juegos atléticos.

En este sentido, no hay que olvidar que estamos en una época que acaba de estrenar el asociacionismo como derecho constitucional en España, donde hasta hacía muy poco tiempo estaba perseguido incluso penalmente, gracias al denominado Decreto Sagasta, y en la que, por ejemplo, para las compañías mercantiles estaba vedada la utilización de una denominación social de fantasía (desde el punto de vista técnico-jurídico, una denominación de fantasía es aquella que no responde al nombre de los socios –denominación subjetiva- ni a la enumeración de una o varias actividades económicas –denominación objetiva strictu sensu-), por lo que el nombre de una organización decía mucho de las actividades de sus miembros, de hecho, debía “decirlo todo”, por lo que venía a constituir algo así como el ADN de la entidad.

Por último, la denominación del equipo sevillano confirma igualmente que la entidad había adoptado la forma asociativa genuinamente británica de “Club”.

En ello se evidencia la procedencia inglesa del football –y de la mayoría de los deportes que empiezan a practicarse en esta época-, que justifica y condiciona múltiples aspectos, como la vestimenta o la terminología del juego, y el hecho de que los colectivos de aficionados interesados en su práctica se agrupen bajo el mismo formato societario que lo hacían los equipos ingleses.

El término inglés de “club”, con significado tan familiar para los británicos, era escasamente conocido en la Sevilla del último cuarto del siglo XIX. Los primeros clubes de “sport” de Sevilla empiezan a aparecer justamente en este momento, aunque vinculados a clases económicas pudientes y a prácticas deportivas como el automovilismo, ciclismo, carreras de caballos, remo, etc., según puede apreciarse en las Guías Gómez-Zarzuela (la oficiosa “Guía de Sevilla y su provincia”).

El concepto de “club” era atípico dentro del ordenamiento jurídico español, incardinable a duras penas en la recientísima Ley de Asociaciones de 1.887. Los clubes de “sport”, conforme a la tradición legal inglesa, eran sociedades sin ánimo de lucro (“non-profit corporation”), integradas por socios practicantes de los juegos organizados por la entidad. Estos socios adoptaban decisiones en asambleas, y confiaban el gobierno de la institución a una junta directiva, compuesta por lo general de un Presidente, un Secretario y diversos Vocales, además de otros posibles cargos honoríficos. Así sucedía con el “Huelva Recreation Club”, que tenía originariamente dos Presidentes efectivos, D. Carlos Adam y D. Pedro N. de Soto, y un Secretario, E.W. Palin, además de diversos Presidentes Honoríficos, fundamentalmente autoridades locales.

No conocemos hasta ahora más que el nombre del Secretario del club sevillano, Isaías White J., pero existiendo este cargo, es evidente que debía haber también un Presidente y que la constitución de este club debió producirse en forma esencialmente parecida a la de su vecino onubense, toda vez que los miembros de ambas instituciones procedían de una misma cultura y tenían un rango social semejante, por lo que habían de compartir un mismo entendimiento de lo que significaba crear un “club”.

Por consiguiente, quienes se enfrentaron al “Huelva Recreation Club” el 8 de marzo de 1.890 en la Dehesa de Tablada, y en los partidos que le siguieron, no eran una selección improvisada de ingleses residentes en Sevilla, como se había venido manteniendo tradicionalmente hasta ahora, sino un verdadero club de football, como cualquier otro de cualquier otra disciplina de los que empezaban a funcionar entonces.

Un tercer aspecto que también merece ser destacado tiene que ver con la debida ubicación histórica de la entidad, y es su fecha fundacional, sobre la que existe una mención expresa en la carta de White. Se dice concretamente “as probably you have heard we have recently started a Football Club here…”, es decir, “como probablemente usted ya sabe, hemos creado recientemente un Club de Fútbol aquí...”, lo que sitúa el momento de la formación del club en fechas cercanas a la de la carta, es decir, antes del 25 de febrero de 1.890, a principios de este año o finales de 1.889. Adicionalmente, se reconoce una cierta notoriedad a la existencia del club sevillano, por cuanto se asume que en Huelva ya se tenía conocimiento de ello (“as probably you have heard …”, “como probablemente usted ya ha oído …”).

En definitiva, y de acuerdo con los datos y evidencias hallados, parece indudable que el club sevillano “existió”, que no era meramente un grupo de ingleses afincados en la ciudad, sino un club como podía serlo cualquier otro de su tiempo. El Vice-cónsul inglés de Sevilla, Edward Johnson, tuvo un papel destacado en los primeros avatares de la sociedad, actuando como juez en los partidos disputados contra los onubenses y participando activamente en sus celebraciones. Esta circunstancia, unida a que los socios de la entidad eran reconocidos personajes de la ciudad, a que los encuentros celebrados en Sevilla se disputaron en un escenario muy relevante, como eran las instalaciones hípicas de la Sociedad de Carreras de Caballos de Sevilla, en la Dehesa de Tablada, con estrecha vinculación con la alta sociedad sevillana y sus autoridades, y al seguimiento realizado por diversos periódicos a aquellos eventos deportivos, descarta cualquier atisbo de informalidad, clandestinidad o ilicitud en aquel “Sevilla Football Club”.

Por lo tanto, es incuestionable la realidad histórica de este “Sevilla Foot-Ball Club” de 1.890. Y es incuestionable aunque no tengamos constancia de que la entidad completase los trámites de su constitución (ni de su disolución) con arreglo a la Ley de Asociaciones de 1.887. Pero ello no es de extrañar, habida cuenta, en primer lugar, que tampoco las demás sociedades que afirman haberse constituido contemporáneamente a este “Sevilla Football Club” pueden acreditar su inscripción en el Gobierno Civil y además, en segundo lugar, porque el incendio habido en la sede de esta institución en Sevilla en el año 1906 se llevó todos los archivos anteriores a esa fecha.

[5]

El reconocimiento del valor histórico de este “Sevilla Football Club” no puede demorarse más, so pena de ignorar los verdaderos orígenes del fútbol asociación en España. Corresponde al “Sevilla Football Club” de 1.890 un lugar preeminente en la Historia, un estatus, como mínimo, del mismo nivel que hoy se le reconoce al “Huelva Recreation Club”, con más justificación si cabe, al ser los sevillanos verdaderos iniciadores de la práctica de este deporte en nuestro país. Esta realidad no puede verse cercenada o marginada por intereses partidistas ni por circunstancias tenidas por ciertas desde antiguo, que hoy devienen claramente insostenibles. Si aquel “Sevilla Football Club” de 1890 y el actual Sevilla Fútbol Club tienen alguna ligazón jurídica, más allá de la meramente histórica, eso está por ver. El tiempo y el resultado de las investigaciones que siguen abiertas nos lo dirán. Pero si algo hemos de pedir, por dignidad y por respeto, es que no se castigue la memoria de aquellos ancestrales deportistas sevillanos –White, Welton, Maccoll, Mackandrew, … - por cuitas que no hacen honor a la herencia tan maravillosa que nos dejaron: gozar un deporte que nos apasiona como pocas cosas en la vida 120 años después.

Por Enrique Lavid

domingo, 21 de marzo de 2010

El gallego sabio


Si en alguna figura podía personalizarse el éxito sin precedentes alcanzado por el Sevilla F.C. en la temporada 1945-46, la del título de Liga, ésa era, sin duda, por encima de cualquier otra, su entrenador, Ramón Encinas Dios, un pontevedrés largamente vinculado al club de Nervión, para quien prestaría sus servicios hasta en cuatro etapas diferenciadas, como entrenador y como manager.

No hay más que echar un vistazo a la prensa del momento para darse cuenta que, si bien el Sevilla contaba con algunas figuras emergentes del fútbol nacional, como Arza, Busto, Antúnez o Araujo, el secreto de los triunfos obtenidos por el club decano residía más firmemente en la fortaleza del conjunto, en ser verdaderamente un equipo, siendo ello mérito incuestionable de su entrenador, el gallego sabio.

Dicen que fue Ramón Encinas el primer técnico español en entrenar a los sevillistas, a su llegada a la capital andaluza un lejano verano de 1925, si exceptuamos calificar como tal la tarea desarrollada previamente por elementos históricos del club como Joaquín Valenzuela o el navarro Eugenio Eizaguirre, padre del gran Guillermo, el ángel volador.

En el Sevilla, Encinas cubriría logros excepcionales, no sólo el título de Liga en la temporada 1945-46, sino también el ansiado primer ascenso a la División de Honor en 1934 y la victoria en la Copa Presidente de la República del año siguiente, 1935, primero de los cuatro triunfos sevillistas alcanzados hasta ahora en el Campeonato de España.

Asimismo, el gallego sabio sería un técnico de notables éxitos en otros equipos señeros del panorama nacional, como el Real Madrid y el Valencia, clasificando al primero para una final de Copa de España, tras hacerse cargo del equipo en sustitución de otro de los nuestros, el genial Juan Armet de Castellví, Kinké, y consiguiendo para el segundo los primeros títulos de Liga y de Copa de su palmarés, en los años 1941 y 1942.

Moncho Encinas, forjador de campeones

No es necesario que insistamos una vez más en los éxitos que logró Encinas antes de prestar sus servicios como entrenador del Sevilla. De ello pueden dar fe los equipos que estuvieron a su cargo. Pero sí os complacemos en significar que Moncho Encinas ha conseguido con el Sevilla lo que nadie lograra antes: hacerle Campeón de Liga. No ha buscado el famoso entrenador –sin duda de ningún genero, el mejor que tiene el fútbol español- nuevos recursos ni refuerzos; le bastaron los mismos jugadores que tenía el Sevilla en otras temporadas, porque cuando Antúnez se incorporó a las huestes sevillistas, el campeón ya tenía recorridas tres cuartas partes del camino. Pero Moncho Encinas, lo mismo que siempre, impuso su disciplina y amplios conocimientos que han venido a dar este resultado justo y honroso que elogian todos, inclusive el propio Samitier, entrenador del Barcelona. – JULIO CUETO.

Sus extraordinarias dotes como preparador le llevaron también a simultanear su puesto en el banquillo sevillista con el de entrenador en el equipo nacional, en una época en que las funciones de técnico y de seleccionador estaban separadas, cabiéndole el honor de clasificar a España para su primer Campeonato del Mundo en Italia, en 1934, con el grupo de hombres elegidos por el doctor Amadeo García Salazar.


En este Mundial, y bajo sus órdenes, España realizaría un papel extraordinario, sucumbiendo sólo ante la violencia y las malas artes de los anfitriones, en un memorable partido de desempate de los cuartos de final disputado en Florencia, en el que Guillermo Campanal y el italo-argentino Monti protagonizaron un duelo cuasi pugilístico, del que salió triunfante el asturiano, a quien anularon un gol legal que pudo haber sido histórico, como el de Zarra en Brasil.

Encinas viajó al país transalpino acompañado de otros sevillistas, el medio izquierda Fede y el ya citado Campanal, que se convirtieron en los primeros mundialistas del Sevilla F.C. Adicionalmente, marcharía también con la expedición el guardameta Guillermo Eizaguirre, si bien la presencia de éste fue meramente simbólica ya que estaba lesionado, con el brazo en cabestrillo, y no podía participar en ningún encuentro. Aún así, el mismo Sevilla pagó los gastos de su viaje y estancia, como premio a los servicios prestados en la extraordinaria campaña del ascenso que acababa de finalizar.

Con motivo de las Bodas de Oro del club sevillista en 1955, el propio Ramón Encinas nos dejaba una hermosísima y emocionada semblanza de sus vivencias en el Sevilla F.C.:

Jamás creí llegaría el caso en que tuviera que escribir para el público; pero se trata del Sevilla F.C. y aquí acaban mis tercas convicciones, porque el Sevilla F.C. llena por completo mi vida deportiva, ya que en él también yo cumplí mis bodas de plata, pero bodas al fin.

Allá por el año 25, y por el ya fallecido Juanito López García, a la sazón federativo, fueron solicitados mis servicios como entrenador de ese club. Venía a sustituir a un escocés, cuyo nombre no recuerdo, protagonista de un andalucísimo sucedido como fue su prematuro embarque para su país de origen.

El 15 de agosto de 1925 llegué a Sevilla en el tren de Madrid por la estación de Córdoba. Me esperaba, además de Juanito López, Pérez Flor, Zambrano, Toledo, Celis y otros que siento no recordar y que me llevaron a comer al Puesto de Fernando, en la Puerta de Jerez. A la hora del café, una vendedora de lotería consiguió colocarnos un billete, el cual inexplicablemente salió premiado. ¡No cabe duda de que había hecho una buena entrada en Sevilla!

Por aquel entonces presidía el club el hombre más bueno que he conocido, un gran caballero, Don Juan Domínguez, barón de Gracia Real.

De nadie he recibido más atenciones.

Le acompañaban en su gestión los señores don Luis Ibarra, don Eladio R. Borbolla, M. Amores, don Luis Nieves, don Juan Reimana, don Eduardo Silvestre y don Federico Maquedano, este último “afortunado” tesorero de aquella casi inexistente tesorería.

Malos vientos soplaban por aquel entonces para el fútbol español en periodo de evolución.

No existía el profesionalismo legalizado y sí el entonces llamado “marrón”, que sostenáin con poca fortuna los clubs de la época.

Las subvenciones o ayudas a los jugadores eran muy pobres, como pobre era el estado de la caja social.

¡Cómo han cambiado las cosas desde entonces!

Sin embargo, el Sevilla F.C. siempre fue el mismo: con la deportividad por norma, fiel reflejo de sus directivos, supo en todo momento hacer frente a sus compromisos y sostener su categoría de equipo “señor” a través de las vicisitudes por que toda sociedad ha de pasar.

Durante catorce años, en cuatro distintas etapas, presté mis servicios con varia fortuna a este modelo de clubs, y en ese tiempo me fue dado compartir con sus componentes infinidad de alegrías y satisfacciones.

Hubo también sus momentos malos, naturalmente, en los cuales parecía que la fatalidad o mala suerte iban a torcer la recta trayectoria del club, pero no ocurrió así.

Fue uno durante la temporada 1926-27, en la cual bajas como la de Spencer por fallecimiento, Herminio por grave lesión, que le separó definitivamente del fútbol, y las de Kinké y Ocaña por jubilación, provocaron aquel “bajón” que la esplendorosa aparición de Guillermito Eizaguirre no pareció bastar para sostener el rango que el club merecía, pero que afortunadamente fue conseguido.

Otro momento grave tuvo lugar al año siguiente de nuestro ascenso a Primera División. Inexplicablemente, y con los mismos jugadores que tan brillantemente conquistaran el título, hubimos de disputar el descenso a segunda en aquel inolvidable encuentro del Metropolitano cuando el fallo de Chacho nos permitió continuar en la División de Honor.

Desde entonces, y tras el paréntesis obligado de nuestra guerra, el Sevilla F.C. no ha cesado de subir y se ha colocado a la altura de los mejores clubs de España, debiéndose contar con él, en todo momento, para la Liga, Copa, partidos internacionales y, en fin, para cuantas manifestaciones futbolísticas se celebren.

En todas ellas está presente, por derecho propio, este histórico club.

Retirado del fútbol activo, no por eso dejo de seguir la marcha triunfal del club, tan estupendamente dirigido por el actual presidente, don Ramón Sánchez Pizjuán, quien, estoy seguro, verá cumplido su ferviente deseo de dotar a su club del estadio que merece.

Ahora, al cumplirse los cincuenta años de existencia, asegurado su porvenir por una administración modelo, le esperan triunfos, muchos triunfos, que no dudo ha de conseguir en los terrenos deportivos para honra y gloria del fútbol sevillano.

Viva el Sevilla F.C.

“Moncho” Encinas había nacido el 19 de mayo de 1902 en Pontevedra, y fue jugador del Sporting de Pontevedra y del Racing de Vigo, equipo del que fue preseleccionado para participar en el debut internacional español, en la Olimpiada de Amberes de 1920, aunque finalmente no viajaría. Tras una temporada viendo fútbol en Inglaterra, donde descubre la famosa táctica de la “WM” de Herbert Chapman, empieza a ponerla en práctica en España antes que ningún otro entrenador, radicando en ello, tal vez, el secreto de sus grandes éxitos deportivos de la posguerra. Falleció en Madrid el 21 de marzo de 1967, víctima de una larga y cruel enfermedad.


En cuanto a sus cualidades singulares como técnico y las virtudes que imprimía a los equipos a los que dirigía, podemos significar lo que resaltaba Pedro Escartín, árbitro de la final de Las Corts, y posterior seleccionador nacional, en el Diario MARCA, en su sección Las Grandes Figuras del Deporte, al término de tan brillante temporada:

Encinas, el enternador que piensa los encuentros y nunca sale a jugar alegremente

Es justo desfile por nuestra Sección un hombre como Encinas, cuya seriedad y competencia tanto han influido en el último éxito del Sevilla, campeón nacional de Liga durante la presente temporada, en que pocos –seamos sinceros- pensaban en los andaluces como favoritos.

-Es un hombre de suerte infinita; todo le sale bien ...

Este es el argumento de la calle en el aspecto envidia; pero la realidad está en que la Fortuna no marcha permanentemente con nadie, y es frecuente la injusticia de confundir los méritos con la mayor o menor suerte del individuo.

Encinas tiene el mérito de ser modesto, y en los principios de su carrera deportiva comprendió la necesidad que tenía de darse una vuelta por Inglaterra, y allá fue, para con sus amigos de Londres frecuentar esa gran Universidad futbolística que son los Clubs ingleses. Y ahora vuelve, en agosto.

El actual preparador del Sevilla, no lo olvidamos, cogió a un Madrid deshecho y lo llevó al último encuentro de Copa; que la temporada siguiente, los madridistas lucharon con el Barcelona palmo a palmo y fecha tras fecha por el título de campeones de Liga, que antes entregara al Valencia, igual que uno de Copa ...

Negamos el hecho casual y la fortuna del entrenador, porque la realidad está en que Encinas es técnico no sólo en fútbol, sino también en la psicología de los jugadores –mitad niñis, mitad hombres- a quienes sabe tratar con energía, cariño y educación en esa tarea paternal que tan bien encaja al preparador de un equipo.

Encinas, que no entretiene nunca las horas del tren con partidas de póker de alto vuelo, que malhumoran al jugador que pierde, le quitan moral para el encuentro y autoridad al preparador, es hombre que jamás emplea malos modos y sabe regañar a tiempo, sin humillaciones ni destemplanzas.

-Hoy –nos decía la tarde del empate en Murcia- mi equipo no jugó nada, y debieran habernos ganado; pero no les digo una palabra de reproche, porque todos estamos de mal humor, y hubiera sido agravar la cuestión; pero el lunes, ya todos con los nervios en calma ...

¡¡ Cuántos detalles de éstos precisa un buen preparador !! Encinas sabe las condiciones y necesidades de cada uno de sus hombres; nunca pierde la corrección ante la derrota, y por todo, sobre todo, estudia los partidos que va a jugar, ve las posibilidades del contrario, sus defectos; en una palabra, es en los partidos un general de Ejército en campaña.

El entrenador sevillista sabe, por ejemplo, que el cerebro del oviedo es Herrerita, y busca su anulación con un buen marcaje; conoce que sacar a Panizo y hacer lo mismo con los dos extremos del conjunto vasco es desmontar la máquina de fútbol del Atlético; tiene olvidado que hoy, para vencer al valencia, hay que jugarle con intensa velocidad ...

¿Por qué no imitar esto, señores? Hemos rpedicado una vez, y lo haremos cientos de ellas, que hoy no es posible salir a los campos sin pensar el encuentro y darse cuenta de las condiciones y defectos del contrario, aprovechar sus huecos, porque la táctica y técnica en fútbol existen, son una realidad, y el entrenador del Sevilla acaba de demostrar muchas cosas.

Y no incurran en la tontería de achacar a la suerte lo que tiene otros nombre; es mucho más fácil escarmentar en cabeza ajena, pensar, hacer penitencia de antiguos errores. El camino de Encinas, primero en el Valencia y ahora en el Sevilla, ha sido un sendero de triunfos. Y sería tonto achacarlo a fortuna personal.

jueves, 18 de marzo de 2010

La guerra de los decanatos

Vaya por delante que el asunto me parece una absurdez, al menos en cuanto respecta al Sevilla Fútbol Club, que es lo único que a mí me importa, toda vez que su grandeza no depende de etiquetas o títulos honoríficos, sino que resulta de toda una vida llena de triunfos a nivel local, regional, nacional e internacional, amén de una trayectoria ejemplar al margen de lo deportivo. Por eso, me parece más bien una batallita de otros, de aquellos que necesitan buscarse un pretexto para conseguir una parcela de reconocimiento que, de forma natural, como entidades deportivas, y en las competiciones correspondientes, son incapaces de lograr.

Creen los que ven amenazado su decanato o pretenden sacarse de la chistera uno nuevo, que las investigaciones realizadas por algunos amantes de la historia sevillista persiguen robarles algo que siempre ha sido suyo o bien impedirles alcanzar lo que tan afanosamente han querido construir desde la nada. Puedo decirles sin embargo, por conocimiento de primera mano, que están completamente equivocados.

Es muy probable que los que acusan de interesados a aquellos investigadores lo hagan convencidos de que les mueve el mismo afán que a ellos. Éste es su primer error. La historia no es un camino para llegar a un fin predeterminado. El camino es el propio fin. Lo que ahora sucede es que, a diferencia de los tiempos en que los historiadores han masacrado la biografía del Sevilla a base de copiarse unos a otros, e incluso de manipularla impunemente, aquéllos beben directamente de las fuentes precisas, son exhaustivos, contrastan lo que descubren, y sólo sacan a la luz lo que pueden demostrar.

Debemos aprender que lo importante no es que la historia sea buena o mala, ni que nos guste o no nos guste, sino que sea "nuestra". Y algunos, muchos, prefieren escribir una historia falsa, que no les pertenece, convenientemente edulcorada, porque les parece más apropiada y presentable que la real. Esto es lo verdaderamente triste. Sobre todo porque la historia real, no la inventada, es la única rica, la determinante, la que debe marcar carácter y fijar las señas de identidad. La que vivieron sus protagonistas. El resto, es una estafa de dimensiones descomunales y lo que es peor, una renuncia a conocerse a sí mismos.

En la guerra de los decanatos hay mucha hipocresía. Se pretende para los demás lo que no se aplica para uno mismo. Un criterio sirve para unos y no para otros, y se mantiene con el mayor de los descaros, porque siempre hay quien prefiere no saber la verdad y pasar por lo que le echen. ¿Cuál es el criterio para reconocer la antigüedad de un club?. Por ejemplo, en Huelva piensan que es del Recre, pero ¿qué pasaría si el club actual no fuese el mismo que aquel histórico Huelva Recreation Club de 1889? ¿O es que el Burgos o el Málaga actuales son los mismos clubes que sus antecesores desaparecidos? Por otro lado, en la misma Huelva protestan cuando desde Tarragona el Nástic ha pretendido arrogarse dicho honor, aludiendo a que inicialmente el club catalán, aunque más antiguo, no se dedicaba al fútbol, pero sin embargo, el propio Huelva Recreation Club se constituyó con fines distintos a los futbolísticos, según reza en su acta constituyente. Otros dicen que son los primeros porque en determinada zona geográfica hay rastro de la disputa del fútbol, ya sea en Galicia, Murcia, Riotinto o, sobre todo, Jerez, que cuenta con la prueba evidente de un diario de 1870. ¿En qué quedamos?

En Sevilla además venimos padeciendo un esperpéntico intento de darle la vuelta al asunto que cada día nos viene teñido de mayor ridiculez. ¿No se dan cuenta quienes defienden esto que, más allá de los documentos tangibles, muchos y contundentes que hay, la realidad sustantiva les desmiente? En otras ocasiones ya hemos explicado el trasfondo ideológico que se encuentra detrás de la constitución de los principales clubes sevillanos, y cómo su orden de aparición responde a una causalidad que es imposible de ignorar. Son capaces de sabotear su propia historia, con tal de imponer sus personal visión de cómo les hubiera gustado que fuese. ¡Ay, desgracia de historiadores de pacotilla, que no ven más allá de lo que les interesa, que se pierden en cualquier palabreja mal traída y son incapaces de analizar y de profundizar con los materiales de que disponen!. Se hacen hacen un flaco favor a sí mismos y a la afición a la que pretenden representar.

Señores, seamos serios. Los investigadores sevillistas no tienen la culpa de que la primera noticia escrita de un club de “football association” en España sea del Sevilla Football Club, ni de que esta entidad fuese la primera en organizar un partido en territorio español (y ganarlo). Así fue y ello no se puede cambiar. Tampoco tienen la culpa esos investigadores de las manipulaciones interesadas que han disfrazado esta realidad, hoy definitiva y palpable, para defender lo indefendible durante años. Afortunadamente, eso se acabó. Pese a las conexiones evidentes de aquel primitivo equipo de 1890 con el actual Sevilla Fútbol Club, SAD, todavía no ha salido a la palestra nadie desde el Sevilla para reclamar decanato alguno, y sin embargo, cómo ladran sus enemigos, cómo protestan cada iniciativa, cómo les duele que este dato salga a la luz. ¿Por qué será? Busquen al principio de este texto, y encontraran la respuesta.

lunes, 15 de marzo de 2010

Post-it sevillistas - 3ª entrega


[6] Los éxitos obtenidos por el Sevilla F.C. en estos últimos años han tirado por tierra muchas de las manías, supersticiones y ritos que el aficionado sevillista había acumulado durante los largos años de sequía de títulos, en su inútil afán por revertir la situación. Uno de estas conductas más características era atribuir buena o mala suerte a determinadas prendas (camisetas, gorros, banderas, bufandas, etc.) según se hubieran dado los resultados en los partidos donde se hubieran utilizado. Un buen amigo me contó una anécdota que lo mismo pudo protagonizarla cualquiera de vosotros. Cierto aficionado sevillista de solera tenía una bufanda de probado mal fario, una bufanda gafe, como así la conocían todos sus amigos, compañera de tardes aciagas como la del descenso en Oviedo y algunas otras. Llegada la gloriosa jornada de Eindhoven, el 10 de mayo de 2006, el dueño de aquella bufanda se presentó en los aledaños del PSV Stadium llevándola al cuello. Sus amigos y acompañantes, sabedores del peligro letal de aquella bufanda gafe, se llevaban las manos a la cabeza, reprochándole cómo se había atrevido a llevarse la bufanda en tan significado día, con lo que el Sevilla se estaba jugando, nada más y nada menos que la gloria europea. Nuestro protagonista, muy sereno él, respondió a sus amigos: -Tranquilos, ya veréis. E inmediatamente, se dirigió a un grupo de aficionados del Middlesborough que se encontraban junto a él, haciéndoles ese inequívoco gesto con las manos que todos conocemos y significa: -¿Me cambias la bufanda? Un inglés pardillo del los de aquel grupo, completamente ajeno a los poderes mágicos de aquella bufanda, aceptó la proposición, intercambiándola por la suya. ¡Pobre infeliz! Había dictado la sentencia de muerte para su equipo. El resto de la historia ya la conocéis. Liberados del yugo de la bufanda gafe, y traspasado su maleficio a nuestro rival inglés, el Sevilla era seguro campeón, pues el Boro estaba condenado a una derrota fatal. Se ve además que aquel aficionado rival debió cogerle cariño a la bufanda gafe y que todavía la tiene, porque desde entonces, su equipo no ha levantado cabeza, y ha acabado con sus huesos en la segunda división.

[7] No hay nadie como la afición sevillista para rebautizar jugadores, propios o extraños, con esa peculiar manera de identificarlos que no tiene parangón en el mundo entero. Me vienen a la memoria unos cuantos de esos originalísimos nombres, pero os dejo abierta la puerta por si queréis añadir aquí alguno que os haya llamado la atención especialmente. Ahí van, por ejemplo, "Minguelo" por Miguelo; "Pitiño" por Pintinho; "Obdulia" por Oulida o "Poster" por Polster. De otros equipos, os dejo una pieza magnífica, casi insuperable, ya que su dificultad es incluso mayor que la del original: "Nistelvanrroy", como versión sevillana para el holandés Ruud Van Nistelrooy.

Continuará …

jueves, 11 de marzo de 2010

Paradojas de la popularidad y el éxito deportivo

Os dejo el enlace con mi última colaboración para Columnas Blancas, que podéis leer haciendo click aquí.

Asimismo os invito a dejar vuestros comentarios.

martes, 9 de marzo de 2010

Charles Darwin y el origen del fútbol sevillano (y español)


El 24 de noviembre de 1859, Charles Darwin publicó su famosísima obra “El origen de las especies”, que sienta las bases para eso que la sabiduría popular ha transformado después en un simple y clarificador “el hombre procede del mono”. Aquel libro supuso una auténtica revolución en su tiempo, y su autor fue tachado de lunático, de querer cambiar las cosas asentadas a lo largo de los tiempos y de contradecir las creencias tenidas por seguras, siendo atacado ferozmente por aquellos que veían en las tesis darwinianas un peligro cierto para sus intereses, para su medio de vida, para justificar su propia existencia.

Hoy día, un siglo y medio después, nadie duda de que aquel postulado básico, “el hombre desciende del mono”, es una realidad científica incuestionable. Todos tenemos claro que no puede comprenderse la aparición del “homo sapiens” sin su antecedente animal, pues el hombre no deja de ser una versión perfeccionada del mono, fruto de una evolución que explica el fenómeno y sin la cual, el ser humano, tal y como hoy lo conocemos, no existiría. ¿Significa esto que el mono y el hombre son la misma cosa? Evidentemente no, son especies distintas. Pero desde un punto de vista científico, antropológico, histórico, resulta imposible enfrentarse a la esencia del ser humano sin considerar su evolución en el marco del reino animal.

Hace escasos años, salió a la luz un dato hasta entonces desconocido, incluso manipulado, quién sabe en razón de qué oscuros intereses. A principios de 1890 una entidad denominada Sevilla Football Club había organizado la primera partida de fútbol asociación en España, siendo también la primera sociedad de nuestro país dedicada específicamente al football, por delante de cualquier otra. Los investigadores que no despreciaron aquel dato y que siguen analizándolo en profundidad desde entonces no han dejado de ser atacados, de forma furibunda y despreciable, por parte de quienes ven en aquella información el inevitable punto final para el cuento de hadas en el que se creían instalados de por vida. Tanto más feroces son sus ataques cuán contundentes son los datos que siguen apareciendo. Pero está bien que así sigan, su propia ira delata la fortaleza de este descubrimiento.

¿Significa entonces lo expuesto que el Sevilla Football Club de 1890 y el Sevilla Football Club de 1905 son la misma cosa? Puede que sí, puede que no. Las investigaciones siguen su curso de forma imparable y ya veremos adónde conducen. Pero sea cual fuere la respuesta a esta pregunta, hay un hecho incontestable. El Sevilla Football Club de 1905 tiene su antecedente histórico necesario en el Sevilla Football Club de 1890, y es una versión avanzada, perfeccionada de aquél. Es el fruto de la evolución. Ningún historiador serio puede pretender hoy escribir una Historia del Sevilla Fútbol Club, ni siquiera del fútbol español, sin colocar donde le corresponde al Sevilla Football Club de 1890, y sin referirse a sus indudables conexiones históricas con el Sevilla Football Club de 1905. Los enemigos de esta realidad, que no son más que los envidiosos enemigos del Sevilla Fútbol Club, cuentan con muchos menos argumentos para soportar las conexiones entre otros clubes primitivos del panorama español y sus sucesores futbolísticos actuales, o incluso para datar su propia existencia. Así que tengan cuidado con la que se les viene encima. La Historia juega en su contra.

Todo esto viene al caso después de la extraordinaria respuesta que el sevillismo unido, una vez más, tuvo ayer en la red de redes, a través de su brazo armado internauta, para colocar en el lugar que se merece una efeméride tan significada como la disputa de la primera partida de fútbol asociación en territorio español, el 8 de marzo de 1890, para disgusto de algunos, y pese al amotinamiento de otros, cada vez más inmensa minoría.

Inevitablemente seguirán tachando de desquiciados a los investigadores del Sevilla Football Club de 1890, seguiremos escuchando cada vez más insultos en lugar de argumentos para tratar de socavarlos, pero el tiempo, como a Darwin, les dará la razón. Hoy podrán ser unos revolucionarios, incluso unos sacrílegos, a la vista (corta vista) de algunos, pero dentro de unos cuantos años, con la perspectiva temporal adecuada, serán reconocidos por su labor seria y concienzuda en pos de la Verdad. Pese a quien pese. Duela a quien duela.

lunes, 8 de marzo de 2010

8 de marzo, cuando 120 años no son nada


El Sevilla Football Club y el Huelva Recreation Club disputaron el primer partido de fútbol que se jugó en España el 8 de marzo de 1890.

Hoy se cumplen 120 años, felicidades.

Esto fue así porque, el Secretario del “Sevilla Footbal Club”, Isaías White Jr., toma la iniciativa y se dirige a su homólogo del “Huelva Recreation Club” invitándolo a participar. Desde Sevilla se informa a los onubenses de que: “hemos creado recientemente un Club de Fútbol aquí y se ha propuesto pedir a los miembros de su club visitar Sevilla y tomar parte en un partido de fútbol amistoso con nosotros bajo las reglas de la Federación” (“under Association Rules” en el original). Aquel “Sevilla FootBall Club” fue, probablemente, el primer club de España dedicado específicamente a este deporte, el fútbol.

La invitación apareció publicada el 28 de febrero de 1890 en “La Provincia” (Huelva) y el 12 de marzo la crónica del partido.


El partido se jugó bajo la lluvia ganado el equipo sevillano por 2 “goals” a 0, tras lo cual se fueron a celebrarlo al “Café Suizo”, a la usanza inglesa, con brindis, hurras a los reyes de Inglaterra y España y cantos hasta bien entrada la noche.

Hasta 1892 tenemos constancia de varios partidos disputados por este club, contra esta misma sociedad. Su rival de la época no tenía ninguna duda, ni la prensa de Huelva tampoco, lo que tenían enfrente era una auténtico Club: el Sevilla Football Club.

¡FELICIDADES!

Pincha aquí para ver un video conmemorativo.

Guardianes de la Memoria

lunes, 1 de marzo de 2010

El hijo de la Condesa (y II)


La llegada de Kinké a Sevilla sigue siendo un misterio.

Las versiones oficiales de la Historia del club blanco afirman que Kinké se congració con la expedición sevillista que había acudido a la capital de España, nada menos que para disputar su primera semifinal de Copa en 1917 contra el titular de la ciudad, cayendo vapuleado por ocho goles a uno.

Al parecer Juan Armet atisbó en la peculiarísima manera de jugar al fútbol de los sevillanos, pese al resultado encajado, un algo especial que estaba convencido que podría exprimirse adecuadamente con sus consejos y su incorporación al equipo.


Las versiones apócrifas apuntan sin embargo a posibles inclinaciones sentimentales hacia algún miembro de la expedición.

Nosotros señalamos también como nuevas líneas de investigación sobre la llegada de Kinké al Sevilla dos posibilidades:

En primer lugar, la intermediación de su paisano José María Miró y Trepats, quien fuera Presidente del Sevilla Fútbol Club desde el 18 de diciembre de 1912 hasta el 27 de junio de 1914, cabiéndole el honor de inaugurar el campo del Mercantil, y de inspirar la refundición de los Estatutos y Reglamentos de la sociedad aprobados en 1.914 bajo el mandato ya de Paco Alba, basados en los del F.C. Barcelona. Miró había sido anteriormente Presidente del Español, precisamente el equipo de Kinké, y era un gran conocedor y referente del fútbol catalán. Sabemos que en 1917 residía en Madrid y que había acompañado y agasajado a la expedición sevillista con ocasión de aquella visita copera.

En segundo lugar, las conexiones familiares de origen irlandés y escocés, principalmente por parte materna, con las actividades deportivas desarrolladas por los Gordon con epicentro en Jerez y que salpican la propia gestación del Sevilla Football Club desde finales del XIX hasta su fundación definitiva en octubre de 1905.

Lo cierto es que el Campeón de Andalucía, con la llegada de Kinké al equipo, dio un salto de calidad que le permitió dominar el cotarro futbolístico andaluz durante más de una década, y sentar desde entonces una superioridad insultante que aún hoy perdura, con más fuerza si cabe que nunca.


Gracias a los consejos del catalán, el Sevilla triunfó en la vuelta de las semifinales coperas contra el Madrid por dos goles a uno, y tras su exitoso debut como jugador contra el SAR Alfonso XII de Mallorca, Kinké ya no dejaría de comandar el once sevillista.

Sevilla le vino al genio de Armet como una pradera inmensa a un joven caballo salvaje.

A mil kilómetros de distancia de su tierra natal, con veintidós años de edad, Juan Armet había encontrado un lugar y unas gentes con las que podía expresarse humana y futbolísticamente con plena libertad.

Por fin podía dar rienda suelta a su personalidad fuera de lo común, al margen del encorsetado mundo de la high society catalana y lejos de las obligaciones y los compromisos político-familiares que le asfixiaban.

Inmediatamente se convirtió en un personaje influyente dentro y fuera del campo para la sociedad sevillista, un ídolo para la afición … y para sus propios compañeros.


Los chavales de la cantera blanca se pirraban por entrenar con él.

Pepe Brand, Manolo Ocaña, y otros juveniles de la primera época contaban entusiasmados las enseñanzas de aquel líder y su virtuosismo con el balón.

Mis recuerdos son los de un jugador infantil que comenzó en el pelado campo de la plaza de Santa Cruz y acabó entrenando infantiles, antes de entrenar a los mayores. El veneno que en forma de afición y de sevillismo llegó a mí está intacto, y el recuerdo de los inolvidables Leconte y Paco Alba está tan vivo en mi corazón como en mi memoria el recuerdo también de aquel primer día en el que me dijeron al salir de la fábrica de Artillería, donde trabajaba en unión de Villagrán y Sedeño:

- ¡Pepe corre! ... ¡Que ha llegado Kinké y va a entrenar con nosotros!

Aquello fue para mí el tiro de gracia, y desde aquel instante hasta el presente, el fútbol y yo, románticamente, somos la misma cosa ...

"Recuerdos y añoranzas de un infantil que acabó entrenando infantiles" por Pepe Brand (1955).

Y a su lado, Enrique Gómez Muñoz, Spencer, se convirtió en el más grande footballer de Andalucía.

Su prestigio iba más allá de Sevilla y de Andalucía.

Los rivales, incluso la prensa, le respetaban.

Su popularidad era enorme, véase aquí por ejemplo esta letra de chotis:


Era constantemente reclamado para reforzar a otros equipos y alinearse en combinados especiales formados para competir en partidos de postín.

Aquí lo tenemos con el F.C. Barcelona:



Y aquí con el Real Madrid:

Y sin embargo, como en tantas otras ocasiones volvería a suceder con grandes figuras sevillistas, nunca fue internacional por España (sí con Cataluña y Sevilla -en la imagen inferior-).



Quizás pesara en ello su inevitable tendencia a preferir lo bello sobre lo efectivo, aunque estuvo en todas las quinielas para haber debutado en la Olimpiada de Amberes de 1920.

El seleccionador de entonces, Paco Bru, lo incluyó en el primer draft de posibles, junto a Pepe Brand, y aunque finalmente no engrosó la lista definitiva de expedicionarios, se refería a él (y a sus compañeros) con verdadera admiración y en términos elogiosos:


Entre sus méritos deportivos, amén de un estimable palmarés, suele destacarse la creación de la escuela sevillana (rectius, sevillista) de fútbol o, más bien, su depuración y puesta de largo a nivel nacional.

Así como la formación de la famosísima línea del miedo, una delantera mítica integrada por él mismo, junto a Escobar, Spencer, León y Brand.


Colgaría las botas en el club decano, hacia 1926.


Aunque a punto estuvo de reaparecer un par de años más tarde, cuando los blancos atravesaron su primera crisis seria.

Y se celebró un torneo para homenajearlo, según relataba deliciosamente Voladizo de Gol Sur, en esta memorable entrada.

Tras dejar el fútbol activo se convirtió en entrenador, aunque curiosamente nunca llegó a ejercer en su equipo del alma. Lo hizo con éxito en el eterno rival, en el Real Madrid, en el Real Murcia, incluso en el Mirandilla, pero nunca se sentó en el banquillo del Sevilla Fútbol Club.

No obstante, la entidad sevillista, bajo la presidencia del Barón de Gracia Real, decidió concederle una pensión vitalicia en agradecimiento a los servicios prestados y como reconocimiento a la importancia de su figura, auténtico catalizador de un Sevilla grande y poderoso que sin él difícilmente hubiera alcanzado las cotas de éxito deportivo de las que hoy podemos presumir sus fieles.

Estamos en octubre de 1956, y volvemos a la habitación de Juan.

Ha pasado un año y aún se lamenta con amargura de no haber podido estar presente en las Bodas de Oro del Sevilla Fútbol Club.

Llueve, sopla el viento de otoño, y tiembla la madera en las ventanas de la pensión.

Un halo sombrío cubre su rostro de gentleman.

Solo, pero dignamente, desaparece el genio, Juan Armet de Castellví.

Se apaga la luz del Kinké.

Pero queda la Historia para mantener viva la llama eterna de su recuerdo.

Por los siglos de los siglos.

Advertencia final para despistados y/o desmemoriados.- Juan Armet de Castellví “Kinké” ha sido probablemente el futbolista más decisivo en el devenir de la Historia del Sevilla Fútbol Club, porque fue quien confirió carácter y estilo propios a una entidad que hasta su llegada carecía en lo deportivo de lo más difícil de tener, esa personalidad definida y singular que lo distinguía de cualquier otro club. Gracias a él, se consolidaron los cimientos deportivos de un Sevilla grande y avasallador en Andalucía, reconocido y respetado en España entera, y reclamado incluso fuera de nuestro país. Forma parte del Olimpo más selecto de nuestros dioses, junto con G. Eizaguirre, Spencer, Campanal I, Arza, Campanal II y las estrellas modernas del Sevilla triunfal del siglo XXI.

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